Volví después de un mes... creo.
Me estoy demorando en subir, no acostumbraba a eso. Creo que es porque me falta algo de inspiración y porque no siento que me esté gustando mucho este fic. Comentaba con Kami que puede ser por la falta de sucesos fatales en éste fic mi baja motivación. Me gusta el drama, la tragedia, muertes, dolor, sufrimiento y esas cosas, lo pudieron ver en Colorful Season y en Donde el cielo y el mar blah blah. En fin, de todas formas va bien, aunque ahora empieza a tomar su curso hacia el futuro~ algunas cosillas por ahí pueden suceder (A) No daré spoiler, no no. Léanlo ustedes.
DISC: Los personajes Axel, Roxas y Xion no me pertenecen. Propiedad de Testsuya Nomura y Kingdom Hearts.
Disfruten de éste chap. Es algo especial pues los fics largos que he escrito llegan hasta éste capítulo, y por primera vez me atreví a seguir de largo y continuar algo más extenso. No sé cuantos capítulos tendrá este fic, pero si es largo xD
Música... pues ninguna. Lo que deseen de su playlist. Recomiendo algo tranquilo y ojalá alegre. :)
-Axel, ¿qué haces aquí? –preguntó Xion extrañada. –Corrección, ¿Por qué estás aquí con tus patines puestos? –volvió a interrogar con el entrecejo fruncido. Se acercó al pelirrojo que estaba sentado en las graderías con sus patines puestos, a punto de levantarse.
-Vine a practicar. Ya que no tengo el yeso, puedo patinar tranquilamente. –respondió el otro con calma y naturalidad.
-¿Estás loco? ¡Sácate eso de inmediato! –Le exigió la ojiazul.
-No eres mi madre, no tienes derecho a decirme qué hacer. –Axel le respondió con igual tono agresivo. –No eres quien para darme órdenes, ¿entendiste? Mírenla, una niñita exigiéndome…-balbuceó.
-Pues esa "niñita" tiene toda la razón, Axel. –se escuchó una voz por detrás del pelirrojo. –T no puedes entrenar aún. A pesar de que te hayan quitado el yeso, aún tienes que reposar unas dos a tres semanas. Por más que quieras entrenar y practicar tus próximas coreografías, no puedo permitírtelo. Además, por más que Xion quiera hacerte entrenar, no puede más que preocuparse por ti y decirte algo, que incluso ella está en contra. –Añadió aquella voz masculina.
-Lo siento, entrenador. Pero quiero entrenar de todas formas.
-No puedo permitirlo. Quedarás expulsado de la pista hasta que tu médico diga lo contrario. Recuerda que toda sesión con él es informada.
-Está bien, ustedes ganan. Me voy.
-Puedes quedarte. Me gustaría que vieras mi coreografía para recibir algunas críticas. –dijo Xion.
-Olvídalo. No quiero estar aquí si no me permiten practicar. Me voy.
Axel se quitó los patines y se los echó al hombro. Se levantó con un poco de dificultad por la pierna resentida y salió de la pista. Fue a su camerino para buscar su bolso y guardar los patines, y cuando estuvo listo salió del recinto. En la calle dio la vuelta y miró hacia el edificio con las cejas arqueadas hacia arriba. Suspiró y se fue caminando hasta el parque más cercano. Caminó lentamente –y con un poco de dificultad y dolor- por los extensos caminos del verdoso lugar, hasta que se cansó y no pudo soportar más el dolor. Entonces se sentó en una banca, la cual llamó su atención desde que la vio.
Había algunos niños jugando y correteando por ahí. Otros más grandes agarraban velocidad con sus patinetas e intentaban hacer piruetas. Madres y algunos padres les miraban y conversaban. Otros cuidaban y paseaban a sus mascotas.
-Siempre es tan concurrido este parque… -murmuró el pelirrojo mientras disfrutaba de aquel paisaje familiar. –Me pregunto si seguirá… ¡Oh! Parece que sí. –dijo al mismo tiempo que una silueta conocida pasaba justo en frente. -¡Roxas! –gritó con fuerza y alegría, al mismo tiempo que agitaba sus brazos para llamar la atención del joven. Siguió ansioso al joven que pasaba a unos metros de él, pero éste se alejó sin inmutarse si quiera de su presencia. -¿Me habrá ignorado? Quizás no era él… aunque hubiese sido bueno verlo. Hace tiempo que no sé nada de ese niño… -pensó luego de perder de vista al que creía haber visto. Suspiró, pasó sus manos por su cabello y luego buscó algo dentro del bolsillo de su pantalón. Sacó el celular que tenía dentro y marcó el número de Roxas. Mientras sonaba el tono de llamada, miró el aparato con algo de vergüenza. De pronto la pantalla cambió.
