CAPÍTULO 01

.

.

.


—¡No, espera, por favor!

Emile estaba contra aquella esquina, incapaz de escapar. Había sido perseguido por lo que parecieron horas. Cruzó por su cabeza el pensamiento de "qué estúpido, ¿por qué tuviste que refugiarte en la escuela? ¡Era exactamente el mismo lugar de la vez anterior!". Creía que para ese entonces, ya no debería ser capaz de cometer los mismo errores. Pero lo hizo.

Los lobos lo rodeaban, sus feroces hocicos mostrando los dientes puntiagudos. Uno de ellos estaba goteando sangre, su sangre, sangre de la herida que provocó al morder el brazo de Emile. El chico humano, que casi perdía el brazo por ese ataque, sabía que a cada minuto que pasaba perdía su energía vital. Los lobos, uno tras uno, se abrieron paso para dejar camino libre a su Alfa.

Era la peor pesadilla de Emile avanzando con calma en su dirección.

—Maestro, ¿otra vez intentando escapar? —La fría y calmada voz de Ragnar estremeció cada célula de Emile. Ragnar lucía pulcro frente a la patética imagen que Emile era—. Tsk. El maestro siempre estaba despreciando cada buen gesto que tenía hacia él. Pensaba que esta podría ser la excepción pero ya veo que no será así. Que lástima.

—Ragnar..., por favor...

—¿Va a suplicarme ahora, maestro? —La cabeza del Alfa se inclinó, desconcertado—. Maestro, mi gente tiene hambre. Lo sabe, ¿no? ¿Cuán suave es la carne humana para nosotros, tan similar a la de un ciervo? —Los ojos de Ragnar brillaron con una sádica locura que heló la sangre restante en Emile—. Y como Alfa, no puedo negarles la comida. —Sonrió, mostrando un blanco colmillo humano. Con una mano, acarició tras la orea de uno de los lobos—. Chicos..., buen provecho.

—¡No!

El grito de Emile fue música para los oídos de Ragnar. Por otro lado, Emile sintió el claro desgarre de su brazo, el dolor punzante invadiendo cada poro de su cuerpo, los músculos agonizando y apenas con la fuerza suficiente no para empujar a los lobos, sino para alcanzar el artefacto del tiempo en su bolsillo y presionarlo antes de morir.

Todo el sonido, todas las luces, todo el dolor y toda aquella horrible vida se desvaneció, girando sin control, hudiéndolo como en un reloj de arena hasta ahogarlo. Pronto, un aterrado Emile quedó gritando de dolor y miedo en un desierto sin sol ni nubes, como si estuviera dentro de un reloj gigante. Le tomó un largo rato calmarse, dejar de llorar, pero no se levantó de aquellas arenas.

Esa había sido su regresión número ocho.

Hace muchos años, o eso lo sentía él, había robado las Arenas del Tiempo a la legendaria Madre Tiempo. Emile provenía de una línea de descendientes que se conectaba a ella, sin embargo, dado que era una mujer que podía vivir por siglos si así lo deseaba, se había separado de su familia para protegerlos y era un secreto en el círculo familiar más íntimo. Quien pensaría que uno de los descendientes, el abuelo de Emile, guardaría en su sótano un reloj de arena que pertenecería a la mismísima mujer. Y al momento de morir, la activaría, reiniciando su vida.

Pero no importaba qué, parecía que la Muerte misma iría tras Emile, obligándolo a activar el reloj una y otra vez, todo a causa del mismo sujeto: Ragnar Volkov.

—Maldición... —Emile se levantó, sacudiendo parte de la arena de su rostro.

—Es divertido verte volver... de nuevo —murmuró una voz dulce frente a él.

Emile no la observó.

Madre Tiempo ya era una mujer adulta. Para entonces, Emile no tenía idea de qué edad tenía, no obstante lucía como una joven en sus veinte. Su cuerpo era esbelto, su cabello sedoso y castaño, pero eran sus ojos azules como un cielo sin nubes lo que llamaba la atención; no por el tono tan claro de su iris, sino por la sabiduría y, porque no decir, enérgica diversión que transparentaba. Una mujer que parecía conocedora de muchas cosas en el mundo y, sin embargo, no perdía la jovialidad que aparentaba.

