El sonido que la acababa de despertar era el timbre de su teléfono. Miró el reloj que había encima de su mesita y vio que eran las dos de la mañana. O el hospital tenía una emergencia grave o House estaba aburrido.

-¿Sí?

-Llevas dos semanas sin venir a que te ponga las inyecciones.

Cuddy colgó. No estaba de humor para escuchar a su peor pesadilla.

El teléfono volvió a sonar. Pese a que la tentación de no contestar era demasiado grande, sabía que tenía que hacerlo. La compañía telefónica le había desactivado por error el servicio de identificación de llamadas unos días atrás y por desgracia se veía obligada a contestar cada vez que alguien llamaba.

-Diga-dijo en su tono más serio.

-¿Quién se está encargando de pinchar ese culito ahora que has decidido prescindir de mí?

-Si cuelgo, ¿volverás a llamar?

-Las veces que sean necesarias. Tengo insomnio.

-House, son las dos de la mañana y a las cinco tengo que estar arriba. Déjame en paz.

-Dime quien te está pinchando el culo.

-No es tu problema.

-Pienso acosarte hasta que me lo digas. Sabes que lo haré.

-Nadie me está pinchando el culo. Lo he dejado.

-¿El tratamiento de fertilidad?

-Todo.

-¿Renuncias a ser madre?

-Sí.

-¿Por qué?

Cuddy volvió a colgar. Lo que menos le apetecía era hablar de sus intimidades con el insensible de House. Pensó que el teléfono volvería a sonar en unos segundos pero no ocurrió. Cuando estuvo segura de que el hombre había decidido dejarla en paz, cerró los ojos y se quedó dormida.

Media hora más tarde, un bastón aporreaba incesantemente su puerta.

Cuddy quería llorar. No podía creer que le estuviese haciendo eso. Sabía que los golpes no pararían hasta que abriese. Con toda la calma del mundo, se levantó y entró en el cuarto de baño. Se lavó la cara varias veces para intentar borrar su expresión de fastidio pero no lo consiguió. Después se observó en un espejo de cuerpo entero para comprobar que su pijama no era nada provocativo. No quería que por la enferma cabeza de House pasase la idea de que lo estaba seduciendo.

Abrió la puerta y lo observó. Hacía frío y el hombre se había abrochado el abrigo hasta las orejas. Sin que le diese permiso, se coló en la casa.

-¿Eso es lo que utilizas para dormir? Con razón no te has casado.

-Tampoco te has casado tú y por lo que vas proclamando por ahí, duermes desnudo. Dudo que tengas mucho que ofrecer.

-Tus golpes bajos no me afectan. Además, he venido a humillarte a ti. Déjame fuera de esto.

-Me da igual lo que digas.

-¿Por qué has tirado la toalla?

-Porque tienes razón.

-Explícate.

-Es cierto que el mejor candidato que podría encontrar para ser el padre de mi hijo eres tú. Ahora sólo sé que no quiero hacer esto.

-¿Por qué piensas que soy el mejor?

-¿Pretendes que te regale la oreja?

-Sí.

-Porque si pudiese programar a un hijo genéticamente, querría que tuviese tu inteligencia...aunque no tu amargura y tu carácter. Pero bueno, eso es algo que se puede evitar criándolo en el ambiente adecuado y lo más lejos posible de ti. Y puesto que eres un desgraciado hijo de puta al que el crío le importaría tres pimientos, no me resultaría nada difícil evitar que acabaseis teniendo algún tipo de relación.

-Tiene lógica.

-Por otra parte, aunque no seas guapo, eres alto y tienes los ojos azules. Siempre he querido tener un hijo con los ojos azules y contigo tendría casi un 100% de posibilidades.

-Sabes que no quiero tener hijos. Mucho menos contigo.

-Lo sé. Sé que el otro día sólo intentabas endulzarme la boca. Querías hacerme ver que eras mi mejor opción para que, una vez que te eligiese, pudieses burlarte de mí. Por eso lo dejo, House. Si eres lo mejor que puedo encontrar, prefiero renunciar a esto.

-Vuelve a los donantes anónimos.

-No. No quiero un vaso de plástico al que no pueda ponerle nombre ni cara.

-Llama a Wilson.

-Lo he descartado completamente. Como a todos los demás. No conozco a nadie en quien confíe lo suficiente como para pedirle algo así.

-Pídemelo a mí.

-¿Para qué? ¿Para que te rías en mi cara?

-¿Para qué si no?

-No voy a pasar por esto House. Me cuesta muchísimo quedarme embarazada y, cuando lo consigo, lo pierdo. Me estoy haciendo daño a mí misma y ni si quiera tengo garantías de que vaya a obtener un resultado.

-Siempre vas a ser una aburrida, Cuddy.

-Cada uno es como es.

-Búscate una excusa para que te siga viendo el culo todas las semanas.

-Cómprate una revista porno.

-¡Me había acostumbrado a ti!

-Lo siento, House. Lo nuestro se ha terminado. Tendrás que encontrar otro culo del que enamorarte.

-De eso nada. Soy un hombre fiel a mis principios.

Y tras guiñarle un ojo, salió de su casa.