-¿Si? –se escuchó desde el aparato del pelirrojo. -¿Axel? Oye, responde. Sé que eres tú. –añadió la voz medio distorsionada de Roxas, algo burlesca.
Axel se asustó, sintió un pequeño cosquilleo en el estómago y se llevó el aparato a la oreja. –Lo siento, me quedé mirando la pantalla creyendo que no contestarías. –dijo entonces a Roxas.
-¿Por qué no contestaría? ¿Hay alguna razón por la que esté enojado en este momento y se me haya olvidado acaso?
-No, no es eso. Es que ví a un sujeto parecido a ti pasar por el parque en su patineta. Sólo era eso.
-¡Imposible! –respondió Roxas con algo de risas. –Axel, estoy en el colegio. Por suerte me llamaste en hora de recreo.
-¿En serio? ¡Lo siento, Roxas! –Axel se turbó. –Bueno, pues, entonces te dejo… -dijo algo acelerado.
-No hace falta, aún tengo tiempo.
-No, no. En serio, no quiero molestarte, así que Adiós.
-¡Espera, no cortes aún! –Roxas parecía un poco alterado. -¿Harás algo más tarde?
-N-no… -respondió Axel sorprendido.
-Sabes donde queda mi colegio. ¿Me vienes a buscar?
-Está bien… ¿nos vemos a las cuatro?
-Si, donde siempre me has encontrado.
-Entonces, ahí estaré.
-Ya queda poco, sólo una clase más. Bueno, hablamos luego. –Roxas se despidió y cortó.
-Vaya, no me esperaba esto… -dijo en voz baja el pelirrojo. Estaba sorprendido y emocionado. Había pensado en el rubio y ahora iba a salir con el en la tarde. ¿No era genial? Pero, hay algo que no le cuadraba completamente: ¿Por qué se sentía así de repente? Era como una adolescente emocionada por conseguir una sita con el chico guapo que tanto le gusta. ¡Bah! Roxas era su amigo, también podía emocionarse con verlo, especialmente si no lo hacían frecuentemente, y lo extrañaba de alguna forma. No se explicaba cómo habían llegado a ser tan buenos amigos en poco tiempo, aunque aún habían cosas que desconocían el uno del otro, sin embargo pronto se sabrían. Todo depende del tiempo, mas los prejuicios que podrían existir por parte del rubio le asustaban, especialmente cuando a homosexuales en mallita se trataba.
¿Qué sería de su amistad si le contara que él es campeón nacional y dos veces mundial en patinaje artístico sobre hielo? Ya se imaginaba al otro tipo golpeándole e insultándole por esa declaración, además de asustarse por haber estado con un "homosexual" en cubierto. Lo peor era que ya se le había insinuado como para que éste se pasara toda una película con respecto a la sexualidad de Axel y sus sentimientos hacia Roxas, los cuales –hasta ahora- eran completamente erróneos. Pero… también está la posibilidad de que lo acepte y se disculpe de sus palabras y calificaciones negativas con respecto a ese deporte. En ese caso, podrían mantener muy bien la amistad sin necesidad de esconderse cosas, lo más sincera posible. Sin embargo, esa posibilidad era, lamentablemente, la menos posible.
Esperó a que dieran las tres y media para levantarse nuevamente de aquella silla y seguir su camino, ahora hasta el colegio de Roxas. Irresponsable, andaba a pie y no quería tomar un taxi. No quería arriesgarse a usar su Alfa Romeo en caso de que su pierna no respondiera y tampoco quería fastidiar a Xion (que andaba de mal humor) para que lo fuese a dejar, por último acompañar hasta donde estaba Roxas. De pronto, su teléfono sonó.
-¿Diga? –contestó Axel creyendo que era Roxas, ya que no vio quién le llamaba.
-Terminé antes el entrenamiento y no tengo que estudiar. ¿Hacemos algo cachorro abandonado? –era Xion en el teléfono.
-Lo siento, Xion. Saldré con otra persona en este momento. –dijo Axel un poco complicado.
