Mi preciosa bae me arrastró a este fandom y el siguiente paso lógico era hacer un fanfic, por supuesto que sí

Advertencia: esto podría contener spoilers muy vagos de la serie


El precio a pagar

El universo, para mantener su balance, se rige por reglas muy sencillas que aplican a todo ser que habite su expansión, desde los meros mortales que caminan sobre la tierra hasta las divinidades en su infinito reino de abundancia. Una de ellas es que por cada acto que cree un impacto en el universo, el mismo lo regresará en igual o mayor medida a las consecuencias que conlleve. Muchos años después de su creación, algún científico occidental llamaría a esta ley ''Acción y Reacción'' y la aplicaría simplemente a aspectos de la física en lugar de la vida en general, pero esa es historia para otro momento.

Las leyes universales eran de gran conocimiento para todo ser, inculcado hasta grabarlo en sus limitadas mentes y, a veces, monopolizado hasta adoctrinar a ciertos grupos de una forma simplificada: tus acciones tienen consecuencias. Podrán tomarse años, incluso siglos en manifestarse, pero lo harán para cobrar factura del comportamiento de cada individuo.

Y esa, es una de las reglas de la vida que el Gran Maestro le enseñó a Sun Wukong desde el momento en que puso pie en su templo, antes de convertirse en prácticamente enemigo de todo el Celestial Realm, antes de que su orgullo se subiera a su cabeza guiando sus acciones para gratificación propia, antes incluso de que fuera llamado el gran Monkey King, protector de la Flower Fruit Mountain. No solo su maestro, todo ser celestial al que se había encontrado y enfrentado repetía lo mismo como un sermón que caía en oídos sordos; incluido el Monje Tang Sanzang había tratado de hacerle entender este precepto sin resultado alguno.

Es así que sus voces, repitiendo una y otra vez las palabras ''tus acciones tienen consecuencias, Wukong'', resuenan su cabeza mientras su mente trata de procesar el escenario frente a sus ojos. Las voces se acallan de golpe cuando un último suspiro abandona el cuerpo ensangrentado a sus pies y el viento parece dejar de soplar a su alrededor.

—¿Macaque? —su voz suena rota y pequeña a sus propios oídos, pero eso le importa poco en ese momento—. Macaque no es… por favor esto no…

Se deja caer de rodillas junto al cuerpo alzando sus manos sin atreverse a tocarlo realmente.

—No, no, no, no —susurra cuando finalmente baja sus manos a su rostro, meciéndolo suavemente como si pudiera despertarlo de un muy mal sueño—. Por favor no, tú no, Macaque deja de jugar.

Sus manos se deslizan por su pelaje, antes inmaculadamente blanco, manchado de sangre que empieza a secarse pegándose a la piel bajo este y bajan por su pecho desesperado por sentirlo alzarse nuevamente, sobresaltándose al sentir las heridas abiertas bajos sus dedos como si estuvieran en su propio cuerpo. Un sollozo sacude con fuerza mientras desliza sus brazos alrededor del torso contrario pegándolo a su pecho ignorando la sensación pegajosa y fría de la sangre.

—Por favor, tú no —suplica entre sollozos apretando el cuerpo inerte del otro mono—, Liu Er no puedes hacerme esto, por favor.

No puede entenderlo, Macaque había luchado a su lado en contra de los mismos dioses, era un guerrero implacable e incluso compartía su poder. Y aún así… aún así estaba… por su propia mano.

—¡Por favor! —grita mirando hacia el cielo apretando un poco más sus manos—. ¡Regrésenlo, por favor! ¡Les daré lo que sea, lo que sea por recuperarlo! ¿Mi… mi fidelidad? ¡La tendrán!

Sus ojos se deslizan por las nubes en el firmamento que permanecen inmóviles ocultando el palacio del Emperador de Jade. En el pasado, hizo promesas vacías para salir indemne de sus travesuras, pero nunca había deseado con tanta fuerza cumplir con una; daría lo que fuera por volver atrás, unos minutos para evitar que Macaque muriera, unas horas para evitar el enfrentamiento, unos días, unos años. Lo que sea necesario para recuperar a Liu Er.

—¿Mi total obediencia? No desobedeceré ninguna orden, ¡Ninguna! No diré ni una palabra, me quedaré en el jardín, ¡en los establos! —su voz se quiebra al intentar controlar su llanto para mantener su voz lo más clara posible.

—Se los suplico, les daré lo que quieran con tal de… con tal de…

—¿Lo que sea, Sun Wukong? —responde una voz, o varias voces no está del todo seguro, un susurro múltiple en su oído que reverbera en el interior de su cabeza.