También vestía diferente las pocas veces que la vio. Usaba una túnica medieval la primera vez, otras una vestimenta muy al antiguo estilo de 1970. En esta ocasión, llevaba un abrigo de cola de pato negra con fondo morado, con un diseño de estrellas y galaxias. Traía puesto aretes en forma de luna y sol en cada lóbulo. Sus piernas iban cubiertas por pantalones negros pero no traía zapatos, sus pies descalzos hundidos en la suave arena.

—Estás aquí otra vez...

—Siempre estoy aquí —respondió ella con obviedad.

—Si estás aquí, ¿por qué entonces no me quitas el reloj? Seguro sabrás dónde encontrarme cada vez que lo uso.

—Oh, claro que lo sé. —Madre Tiempo sonrió con dulzura—. Mi querido tataranieto es una persona demasiado testaruda. ¿Qué tipo de tatarabuela seria si no le dejara tener una lección o dos, o tres, o cinco?

—¡No me importa! ¡No pienso morir! —espetó Emile, desesperado—. Ese sujeto, ¡ese sujeto está tras de mí! —El tono de Emile se relajó, apartando la cabeza a un lado—. Estoy seguro de que ha tomado la forma de Ragnar.

Madre Tiempo parpadeó.

—¿Enoch? —Se echó a reír un poco—. Quiere darte un castigo por robar las Arenas del Tiempo a tu tatarabuela. ¿Eso es lo que crees? —preguntó con un tono de sarcasmo—. Es parte de tu destino. Cada vida que has tenido se deriva a las decisiones que has tomado. Si has sido una persona mala, tendrás un destino malo. Así funciona el ciclo de la vida, así funciona el karma.

Emile frunció el ceño.

¿Karma? Que gran... tontería. Él solo trataba de sobrevivir en aquel mundo lleno de bestias que simulaban ser humanas. Con el desarrollo de los genomas animales, el poder de los humanos ha disminuido. Emile odiaba tener que inclinar la cabeza ante ellos, era una persona orgullosa. En cada vida intentó buscar la manera de superarlos, pero falló, siempre fallaba, muy en especial en las manos de Ragnar.

—Lo intentaré otra vez. Sé qué cosas no debo hacer y debo hacer. Yo solo...

—Es tu última oportunidad. —Madre Tiempo se puso de cunclillas frente a él, apoyando el codo en su rodilla y el mentón en la palma.

—¿Qué...?

—Las Arenas del Tiempo solo funcionan nueve veces. Ya has regresado ocho. Esta vez, apenas gires el reloj, será tu última vida —explicó ella con una calmada mirada hacia el aterrado chico—. Si mueres, definitivamente Enoch aparecerá y llevará tu alma al descanso hasta tu reencarnación. No habrá forma de que escapes.

La piel de Emile, si bien era pálida, ahora perdió todo el color existente. Él no quería morir... ¡No quería morir! No había hecho nada en su vida. O ninguna..., como sea.

Cada camino que tomaba era como si inexplicablemente estuviera entrelazado a Ragnar y la familia Volkov. No importaba si intentaba alejarse, lo traerían devuelta; si lo ignoraba, sería pisoteado; si lo maltrataba, sería destruído; si lo mataba, sería torturado. ¿Qué mierda esperaba el destino que hiciera? Era un humilde, patético, humano. ¡Un maestro, además! Cobraba un sueldo miserable para atender niños. Intentó muchas veces cambiar de profesión, siendo cajero, jardinero, asistente, diseñador, contable, cualquier maldita cosa, y todo parecía enlazarlo a los Volkov.

Era como si el destino quisiera... atarlo a Ragnar.

Un imbécil ególatra tirano.

—No quiero morir... ¿Qué puedo hacer para sobrevivir en esta vida?

Madre Tiempo lo observó sin un cambio de expresión. No sonreír, por el contrario, era más bien como si analizara su alma. Era una guardiana del tiempo, no era la guardiana de la vida, y era ignorante de cuántos guardianes existían en total, todos ellos ocultos. Pero esta mujer, de la cual ya ni recordaba su nombre, tenía momentos donde le ponía la piel de gallina.

Igual de aterradora que la propia Muerte.