-¿La chica de tus sueños mojados? –respondió ella insinuante. –Si no es con ella, entonces déjame ir contigo. No quiero irme a casa, estaré sola. Además, puedo ayudarte en caso de que te duela tu pierna.
-Está bien… -respondió el pelirrojo luego de pensarlo un instante. Puedes venir conmigo. Ve a la salida del parque que está frente a la pista, pero por la calle de tu izquierda.
-¿Eh? Quizás a dónde vas… pero está bien. Nos veremos ahí, donde está la pastelería… supongo.
-Si, justamente.
-Bueeeeno, adiós. –cortó.
Axel siguió su camino hasta donde le indicó a la niña. Cuando llegó luego de unos minutos se encontró con ella mirando unos pastelillos frente a la vitrina de la pastelería. Él le tocó el hombro para distraerla y ella le extendió las manos.
-¿Quieres dinero para comprarte uno?
-No, quiero que me pases tu bolso para que no andes con mucho peso. Te puede hacer mal.
-¡Vaya! Qué considerada… pero gracias. –Axel le sonrió.
Juntos siguieron el camino hacia el lugar de estudios del rubio. Xion olvidó preguntar con quién se encontraría Axel, pero cuando vio que se acercaban a la entrada del colegio no pudo aguantar la curiosidad.
-¿Sales con una menor? –preguntó Xion algo molesta. –Axel, ya que sea de mi edad es asqueroso.
-No, no estoy saliendo con ninguna chica. –respondió él sereno.
De pronto comenzaron a salir un gran número de jóvenes por la puerta principal. El corazón de Axel comenzó a latir con una inexplicable fuerza. Xion sólo le miraba confusa, no lograba entender nada. Esperaron un buen rato, hasta que la ola de adolescentes felices de salir de aquel edificio se hubo apaciguado. Ahora salían pequeños grupos de jóvenes a pasos lentos.
-¿Y? –Xion estaba comenzando a sentir un poco de nervios. -¿Dónde está la persona con la que te encontrarás?
-Espera, aún no sale… Si quieres te vas.
-No. Ya vine contigo… que cruel eres. –ella le sacó la lengua para fastidiarlo. Posó sus azules ojos en la entrada del colegio y esperó impacientemente. Movía los brazos, las piernas, se llevaba los dedos a la cabeza, jugaba con su cabello y se arreglaba el vestido que llevaba puesto, hasta que logró distinguir una cabeza rubia con un extraño peinado hacia arriba que le parecía familiar.
-Ahí viene… -dijo en ese instante el pelirrojo. Los ojos verdes de Axel tomaron un brillo hermoso que le hacían resaltar su color a pesar de su rasgada forma.
Poco a poco se fue frunciendo el ceño de la niña. Cuando Roxas divisó a la pareja se acercó a ellos. Cuando se encontró frente a frente con Axel, no pudo dejar de notar el rostro enojado de Xion.
-Al fin nos vemos. –dijo Axel alegremente.
-Si, ya era hora, ¿no? –respondió Roxas con igual sonrisa. –Pero… -miró a Xion.
-Ah, ella. Es una amiga. Quiso venir conmigo para conocerte. –explicó el pelirrojo.
-¿P-por qué me está mirando de esa forma? –preguntó Roxas al oído de Axel.
-Xion, mucho gusto. –interrumpió ella cortantemente. Extendió el brazo derecho para estrechar la mano de Roxas, mientras no quitaba sus enfurecidos ojos de encima.
-R-Roxas, soy Roxas. –El rubio extendió su mano derecha temerosamente para devolver el saludo de la morena.
-¡Vaya, Xion! Cambia esa cara, por favor. ¡Te ves horrible! –interrumpió Axel para enfriar un poco la situación.
-Por su culpa tú me dejaste en el tren sola. ¿No lo recuerdas?
-Ah, lo siento, no fue mi intensión. No sabía que Axel estaba contigo… -Roxas no sabía si era correcto hablar, más dijo lo que se le vino primero a la cabeza.
-Da igual… ¿podemos irnos ya?
La chica dio media vuelta y retomó el camino por el que había llegado. Más atrás Axel y Roxas se miraron sorprendidos. El pelirrojo llevó los hombros hacia arriba y negó con la cabeza como si estuviese resignándose a seguir las órdenes de Xion, pero Roxas no pareció caerle muy bien esa forma de ser, por lo que se negó –en un principio- a ir con ellos, quedándose aún más atrás. Sin embargo necesitaba un poco de distracción luego de lo sucedido y no había visto a Axel desde que se reconciliaron. La amistad no llegaría a nada bueno si no seguían cultivándola, por lo que tuvo que aceptar la presencia de Xion y seguirles el paso.
