Aviso: Ni la historia ni los personajes me pertenecen. Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia es de Marta Márquez Olalla, la cual me ha dado permiso para traeros su historia, que originalmente está en Wattpad.
Algunos personajes de Naruto no se corresponden al carácter que tienen originalmente.
Capítulo 2: Lluvia de Ácido y Ojos de Cielo
La campana sonó marcando el final de las clases. Como impulsados por un resorte los chavales, condicionados a aquel sonido como los perros de Pavlov, se levantaron montando un tremendo estruendo de sillas moviéndose y voces excitadas. Al igual que todos los días Sakura se tomó su tiempo en guardar sus cosas, dejando que el resto de sus compañeros se marchase antes de levantarse. Ino, al igual que siempre, esperó pacientemente junto a la puerta a que su amiga terminase de recoger sus cosas y se levantase de su pupitre. Ino siempre estaba contenta, parecía ser su estado de ánimo habitual, pero aquel día no era capaz de ocultar la sonrisa de oreja a oreja que tenía dibujada en el rostro, algo que contrarió a Sakura.
—No he dicho que sí —indicó Sakura, frunciendo el ceño.
—Tampoco me has dicho que no.
Las dos chicas salieron de la clase y se unieron a la marea de personas que fluía por los asépticos pasillos y las escaleras en dirección a la puerta de salida. Aunque los portones eran amplios y estaban completamente abiertos, eran tantos los estudiantes que acudían todos los días al instituto que siempre se formaba un tremendo embotellamiento. Paso a paso, como en una procesión, las dos chicas fueron avanzando como podían. Siempre había alguien con prisa, algún chaval que tenía que llegar a la parada del autobús, o que simplemente rebosaba energía y quería salir de allí lo antes posible. En realidad daba igual, ya que lo único importante fue que en su ímpetu por salir golpeó a Sakura en el hombro con tanta fuerza que le hizo daño. Fue el dolor lo que arrancó aquel gesto instintivo de sus entrañas, aquel gruñido seco y áspero, aquella manera de arrugar el labio para dejar a la vista los dientes.
Tan pronto fue consciente de lo que acababa de hacer, Sakura giró bruscamente la cabeza y cerró fuertemente la boca, sintiendo cómo afloraba otra imperante necesidad; la de jadear a causa del nerviosismo que sentía. Agobiada, miró a su alrededor buscando en aquella marea de rostros alguna señal de que alguien se hubiese fijado en ella. Nada, sólo una mezcla de caras, cada una con su propia emoción dibujada, pero nada en ellas le hacía pensar que hubiesen reparado en su extraña actitud. El estruendo de voces, tan insoportable que le resultaba, también había sido su aliado al esconder el gruñido que acababa de retumbar en su garganta. Aquel lapsus había sido suficiente para recordarle los motivos por los que se había mantenido alejada de la gente desde hacía dos años. Lo que pasó aquella noche no se le olvidaría en la vida.
—Ino, no quiero conocer a más gente, y lo sabes de sobra. No necesito tener más amigos. Contigo y con Kas tengo suficiente —dijo Sakura, casi gimiendo por la ansiedad que sentía ante la idea de que Ino le presentase a otra persona, a un chico sin ir más lejos.
—Kas es un perro, tía.
—¿Y? ¿Acaso me estás intentando buscar novio? —espetó, visiblemente contrariada por la idea que su amiga había tenido.
—No seas pava, tía, yo no te estoy buscando novio. El chaval está tan solo como tú y le vendría bien tener algún que otro colega, y de verdad, yo sólo soy una persona y no puedo dividirme, pero tampoco le quiero dejar solo. ¿De verdad me vas a hacer elegir? Porque me jodería mucho.
—Yo…
Sakura se mordió el labio y apartó la mirada, sintiéndose súbitamente mal por cómo estaba actuando. Las dos jóvenes consiguieron atravesar el umbral de los amplios portones para salir al patio delantero, donde la muchedumbre se dispersaba abriéndose como un abanico. Dado que seguía lloviendo, algunos compañeros abrían sus paraguas, otros corrían intentando escapar del agua como si esta se tratase de ácido y los menos se resignaban a mojarse. Sakura era de estos últimos, y lo prefería así. El agua deslizándose sobre su rostro era una de las pocas cosas que todavía le hacía sentir que seguía viva. Además, ya tenía la ropa llena de barro así que tampoco iba a empeorar mucho su aspecto.
—He quedado con él para zampar. No vengas si no quieres, no te voy a obligar, tía, pero me gustaría que no fueses tan cazurra y vinieses. Seguro que al final te lo pasas guay —dijo Ino tras un rato de silencio.
