¡Hola! ¿Cómo los está tratando la vida?

Chicxs, cuando digo que este fic no es para tomárselo en serio... ¡Hablo en serio! Jajajaja. En verdad esta es una especie de descarga humorística que refleja parte mi triste historia (y la de muchos compatriotas salidos de Venezuela) para realizar algún trámite que involucre esa República sin morir en el intento. Esto está hecho con la única finalidad de reírme del asunto, y les juro que cualquier parecido con la realidad es pura...ejem... coincidencia.

En fin! Hablando de temas más serios, es probable que el domingo SÍ empiece a subir un fic más serio jajaja, así que estoy algo ansiosa por la llegada del fin de semana. Mientras, les dejo esto por acá. Como consejo de vida, si tienen algun amigx, conocidx, peor es nada, arrejunte o similares que venga de ese mismo país, por favor, por lo que más quieran ¡No les pregunten por el pasaporte! (A menos de que quieran verlo llorar, o molestarse. Allí si pregunten con confianza jajaja).

Disclaimer: MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.

El lugar en donde la gestora la había citado le provocaba cierto recelo, pero sus posibilidades de hacer el trámite que necesitaba utilizando los métodos legales se habían esfumado por completo, obligándola a contactarse con alguien para acelerar el tortuoso proceso que implicaba renovar el pasaporte Midchildiano. La operación a realizar, completamente clandestina y sin respaldo de ninguna clase, había requerido que acudiera a ese punto de encuentro con una cantidad importante de dinero en efectivo, el cuál reposaba en un sobre café bien escondido en el interior de su chaqueta.

Se había esforzado mucho para reunir esa cantidad de dinero, pero el trámite oficial se había demorado más de un año sin mostrar luces de avanzar, y todo apuntaba a que podía tardarse un año más fácilmente, así que era la única vía posible que le quedaba para poder obtener el preciado documento y así poder viajar a Midchilda luego de tantos años para visitar a su querida hermana, quién últimamente había estado algo enferma.

Y pensar que justo una de las razones por las cuáles había decidido irse de Midchilda años atrás para radicarse en Uminari eran los largos trámites burocráticos y la corrupción excesiva que imposibilitaba obtener por vías legales cualquier documento en su país de origen. Con años residenciada en otro país se había acostumbrado a la eficiencia y rapidez de los trámites en Uminari, tanto que había olvidado el desespero que implicaba necesitar algún papel que tuviera el escudo de Midchilda en la parte superior.

Suspirando se acomodó la chaqueta poniendo su mejor cara de malas pulgas, mientras miraba de soslayo a un individuo sospechoso que caminaba despacio en la misma acera pero en la otra dirección, y que la miraba fijamente evaluando sus posesiones. Tragando grueso, intentó inflar su pecho en un intento ñoño de verse más fuerte.

Afortunadamente, el hombre después de verla mejor negó con la cabeza y desistió de cualquier idea peligrosa.

¡Menos mal se había puesto los zapatos que estaban rotos!

Empezaba a relajarse cuando sintió como alguien tocó su hombro, haciéndole pegar un brinquito del susto.

- ¡Coño de la madre! - dejó salir Fate, producto del susto.

- Pero tranquila chama ¿Estás nerviosa?

Al escuchar esa voz se giró rápidamente, encontrándose con unos ojos celestes que la miraban divertidos. La mujer dueña de esos ojos le sonreía, pasando una mano por sus cabellos para acomodarse tras la oreja algunos mechones de cabello castaño.

- Eres Fate ¿Testarossa, no? - preguntó la mujer.

- ¡Sí, soy Fate! Disculpa la expresión, me asustaste. ¿Hayate, cierto?

La mujer asintió alegremente ante la mención de su nombre. Aunque había hablado con esa gestora por teléfono para obtener la cita con la embajada de Midchilda era la primera vez que se veían personalmente, pero el tono de voz tan jovial con el que le había hablado la mujer era inconfundible.

- ¿Trajiste el asuntito? - preguntó Hayate, con interés.

Nerviosa, Fate asintió. Mirando a su alrededor para verificar que nadie la veía, metió una de sus manos en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó el sobre donde había guardado la cuantiosa suma de dinero que la gestora había solicitado por sus servicios, entregándoselo a la mujer con manos temblorosas, afirmando su agarre más de lo necesario.

Eran sus ahorros, su dinero. Le dolía en el corazón tener que dejar ir ese enclenque sobrecito.

