House se había cargado a un paciente y ahora se escondía en el almacén de la cafetería para evitar que Cuddy lo despellejase vivo. Eran muy pocas las veces que Cuddy acertaba clínicamente y él se equivocaba pero esta vez su jefa había tenido razón y el tratamiento que House había decidido administrar a su paciente había terminado matándole.

Al cabo de un rato escuchó los tacones de Cuddy en el salón de la cafetería y por una rendija vio como una cajera chivata le indicaba con un gesto disimulado donde se encontraba escondido.

Cuddy abrió la puerta del pequeño almacén de golpe y entró sin darle tiempo a esquivarla y salir corriendo. Cuando la puerta se volvió a cerrar, la habitación quedó a oscuras.

-Tengo miedo-dijo House fingiendo la voz de un niño repelente.

-Más miedo vas a tener cuando te cuelgue de los testículos en la entrada de mi hospital.

-Mis testículos te hacen falta.

-Tus testículos no me dan ningún resultado.

-¿Podemos cambiar de tema?

-Acabas de matar a un paciente.

-Matar es una palabra demasiado seria. Digamos que he adelantado su momento de irse al otro barrio.

-Eso explícaselo a la familia.

-No le quedaban más de cuatro días.

-Estaba aquí para que lo curases...

-Sabes que no tenía cura. Era cuestión de días, con mi intervención o sin ella.

-El caso es que tu intervención lo ha fulminado y eso nos va a suponer una demanda.

-¿Y qué quieres que yo le haga? Yo ya he hecho mi trabajo. Ahora haz tú el tuyo.

Aquella noche le tocaba ir a casa de Cuddy pero llegó algo más tarde de lo acordado. Sabía que entre la tardanza y la demanda que les iban a poner por su culpa, la mujer estaría de morros.

-¿Hay algo para cenar?-dijo dirigiéndose directamente a la cocina.

-Ahí tienes la nevera-respondió Cuddy.-Sírvete tú mismo.

-Con razón no te has casado.

-Hay muy pocos hombre capaces de lidiar con una mujer guapa, inteligente y con poder. Les hace sentir inseguros.

-Si te digo lo que opino me vas a echar a patadas así que creo que me voy a ir a la ducha. ¿Por qué no me preparas un sandwich?

Durante la ducha, a House se le ocurrió una idea. Sabía que Cuddy le iba a decir que no, así que decidió que tendría que manipularla de alguna manera para que cediese.

Cuando salió, ella le esperaba en el salón viendo la tele con la cena preparada encima de la mesita de té.

-¿Estás viendo American Idol?

-Es lo único que hay.

-Eso es porque no tienes cable.

-¿Y para qué lo quiero? ¿Para ver media hora de tele al día?

-Mis culebrones son de cable.

-House, tú vienes aquí a lo que vienes. Los culebrones los puedes ver en tu casa.

-Precisamente de eso quería hablarte.

-¿De los culebrones?

-No. Del tiempo que paso aquí.

-¿Qué pasa?

-Se está convirtiendo en un problema. Creo que voy a tener que dejarlo.

-¿Qué? No puedes. No llevamos ni tres meses con esto. Aún es pronto para abandonar.

-Si supiese que va a funcionar en breve, pues mira. Pero la cosa puede demorarse meses. Incluso años.

-¿Cual es el problema? Estoy cumpliendo con el trato.

-No se trata de eso.

-¿De qué se trata entonces?

-De mi economía. Se está resintiendo.

-¿Qué dices? Parece que te estoy cobrando por venir a mi casa.

-No. Pero venir aquí varias veces a la semana me sale caro. Vives lejos del hospital y lejos de mi casa. Me estoy dejando una fortuna en gasolina. El día que tengo que ir del hospital a mi casa, de mi casa a la tuya y después vuelta a la mía, los de la gasolinera me hacen la ola.

-Qué exagerado eres.

-Es verdad.

-¿No pretenderás que te suba el sueldo?

-No se trata sólo de dinero. Es también agotamiento físico. Si voy directo del hospital a mi casa son veinte minutos. Si a eso le sumas otra media hora para llegar a tu casa y otra media para volver a la mía, estamos hablando de que me paso al día una hora extra en el coche. Hora que pierdo de mi tiempo de descanso.

-No vienes a mi casa todos los días.

-Vengo varios días a la semana.

-Vale. Si el problema es que estás cansado y que te estás gastando mucho dinero en gasolina, a partir de ahora iré yo a tu casa.

-Creo que lo mejor es que yo me venga a vivir a la tuya.

-¿Estás borracho o drogado?

-Voy a ser claro contigo. Si quieres quedarte preñada, olvídate del estrés. Y olvídate de estresarme a mí o mis espermatozoides llegarán a tu óvulo en silla de ruedas. O nos relajamos los dos o voy a estar ahorrándome las putas toda mi vida y que sepas que empiezan a estar cabreadas.

-Me importan un pimiento tus putas, House. No te quiero en mi casa.

-No voy a molestarte.

-Eres una molestia, hagas lo que hagas.

-Hazme un sitio en tu casa o a partir de ahora va a pasar por este suplicio el tipo que desatasca los váteres en el hospital.

-¿Suplicio?

-No seas así. Ya paso aquí bastante tiempo. Te prometo que no te voy a molestar.

-Por supuesto que me vas a molestar.

-O aceptas o ésta es la última noche que paso aquí.

-Dormirás en la habitación del fondo.

-¿La pequeña? ¿La que no tiene sábanas?

-Pondré unas sábanas, no te preocupes.

-¿Puedo traerme el piano?

-Ni lo sueñes.

-¿Y la Xbox?

-Siempre que la utilices en tu cuarto y con el sonido apagado, no tengo problema.

-No hay tele en mi cuarto.

-Consíguete una.

-Entonces, ¿me mudo mañana?

-Múdate cuando quieras, House, pero vámonos ya a la cama que mañana tenemos que madrugar.

-Ya verás como todo sale bien. Solamente del placer de pensar que hay un hombre como yo viviendo bajo tu techo, seguro que te quedas embarazada.

-Espero que sea cuanto antes.