-Así que te lo estuviste montando con Cuddy el viernes por la noche.
-House, son las ocho de la mañana. ¿Puedes esperar a que me tome el primer café?
-Y cuando te tomes el café me dirás que tienes una cola de pacientes cancerosos esperando en la puerta. Vamos a hablar ahora.
-¿De qué? ¿De que salí a cenar con Cuddy?
-Vamos a hablar del motivo que te llevó a aceptar una cena con la arpía de Cuddy.
-Fue ella la que me lo propuso. Quizá deberías presentarte en su oficina y preguntarle a ella por sus motivos.
-Sus motivos ya los sé. Ahora necesito saber los tuyos.
-¿Los sabes? ¿En serio?
-Vaya, parece que te interesa.
-Es simple curiosidad.
-Desde luego. Tu jefa te sugiere que la lleves a cenar pero no es para hablar de ningún asunto en concreto y tampoco para llevarte a la cama...
-¿Y cómo sabes que no nos fuimos a la cama?
-Porque ni Cuddy está encerrada en un cuarto oscuro para evitar la vergüenza ni tú estás enviando ramos de flores cada cinco minutos a dirección.
-Creo que somos lo bastante adultos como para...
-Quiero saber por qué aceptaste ir a esa cena.
-Vamos, House. Me dijo que tenía que comentarme algo y que quería hacerlo fuera del hospital. No había segundas intenciones por mi parte.
-Ya...y cuando no te comentó absolutamente nada interesante durante la cena, imagino que llegaste a la conclusión de que se trataba de una cita.
-No...bueno, pensé que...
-¡Ja! Lo intentaste.
-¿El qué?
-Intentaste acostarte con ella.
-¡No!
-Venga Wilson. Como si no te conociese. Pensaste que buscaba sexo. Diste un paso al frente y te pegaste el batacazo. Por eso has estado tan insoportable estos días.
-Según tú siempre estoy insoportable.
-Cuddy es idiota pero no tanto como para acostarse con una mezcla de koala y Pepito Grillo.
-Si estás celoso, invítala tú a cenar y quítate el trauma de encima.
-No estoy celoso y por nada del mundo saldría a cenar con Cuddy.
-Ha sido simple curiosidad, House. La primera vez que me pidió que saliese a cenar con ella, la velada estuvo plagada de silencios incómodos en los que siempre parecía que quería decirme algo que le resultaba difícil o embarazoso.
-Y tanto tú como yo llegamos conclusión de que quizá tuviese cáncer.
-No lo tenía. Y esta segunda vez ha sido exactamente igual que la primera. ¿Qué pretende decirme? No tengo ni idea. No creo que quiera despedirme. Tampoco parece que esté realmente interesada en mí. Y tú ni si quiera fuiste una opción dentro de los pocos temas de conversación que tuvimos.
-Ya...así que por tu parte es simple curiosidad. Quieres saber qué se trae entre manos y por qué te necesita.
-Exacto.
-Bueno, es una lástima que nunca vayas a saberlo.
-¿Tú lo sabes?
-Por supuesto.
-Y vas a decírmelo, ¿verdad?
-Me gusta guardarle los secretos a Cuddy.