Un leve forcejeo después no le quedó más que soltar el sobre y despedirse de los billetes que con dificultad había reunido. Los celestes ojos de Hayate se iluminaron al abrir el sobre y con rapidez, contó los billetes verificando disimuladamente que la rubia frente a ella no estuviese tramando pasarse de lista metiéndole un billete falso.

- ¡Excelente! Está completo. Ahora si puedo darte esto.

De la carpeta que tenía en su regazo la gestora sacó una única hoja de papel, que le entregó a Fate.

La rubia, al tener ese papel en sus manos, sintió que quería llorar de felicidad. Tantas horas perdidas en la madrugada intentando obtener ese mismo papelucho, tantos insultos proferidos en la lejanía a gobernantes ineptos que perpetuaban la existencia de un sistema ineficiente.

¡Al fin tenía en sus manos la maldita cita para el pasaporte!

- La cita es para mañana - informó Hayate - Asegúrate de ir, y de llevar los recaudos que están en la parte de atrás de la hoja.

¿Mañana? ¿Hayate había dicho mañana?

Sin duda alguna era algo apresurado, pero se había asegurado de tener fotocopias suficientes de todos los documentos importantes que podría necesitar, así que podía hacerlo. Iría bien temprano para ser de las primeras atendidas y, si todo salía bien, no llegaría tan tarde a su trabajo.

Con renovados ánimos revisó los datos de la hoja que le habían entregado, extrañándose al detallar que en el espacio en el que iba escrito su nombre aparecía un recuadro más grande, como si la planilla hubiese sido editada.

- Oye Hayate, perdona la pregunta pero ¿Esta planilla está bien? El nombre pareciera superpuesto a algo más - consultó Fate, señalando el espacio.

- ¡Ah! Sí, sí, tranquila - comentó Hayate con una risita, empezando a tomar distancia - La planilla es así.

- ¿Estás segura? - insistió Fate, revisando mejor los datos - Aquí en la fecha pareciera que…

- Sí, segura, segurísima - murmuró Hayate - ¡Oh por Dios! ¡Están apuñalando a alguien!

Asustada, Fate se giró para mirar en la dirección que Hayate señalaba sólo para encontrar una acera vacía y despejada. Cuando salió del estado de confusión que le provocó el falso aviso volvió a mirar hacia donde se encontraba Hayate, solo para percatarse de que la fraudulenta gestora ya se encontraba varios metros fuera de su alcance, corriendo desesperada para perderse de vista al meterse por un callejón.

- ¡Puta madre! Me cagaron - murmuró Fate, abatida.


A pesar de sus dudas, Fate decidió que se arriesgaría con la sospechosa planilla y, desde la madrugada, se apersonó a la sede de la embajada de Midchilda en Uminari rogando porque Dios decidiera dejar de darle sus mejores batallas e intercediera por ella para que pudiese lograr su cometido y sacar finalmente el bendito documento que le hacía falta para poder visitar su país natal.

El frío le entumecía las manos, pero ella estaba decidida a insistir hasta el final, por lo que metió sus manos dentro de los mullidos bolsillos de su chaqueta y espero pacientemente por el lento paso de los minutos, escuchando la eterna charla de una viejecita que le decía que, en sus tiempos, las cosas estaban mejor, y que si el anterior gobernante Midchildiano siguiese vivo él no hubiese permitido que eso estuviese sucediendo.

En una clara muestra de buena educación y valores, Fate se aguantó las ganas de decirle a la viejecita "¡Ya siéntese señora!" Mientras, en su mente viajaba a las playas paradisíacas de las hermosas costas de Midchilda como método para disociarse de esa incómoda realidad, consistente en hacer una fila de mierda a una hora absurda y con una vieja metiche que no dejaba de parlotear.

Luego de algunas horas el sol hizo su aparición, y cuando se hacían las nueve de la mañana una malhumorada guardia de cabello rosa abrió la puerta de entrada y fue haciendo pasar al interior de la embajada, una por una, a las personas que se encontraban en la fila.

Muchas personas intentaron hacerle preguntas, pero la encargada de la seguridad se mantuvo callada durante todo el tiempo, señalando los papeles de información que habían pegado fuera de la embajada y, en última instancia, amenazando con cerrar la puerta de acceso si seguían fastidiándola.

Pidiendo nuevamente a Dios que le diera una ayudadita Fate se encomendó a la divinidad, y pasó al interior de la embajada aferrando la carpeta que contenía sus documentos.