—¿Quién…? —Wukong jadea mirando a su alrededor alzando su cuerpo ligeramente para proteger el cadáver en sus brazos, atrayendo su bastón plantándolo frente a ambos.

—¿Qué estás dispuesto a pagar realmente, pequeño Mokey King, para enmendar el daño que has causado?

—Yo… Tú… me escuchaste voz misteriosa, haré lo que sea.

Una pequeña risa se deja escuchar a su alrededor antes de que una pequeña brisa fría se deslice por su nuca erizando su pelaje, como si unos dedos helados se deslizaran por su cuello. Haciendo una mueca de advertencia envuelve su cola en la cintura de Macaque manteniendo su guardia en alto, a pesar de estar dispuesto a hacer un trato con… lo que sea que estuviera hablando con él no lograría nada si terminaba muerto también. Aunque si su vida fuera el precio…

—No voy a pedir tu vida, Sun Wukong, no es pago suficiente y lo sabes —la voz regresa, fragmentándose al final en una risa que hiela su sangre—. No, hay un precio mucho más gratificante, si realmente estás dispuesto a aceptarlo.

—¿Y con eso Macaque volverá a la vida?

—Cómo si nada hubiera pasado —promete la voz, o voces, en un susurro suave que parece intentar apaciguarlo—, por supuesto no hay mucho que hacer con sus heridas físicas, pero su alma regresará intacta.

Wukong baja la vista al rostro de Macaque, manchado de sangre y cubierto de heridas. Hace una pequeña mueca acariciando suavemente el borde de su ojo derecho considerando preguntar si podrá recuperar la vista de este, pero deteniéndose cuando sus palabras sobre sus heridas físicas se repiten en su mente. Traga con fuerza apoyando su frente en la contraria frotando sus narices con suavidad antes de dejar un pequeño beso allí.

—Nombra tu precio, voz misteriosa, y yo, Sun Wukong, Monkey King y Great Sage Heaven's Equal, te lo daré sin rechistar.

Una vez las palabras terminan de salir de sus labios una fuerte brisa lo envuelve mientras la risa de la misteriosa voz lo envuelve tornándose cada vez más siniestra. La brisa se hace cada vez más fuerte colándose entre sus brazos envolviendo el cuerpo de Macaque hasta conseguir que lo suelte haciéndole gritar en protesta cuando el cuerpo se eleva por encima de su cabeza, envuelto en la brisa y un brillo azulado.

—Qué así sea, Sun Wukong, Monkey King y Great Sage Heaven's Equal —susurran las voces.

—¡Aún no has nombrado tu precio! —grita tratando de levantarse sosteniendo su bastón.

—Mi precio, ha sido cobrado.

Finalmente logra levantarse y trata de acercarse al cuerpo de Macaque, recuperarlo de alguna forma, pero la brisa parece tragárselo deteniéndose y desapareciendo con él como si nunca hubiera pasado.


Luego de lo sucedido Sun Wukong se unió al grupo para terminar su misión, pero no era el mismo mono que había estado con ellos durante parte del viaje. Hacia sus comentarios imprudentes y se reía en los momentos menos indicados pero sus compañeros de viaje podían notar que algo había cambiado. Por su parte, Wukong no sabia que había pasado con Macaque ni cuál fue exactamente el precio que pagó para recuperarlo, y no tenía idea de si en algún momento lo descubriría.

Por supuesto, no fue sino hasta años, siglos, milenios después que lo descubrió.

Mucho después de que encerró al Demon Bull King bajo la montaña, después de su retiro y que un joven encontrara su bastón convirtiéndose en su sucesor. Después de que el joven se encontrara con una figura misteriosa que se movía entre las sombras, un mono con físico similar al suyo, pero con un pelaje negro como la noche en lugar de blanco y que compartía sus poderes.

Mucho después cuando esta misma figura intentó robar a su estudiante para luego traicionarlo y tratar de robar sus poderes, cuando lo enfrentó finalmente y en un rostro dolorosamente familiar no encontró más que indiferencia.

—Así que este es el famoso Sun Wukong —fueron sus palabras, con desinterés y burla, mirándolo de pies a cabeza—. Esperaba algo que se asemejara más a la leyenda.

Fue en ese momento en que se enfrentaron por segunda vez que Sun Wukong descubrió el precio, y fue mucho más doloroso de lo que imaginó que sería al saberlo e increíblemente poderoso.

Sus recuerdos.