—Está bien, voy, pero que quede claro que lo hago por ti. Esto no quiere decir que vaya a ser amiga de ese chico.
—Mira que eres melona…
Las dos chicas dejaron atrás el instituto y caminaron por las estrechas calles del Cerro, el pueblo en el que vivían. El sitio tenía su encanto, con sus viejas casitas bajas mezcladas con algunos edificios de tres plantas mucho más modernos. Cubierto como estaba por aquella fina película gris, que le daba un aire neblinoso, incrementaba todavía más su encanto. O al menos a Sakura le gustaba más aquel clima frío, húmedo y gris, incluso cuando los olores eran tan intensos que le resultaban abrumadores.
Tanto ella como su amiga hacían aquel camino todos los días, ya que comían siempre juntas en alguno de los pocos bares y restaurantes que había allí. Ino era la menor de cuatro hermanas, y toda su familia estaba trabajando a aquellas horas para poder salir adelante. La madre de Sakura también se ausentaba durante el día por trabajo, aunque en su caso era una tapadera que la ayudaba a disponer de nóminas con las que poder pedir créditos y firmar un alquiler. Las dos carecían de padre. El de Ino murió atacado por un oso, algo que la chica consideraba una bendición ya que su padre había sido un cabrón y un alcohólico que las pegaba a todas y violaba a su madre. El de Sakura también había sido un cabrón, pero en su caso fue por abandonar a su madre después de haberla dejado embarazada. Quizás era mejor así, aunque algunas veces se preguntaba cómo habría sido vivir con alguien como él, con alguien que pudiese explicarle todo sobre su naturaleza y ayudarla cuando llegase el momento del primer cambio.
Tras unos diez minutos llegaron a la que era la única hamburguesería del pueblo; una copia barata de una cadena americana, pero que ponían unas hamburguesas mucho más ricas. Las dos chicas se escurrieron el exceso de agua del pelo y entraron. El local intentaba imitar uno de esos bares de carretera que se solían ver en las películas de Hollywood, y lo hacía exagerando la decoración al máximo. Había fotos de Elvis y Marilyn, de los clásicos Mustang y Dodge Charger y una gramola que no funcionaba, pero que quedaba bastante resultona. Tras pedir dos menús y unas bebidas, las chicas fueron a una de las mesas a sentarse.
—¿Sabes tía? Me gustaría que algún día me contases porqué no quieres acercarte a la peña. Algo muy chungo debió pasarte para que seas así de desconfiada con todo el mundo.
—No es tan importante. Hay gente mala, sólo es eso —dijo Sakura, mirando hacia uno de los ventanales.
—¿Te hicieron bullying en tu otro instituto? Hay gente que es muy desgraciada, pero no todo el mundo es así, tía.
—Sí, me hicieron bullying —contestó Sakura, que no quería explicar que la persona a la que se refería era su propia madre.
La puerta del local se abrió. Por ella entró un muchacho que debía tener los mismos diecisiete años que Sakura. Vestía un pantalón de moto negro y una cazadora impermeable a juego, y bajo uno de sus brazos llevaba un voluminoso casco. Su rostro, de piel blanca, mostraba unas facciones dulces remarcadas por el lacio cabello azabache que caía sobre su frente y unos ojos del mismo negro que el cielo estrellado. Al ver a Ino saludó con un gesto de la mano y se acercó a la mesa, sus labios curvándose en una agradable sonrisa. Cuando llegó a la altura de las dos chicas Sakura apreció el olor que desprendía, una extraña mezcla entre el aroma a gasolina y el perfume a bosque, a pino y a vegetación.
—Hola tío, qué bien que has llegado. Esta es Sakura, la colega de la que te he hablado.
—Hola, encantado. Yo me llamo Sasuke.
—Encantada.
La joven se levantó para que ambos se pudiesen dar los dos besos de rigor, una absurda costumbre española que Sakura no entendía pero que le tocaba cumplir. Al chocar su mejilla con la del muchacho notó una cierta aspereza en su rostro, el principio de una barba que, pese a estar afeitada, ya estaba volviendo a brotar. El saludo fue tan tirante entre ambos, especialmente dado que Sakura no hizo ningún esfuerzo por ocultar su animosidad, que hasta Ino se dio cuenta de que aquello quizás no había sido tan buena idea. Alto, guapo, fuerte y amable, aquel chico era tan perfecto que a Sakura le entraron arcadas.
Y hasta aquí el episodio.
Si, por fin Sasuke ha parecido pero a Sakura no parece que le guste mucho ¿Acabara cambiando de opinión?
En el próximo capitulo lo averiguaremos, o no, quien sabe.
