Durante toda la tarde Cuddy estuvo entrando y saliendo de la cabaña. House sabía que estaba hecha un manojo de nervios y sólo intentaba entretenerse mientras pasaban las horas. Él se limitó a tumbarse en el sofá a ver la tele con una botella de whisky en la mano. Cuando ella se acercó a él para ofrecerle algo de cenar, comprendió que había bebido demasiado.

-Quiero que aclaremos algunas cosas antes de empezar con esto-dijo ella sentándose a la mesa.

-¿No las hemos aclarado esta tarde?

-Hemos hablado de la manera de hacerlo, no de lo que va a pasar si realmente consigo quedarme embarazada.

-Tranquila, no voy a luchar por la custodia.

-Bien.

-¿Es eso lo que quieres oír?

-Básicamente, sí.

-Pues ya está todo hablado, ¿no?

-El lunes hablaré con mi abogado para que prepare el papeleo.

-¿Me vas a hacer firmar algo?

-Sí. Quiero que renuncies formalmente a la patria potestad.

-Cómo te complicas la vida.

-Para ti sólo es una firma. Para mí significa mucho más.

-Pues te firmo y punto. Pásame el vino.

-¿No crees que has bebido bastante?

-¿Tienes miedo de que no te funcione?

-Sería un mal comienzo.

-Puede que sea en lo único que no te defraude.

Ella volvió a salir a la calle después de cenar y él se quedó tumbado en la cama, fumándose un cigarro e intentando descifrar la clave de bloqueo del móvil de Cuddy para leerle los mensajes. Al tercer intento, el aparato quedó inutilizado.

-He roto tu móvil-dijo el hombre cuando Cuddy entró en el dormitorio diez minutos más tarde.

-¿Qué?

-La culpa es tuya por dejártelo encima de la mesita.

Cuddy respiró hondo y decidió que tenía que calmarse. Si se ponía histérica ahora, todo se echaría a perder. Haciendo de tripas corazón, se sentó al lado de él y esperó a que terminase un nuevo cigarrillo que acababa de encender.

-Menos mal que no tengo que besarte-dijo él girándose en su dirección y echándole el humo en la cara.

-House, eres la antítesis de la lujuria. Debería haber comprado lubricante.

En vez de responderle con un insulto, tal y como ella esperaba, House se echó encima suya sin darle tiempo a reaccionar. Viéndose atrapada entre el colchón y el cuerpo del hombre, a Cuddy no le quedó más remedio que mirarle a la cara.

House la observaba fijamente. Ella sentía como recorría sus facciones con la mirada, como si intentase leer algo escrito en su cara.

Nunca lo había tenido tan cerca y el olor a tabaco y alcohol que desprendía el hombre no le resultó tan desagradable como había imaginado. En vista de que él no iniciaba ningún tipo de movimiento y dejándose llevar por un impulso, Cuddy le rodeó el cuello y lo atrajo hacia sí. Después se incorporó unos centímetros y lo besó suavemente en los labios. House permaneció inmóvil unos segundos. Ella lo vio cerrar los ojos y pensó que terminaría cediendo y respondería a su beso. Pero no lo hizo. El hombre se separó de ella y volvió a mirarla a los ojos.

-Esto no es parte del trato, jefa-dijo mientras retiraba la mano de la mujer de su nuca y echaba todo el peso de su cuerpo sobre ella.

-No, no lo era-respondió ella. Sabía que sus ojos reflejaban dolor y frustración pero aún así no pudo dejar de mirarlo.-¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?

-Desnúdate.

Cuando Cuddy se despertó al día siguiente, House no estaba ya en su cama. Imaginó que se habría marchado ya pero lo encontró en el porche de la cabaña.

-Me marcho después de desayunar-dijo la mujer sin darle los buenos días y sin mirarle a la cara.

-A mí me apetece quedarme un poco más.

-La cabaña la tengo pagada hasta las doce del medio día.

-Supongo que me dejarán estar aquí hasta la tarde por un puñado extra de dólares.

-Sí, supongo que sí. ¿Me acompañas a la cafetería?

-Cuddy, que hayamos follado no quiere decir que tengamos que desayunar juntos.

-Lo preguntaba por cortesía.

-Ahórratela. Desayuné hace casi una hora. Prefiero quedarme observando el paisaje.

-Como quieras.

Cuddy inició la retirada pero él volvió a llamarla antes de que llegase al sendero.

-¿Cuándo nos vemos otra vez?

-Estoy en mis días fértiles. Cuanto antes mejor.

-¿Esta noche?

-Vale.

-Te veo en Princeton entonces.

-¿A las diez en mi casa?

-A las diez en tu casa.