Al final del pasillo, un joven rubio de ojos verdes, que parecía estar ocupado comiéndose un emparedado, la esperaba sentado frente a un escritorio.

- ¡Hola! ¡Buenos días! - saludó amablemente Fate - Tengo una cita para sacar el pasaporte el día de hoy.

- Planilla - murmuró el hombre, sin establecer contacto visual.

Sin poder evitar pensar que se trataba de un maleducado de primer nivel, Fate sacó la fraudulenta planilla que Hayate le había entregado en su pasado encuentro y se la extendió al muchacho.

Yuuno, como pudo deducir se llamaba el hombre por el tag que el chico llevaba colgado en el bolsillo de su camisa, tomó la planilla e inmediatamente una sonrisa se dibujó en sus labios.

- ¿Te mandó Hayate? - preguntó directamente Yuuno.

- Eh, sí - contestó Fate, dudosa.

Al escuchar su respuesta, el hombre anotó una línea en una agenda que tenía a su lado, justo bajo el nombre de Hayate, como si estuviera agregando un número más a una larga lista de trámites que estaban asociados a la mujer.

- ¡Bien! - exclamó el hombre - Pásame la copia de tu identificación midchildiana

- Acá está - contestó rápidamente Fate, extendiéndole la hoja que acababa de sacar de su carpeta.

- Ahora la copia de tu acta de nacimiento - solicitó Yuuno.

- ¡Por acá la tengo!

- Comprobante del pago en línea.

- Acá lo tienes.

- Pago por la atención presencial.

A regañadientes, Fate sacó de su bolsillo unos dólares Uminarienses que sabía la embajada pedía cada vez que alguien iba a realizar un trámite, entregándoselos al rubio quién raudamente, ante la sorpresa de Fate, los guardó descaradamente en su bolsillo.

- ¿Me vas a dar un recibo de eso? - preguntó Fate ingenuamente.

- ¿Qué? No jajaja - se rió Yuuno - Copia de la identificación midchildiana de tu mamá.

- ¿Qué? - preguntó confundida Fate.

- La identificación de tu mamá - insistió el rubio

- Pero eso no estaba en los requisitos - murmuró Fate.

- ¡Claro que está! - exclamó Yuuno - Mira

Para su sorpresa, el hombre giró la planilla, señalando con un lápiz una minúscula línea cerca del final de la planilla, que apenas parecía una mancha ilegible. Tomando la planilla nuevamente, la acercó a su rostro y a duras penas, entrecerrando los ojos, alcanzó a entender lo que estaba escrito.

"Copia de la identificación midchildiana de la madre"

¡Maldita sea! No tenía ese papel.

- No lo tengo - admitió Fate en un susurro.

- ¿Cómo dijiste? - preguntó sonriendo el rubio.

- ¡Que no lo tengo! - admitió Fate.

- ¡Ay qué lástima! - dijo burlonamente el joven, empezando a devolverle los papeles que había entregado.

- ¡No! Espera, por favor.

Su madre había muerto hace años. ¿Cómo diablos iba a conseguir ese papel?

- Lo que sucede es que mi madre murió hace años - intentó explicar la rubia - Sería imposible para mí conseguir ese papel ahora, pero en el acta de nacimiento están sus datos. Quizá podrían hacer una excepción y…

- Siento mucho tu pérdida pero sin eso no se va a poder - contestó tajantemente Yuuno - ¡SIGUIENTE!

- ¡Espera! - pidió desesperada Fate - En este caso ¿Podrías devolverme el dinero que acabo de darte?

- ¡Pero si te atendimos!

- ¿Cómo que me…? ¡Pero si me estás diciendo que no podré hacer el trámite!

- ¡Pero te estoy atendiendo para decirte que no!

Presa de un ataque de furia, Fate perdió los estribos y se acercó al escritorio, golpeándolo con la carpeta.

- ¡Llevo años! Escúchame bien ¡AÑOS! Tratando de sacar este maldito papel. - gritó Fate, visiblemente molesta - Si no me vas a atender ¡Al menos devuélveme mi dinero, imbécil!

- Ah no, así no puedo trabajar - dijo Yuuno, girando su silla - ¡Signum! Sácala de aquí.

Estaba por refutar cuando la intimidante guardia de seguridad la tomó por el brazo, mirándola con cara de pocos amigos.

- Andando - susurro amenazante Signum.