Ella iba unos metros más adelante que ellos. Caminaba con seguridad y firmeza, sin dar vuelta en ningún momento. Jamás les dirigió una sola palabra, aún cuando no sabía qué era lo que iban a hacer. Se estaba arriesgando a que los otros dos no estuviesen detrás de ella, pero sabía que eso tampoco sucedería, o al menos eso esperaba de su amigo Axel, del otro no sabe aún qué pensar, pero se ve bastante inocente… esos son los peores.
-¿Por qué vino contigo? –preguntó Roxas al pelirrojo en modo de susurro para que no los escucharan.
-No tenía nada que hacer. Siempre recurre a mí, somos como hermanos. ¿Te molesta? –le respondió Axel de igual modo.
-No, no me molesta. Es que estaba muy a la defensiva conmigo. No la sentí muy amistosa, pero deben ser prejuicios por lo que pasó en el metro la otra vez y, bueno, tampoco es que demuestre mucha confianza en mi apariencia…
-Pues no tiene por qué hacer eso. Si quiere juzgarte sin conocerte, problema de ella. Nosotros pasémosla bien. Que no te disguste ni incomode. –Añadió Axel con su cálida sonrisa. Llevó una mano al hombro de Roxas y naturalmente –y con bastante ternura- le despeinó la cabeza.
Caminaron sin rumbo, nada más siguiendo a la niña que se mantenía siempre a distancia de ellos dos. Sin embargo eso no significó que Roxas y Axel conversaran de sus vidas, sus cosas, la escuela, la familia…
-¿Y cómo va la música? –preguntó de pronto el pelirrojo.
Roxas no habló. Miró al suelo con melancolía en los ojos y juntó sus manos, las cuales estaban temblando.
-Roxas, estás temblando. ¿Pasa algo? –Axel se preocupó y detuvo el paso. Más adelante Xion miró hacia atrás para asegurarse que le estaban siguiendo, y cuando notó que ambos se detuvieron, ella también lo hizo. Dejó apoyar su espalda sobre la pared de un edificio y ahí les esperó, mirando de reojo la situación. Axel se colocó delante del rubio y llevó sus manos a los hombros de éste. -¿Estás bien? Amigo, te ves terrible.
-No es nada… -dijo Roxas con un hilo de voz bastante débil y avergonzada. –Estoy bien.
-No estás pasando por un buen período musical, ¿cierto?
-Si, es más o menos así. –Roxas levantó su rostro y sonrió a Axel. –No te preocupes, estoy bien. Sólo un poco desilusionado.
-Bueno, la falta de inspiración te afecta bastante. Pero me alegro de que te encuentres bien. –Axel sonrió de vuelta. Se enderezó y nuevamente llevó sus manos a la cabeza del rubio, desordenándole el cabello y, sin intención alguna –o quizás sí-, le acarició la cabeza con notoria ternura.
Ambos retomaron el paso. Xion les esperó y luego se les unió, dejando las distancias y caminando junto a ellos. De vez en cuando conversaba algo con Axel, nada muy importante, pero jamás se dirigió a Roxas, sino con una mirada fría y despectiva. Y claro que el rubio comenzó a sentirse cada vez más incómodo cuando ella de pronto le tomó el brazo a Axel, le sonreía y reían de cosas internas que no entendía para nada. Y las malas miradas seguían viniendo de los ojos azules de Xion. Pero fue demasiado, no aguantó más. Hizo como que recordaba un asunto pendiente, se disculpó con Axel y se fue a casa corriendo para evitar más contacto con su amigo y…¿su novia?
-¿Qué le hiciste? –Preguntó Axel a la niña. -¿Puedes dejar de intimidar a las personas que se me acercan?
-¿Intimidar? –Dijo la otra sorprendida.
-Xion, no quiero que espantes a mis amigos. Después preguntas por qué estoy sólo… ¿No te das cuenta acaso de lo que haces? Si te cae mal es problema tuyo. Si aún estás molesta por lo que pasó hace casi más de un mes, entonces olvídalo, es una estupidez de tu parte. Además, el ya pidió disculpas por algo que hizo sin ninguna intención, y si tenías que enojarte con alguien, era conmigo.
