El cielo estaba bajo y gris.
Toda la ciudad estaba fría y en silencio,
como una fotografía.
Dos ojos que nunca aprendieron que el mundo estaba en movimiento,
percibieron el sonido amarillo que emanaba el joven hombre.
...
Un bastón con la empuñadura plateada en forma de pata de gato y un palo negro se balanceaba de un lado a otro guiando a la joven por la ciudad que hoy había tenido compasión por ella, se mantenía en paz y libre de obstáculos hasta ahora, se había encontrado con algo difícil de describir le dio tres golpecitos con su bastón esperando descubrir que era.
- ¡Auch!
- ¡Ah! Disculpa. Lo siento mucho, de verdad. ¿Estás bien? No te he hecho daño, ¿no?
Era obvio que se trataba de una persona para ser más precisos un hombre joven rubio de ojos azules y gran estatura vestido elegantemente con un uniforme policial azul profundo y un papakha del mismo color; este ante tal situación se levantó del escalón donde se encontraba sentado mientras miraba a la joven extrañado que sin lugar a dudas contrastaba con él, pequeña de cabello castaño, piel morena y unas hermosas pestañas que adornaban ese par de parpados protegiendo aquellos ojos anónimos.
- Es por eso por lo que no me gustan los bastones - dijo la joven
- No hay problema ¿Qué hay de ti? ¿Estás bien? - le pregunto un intrigado el hombre
- He oído una voz que venía del suelo... y ahora viene de arriba. ¡Eres alto! Muy alto, de hecho.
Esto por supuesto llamo la atención del joven que ahora sentía más curiosidad por la mujer que estaba de pie ante él, completamente tranquila y ajena al mundo que la rodeaba pudieron haber permanecido así unos minutos más, pero un grupo de tres o cuatro niños doblo la esquina y como en otras ocasiones le pidieron dulces el joven al negar tener algún caramelo, los chiquillos sin pena alguna revisaron en los bolsillos de su abrigo sacando una pequeña bolsa de tela con unos cuantos chicles y habiendo obtenido el anhelado tesoro por las escaleras en las cuales el hombre había estado sentado, la mujer sonrió dejando escapar una ligera risita.
- Esos horribles ladrones de dulces, nadie puede detenerlos, son demasiado rápidos ¿No te han robado?
- Hmm... No creo. ¿Así que eres policía? -
- Guau, ¿Cómo lo has sabido?
- Intuición, supongo ¿Te doy mi pasaporte y documentación? -
- Si, por favor - le respondía mientras extendía su papakha para que ella pudiera tomarla mientras él revisaba su documentación - vaya has venido de un lugar muy lejano, eh. Es la primera vez que veo a alguien que mantiene sus ojos cerrados. Hum, sin ofender yo...
- No hay problema. Nunca he visto a nadie en mi vida. Así que ya sabes ¿Podrías devolverme mi pasaporte? - mientras ella le ofrecía su sombrero por sus papeles ante la mirada confundida del chico, que en silencio entrego el pasaporte y recibió su sombrero. Por su parte la joven continuo su andar hacia las escaleras.
- Hay escaleras delante de ti. Por favor ten cuidado -
- No tienes por qué preocuparte - respondió mientras subía con paso seguro por las escaleras
- ¿Estás sola? ¿No hay nadie acompañándote? - decía el hombre que ahora también subía por las escaleras
- ¡Estoy bien por mi cuenta! Por favor, no te preocupes por mí y dejame advertirte. Seguirme no te va a llevar al país de las maravillas -
-¿Hmm? ¿Acaso te parezco Alicia? -
La mujer que ya había llegado al final de las escaleras, aún le daba la espalda dejo escapar una risita coqueta y volteando un poco hacia él
- ¡Tal vez! ¡No te molestes es mi historia favorita! - el chico que ahora se encontraba fascinado por verla sonreír subió más rápido los pocos escalones que le faltaban para poder tener una mejor vista de ella.
- Tal vez tengas razón, hoy casi caigo por un agujero, había dejado una alcantarilla abierta y yo iba mirando a otra parte
- Así que por eso estabas sentado en el suelo -
- Así era hasta que el conejo blanco choco conmigo y ahora me pregunto a donde va el conejo - esta respuesta tomo por sorpresa a la mujer que permaneció un momento en silencio
- Bueno planeaba buscar para tomar un té; señor policía no conocerá una tienda agradable por aquí ¿no? -
- ¿Tal vez la estación de policía en la que trabajo? -
- ¿De verdad? -
- Es un lugar lleno de amantes del té, especialmente el comisario. La cocina ofrece una amplia selección de diferentes calidades y mezclas capaces de satisfacer cualquier paladar. Incluso hay una sala de niños perdidos - dijo con un tono un tanto travieso mientras sonreía.
- Pues yo no soy una niña perdida. De hecho estoy buscando trabajo -
- ¡¿Imposible?! -
- ¡Te estoy diciendo la verdad!
- Ah. Me disculpo ¡Qué suerte! Quiero decir, nuestra sección está buscando a alguien que conteste las llamadas -
- ¿Crees que estoy cualificada para el trabajo? -
- Hmm ¿Por qué no lo intentas? Solo espero que no te aburras demasiado -
- No te preocupes por ello. No puede ser pero que quedarse en casa. -
- Bueno en ese caso para llegar a la estación debes...-
- ¿Podrías tenderme el brazo? -
- ¡Por supuesto! -
- Mirarás que no haya agujeros en el camino ¿Verdad? -
- Desde luego.
