Al día siguiente House llegó tarde al hospital. Estaba seguro de que Cuddy no habría ido a trabajar pero cuando entró en la clínica, vio que había luz en el despacho de la mujer.

-No puedo creer que estés aquí-dijo entrando sin llamar.

-Llegas tarde.

-No fastidies. Hace sólo tres horas que me fui de tu casa. Necesitaba dormir un rato sobre sábanas limpias ¿sabes?

-Muy gracioso.

-Agradece que he venido porque aún tengo una resaca del quince.

-No voy a darte las gracias por hacer tu trabajo.

-La que no deberías estar aquí eres tú. Podría darte un puñado de razones médicas pero supongo que no vale la pena discutir con alguien con un cerebro tan pequeño.

-Tengo muchas cosas que hacer y tú también.

-No tengo ningún caso.

-Darás clases.

-Ni lo sueñes. Prefiero la clínica.

-La tengo cubierta.

-Pues me tomo el día libre. Estoy enfermo.

-Te lo descontaré del sueldo.

-¡No me jodas! El mes pasado no me pagaste las horas extra.

-Te desconté las horas que te habías pasado haciendo el zángano y escondiéndote de mí.

-Tú nunca pierdes, ¿verdad?

-Vete a dar clases o lárgate a tu casa sin cobrar pero déjame en paz.

-La próxima vez que te pongas a sangrar en mitad de la noche llama a otro, ¿te queda claro?

-Ningún problema. Ahora vete a trabajar o pierde un día de sueldo. Tú eliges.

House salió del despacho de Cuddy. Aún no había llegado al suyo cuando escuchó los tacones de la mujer detrás suyo.

-¡House!

Fingiendo ignorarla, entró en su oficina y cerró la puerta con pestillo.

-¡Abre!-dijo ella aporreando el cristal.

House fingió no verla y se sentó en su escritorio, poniendo los pies sobre la mesa y haciendo girar su bastón entre los dedos.

-House, tenemos que hablar-insistió Cuddy.

Diez minutos más tarde y en vista de que no se daba por vencido y no lo dejaba en paz, decidió dejarla entrar.

-Me niego a ser el padre de tus hijos.

-Escúchame un momento...

-No pienso dar clases, no pienso hacer horas de clínica, no pienso darle un palo al agua en todo el día...

-Quiero que me dejes en paz.

-¿Para eso has venido hasta aquí?

-Sí

-He estado hace un momento en tu oficina. Me lo hubieses dicho entonces y habríamos evitado que contaminases mi espacio vital.

-Estoy hablando en serio, House. Te quiero fuera de mi vida privada.

-¿Y a qué se debe este cambio repentino de humor? Acabas de abortar, no puedes estar con la regla.

-A partir de ahora yo soy tu jefa y tú eres mi empleado. Te prohíbo completamente que me sigas, que me espíes, que robes documentos médicos o personales, que hables de mí con otra gente o que me mires si quiera cuando pase por tu lado.

-Cerraré los ojos cuando te vea.

-Muy bien.

-Total para lo que hay que ver. Y con respecto a lo demás, no te preocupes, no eres tan interesante.

-En ese caso, esto nos resultará más fácil a los dos.

-A mí más que a ti.

Cuddy lo ignoró y se dio la vuelta para marcharse pero él la detuvo antes de que llegase a la puerta.

-Lo que no entiendo es por qué hace unas horas marcaste mi número de teléfono para que estuviese a tu lado en un momento delicado y ahora pretendes negarme hasta el saludo.

-Si no puedes ser una presencia positiva en mi vida prefiero que seas una presencia nula.

-¿Insinúas que soy una presencia negativa?

-Sí

-Ya, claro. Precisamente anoche había una cola de gente encantadora en tu puerta esperando para ayudarte.

-Anoche no necesitaba ayuda.

-¿No verdad? ¿Y si te llegas a desangrar como un cerdo en esa bañera? ¿Tampoco hubieses necesitado ayuda?

-Sabes que exageras. Lo peor que me podría haber pasado es que hubiese sangrado más de la cuenta y hubiese tenido que llamar a una ambulancia.

-¡Pues lo hubieses hecho desde un principio! Me jodes la noche haciéndome ir a tu casa y por la mañana es esto lo que me encuentro. Te lo he dicho antes y te lo repito ahora. La próxima vez te buscas a otro imbécil.

-No necesitaba ayuda.

-Ya lo has dicho antes. ¿Por qué me llamaste entonces?

-Necesitaba a alguien que estuviese a mi lado.

-¡Venga ya! Cuddy en serio, me estás tocando las narices. ¿Necesitabas un apoyo moral y me llamas a mí? Como si no me conocieses. Yo te ofrecí lo que te podía ofrecer, que era asistencia médica. Si querías un hombro sobre el que llorar, hubieses llamado a Wilson.

-Wilson no sabía que estaba embarazada porque Wilson no se dedica a controlar cada movimiento que hago.

-No te preocupes, que yo voy a dejar de hacerlo a partir de ahora.

-Eso espero.