Daaaaah! Por fin publiqué! después de tanto, pero es que han pasado demasiadas cosas.
Entré a la Universidad a estudiar Psicología. Tengo que leer mucho y creo que nunca había sentido tanto sueño acumulado. En fin, muchas cosas que hacer, responsabilidades, etc. Lo que si podría ser una buena noticia, es que estuve adelantando un poco el capítulo 10, por lo que espero tenerlo listo antes. Quizás deba obligarme a escribir y subir cada cierto tiempo establecido.
Bueno, ahora va tomando otro curso la historia. Me emociona pensar lo que pasará, las reacciones que habrán y ciertas punzaditas que surgen en este momento. No les diré nada... lean.
DISC: los personajes de Kingdom Hearts, aquí presentes en la historia (Roxas, Axel y Xion) no me pertenecen. Propiedad de Tetsuya Nomura y Square Enix, Disney si así lo quieren, y todos los involucrados en el juego aquel. Lo mismo va para la música, la cual estoy tomando prestada.
Gracias por los reviews del chap pasado :D Nunca está de más agradecerle a esas personas que no tienen una cuenta para responderles directamente.
Para aclarar una duda que quizás podría surgir. La melodía en la que está trabajando Roxas, particularmente acá, es lo que llamaríamos "Xion's Theme" de la banda sonora del juego Kingdom Hearts 358/2 days. En este caso la tomo prestada (A) y le cambio el título levemente... Comprenderán a quien está dirigida esta música.
Something New
-El número al que usted está llamando no se encuentra disponible, adiós.
-Axel, ¡eres un idiota! –gritó Roxas enfurecido. Miró la hora en la pantalla de su celular y apretó los dientes con rabia. –Jamás se había demorado tanto… Tendré que seguir esperando.
El rubio se sentó en una banca que había cerca. Miraba pasar a la multitud, esperando a ver la roja cabellera de Axel, mas no sucedía nada. Como venía de la escuela, aprovechó de revisar su mochila para ver cerciorarse de que no tenía nada que estudiar. Sacó su pentagrama y revisó sus composiciones. La segunda voz de su versión de "Dirge for the Master" ya estaba ahí escrita y completa, revisada numerosas veces y por fin aceptada. Ahora iba por la tercera voz, la cual estaba más o menos encaminada, pero aún no le convencía. Tenía que definir instrumento para ésta voz, y no tenía más que su teclado en casa y un nuevo violín que sus padres le habían regalado para felicitarlo. Repasó una vez la melodía que había hecho como base, luego la segunda voz y siguió con lo que llevaba de la voz tercera. Buscó un lápiz grafito y siguió las notas musicales de la última melodía y comenzó a arreglar y cambiar algunas notas, escalas, silencios, puntos, corcheas, negras, blancas.
Ya había pasado media hora más y Axel aún no se presentaba. Ya esto no podía llegar más lejos, no llegaba, no encendía el celular, nada. Finalmente se decidió a levantarse e irse de una buena vez a su casa, no perdería más el tiempo.
-Disculpa…
Roxas se volteó. Reconoció de inmediato a quien se presentaba.
-Xion, ¿qué haces aquí? –Roxas estaba confundido.
-Axel me dijo que lo esperara aquí. Intenté llamarle para decirle que me retrasaría un poco, pero no pude comunicarme con él. ¿Lo has visto?
-Espera… ¿él te dijo que estaría aquí? –el rubio frunció el ceño. –Maldito pelirrojo, ¿Qué pretendes? –pensó. –Haciéndome citas a siegas con esa niña… como si fuese a pasar algo. Además, no le caigo bien.
-Supongo que no le encontraré. –comentó ella algo decepcionada.
Roxas sintió lástima al ver ese cambio inoportuno en el rostro de la niña. Por primera vez notó algo distinto a enojo en esos azules ojos ocultos por su negro cabello. Se veía triste y decepcionada. No pudo soportar tal mirada perdida.
-Oye, ¿no quieres ir a beber algo? –Roxas le miró con una sonrisa algo forzada. –Ya que viniste para acá, y bueno, no tengo nada que hacer, así que…
-Está bien. –interrumpió ella.
-Vaya… Ven conmigo, conozco un buen lugar.