-Lo… Lo siento, Axel. –respondió arrepentida.
-¿Qué haré contigo, Xion? Eres demasiado difícil, no dejas que nadie se te acerque. Entiende que el patinaje no es tu vida completa, hay todo un mundo afuera. Y yo no soy la única persona en tu vida, que patine contigo no significa que en un futuro nos vayamos a casar, a formar una familia… tu me entiendes. –Axel poco a poco comenzó a sonrojarse por las cosas que decía. Miraba a la niña que no sabía si reír o llorar por lo que el pelirrojo decía.
-Eugh, no… Axel, sé a lo que quieres llegar. Pero no soporto verte con otra persona… Eres mi único amigo, en la escuela nunca tuve y menos ahora que mis padres optaron por profesores particulares en casa. No salgo a fiestas, no sé convivir con personas de mi edad…
-Roxas es de tu edad.
-¿Esperas a que salga con él?
-Podrías intentarlo.
-Pero, Axel, yo no…
-Conócelo más. Quizás en un futuro puedas tenerlo como amigo, ¡o tal vez como tu novio!
-Yo… No lo sé.
Cuando algo le incomodaba, sus pies se movían a gran velocidad. Una caminata rápida era lo mejor para escapar sin dejar preguntas con respecto a su conducta anterior. Una vez alejado de la pareja, Roxas miraba hacia atrás para asegurarse de que no le estaban siguiendo.
Su rostro repentinamente cambió a la acostumbrada amargura que estaba viviendo ahora último. Su angustia era notoria en sus expresiones y se sentía un poco frustrado, especialmente cuando recordaba ese rostro redondo de grandes ojos azules y oscuro cabello que, de alguna u otra forma, le producía un temor e inseguridad en si mismo que no podía ni explicárselo a su reflejo.
¿Qué quería esa niña con ellos? ¿Por qué tenía que estar justo en ese momento? Podrían haber conversado mucho esa tarde con Axel, pero la presencia de Xion le incomodó enormemente. No era que no quería que estuviera ahí, aunque en cierta forma si, ya que jamás se imaginó que esa llevada a sus ideas se entrometería en su relación con Axel, pero podría justificarse si… En fin, ese rostro igual de amargo lo envolvió. ¿Así se sentirá el resto cuando él mismo está con esa cara que no se la cambia absolutamente nada? ¡Qué lástima! Vio en esa niña lo que no quería aceptar. Quizás son más parecidos de lo que se imaginaba. Sin embargo, ella no está triste. Puede que tenga miedo.
Roxas llegó a su casa sin cambiar el ritmo de sus pies al caminar. Entró apresurado y subió las escaleras sin percatarse de que sus padres estaban esperándolo en la sala anexa al pasillo. Dejó su bolso escolar sobre su cama y se tendió en ésta sin importar lo que estaba por debajo de él. Alcanzó a cerrar los ojos un par de segundo y de suspirar una vez, hasta que escuchó la dulce voz de su madre venir desde la escalera. Lo estaban llamando.
-¡Bajo de inmediato! –gritó Roxas desde su habitación. Sus manos comenzaron a temblar. Sabía a qué lo estaban llamando. Después de aquel incidente en la habitación de música nadie había hablado del tema, pero seguramente la madre no podría seguir aguantando ese dolor, ese estúpido secreto que su hijo guardaba, por lo que era hora de sacarlo con ayuda del padre que, independientemente de su figura severa, era un tipo amable y comprensivo que la calma jamás se le iba de las manos. – ¿La verdad será la única salida?...- los ojos del rubio comenzaron a lagrimear. –Tarde o temprano tendré que decirles. –pensó mientras salía de su habitación y bajaba las escaleras. Pasó su brazo por los ojos y con la manga de su camisa se secó las pequeñas gotas de lágrima que comenzaron a juntarse. Cuando se halló en el primer piso miró hacia ambos lados del pasillo para encontrar a la pareja y luego, cuando los vio sentados juntos en un sillón, se adentró al living.
-Toma asiento, hijo. –dijo el padre con dulzura. -¿Te ofrecemos alguna cosa?
-No, nada. Gracias. –respondió Roxas confundido y asustado, completamente nervioso, mientras tomaba asiento en una silla.
-¿Sabes porqué estás acá? –preguntó ahora el hombre de la casa mirando fijamente a los ojos de su hijo.
