Cuddy estaba haciendo la compra de la semana. Era viernes y era lo que tocaba. Al pasar por los estantes donde estaban colocadas las papillas para bebés, sonrió. Eso nunca sería un problema para ella.

Desde que había roto con House un par de semanas atrás, había logrado autoconvencerse de que la maternidad no sería más que una carga. ¿Un bebé? No podía negar que eso sería algo maravilloso. Pero el bebé no tardaría en convertirse en un crío egoísta y más tarde en un adolescente rebelde y drogadicto que la haría arrepentirse de ni si quiera haberlo deseado.

Había llegado a un punto en el que aceptaba su destino y se sentía mucho mejor consigo misma. El hecho de que House estuviese fracasando en su intento de crearle problemas estaba ayudando enormemente.

El hombre se había mudado al sótano e incluso había contratado unos albañiles para que le hiciesen alguna especie de aberración arquitectónica ahí abajo.

Cuddy no se había opuesto. Sabía que lo hacía para fastidiarla y que lo mejor era ignorarle. Ni si quiera le había regañado cuando los obreros habían estado taladrando sus muros a las seis de la mañana del domingo. Cuando House subió a la cocina para hacerse el desayuno, se la encontró cantando y sonriendo. Su cara de desconcierto había sido suficiente para compensar a Cuddy por las horas de sueño perdidas.

Se habían retirado la palabra y sólo se hablaban en el trabajo y aunque House estaba intentado ser una pesadilla también en el hospital, ella seguía sacándolo de quicio con su actitud condescendiente.

Esperaba que el hombre se cansase de ella y decidiese salir por sus propios medios.

-¡Lisa!-dijo una voz conocida a sus espaldas.

Al girarse se encontró de frente con Lucas, que la observaba con curiosidad a un par de metros de distancia.

-¿Estás embarazada o...algo?-preguntó el chico con su habitual desenfado.

-¿Qué? ¿Por qué lo dices?

-Tienes una lata de leche para bebés en las manos-dijo señalando la evidencia.

Cuddy miró hacía abajo. Se había perdido de tal manera en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que había estado manoseando algunos de esos productos infantiles.

-Ah, esto...-dijo apresurándose a dejar la lata de nuevo en su sitio.-Es que hemos tenido algunas quejas de padres que han alimentado a sus hijos con esta leche. Sólo estaba mirando los ingredientes.

-Ya...bueno. Yo sólo pasaba por aquí y te he visto.

-¿Vuelves a estar en la ciudad?

-¿Qué quieres decir? Nunca me he ido.

-¿En serio? Creí que eras un alma itinerante o algo así. Que ibas donde tu trabajo te llevaba.

-Decidí establecerme aquí después de que tú...

-No hace falta que lo digas.

-...me dieses la patada.

-Tuve que hacerlo.

-Ya, no lo pongo en duda. Pero un cara a cara en vez de un simple mensaje hubiese resultado algo menos decepcionante.

-Estaba ocupada.

-"No podemos seguir viéndonos. Suerte. Lisa" Todavía lo tengo guardado.

-Sé que lo hice mal y siento si te hice daño pero eso no va a cambiar la realidad.

-Si querías estar con House, deberías haberlo intentado con él desde un principio y no utilizarme a mí...

-¿Quién te ha dicho que estoy con House?

-Soy detective privado. Tengo una oficina en Silver District. En mi tiempo libre, a veces, te espío.

-¿Cómo?

-Pero sólo un poco. Muy poco.

-Lucas, me estás asustando. No me acordaba de que existías y ahora, de repente, me entero de que te he tenido detrás como una sombra durante todo este tiempo.

-No soy un acosador. He ido a ver como salías del trabajo unas cuantas veces y otras tantas te he visto salir o entrar de tu casa con House. Sé que sigues trabajando en el hospital y que vives con él. No conozco ningún otro detalle de tu vida.

-¿Y eso? Me extraña que no hayas colocado micrófonos y cámaras por toda mi casa.

-Aunque no lo creas, me he limitado a hacer lo que muchos hombres enamorados hacen cuando su chica les deja. Podría haber tomado ventaja de mi profesión pero mi intención nunca fue entrometerme en tu vida o hacerte sentir incómoda.

-¿Has dicho hombre enamorado?

-¿He dicho eso?

-Estuvimos muy poco tiempo juntos.

-Bueno, puede que para mí fuese suficiente. De todas maneras no tienes de qué preocuparte. Hace tiempo que no me paseo por tu vecindario ni por los alrededores del hospital. No soy un tipo tan raro, ¿sabes?

-No digo que lo seas. Recuerdo que en el instituto me gustaba un chico y no podía evitar pasar cada día por delante de su casa, pese a que tenía que desviarme casi un kilómetro, sólo para verlo.

-¿Te correspondía?

-Ni si quiera sabía que existía. Te lo cuento para que sepas que, en cierto modo, comprendo tu situación. Eso no quiere decir que apruebe lo que has hecho. Es más, te agradecería que no se volviese a repetir. Tú y yo ya no somos chicos de instituto.

-Ya te digo que hace tiempo que no lo hago. Supongo que lo voy superando poco a poco.

-No pensé que te fuese a afectar de esta manera. Imaginé que te tomarías un par de copas en un bar a mí salud y saldrías de allí con la primera veinteañera guapa que se te cruzase.

-Me gustabas muchísimo, Lisa. Me sigues gustando. Ya no me duele como antes pero cuando te he visto hace un rato me ha dado un vuelco el corazón.

-¿Estás seguro de que este encuentro ha sido una casualidad?

-Te lo puedo jurar.

-Vale...

-Bueno, supongo que tienes que irte.

-Sí, la verdad es que tengo que hacer unas cuantas cosas antes de volver a casa.

-No te entretengo más.

Por un momento Cuddy pensó que Lucas la besaría en la mejilla para despedirse pero el hombre se limitó a sacudir la mano tímidamente antes de darse la vuelta.

-¡Lucas!

-¿Qué?

-Perdona, no quería asustarte.

-No pasa nada.

-¿Quieres que nos veamos algún día? ¿Que tomemos café o lo que sea?

Él la miró un momento, y ella creyó leer a la vez confusión y esperanza en sus ojos.

-Claro-contestó por fin.-Me encantaría. ¿Pero qué pasa con House?

-Ya no estoy con él.

-¿Sigues teniendo mi teléfono?

-Sí.

-Llámame cuando quieras.

-No quiero darte falsas esperanzas, Lucas. Pero me gustaría que fuésemos amigos.

-Una amistad es mejor que nada. Lo dicho, cuando me necesites, ya sabes dónde encontrarme.