—Solo tienes esta vida. Así que deberás hacer un recuento de cada cosa que hiciste antes y que te llevaron al fracaso, o en otras palabras, directo hacia Enoch. —Ella estiró la mano, pinchando la nariz de Emile—. ¿Te digo cuántas líneas de tiempo tienes disponibles? Al menos unas diez. Y solo en una línea de tiempo vives una vida larga... Si quieres llegar a esa línea de tiempo con la última recarga que tienes en las Arenas del Tiempo, será mejor que te asegures de tomar las decisiones correctas que te lleven a ella. —Madre Tiempo se levantó, sacudiendo su abrigo—. Piénsalo, Emile. Ahora, gira las arenas y empieza a tomar las decisiones que te harán vivir.

Las manos de Emile temblaban. Tenía una posibilidad exitosa de diez. Si no lo hacía bien, caería en las manos oscuras de Muerte, su alma llevada a la reencarnación. Sería reiniciado, comenzando desde cero, peor aún, sin ningún recuerdo. Al menos, ahora, Emile todavía conservaba los recuerdos de cada regresión, permitiéndole elegir.

Encontró cerca de él las Arenas del Tiempo, y las giró. Al hacelo, fue como si el mismo lugar donde él estaba girase, siendo enviado hacia arriba. Como otras veces, Madre Tiempo quedó atrás, formando un corazón con sus manos a la vez que los labios murmuraban "Buena suerte".

Esa mujer era su tatarabuela. Y sin embargo, Emile deseaba no verla ni a ella o cualquier otro guardián en lo que le quedaba de vida.

.

.

.

.

.

.

Emile se arrebujó más en las cobijas, sin desear salir de la cama. Su cerebro despertaba muy lento, usando los segundos que transcurrían para comenzar a prestar atención a su entorno y despertar. Lo primero que supo al abrir los ojos es que estaba en la habitación de su antiguo apartamento. También, luego de revisar su reloj digital junto a la cama, que había regresado a cuando tenía 19 años. No podía controlar el tiempo en que las Arenas lo devolvían, pero siempre era en una época cercana al instante donde se topaba con los Volkov la primera vez. En este caso, por ejemplo, Emile regresó al año donde era maestro de Ragnar.

Usó ambas manos para frotar sus ojos cansados, para quitarse las legañas y parpadeó para así aclarar su vista. Echó´un vistazo a su habitación. Las paredes del cuarto donde dormía Emile eran blancas con franjas de un gris metal, tenía cuatro cuadros cuyo paisaje era de montañas. Todo el piso estaba forrado por una alfombra mullida de color humo, los muebles eran azules; un sillón, un armario doble junto a un perchero colgador y un escritorio junto a un espejo de cuerpo entero. La paleta de colores era masculina, de gris a blanco, pasando por el azul celeste y beige. Sumado a eso, contaba con su propio balcón anexado.

Emile se dejó caer en la cama, exhausto. Eso pasaba con recurrencia. Su alma siempre estaba cansada los primeros días después de regresar en el tiempo. Emile se volvía perezoso un par de días. Justo ahora, quería estar en la cama. Creyó que al estar ahí, podría permanecer solo durmiendo, sin embargo su mente volvió a analizar cada regresión, como si empezara a idear el plan de supervivencia.

Un sonido molesto resonó en la habitación, irritando su bajo estado de ánimo, parecía un reloj alarma. Echó un vistazo a su alrededor, cayendo en cuenta que ese sonido provino de la mesita junto a su cama. Su antiguo teléfono celular vibraba insistente, en la pantalla parpadeaban las palabras "ESCUELA INFERNAL".

Emile rodó los ojos, fastidiado.

Desactivó la alarma, se sentó en la cama, seguido procedió a husmear en aquel dispositivo. Por lamentable que fuera, tenía al menos cinco contactos archivados, ninguno de los cuales le interesaba llamar. Tampoco había fotografías en la galería, excepto un par de lugares que menos le interesaba volver a visitar. No recordaba qué cosas tenía en el correo, así que decidió ir a husmear para reavivar su memoria, teniendo mejor suerte pues entre el montón de correo basura, hubo uno que le dio algo de información:

"Emile, gracias por aceptar ser el nuevo maestro de primaria. No te preocupes por los niños, un miembro de la manada les enseña a dominar la tierra y a controlar a su lobo. Tú encárgate de que no sean ignorantes de la sociedad.

Recibirás tu paga directo a tu cuenta.

Si necesitas algo más, llámame.