Su lógica le decía que lo mejor era callarse y resignarse a no poder sacar ese documento, pero había gastado tanto dinero y tanta paz mental que no podía soportarlo más.

- ¡Devuélveme mi dinero hijo de tu madre! - le gritó Fate al rubio.

- ¡Muévete! - exigió Signum, intentando sacarla del lugar.

- ¡No me iré sin mi dinero!

- ¿¡Qué está pasando aquí!?

Esa nueva voz hizo que sobresaltara.

De la puerta que daba al final del pasillo había salido una preciosa mujer de cabello cobrizo, con unos ojos púrpura tan bonitos que, cuando la miraron fijamente, a Fate se le olvidó por un segundo que estaba pidiendo que le devolvieran sus ahorros, mientras un violento sonrojo se extendió por sus mejillas.

La mujer parecía haberse dado cuenta del efecto que había causado en ella, porque una sonrisa descarada iluminó su rostro y, con el eco de sus tacones golpeando el suelo, se acercó a ella contoneándose adrede.

- Buenos días ciudadana - saludó la mujer, sin dejar de mirarla - Mi nombre es Nanoha Takamachi y soy la embajadora de Midchilda en Uminari. ¿Podría indicarme qué la tiene tan alterada?

¿A poco el gobierno tenía funcionarias tan bonitas?

Intentando recobrar un poco su dignidad, Fate se enderezó e intentó hablar con serenidad.

- Hoy tenía una cita para renovar el pasaporte, pero el funcionario aquí presente me dice que no puedo hacer el trámite, a pesar de que me recibió el pago por la atención - trató de explicar Fate.

- ¡Ah! Ya veo. Y… Te falta algún recaudo, ¿Cierto? - preguntó Nanoha.

- ¡Le falta la identificación de la mamá! - se apresuró a decir Yuuno.

Ese pendejo chismoso.

Avergonzada, a Fate no le quedó más remedio que asentir ante la complacida mirada de Nanoha.

Luego de unos segundos, Nanoha pareció tomar internamente una decisión y tomó por el brazo a Fate, llevando a una sorprendida rubia a su oficina.

- ¡Yo me encargo! Sigan con los demás - pidió Nanoha al resto de su staff, antes de cerrar la puerta de la oficina tras sus espaldas.

Dentro del cómodo despacho, las cosas para Fate empezaron a tomar un giro inesperado, aunque no podía decir que le molestaba completamente la situación.

Nanoha, en vez de invitarla a sentarse en una de las cómodas sillas que estaban en la oficina, la acorraló contra la pared, apoyándose a su vez de la pared con una de sus manos y acercándose a ella sin abandonar la peligrosa sonrisa que cargaba desde que entró en su rango visual.

- Sabes que sin ese documento no podemos gestionar tu solicitud ¿Verdad? - preguntó Nanoha, con una voz tan dulce que hizo que Fate se estremeciera.

- Yo… Lo sé - tuvo que aceptar Fate, empezando a tener dificultades para respirar.

- Pero yo podría ayudarte - ofreció Nanoha, llevando su mano libre a la mejilla de Fate - Dependiendo de lo que estés dispuesta a ofrecer.

¿La embajadora de Midchilda le estaba haciendo una propuesta indecente?

No, eso era imposible. Una mujer como ella no podía fijarse en una oficinista en crisis que necesitaba urgentemente un papelucho para poder viajar a su tierra natal. Pero la verdad es que Nanoha no dejaba de mirarla intensamente con esos ojazos y, con cada segundo que pasaba, Fate sentía que sus adentros se derretían y su determinación se desvanecía lentamente, dejándola hecha una masita blandita que no podía pensar correctamente.

- Bueno, la verdad es que no tengo mucho dinero - dijo Fate, con la honestidad ante todo - Pero podría invitarte a comer.

- ¿A comer? - inquirió divertida Nanoha

- Sí, a comer - afirmó Fate.

- A ver, cuéntame ¿Qué vamos a comer?

Mordiéndose la lengua, Fate evitó decirle "A ti", mientras repasaba mentalmente su situación financiera y recordaba que, gracias a los múltiples pagos que había tenido que hacer para poder ser atendida ese día, había quedado en números rojos.

Si quería sobrevivir hasta fin de mes, solo se le ocurría una única cosa.

- Empanadas - susurró Fate, con un hilo de voz.

- ¿Empanadas? - preguntó Nanoha, alzando una ceja.

Tan grande y tan pendeja. Entre tantas opciones posibles, su boca había optado por soltar la primera opción que se le había ocurrido.

