House había decidido ir a la fiesta de Navidad del hospital. Pese a que la fiesta no le interesaba absolutamente nada, sabía que Cuddy estaría allí y estaba deseando arrinconarla para contarle lo que había descubierto.
El evento se celebraba en unos salones del centro de la ciudad. House aparcó su moto en una de las calles paralelas y entró en el local.
Había mucha gente bien vestida. Los hombres llevaban smoking y las mujeres iban de largo. Tras dar varias vueltas localizó a Wilson en una de las barras hablando con un par de tipos a los que desconocía. El peinado de su amigo era espectacular. Lo más probable es que se hubiese pasado horas frente al espejo para darle semejante forma ondulada a su tupé.
A Cuddy la encontró rodeada de gente aburrida a la que intentaba entretener. Pensó que sería fácil ridiculizarla delante de ellos pero decidió que prefería irse a la barra a tomarse una copa mientras ella acababa.
Cuddy se había percatado de su presencia y, cuando logró librarse del grupo que la rodeaba, salió de la sala donde se encontraban para no tener que lidiar con él.
House no tardó en encontrarla sentada en una silla oculta en un rincón, con una bebida en la mano. Por la manera en la que movía los pies estaba claro que los altísimos tacones le empezaban a pasar factura y estaba intentando relajarse.
-No tardarán en encontrarte-dijo House situándose a su lado y mirándola desde arriba.
-Sólo espero que me dejen descansar cinco minutos. Llevo aquí más de cuatro horas y los zapatos me están matando.
-¿Cuatro horas? ¿La fiesta no empezaba a las ocho?
-¿Y desde cuándo las cosas empiezan para mí a la misma hora que para los demás? Había muchos detalles de última hora que tener en cuenta.
-Siempre tan quisquillosa.
-Muévete un poco a tu derecha.
-¿Qué?
-Que te muevas un poco. Ahí está el tipo que nos donó los ordenadores para pediatría el año pasado y creo que me está buscando.
-Cumple con tus obligaciones.
-Pienso atenderlos a todos. Sólo necesito un momento para despejarme.
House dudó un momento y después le tendió una mano.
-¿Qué quieres?-preguntó ella sin entender lo que le quería decir.
-Baila una canción conmigo. Eso espantará a todos los moscardones cuya única intención es quitarte las bragas esta noche.
-¡House! Todos son benefactores del hospital, médicos respetables y...
-Ya ya ya. Y seguro que todos la tienen floja. Si piensas que alguno de ellos se acerca a ti por tus cualidades administrativas o por tus dotes diplomáticas es que eres idiota. Vamos.
Sin darle tiempo a contestar, House la levantó de la silla y la arrastró hasta el centro de la pista de baile. En cuanto las manos del hombre rodearon su cintura, Cuddy pudo ver que el tipo de los ordenadores abandonaba discretamente la sala.
-No me sujetes tan fuerte.
-Ni que fueses de mantequilla.
-House, si no sabes seguir el ritmo, deja que lo siga yo.
-Dudo que hayas bailado nunca con un hombre.
-Y yo dudo que tú hayas tenido nunca las manos encima de una mujer que no fuese una prostituta. ¡Afloja esas zarpas!
House la sujetó aún más fuerte. No quería que se escapase cuando le dijese lo que había descubierto.
-Estás embarazada.
-House, no me toques las narices...
-Se te han inflado las peras, estás más cansada que de costumbre y he revisado tus últimos informes ginecológicos.
Ella giró la cara buscando una salida.
-Vas a tener que forcejear para soltarte y supongo que no querrás montar un espectáculo.
-No voy a hablar de esto contigo.
-Claro que sí. Hace casi tres meses que dejaste el tratamiento de fertilidad y estás embarazada de cuatro semanas.
-¡Déjame en paz!
-¿Quién es el padre?
-Un donante anónimo.
-De eso nada. Sé a ciencia cierta que lo dejaste. Te has quedado embarazada sin intentarlo. Te han metido un gol por toda la escuadra.
-Ambos sabemos que no merece la pena discutir sobre esto.
-Quiero saber quién ha sido.
-Vete a amargarle la noche a otra.
-Sabes que me voy a enterar de todas maneras.
-Deja de apretarme así. Me van a salir cardenales en la cintura.
-¿Así está mejor? Ahora desembucha.
-Un antiguo amigo de la universidad. Vino a la ciudad de visita, me llamó, salimos a cenar y acabamos en la cama. Nada del otro mundo.
-¿Lo sabe?
-Claro que no. No tengo ninguna relación con él y de todas maneras...
-¿Qué?
-Ya lo sabes.
-Dilo.
House supo que ella sería incapaz de mencionarlo así que decidió lanzar el primer balde de agua fría.
-Sabes que lo vas a perder. Sólo un 2% de los fetos que son concebidos tras haber abandonado un largo tratamiento de fertilidad llegan a término. Fáciles de concebir, difíciles de conservar. Lo que no comprendo es como siendo médico, no tuviste estos factores en cuenta y utilizaste algún método anticonceptivo.
-No eres mi madre, House. No vengas a sermonearme.
-Supongo que aún tienes la esperanza de que esto pueda acabar bien. El nivel de fertilidad de una mujer que ha estado sometida a un tratamiento de este tipo aumenta sobre un 50 % en los dos meses posteriores a la finalización del mismo. Después de eso vuelven a ser tan infértiles como lo eran en un principio. Supongo que lo tenías todo planeado.
-¡No tenía planeado nada! Sé perfectamente que muy pocos de esos embarazos llegan a ser viables. ¿Crees que me apetece pasar por esto?
-¿Por qué lo hiciste entonces?
-Me limité a pasar un rato agradable con un antiguo amigo.
-Mientes. Estoy seguro que no era eso lo que tenías en mente mientras estabais debajo de las sábanas. Es una pena que esto sólo vaya a servir para volverte más insoportable y amargada.
Cuddy se separó de él. House se percató de que llevaban un rato bailando y de que él odiaba bailar.
-Si ocurre en mitad de la noche, llámame.
-Llamaré a una ambulancia. Soy la directora médica. La tendré en mi casa en menos de cinco minutos.
-Dudo que lo hagas. Eres demasiado orgullosa como para permitir que todos tus subordinados sepan por lo que estás pasando. Llámame a mí. Te llevaré al Princeton General y firmaremos con un nombre falso.
-No te llamaría ni aunque se me estuviese cayendo el techo encima.
-Cuddy...
-¿Qué?
-Eres una imbécil si piensas que esto te puede salir bien.
-Me tengo que ir. Por suerte tengo otros compromisos esperándome.
Cuddy se alejó por la pista de baile.
-Tendré el teléfono conectado para cuando me llames. Porque me llamarás.
-Sigue soñando, House.
