Las pruebas de embarazo parecían tener una sola respuesta: negativo. House llevaba más de un año en su casa y sus muchos intentos no habían dado ningún resultado. No había logrado concebir ni una sola vez. Y aunque prefería eso a quedarse embarazada para después perderlo, no dejaba de sentirse como una fracasada.

Lo extraño es que a House parecía no importarle. Ella estaba segura de que todo aquello dañaría su ego masculino pero él parecía conformarse con todo lo que ocurría a su alrededor.

Cuddy no había vuelto a intentar una respuesta íntima de él ni él le había dado señales de que lo desease.

Estaba segura de que no se veía con otras mujeres. Ni si quiera con prostitutas. Probablemente el sexo que tenía con ella era suficiente para él. Aunque Cuddy siempre había imaginado que House sería un hombre apasionado en la cama, su actual situación le estaba demostrando todo lo contrario.

Pese a que él parecía satisfecho, ella no lo estaba. Echaba de menos una caricia o una conversación amable y no era capaz de buscarlo en otro hombre porque sentía que eso era serle infiel a House, por absurdo que pareciese.

Una noche, decidió hablar con él del tema.

-¿A ti esto te satisface?-le preguntó cuando acababa de salir de su cama.

-¿A qué te refieres?

-Al sexo.

-Cuddy, no empieces...

-No pretendo presionarte. Es sólo una pregunta.

-Si tenemos en cuenta que no estamos compitiendo para ser los mejores fornicadores del condado, te diría que no me va mal de esta manera.

-A mí si me va mal.

-Sabes que no pienso ceder en esto.

-Lo sé. Por eso quería preguntarte si te importaría que viese a otros hombres.

House la observó durante un rato sin pestañear y volvió a sentarse en la cama.

-Me parece estupendo que quieras ver a otros hombres pero entonces utilízalos a ellos para que te dejen preñada. De todas maneras esto no va a funcionar en la vida. Ni conmigo ni con otro.

-¡Basta de golpes bajos! Sólo te he hecho una pregunta.

-Y aquí tienes mi respuesta: vete a la mierda.

El médico se levantó y fue a encerrarse en su cuarto.

-No me vas a hacer sentir culpable por esto, House-dijo Cuddy apoyando la cabeza en su puerta.-Estoy harta de esta mierda que hay entre nosotros y tú mismo lo acabas de decir, nunca va a funcionar.

-Pues lárgate.

-¡Ésta es mi casa!

-Yo no pienso irme.

-No me obligues a llamar a la policía.

-Le diré a todo el mundo que me utilizaste sexualmente y después me lanzaste a la calle cuando decidiste que ya no podía satisfacer tu voraz apetito.

-¿Mi voraz apetito? No he tenido ni un orgasmo en todo este tiempo.

-Porque eres una frígida.

-Mira House, no me tires de la lengua. Espero que mañana por la mañana no quede ni la sombra de ti en esta casa.

-Y yo te repito que no pienso irme. Y como se te ocurra alguna artimaña, te jodo la reputación. Eso que lo tengas claro.

-House, así no podemos estar.

-Yo estoy de puta madre.

-Pues yo estoy cada vez peor y lo sabes.

-Claro que lo sé. Te veo la cara de amargada todos los días.

-Quiero que te largues.

-Te acusaré de lanzarme a la intemperie como a un perro. Diré que decidiste dejar de darle cobijo a este pobrecito sin techo porque eres una arpía sin sentimientos.

-¿Cómo que sin techo? Tienes un apartamento apestoso en alguna parte de esta ciudad.

-Lo he vendido.

-¿Qué? Pues entonces tienes un montón de dinero en alguna parte de esta ciudad.

-Diré que lo utilicé para pagar tus deudas de juego porque te amaba.

-House, ¿en serio piensas que alguien va a tragarse esa mierda?

-¿Quieres probar? Puede ser un bombazo para el hospital. Seguramente a la comunidad médica le resulte desternillante. Imagínate: decana del Princeton denunciada por su lisiado amante por continuos maltratos psicológicos durante su apasionada relación. Tras un año utilizando al hombre con fines exclusivamente sexuales y tras conseguir que pagase todas sus deudas de juego, la mujer decide dejarlo en la calle con una mano delante y otra detrás.

-¡Qué convincente!

-Te aseguró que me presentaré en una comisaría desnudo en mitad de un día nevado. Les diré que me echaste después de arruinarme y que para hacerlo más humillante aún, no permitiste que me llevase ninguna de mis pertenencias.

-Estás enfermo.

-Daré un escándalo tan grande que aunque después se descubra que ha sido todo una patraña mía, a ti no te quedará más remedio que largarte del país. Serás demasiado famosa para entonces. En las facultades de medicina se harán chistes sobre ti.

-No serías capaz de hacerme algo así.

-Tú ponme a prueba.

-Mira, haz lo que te de la gana. Quédate ahí o métete en el sótano si te sientes más a gusto. Pero esto se ha terminado.

-No pienso irme al sótano. Eres capaz de gasearlo. Me quedo aquí.

-Se ha terminado, ¿lo entiendes?

-No.

-Si se te ocurre volver a entrar en mi cuarto, entonces seré yo la que te denuncie por intento de agresión sexual.

-¿Intento? Si entro en tu cuarto tendrás que denunciarme por agresión sexual.

-Lo que sea.

Cuddy se alejó por el pasillo. La conversación la había puesto enferma y sabía que no iba a poder dormir en toda la noche.

-¡Y que no se te ocurra meter hombres en la casa!-escuchó gritar a House justo antes de cerrar la puerta de su cuarto.