-¿Me porté muy mal? –Roxas ya estaba explotando del susto. No aguantaba el temblor en sus piernas y brazos.
-¡Bastante mal! –gritó con fuerzas el hombre. Se había levantado y la calma que tanto le caracterizaba parecía haber desaparecido en esta situación. Roxas le miró con asombro.
-No le grites, querido. –añadió la mujer tratando de hacer que su esposo se sentara nuevamente. Entonces ambos comenzaron a reír.
-¿Es una broma? Si quieren joderme está bien, pero no de esta forma. –Roxas ya se había olvidado de todos sus temores, ahora parecía estar enojado.
-Lo sentimos, hijo. Es que te vi tan asustado que no pude aguantarme. Sabemos que no has hecho nada malo y estamos muy orgullosos de ti. Has mejorado bastante en la escuela y parece que estás más pleno ahora. –dijo al fin el padre con un poco de risa.
-Lo que queremos decirte es que llamaron de la escuela. –agregó la mujer. –Dicen que te han visto mucho con tus pentagramas y al parecer en la clase de música mostraste un gran talento que ellos desconocían anteriormente por tu rebeldía.
-¿Cuál es el punto? –Roxas aún no entendían.
-Llamaron a William Smith de BritMusic Studios para que fuera a escucharte. Y si demuestras ese talento innato que tienes, que seguro no es necesario que te esfuerces para ello, te darán la oportunidad de grabar cada una de tus creaciones.
-¿¡En serio! –Roxas se levantó de la silla. -¡Es que no puedo creerlo! –Gritó eufórico de alegría. –Podré dedicarme a la música y luego asistir a conciertos, ser escuchado por el mundo, transmitir… No. No me lo puedo creer.
-Pues si, es verdad.
-¡Muchas gracias Mamá, Papá! –Roxas corrió hacia donde estaban sus padres y se lanzó para abrazarlos.
-Estamos muy orgullosos, Roxas. –Dijo la madre emocionada.
-Ahora tienes que mejorar tus creaciones, y si necesitas algún instrumento, sólo dinos.
-Muchas gracias, en serio. A ambos.
Eran las cinco de la tarde ya. Las clases habían terminado hace más de dos horas, pero aún le mantenían encerrado en el salón de música junto al piano de cola de la escuela. No estaba tocando nada, sino que más bien esperaba una respuesta. Estaba solo con los instrumentos del salón. De pronto la puerta se abre. Un hombre alto y delgado de un hermoso terno negro con camisa roja entra al salón. Su cabello ya estaba canoso por los años, su rostro arrugado y sus ojos pequeños, como si tuviera mucho sueño y cansancio.
El hombre tomó una de las sillas del salón y se sentó frente a Roxas. Le extendió el brazo para saludarlo y le sonrió. El rubio estaba muy nervioso.
-Tranquilo. Sólo quiero escuchar lo que haces con este chico. –dijo el anciano apoyando una mano en el piano. –Adelante. Toca lo que gustes.
-De acuerdo. –respondió Roxas sereno. Sus manos temblaban, mas eso no le significaría arruinar su melodía. Si mostraba esa debilidad, jamás sería tomado en serio en la profesión que ahora, en este mismo instante, estaba decidiendo seguir. Iba a triunfar, eso lo sabía, pero jamás lo lograría si en esta oportunidad dejaba escapar una pequeña nota musical producto del temblor nervioso de sus manos. Así que respiró profundamente, soltó sus dejos y ocultó su rostro, su persona, a Roxas, tras la máscara del músico que siempre quiso ser y que estaba comenzando a formar.
Apoyó sus dedos en las suaves teclas del piano y comenzó a interpretar "Tears for Roxas". Jamás titubeó, tampoco pensó en sus sentimientos, en la necesidad de estar triste para tocar aquella hermosa melodía. Podía estar feliz, rebosante de alegría en el fondo y tocar una profunda y melancólica melodía. Si, eso hacían los profesionales y él era uno, así que también lo haría. Y se dejó llevar como siempre lo hacía, se dejó fluir junto a las notas musicales que él iba tocando con fuerza, con delicadeza en algunas partes, con rabia, enojo, melancolía y tristeza. Pero estaba sonriendo en su interior. Lo había conseguido, ahora podía ser tomado en cuenta y podría considerarse un genio musical como Mozart, Vivaldi, Bach, y muchos otros. Contemporáneo, joven, nuevo. Sería toda una revolución en la música clásica y podría transmitir cada una de sus ideas en hermosos cantos, perfectas melodías musicales.