Ambos entraron a una cafetería que había a tres cuadras del parque donde se encontraron. Era un lugar acogedor, no muy concurrido, pero bastante bonito y delicado. Al entrar, un delicioso aroma a galletas recién horneadas y chocolate caliente acogía a los clientes. Parecía una pequeña tienda de onces alemanas, lo que de inmediato les abrió el apetito.
Tomaron asiento en una mesa junto al ventanal grande que daba a la calle. Afuera comenzaba a llover, y las gotas del cielo resonaban al chocar con el ventanal, lo que llamó la atención de Xion. También volaban pequeñas hojas de amarillo color que caían por montones de los árboles.
-Se nota que ya estamos en otoño… -comentó Roxas nerviosamente.
Xion le miró y asintió con la cabeza. Luego volvió a posar sus ojos hacia afuera, sin rumbo alguno. Su rostro permanecía sereno, sin ninguna mayor expresión. Respiraba tranquilamente el dulce aroma de las galletas y pasteles que se exhibían y se horneaban. Roxas, nervioso y algo incómodo por la situación, no hallaba la forma de salir pronto de ésta situación. La niña no era de lo más amable con él y temía hacerla enojar con algún comentario estúpido o inapropiado. No la conocía del todo, tan sólo era la amiga de Axel, que por cierto ya se las vería pronto con él, y no tenía mayor tema de conversación que él, si es que a ella no le molestaba hacerlo.
-¿Conoces a Axel desde hace mucho tiempo? –Roxas se hizo el ánimo de preguntar.
-Si. -respondió fríamente ella sin desviar la mirada de afuera.
-¿Hace cuánto? –continuó interrogando Roxas, cada vez más nervioso a la espera de una mala respuesta.
-Mucho. –dijo Xion. Calló un momento y luego cerró los ojos. Se acomodó en la silla y miró a Roxas. –Me conoce de bebé. Sus padres son amigos de los míos y se veían frecuentemente. De pequeño siempre jugaba conmigo.
-Es un amigo de toda la vida… qué bonito. –el rubio sonrió.
-Si… -Xion también sonrió.
Una camarera se acercó a la mesa y tomó la orden de los jóvenes. Xion pidió un chocolate caliente con un trozo de torta de frambuesa, mientras que Roxas sólo pidió una taza de café.
-¿No vas a pedir nada más? –preguntó ella al rubio.
-Quizás más adelante me de hambre. Sino, cenaré en mi casa.
Callaron los dos. No se miraban, no compartían ni un solo respiro. Era el minuto de silencio más largo e incómodo que ambos podían sentir. No se tenían confianza, no conocían nada del otro. Ella era un espécimen amargo que parecía estar encerrada bajo un gran bloque de concreto, mientras que él no tenía la mejor impresión, un chico normal, escolar rechazado, que además, si le agregamos los sueños eróticos de Axel, vendría siendo su seductora amante, lo que no era de esperarse. A cada mirada que se cruzaba se agregaba un prejuicio, una vaga idea de cómo sería esa persona, una imagen errónea que les impedía, si quiera, entablar una pequeña conversación sobre gustos, música, cultura, dinero, lo que sea.
Tras siete minutos de espera, llegó el pedido a la mesa. Roxas agregó azúcar a su café, mientras que Xion probaba delicadamente un pequeño trozo de su torta. Él la miraba de reojo mientras daba el primer sorbo de café. Y nuevamente se sorprendió al ver una dulce sonrisa y unas mejillas coloradas en el rostro de la niña.
-¡Esto está delicioso! –exclamó Xion.
Roxas tenía los ojos abiertos de par en par. De pronto sus mejillas comenzaron a tomar un rojo color. ¿Es que era así de adorable en realidad? Aquella imagen se repitió una y otra vez en su mente, y cada vez se convencía más de que había estado equivocado, pero no quería arriesgarse. Fue… encantador. Si, aquella sonrisa dulce e infantil fue un arma mortal para debilitar completamente el frío corazón de Roxas. No estaba comprendiendo absolutamente nada, no sabía qué era lo que sentía, pero estaba seguro de que esa niña que ahora estaba sentada frente a él disfrutando del dulce sabor de un chocolate caliente y una frambuesa rosada, le hacia bailar el estómago. Entonces se le vino a la cabeza algo hermoso, la melodía que estaba buscando. Sacó de su pentagrama de la mochila y el lápiz grafito que había usado antes. Buscó la página en la que tenía la tercera melodía y comenzó a corregir lo que había escrito antes, continuando más adelante. Xion le miró.
