Eran más de las tres de la mañana cuando House decidió abandonar el pub. Consiguió salir a la calle dando tumbos y apoyó la frente en una farola. Estaba tan borracho que no se sentía con fuerzas ni para llamar a un taxi.

Sacó el móvil del bolsillo trasero de su pantalón para buscar el número en la agenda y vio que tenía una llamada perdida.

Era Cuddy. Le había llamado casi una hora antes. House supo lo que estaba pasando y sintió que era el peor momento para él. Lo único que deseaba era llegar a su casa y dejarse caer en la cama. O dejarse caer en el suelo allí mismo. Se sentía tan enfermo que prefería estar muerto.

Un taxi se detuvo en la acera de en frente y de él salieron dos ancianos. Antes de que volviese a arrancar, House le hizo un gesto con la mano.

-¿Dónde vive, amigo?-preguntó el taxista observando el lamentable estado del hombre.

-Llévame a la casa de Cuddy.

-Tendrás que decirme donde vive Cuddy exactamente.

-Estoy como una cuba y no recuerdo el nombre de su calle pero supongo que te sabré indicar.

-Indícame bien o la factura será interesante.

Media hora más tarde, House se encontraba delante de la puerta de la mujer. Del bolsillo de sus vaqueros sacó un llavero. Unos días antes había incorporado una llave nueva. Era una copia de la entrada de la casa de Cuddy. Dado el estado de la mujer, sabía que tarde o temprano la necesitaría, así que le había robado las llaves y se las había llevado durante un rato para hacerles una copia. Después se las había colocado de nuevo en el bolso y ella ni se había enterado.

House entró en la casa. Estaba todo a oscuras excepto la habitación principal. La puerta estaba entreabierta y había una luz encendida.

Sin llamar, abrió la puerta y entró en el dormitorio. Cuddy no estaba allí pero la cama estaba deshecha y había sangre en las sábanas.

Entonces la escuchó gemir dentro del cuarto de baño. Sabía que era muy tarde para llevarla a un hospital y que aquello no duraría mucho más.

Se acercó a la puerta del baño y pegó la oreja. En seguida supo que se había metido en la bañera a esperar que todo pasase. La escuchaba moverse incómoda y de vez en cuando escuchaba sus quejas de dolor.

-¡Cuddy!

Por un momento creyó que la mujer contenía la respiración para no hacer ruido. Cuando pasó un minuto y no obtuvo respuesta decidió seguir hablando.

-Date prisa, tengo que irme a la cama.

-¿Estás borracho?

-Mi estado no es más lamentable que el tuyo. ¿El sangrado es normal?

-Todo lo normal que puede ser un sangrado.

Ella volvió a gemir.

-Se pasará rápido. Tranquila.

-No tienes que quedarte. En diez minutos todo habrá terminado.

Tras decir estas palabras, House creyó escucharla llorar. Puesto que no había nada que pudiese hacer, salió al dormitorio y se sentó en la cama. Pensó que podría cambiarle las sábanas manchadas de sangre pero estaba demasiado mareado para ello así que se tumbó sobre la almohada.

Se estaba quedando dormido cuando ella salió de la bañera. Durante un rato escuchó el agua correr y la oyó frotar enérgicamente la superficie. Sólo a una tarada como Cuddy se le ocurriría ponerse a limpiar después de lo que acababa de ocurrirle. Después la escuchó meterse en la ducha y el sonido del agua le hizo quedarse dormido.

Cuando se despertó había empezado a amanecer. La borrachera había dado paso a una terrible resaca y tardó un rato en comprender que no estaba en su casa.

Se levantó para ir al baño y vio que ella había tapado la parte manchada de las sábanas con una toalla. El aseo estaba reluciente. Nadie que entrase allí en ese momento podría imaginar lo que había ocurrido unas horas antes.

De allí pasó al salón y se la encontró tumbada en el sofá, dándole la espalda al mundo. Se había puesto un pijama amarillo y se había cubierto con una manta fina.

-Me voy a casa-dijo sabiendo que estaba despierta.

Ella se giró y se sentó en el sofá.

-¿Por qué no te quedas?

-¿Hay algo que pueda hacer por ti? Médicamente hablando.

-No. Me duele pero se pasará en unas horas.

-Entonces no te voy a servir de nada.

-Vale.

-Si te pusieses mal, llámame. O a Wilson.

Ella asintió y volvió a tumbarse, dándole la espalda. Él llego hasta la puerta principal y puso la mano en el pomo. Durante unos segundos lo observó sin saber qué hacer. Después salió a la calle.