Luego de unos minutos acabó con la interpretación. Deslizó por última vez sus dedos en las teclas y acabó. Respiró y dejó botar el aire con delicadeza. Luego se volteó para mirar al hombre. No dijo absolutamente nada, no quería arruinar el momento, pero el otro tampoco se veía muy animoso para hablar. Roxas interpretó esa mirada seria y volvió a temblar: no le gustó.
-¿Sabes tocar otros instrumentos? –preguntó de pronto el viejo.
-Si. Violín, flauta, guitarra también. –respondió tímidamente el rubio. Estaba algo decepcionado. Pensaba que le hablaría de la música y le preguntó sobre otros instrumentos.
-Quiero escucharte tocar guitarra
-Está bien. –Roxas se levantó del asiento del piano y fue a buscar una guitarra que se encontraba sobre la mesa del profesor. La tomó y se la llevó. Luego se sentó en una silla frente al señor. -¿Desea algún estilo musical en especial? –preguntó Roxas con el valor que juntó mientras buscaba la guitarra.
-No, gracias. Toca lo que gustes.
Roxas no sabía que tocar en ese momento, pero estaba convencido de su talento y de su genialidad. ¡Y es que era un genio! De pronto se iluminó y comenzó a improvisar, a tocar lo que se le venía y dictaba el corazón. Arpegios que cambiaban, punteos muy bien definidos, cejillos puestos correctamente y ninguna desafinación o molestia en el cambio de cuerdas y de posturas. Era una música muy limpia, aunque ésta no estuviese completamente pulida. Lo que sí, tenía un patrón bastante reconocible para su oído; había encontrado lo que sería la segunda voz para "Charlie's Theme", como le había puesto a su versión de la melodía de Charlie. Qué bien sonaba, qué melodía más hermosa. Tenía que anotarla rápido, no podía dejar pasar el momento, aunque tuviese memoria y se acordase de lo que tocaba, no podía arriesgarse. Sin embargo, estaba a punto de definir su futuro y no podía desperdiciarlo por eso. Se aguantó y terminó de tocar.
El anciano seguía con su mirada seria. Ahora le pidió que tocara el violín, luego la flauta traversa y después se le ocurrió que debía tocar cello y oboe. Y aunque el rubio no supiese tocarlos, de todas formas interpretó un par de melodías más conocidas y básicas de una forma tan hermosa y perfecta, que el anciano ya no podía aguantar y ocultar más su asombro.
-Señor, necesito preguntarle, si no es muy imprudente de mi parte, qué le ha parecido mi interpretación musical en cada uno de los instrumentos que utilicé. –Dijo Roxas ansioso. Nunca le comentó cómo le habían salido sus interpretaciones y quería saber, necesitaba ser criticado.
-Está bien. –asintió el anciano con la cabeza. –Claramente tienes un talento innato con la música. Tocaste muy bien instrumentos que, según tu, jamás habías tocado anteriormente. Con lo demás… estoy impresionado. Hace mucho tiempo que no escucho música tan hermosa y tan perfecta, tan limpia. ¡Menos viniendo de un jovencito! ¿Puedo saber de quién es esa melodía tan hermosa que tocaste con el piano?
-La verdad, señor… -Roxas rió. –Es mía.
-¡Tuya! Me has dejado sin palabras, niño. –El anciano sonrió. Se llevó las manos al rostro y se refregó los ojos como si no creyera lo que veía. –Y la que tocaste con la guitarra, ¿también es tuya?
-Si, pero esa… no sé si deba.
-Dime.
-No toco guitarra generalmente. Siempre uso violín y piano, la guitarra muy pocas veces toco y generalmente acá, ya que en casa no tengo guitarra. Esa melodía que escuchó fue más bien una improvisación, algo que me salió en el momento. Sin embargo sigue el patrón de otra melodía que escribí, a la cual le estoy haciendo segundas y terceras voces para que se arme y quede más completa.
-Simplemente un genio. –El señor se levantó y caminó hasta la puerta del salón que estaba cerrada. –Espera a mi llamado, chico. Esta semana hablaré de ti en la compañía y dejaremos todo preparado para que puedas grabar algo, un esqueleto. Lo tuyo, claro, una melodía completamente tuya. Luego si le has preparado otras voces podemos grabarlas también y armar por completo la melodía. ¿Qué te parece?
