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Saitama debió haberse dado cuenta antes de que todo esto era un error. La fiesta del cumpleaños de Fubuki se llevaría a cabo esa misma noche y ya tenía la invitación, pero nunca había pensado en el regalo.

Para empezar, no tenía idea de qué podría regalar, mucho menos tenía el dinero suficiente para costearse algo decente.

—Maestro, no se preocupe. —Le dijo Genos. —Su presencia es un regalo más que suficiente.

Saitama se tiró sobre el suelo y suspiró. Luego miró hacia el techo. —¿Qué le darás tú, Genos?

—Carbón. —Respondió él.

—Ugh. —Saitama estiró su brazo y tomó el pequeño teléfono sobre la mesa, comenzando a buscar entre los contactos para marcar. —¿King? Sí, conseguí la invitación, pero ahora no sé qué comprarle de regalo.

La voz de King sonó alterada del otro lado del teléfono, como si estuviera distraído o con las manos ocupadas, seguramente pasando el rato jugando como siempre. —Gracias por recordarme sobre eso. Creo que le compraré ropa, mhn, pero no me sé su talla, de hecho, no tengo idea de qué tipo de ropa le guste... probablemente le compraré un perfume.

Saitama sostuvo el teléfono y se recostó de lado mirando hacia la puerta, Genos acababa de irse.

—¿Crees que le guste algo de comida? ¿Qué tal un pastel?

—Mnh, no lo creo, Fubuki es muy delicada con la comida, ¿recuerdas la vez que nos llevó a ese restaurante caro después de la competencia? —Cuestionó King. —Si fuera tú, no confiaría en regalarle algo fuera de su dieta.

Bien, eso fue todo, Saitama se quedó sin opciones.

—Viejo, en serio no sé qué regalarle. ¡Oh! —Saitama se sentó. —¿Qué es lo que la gente le ha regalado en sus otros cumpleaños?

King se tomó un tiempo antes de responder. —La verdad es que, puede que esté equivocado pero, esta es la primera vez que Fubuki prepara una fiesta de cumpleaños.

Saitama se detuvo, la confusión y la sorpresa invadió su mente con rapidez. —Pero si ella siempre está organizando fiestas.

—Bueno, pero nunca por su cumpleaños. Esos suelen ser muy pequeños y privados, no lo sé, a lo mejor no le gusta organizarlos.

—Mmh, ¿entonces no tienes alguna sugerencia?

—Lo siento, hermano, estoy igual de perdido que tú.

—Oh, bien. Gracias, King.

Saitama colgó la llamada y volvió a dejarse caer sobre el frío y duro piso.

Frío, duro, dentro de una habitación en soledad. Saitama recordaba haber pasado la mayoría de sus cumpleaños de esa forma.

Si él quisiera buscar inspiración en un regalo para Fubuki mientras piensa en lo que le hubiera gustado que le regalaran a él en su propio cumpleaños, no podría. Nunca tuvo una fiesta de cumpleaños, nunca tuvo amigos, nunca pudo invitar a alguien. Incluso él mismo solía olvidar esa fecha.

La mano de Saitama se alzó hacia el techo y enumeró un número tres. Las tres cosas esenciales que Saitama necesitaba justo en ese instante: algo barato, fácil y práctico. Con eso mente, él se puso de pie en busca de papel y lápiz.

Sobre la mesa estaba una libreta y una pluma que Genos había dejado. Tomó la pluma y arrancó una hoja dispuesto a comenzar a escribir.

A todo mundo le gustan las cartas de cumpleaños, ¿no?

Comenzó a escribir "Fubuki." y luego se detuvo, eso había sido todo, no sabía qué más poner.

Por más lo que pensara, todo lo que llegaba a su mente eran sus ojos verdes y tristes, lo helado de su voz, la tensión en el aire cerca de ella, la presión de su mirada sobre él. También estaba esa distancia intangible que ella había creado entre ellos.

Sea lo que sea que escribiera, debía ser algo que mínimamente le levantara el ánimo.

Aunque Saitama no se consideraba bueno dando ánimos a su grupo extremadamente reducido de pocos amigos, mucho menos a conocidos.