Darthur.

PD: Luna llena, nueve de la noche. "

Emile se quedó leyendo el correo al menos unas tres veces más, la mente en blanco poco a poco comenzando a aclararse. Vale. Había regresado exactamente a la época donde era el maestro de primaria de Ragnar, y si no estaba mal, tomando en cuenta la antigüedad del correo que ya tenía cuatro meses, ya había comenzado los abusos contra el mocoso. Recordando las vivencias de vidas anteriores, o mejor dicho, recordando la vivencia de la primera regresión, los maltratos que le causó a Ragnar fueron los causantes para forjar la personalidad tiránica que desarrollase Ragnar en el futuro y el rencor tan profundo hacia Emile que provocaron su muerte. ¡Y sin lugar a dudas no podía permitir que se repitiera esa vida!

Lo positivo era que Emile tenía una idea de qué situaciones ocurrirían en el transcurso del tiempo. Renunciar para alejarse del niño no podía ser una solución factible. Ya lo había intentado en su regresión número tres. Aún si se fuera, el niño no tuvo un mejor docente que le curase las heridas, sin mencionar que de por sí la vida de Ragnar era un ciclo de infelicidad continúa. Jamás curó el rencor hacia Emile, por el contrario, no pudo esconderse por completo de los Volkov debido a un viejo contrato, razón de la que Ragnar se aprovechó para torturarlo hasta la muerte.

Ragnar particularmente odiaba a los humanos. Sumado a que en su núcleo familiar nadie lo amaba ni pudo encontrar a un Omega que lo amase, el chico en cada vida se hundió en la tiranía y la crueldad, llevándose a todos, incluido Emile, con él.

Emile se levantó de la cama, fue al baño para darse una ducha helada y desperezarse por completo. Cuando salió, con apenas una toalla alrededor de su cintura, buscó lápiz y papel para comenzar a anotar cada acción cometida en las ocho regresiones que tuvo en el pasado. Cada cosa había fallado; ignorar, mutilar, asesinar, huir, ceder, y hasta intentar desaparecer. Nada. Nada funcionó, todas y cada una terminando en su muerte a manos de Ragnar. El ahora chico de diecinueve años se frotó el rostro, sintiendo un muy débil rastrojo de barba alrededor de su boca y mentón. Sus ojos recorrieron por inercia la habitación, notando una revista tirada cuando buscaba la hoja para escribir...

En la portada, salía el anuncio de la nueva telenovela que estaba volviéndose famosa. Trataba sobre un huérfano que era adoptado por una familia y descubría que era el heredero perdido de un gran imperio.

...

Ragnar tuvo una infancia de mierda por tener una familia de mierda, por lo cual el niño se volvió una mierda.

—... Creo que ya sé como desviar a Ragnar de su camino tiránico y salvar mi culo.

Tomó el celular, seleccionó el número de Darthur y envió un mensaje.

"Estoy enfermo. No iré esta semana. Descuéntalo de mi sueldo"

Y una vez terminado de enviar el mensaje, comenzó a hacer varias búsquedas en internet como: "Guía para ser un mejor maestro", "Cómo cuidar a un niño" y finalmente "Qué cosas le gustan a los niños lobo".

.

.

.

.

Aunque todo lucía como un pintoresco pueblo rural, el título oficial era el Coutyard de Riverpoint. Era pequeño, con menos de doscientos habitantes, contando con un par de edificios comerciales y apartamentos. Estaba dirigido por el Alfa principal de la manada de lobos, Dimitriy Volkov, quien era el padre de Ragnar. Emile vivía en el apartamento número dos, de nueve plantas y que contaba con veintisiete domicilios. Detrás del edificio, al norte, habían montañas. En el este solo veía un bosque espeso y al sur no solo estaba la escuela a diez minutos de caminata, sino también lo que parecía toda la zona comercial. A media hora de caminata al oeste se ubicaba la lujosa mansión de los Volkov, el hogar de Ragnar. El principal medio de movilizarse en este lugar son las bicicletas y los triciclos con techos, un tipo de fusión entre una motocicleta y un auto pequeño, en las que podían entrar unas tres personas como máximo, aunque acababa de ver unos dos triciclos que acarreaban una carreta larga como una variación de un microbus.