Pero habiendo soltado esa tontería, no le quedaba de otra que asumir con orgullo su propuesta y llevarla hasta el final con valor.

- Sí, acá a la vuelta hay un puesto - habló Fate, respirando profundamente - Las de pollo son bastante buenas.

Nanoha la miró por unos segundos más, antes de ampliar su sonrisa.

Ella también había tenido una idea.

- Interesante propuesta - comentó Nanoha - ¿Cómo me dijiste que te llamabas?

- Fate - soltó la rubia, casi al borde de temblar de los nervios.

- Fate - repitió Nanoha, saboreando el sonido de su nombre - Verás Fate, aunque tu propuesta es algo inesperada, la aceptaré con una condición.

- ¿Cuál? - preguntó desesperada Fate - ¿Cuál condición?

- Podemos ir a desayunar empanadas mañana en la mañana si quieres, siempre y cuando vengas a cenar conmigo esta noche.

El sonrojo en el rostro de Fate creció a niveles exorbitantes ante la propuesta de la cobriza y, sobre todo, ante el seductor tono de voz que usó para expresar su planteamiento. Hasta ella, en la densidad asfixiante que la caracterizaba, podía darse cuenta de las verdaderas intenciones de la mujer que se encontraba tentadoramente cerca de ella.

La embajadora quería, sin ningún tipo de pudor, darle duro contra el muro. Ese era un hecho innegable. Se tenía que decir y se dijo.

Y la verdad, a Fate no le desagradaba para nada esa idea.

Avergonzada por estar considerando seriamente la proposición de Nanoha, Fate intentó pensar con la cabeza en vez de con las hormonas. ¿Qué le diría su difunta madre al respecto? Seguramente le hubiese dicho algo como "¡Qué te invite a salir al menos!"

Nanoha la estaba invitando a cenar. Eso contaba como una invitación a salir, ¿No?

Lo había decidido. Aún intoxicada por la dolorosa cercanía de la mujer que tenía la capacidad de realizar el trámite que necesitaba de manera expedita, asintió lentamente con la cabeza ganándose un guiño descarado de la embajadora, quién la invitó a sentarse en una de las sillas para finalmente tomar sus datos.

Una cantidad considerable de minutos después, y luego de haber firmado más de seis planillas oficiales y estampado su huella dactilar en otras tantas, se encontró de pie frente a la puerta, con Nanoha escoltandola.

- ¿Puedo pasar por ti en la noche, directo a tu casa? - preguntó Nanoha, casualmente.

- Sí, eso estaría genial - respondió Fate, con un poco más de confianza - Pero ¿A mi casa? Aún no te he dicho donde vivo.

- No te preocupes, tengo todos tus datos en la planilla que llenaste minutos atrás - contestó confiadamente la cobriza.

Claro, cierto que en la embajada tenían todos sus datos a la mano. ¿Para qué le pedían tantos requisitos entonces?

Bueno, con una embajadora tan bonita, Fate estaba dispuesta a dejarlo pasar ¡Pero solo por esa vez!

Dispuesta a salir de la oficina, Fate se despidió de Nanoha agradeciendo la ayuda que la cobriza le había brindado, momento que aprovechó Nanoha para despedirse también, dándole un beso tan descaradamente cerca de la comisura de los labios que la dejó con un cortocircuito mental.

Con una sonrisa tonta plasmada en su rostro, salió de esa oficina tan feliz que incluso se despidió amablemente del papanatas rubio que se había quedado con su dinero, y de la insufrible guardia que seguía mirándola con ganas de quererla matar.

Pensándolo bien, no le había ido tan mal con el trámite. Se había ganado un pasaporte nuevo, una cita con una mujer tan bella como corrupta, y una cena gratis.

Aún sonriendo, en el tedioso trayecto a su trabajo recordó el beso que Nanoha le había dado al despedirse, encendiendo una llama que había creído extinta.

Capaz y que el siguiente trámite le saldría gratis.

Fin.

N/A: No se imaginan cuanto me tuve que aguantar para no ponerle de título a está cuestión: Las aventuras de la Fate Veneca.

Gracias a Miko, quién tuvo el poder suficiente para convencerme de hacer esta cosa jajaja. Espero que esto les haya sacado algunas risas (sobre todo a mi queridx Nadaoriginal, quién tiene una maestría en hacerme reír con sus fics!)

Nos leemos con suerte el próximo domingo, esta vez con un fic más serio!