Pensándolo con detenimiento, ¿ella en realidad era sólo una conocida? Es decir, él sabía de ella más de lo que podría saber de King, Bang o incluso el mismo Genos. En el poco tiempo que lleva conociéndola había llegado a saber varios rastros de su infancia, su carácter, sus metas, sus inseguridades y sus temores, así como la extraña relación con su hermana y su grupo. Y eso que ella rara vez hablaba de su vida, pero incluso él mismo había llegado a entrometerse bastante en sus conflictos al pelear contra Tatsumaki, su hermana mayor.

La pelea con Tatsumaki.

Fubuki ha estado distante desde su pelea con Tatsumaki.

De pronto Saitama se encontraba preguntándose si Tatsumaki habría tenido algo que ver.

Quizás no fue ella, quizás fue él, quizás fue su culpa.

Podía ser que Fubuki se encontrara molesta por haberlo visto involucrarse en una batalla con su hermana, o por no haber sido capaz de ayudarle con lo que sea que se tuviera entre manos, pero no era su culpa haber caído en la jaula de monstruos.

Esto pudo haberle dado otra clase de problemas a Fubuki sin que él se diera cuenta. Quizás Fubuki simplemente no era tan segura como lo aparentaba, quizás había cosas que ella no quiso reclamarle de forma directa, cosas que no podía compartir con él. Secretos y molestias disfrazadas de frialdad.

Saitama miró el papel sobre la mesa y la pluma sobre sus manos. El día anterior había sido incapaz de decir algo al respecto, ahora no podía permitirse cometer el mismo error.

"Fubuki.

Sea lo que sea que haya hecho mal, lo siento mucho.

Mereces tener un feliz cumpleaños a pesar de todo.

Feliz cumpleaños.

-Saitama."

Mientras más miraba la carta y leía su pequeño mensaje, más pensaba en su actual situación. Y eso mismo lo hacía replantearse con seriedad su plan de ir a la fiesta.

Todo eso era definitivamente una mala idea. Fubuki pudo haberse sentido incómoda al verse forzada a entregar dos invitaciones que no quería dar en primer lugar. Es su cumpleaños, Saitama no quería ir y terminar arruinando su fiesta. Sobre todo si en verdad él es el culpable del hecho de que luzca tan decaída. Él nunca debió haber insistido en primer lugar.

—Estoy de regreso, maestro.

—¡G-Genos! —Saitama tomó la carta entre su puño y la escondió en la bolsa de su pantalón. —¿Compraste el regalo?

Genos asintió y alzó la bolsa de carbón que llevaba entre sus manos. —¿Y usted? ¿Consiguió un regalo?

—No.

—Puedo dividir la bolsa de carbón en dos bolsas pequeñas, así podemos entregarle una cada uno.

—No, no. —Saitama se rascó su cuello con incomodidad y miró hacia la ventana. Estaba anocheciendo. —De hecho, creo que al final no iré.

Genos se detuvo al instante. —¿Por qué?

—No creo que sea buena idea ir a una fiesta a la que no fuimos invitados.

—Pero tenemos la invitación.

—Sí, pero fue porque prácticamente los amenazaste para que te la dieran.

Genos guardó silencio, recordando, y luego frunció el ceño. —Pero la conseguimos.

Saitama se levantó poniéndose de pie y comenzó a dirigirse hacia la entrada. —Como sea, no iré. Puedes ir tú si quieres.

—No, yo no tengo interés ni motivos para ir.

No hubo respuesta, Saitama estaba perdido en su mente al tiempo que tomaba una sudadera y se colocaba sus sandalias.

—¿A dónde va? —Preguntó Genos acercándose a él.

—Sólo quiero pasear un rato. —Miró hacia el reloj. Faltaba tan sólo una hora para la fiesta. Él no iría y lo que menos quería era seguir pensando en eso. Sólo necesitaba distraerse un poco. —Vete a tu casa, Genos.

—No, lo acompañaré.

—Nah, estoy bien. —Saitama se puso de pie de nuevo, tomó sus llaves y abrió la puerta. —Vete a casa. Si te aburres, ve a la fiesta. Yo sólo iré a caminar un rato para distraerme, estoy aburrido, eso es todo.

Dicho eso, Saitama salió de su departamento cerrando la puerta tras de sí.

Si Genos dijo algo o no, él no lo escuchó.