Este lugar siempre fue impresionante y extraño. Se sentía como en una mala combinación de lo campestre con lo futurista. El aire era muy limpio debido a la permanencia de la naturaleza. El bosque era tan denso y verde, que a pesar de la existencia de los edificios, no solo se extendía por toda la zona este, entre cada establecimiento todavía permanecían árboles y hierba, como mini plazas donde sentarse a descansar y transitar por caminos de grava. El sol salía por el sur para ocultarse en el norte tras las montañas. La paleta de colores de los edificios respetaba los tonos del atardecer. Cerca estaba la cafetería, ya que el vago olor de los granos de café y el pan de leche flotaban en la brisa hacia su dirección.

Un grupo de niños de doce años salieron del mismo edificio que el suyo, casi corriendo hacia la escuela. No había desayunado, pero tampoco tenía hambre.

La escuela estaba frente a su edificio, parcialmente. A cinco minutos de esa institución hayaba una boutique, la cafetería también. La farmacia y el apartamento número cuatro estaban por la misma calle. Detrás de la escuela estaba el bosque, y al sureste un terreno baldío. El terreno del courtyard en sí era como un trapecio, y el bosque estaba en todo el ángulo. Estas parcelas de tierra fueron compradas por el hijo menor de la penúltima generación de los Volkov, o sea el padre de Ragnar. El hijo mayor, Arseny, era el actual patriarca Alfa, el cabeza de familia de los Volkov, y vivía en otra zona central.

Ragnar provenía de una poderosa familia conocida como la Bratva Volkov. En todas sus vidas pasadas, Ragnar conquistó como un tirano, arreglándoselas para volverse el patriarca de los Volkov, deshaciéndose de la línea de Arseny que debería haber continuado al frente...

Debido a su intento de mantenerse lo más lejos posible después de la segunda regresión, Emile desconocía muchas cosas sobre la Bratva, ¿cuál era el estado actual de esta rama de los Volkov en la que estaba Ragnar? No tenía idea de cómo era la actual relación entre Dimitriy y su hermano Arseny, solo que era muy tensa y era una de las razones por la que vivían lejos el uno del otro. Eran una familia poderosa los Volkov. ¿Cómo es que Dimitriy lideraba un lugar tan pequeño y sencillo? No había lujo, a excepción de aquella impresionante mansión que vio de pasada.

—De acuerdo. Estas serán mis misiones actuales; primero, encontrar a Ragnar. Segundo, darle una infancia feliz. Tercero, averiguar sobre los Volkov —se dijo en voz baja. Tenía que conocer todos los detalles posibles, en caso de que alguno le beneficiara o perjudicara.

La escuela era un edificio de una sola planta. Con un cerco de rejas, la puerta era ancha permitiendo que un grupo grande pudieran entrar sin dificultad. Emile ni siquiera saludó al portero sentado, que bostezaba más dormido que despierto. Recordaba que era un lobo beta.

Al entrar, frente a Emile estaba un camino bifurcado dividido por una jardinera con pared; a su lado izquierdo estaba el patio de juegos y al fondo los salones. De su lado derecho estaba la entrada del edificio principal que conectaba a dichos salones por un pasillo. Emile continuó por la entrada del edificio principal, vio que a su derecha estaban tres puertas, la del medio era la oficina del Alfa director. Cruzó a la izquierda, llegando a ese pasillo de salones. Cuatro salones en total, al fondo se hallaba una biblioteca.

Siendo una escuela para licántropos, todo era muy abierto, permitiendo la libertad para correr y retozar de las crías. No habían muchas paredes divisorias entre pasillos y patios, únicamente las cuatro paredes que conformaban los salones, oficinas y salones de descanso, así como los baños. El aire circulaba con libertad en la escuela, y la iluminación natural se extendía por cada recoveco.

Emile se detuvo frente al salón número tres, el salón destinado a los niños de siete y ocho años. Respiró hondo, antes de entrar a enfrentar su destino.

—Esta es mi última oportunidad. Hora de domar al lobo.


N.E.: ¡Hola de nuevo, Dragones!

Esta es una historia nueva, un Spin-off ambientado en el mismo mundo de Entre Tus Garras, solo que muchos, muchísimos años después de los acontecimientos del último libro. Como verán además, ya no es algo sobre dragones (por ahora). ¡Quédense para descubrir más sobre esta nueva trama!