-Estupendo, muchas gracias señor.
-Bueno, Roxas, estoy sorprendido. ¿Cómo es que antes no te habíamos escuchado? De seguro tu talento musical lo vienes puliendo de hace años. Bueno, un gusto conocerte. –Dijo el señor mientras abría la puerta. Salió y se fue caminando por el pasillo del colegio.
Roxas se quedó inmóvil. No sabía si reír o llorar, si gritar ahí mismo de alegría o aguantar hasta llegar a casa. Estaba muy feliz. Esta oportunidad era lo que siempre quiso. Por fin un respiro para tanta amargura, tanta melancolía y tristeza. Ahora se sentía libre, no tenía ningún peso sobre sus hombros, ningún mal sentimiento, estaba en las nubes.
Esa tarde llegó gritando a su casa. Sus padres entendieron de inmediato lo que sucedía y se integraron a tal celebración con saltos y gritos, abrazos, caricias en la cabeza y besos en las mejillas para el músico. En vez de subir las escaleras y refugiarse en su habitación, Roxas dejó caer su mochila en el pasillo, al igual que la chaqueta que llevaba puesta. Se sacó los zapatos y los dejó esparcidos por el suelo. Fue a la cocina junto con su madre para ver qué comería el campeón, mientras que el padre ordenaba la mesa del comedor para sentarse todos a conversar y disfrutar de una rica cena.
Esa noche se quedaron en desvelo conversando. Los padres escuchaban atentos lo que su hijo les contaba: qué instrumento tocó y qué música interpretó, cómo se sintió, qué dijo, todo. No dejaron de conversar hasta la una de la madrugada, cuando ya todos debían ir a dormir para comenzar nuevamente la rutina, trabajo y colegio. Había sido un Lunes muy intenso.
El rubio, cansado ya de tanta actividad, recogió todo lo que había dejado tirado en el pasillo y subió las escaleras a su habitación. Encendió la luz de ésta y luego cerró la puerta. Sacó su celular del bolsillo del pantalón y miró la hora. ¿Aún podía llamar a Axel, o ya era demasiado tarde para contarle? Lo mantuvo uno, dos, tres minutos en su mano y, sin notarlo, al siguiente segundo estaba sonando.
-Te invoqué…- dijo Roxas al teléfono móvil luego de contestar. –Estaba pensando en llamarte, pero no quise ser imprudente.
-¿Entonces el imprudente soy yo? –se escuchó desde el teléfono junto a una risa. -¿Estabas durmiendo?
-No, acabo de subir a mi habitación. Estaba conversando con mis padres.
-Algo interesante, supongo. Para haberse quedado hasta esta hora, debe de haber sido algo bueno… o malo.
-Más o menos. –respondió Roxas.
-¿Sucedió algo? –preguntó preocupado.
-Si…
-¡Maldición, dime!
-Tranquilo, hombre. –Roxas rió. –Fue un viejo a la escuela a escucharme tocas música. Un tipo importante de este mundillo de la música. Le gustó y ahora quiere grabar unas maquetas de lo que hago.
-¡Increíble! Te felicito, chico. Tienes mucho talento, no puedes desperdiciarlo.
-Así es. Ahora tendré que inspirarme mucho para crear muchas melodías hermosas. –comentó entusiasmado el rubio. -¿Qué hay de ti?
-No puedo dormir, estaba aburrido y pensé en despertarte. –rió- ¿Quieres que hagamos algo el miércoles?
-¿Miércoles? Está bien, no tengo nada planeado.
-¿No interrumpe tus sesiones musicales?
-No, Axel. Aún no empiezo con eso, así que no te preocupes.
-Bien, te veré en el centro. ¿Te parece en el parque de siempre? Ese donde nos conocimos, ¿recuerdas?
-Si, me parece bien. Te veo allá entonces el miércoles después de que salga de clases, sabes la hora.
-Okey. Descansa ahora, disculpa si te molesté. Buenas noches, rubiecito.
-Buenas noches, Axel.
Eso fue todo, amigos. *come un trocito de galleta porque no le gustan las zanahorias*
¿Qué os pareció esta cosa? Iba a ser más largo, pero tantas cosas juntas se iba a ver feo en el capítulo, lo que agrega uno más, o quizás no. Ni yo lo se xD
