Era domingo y Cuddy había salido al jardín a quitar las malas hierbas. Podría haber contratado a un muchacho para que lo hiciese por un puñado de dólares pero había decidido que nadie haría el trabajo mejor que ella.
Estaba agachada en el suelo, intentando arrancar una mata que crecía tras un rosal, cuando sintió que alguien le daba un par de puntapiés en el culo. Pegó un respingo y miró hacia atrás.
-Si te la meto y te hago un bastardito, ¿me volverás a querer?-preguntó House mirándola desde arriba.
-¿Acabas de patearme el culo?
-Pero flojito. No puedes denunciarme por violencia de género.
-¡Lárgate de mi casa!-gritó ella incorporándose.
-De eso nada.
-¿Cómo has entrado?
-Tengo tus llaves desde hace bastante tiempo.
-¿Que tienes mis llaves? Ahora mismo voy a llamar a la policía.
Cuddy pasó por su lado y entró en la casa. House sabía que no iba a llamar a nadie así que se sentó en una silla del jardín a esperar su próximo movimiento.
A los pocos minutos, la mujer reapareció con el teléfono en la mano.
-O te largas o te denuncio por allanamiento-dijo apuntándole con el aparato como si se tratase de un arma.
-Déjate de tonterías. Ambos sabemos que no lo vas a hacer.
-No me tientes, House.
-Vengo a proponerte algo.
-Te dije claramente que no quería saber nada de ti...
-Ya, ya, ya. Por eso estoy aquí. Para arreglar lo nuestro.
-¿Lo nuestro?
-Así no podemos estar.
-House, deja de hablar como si fuésemos una pareja. Me estás poniendo nerviosa.
-¿Vas a escuchar mi propuesta o qué?
-Claro que la voy a escuchar. Como si tuviese otra opción. Dime.
-Ya te lo he dicho.
-¿El qué?
-Pues eso. Que echamos un polvo...o los que hagan falta, consigues lo que quieres y te dejas de comportar como una vieja de noventa años, virgen, estreñida y con almorranas cada vez que paso por tu lado.
-¿Crees que mis problemas se reducen a echar un polvo contigo?
-No mujer. Normalmente un embarazo es consecuencia de una unión sexual entre un individuo del sexo masculino y otro del femenino. Yo vengo a ofrecerte la parte del sexo.
-House, no me estoy enterando de nada.
-Pues que estoy dispuesto a sacrificarme y ser el padre de tus hijos.
-¿Qué? ¡Lárgate ahora mismo!
-Vamos adentro, nos sentamos y te relajas, que te veo muy nerviosa.
Cuddy se dejó arrastrar al interior de la casa pero en vez de ir al salón, que era lo que pretendía House, consiguió darle esquinazo y salió a la calle cerrando la puerta de golpe.
Cuando volvió, catorce horas más tarde, House seguía allí. Se había hecho la cena, lo había guarreado todo y estaba roncando en su sofá.
-¡Despierta, maldito!-dijo Cuddy zarandeándolo.
-¿Lo has pensado ya? ¿Cual es la respuesta?
-No hay respuesta, House. Vete a dormir a tu casa.
El hombre se levantó y se situó frente a ella.
-No estoy de broma, Cuddy. Wilson me ha dicho que para recuperarte como jefa tengo que darte algo que necesites.
-Y se supone que necesito un hijo tuyo.
-Es la única opción. Otra cosa no puedo darte. ¿Dinero? Ni lo sueñes. ¿Cariño? La llevas clara. ¿Respeto? No va conmigo. ¿Amistad? Con Wilson me basta y me sobra. Sólo queda mi semen.
-House, no quiero tener hijos.
-Y el cielo no es azul.
-Lo sabes desde hace meses. Tomé una decisión.
-La tomaste a la fuerza.
-Este asunto quedó zanjado hace tiempo. Me parece de pésimo mal gusto que vengas aquí a remover la...
-Cuida tu lengua. ¿Así piensas educar a nuestro pequeño parásito?
-Vete de mi casa.
-Cuddy, eres infeliz. Lo puedes pintar de todos los colores que quieras pero lo eres. Y estás totalmente convencida de que sólo vas a encontrar la felicidad de la mano de otra persona. Un hijo o un marido.
-Pues mira, ahora que lo mencionas, quizá un marido sea una opción más sencilla. Y como no quiero casarme contigo, haz el favor de irte de una puñetera vez.
-Sé que has empezado a salir con Lucas. Supongo que te estás empezando a hacer a la idea de que quizá una relación seria pueda sacarte de tu depresión crónica...
-¡No estoy deprimida!
-Pero te equivocas con ese tío. No vas a ser feliz con él.
-¿Y tú que sabes? Pues mira por donde, mañana mismo me voy a casar con Lucas y voy a tener hijos con él y voy a ser la mujer más feliz del mundo. Y voy a hacerlo sólo para fastidiarte.
-Para empezar llevas cuatro días con él, dudo que quiera casarse tan pronto. Para continuar, no vas a quedarte embarazada tan fácilmente. Y para terminar, Lucas no quiere tener hijos.
-¿Y tú como lo sabes?
-Digamos que ayer me lo llevé de copas y tuve una charla bastante interesante con él.
-¿Le dijiste que yo había intentado tener un hijo?
-No mujer. Pero le sonsaqué unas cuantas cosas interesantes. Y su fobia a los niños es una de ellas.
-Me da igual lo que digas.
-O escoges a Lucas y tienes un marido o me escoges a mí e intentas tener un hijo.
-¿Y por qué yo no puedo tener las dos cosas?
-Porque no siempre se consigue lo que se desea.