-¿Qué haces? –preguntó curiosa.
-Necesito escribir esto, espero no te moleste esta mala costumbre. –Dijo Roxas concentrado. No miró a la niña, sino que continuó marcando con rayas y puntos las respectivas notas musicales que quería plasmar en el papel para luego probarlas e interpretarlas en el teclado. Ni se inmutó de que Xion le miraba atenta todos los movimientos que hacía: el compás de la música con los dedos, el movimiento de la cabeza con el ritmo, el imaginario teclado que estaba tocando y la veloz forma en que escribía su música en el papel.
-Estoy sorprendida… -agregó ella.
El rubio continuó escribiendo, hasta que después de un gran respiro, cerró su cuadernillo y lo guardó junto con el lápiz, diciendo al mismo tiempo un "acabé".
-¿Eres músico?
-Si. –Respondió Roxas orgulloso.
-Entiendo… por mi no hay problema. Entiendo ese tipo de inspiración repentina. Me sucede cuando patino, a veces necesito improvisar algo según cómo me siento.
-¿Tu patinas?
-Si, patinaje artístico sobre hielo.
-Jamás me lo imaginé.
-Lo mismo digo.
Ambos continuaron disfrutando de su merienda. Roxas siempre serio bebía de su taza de café al mismo tiempo que miraba de reojo a la extraña niña que tenía frente a él. A ratos era una persona tensa, amarga y muy fría, pero parecía adquirir la dulzura de aquel pastel al momento de comer un trozo. Sus mejillas se coloraban cada vez que probaba un bocado, y parecía que de igual forma le sucedía a Roxas. No conversaron más. Sólo preguntas superficiales con cortas respuestas, casi todas en monosílabos. Al cabo de una media hora acabaron. Roxas ya no tenía nada más que hablar y Xion parecía apurada, cada cinco minutos miraba el reloj que llevaba en su muñeca. El rubio pidió que les fueran a retirar las tazas y platos y que le llevaran el monto a pagar. De su billetera sacó unas cuantas libras, aproximándose al monto oficial. Cuando le dejaron la boleta, él pagó. Se levantaron y salieron de la tienda.
-¿Tienes que irte? –preguntó Roxas esperando una respuesta positiva.
-Si, ya es tarde y no quiero incomodarte por culpa de Axel. Luego hablaremos con él.
-Bueno, eres libre.
-Gracias por invitarme. –añadió Xion dando media vuelta para tomar el camino a casa.
-¡Espera! –dijo Roxas luego de ver cómo ella se iba sola con el frío que comenzaba a hacer de pronto. Esperó a que ella se diera vuelta para ver si lo había escuchado, y agregó con la voz levemente temblorosa:- ¿Quieres que te acompañe a casa?
Xion lo miró de arriba hacia abajo. Volvió a recorrerlo con los ojos de abajo hacia arriba, y de pronto se encontró con esos celestes ojos que, por una extraña razón, ahora resplandecían con un suave color grisáceo. No supo qué responder. No le interesaba mayormente que él la acompañara, tampoco le influía que lo hiciera. Sin embargo sintió que debía dejarlo hacer el papel de caballero y asintió con la cabeza. Esperó a que Roxas caminara hasta estar junto a ella, para luego retomar el paso con su acompañante.
-¿Vives muy lejos?
-Más o menos.
-¿Está bien si caminamos? Sino, podemos tomar un taxi. No te preocupes, que yo pago.
-No, no. –respondió ella nerviosa. –Caminando está bien, no hay problema. –Sonrió.
Caminaron por calles completamente desconocidas para Roxas. A pesar de estar acompañándola a ella, se sentía perdido y un poco asustado. No sabría cómo volver a su casa, no reconocía absolutamente nada de lo que había a su alrededor. Xion, en cambio, caminaba como pedro por su casa. Ni pensaba el recorrido, simplemente iba con seguridad. De pronto se encontraron en un pasaje largo con enormes casas muy hermosas de extenso patio delantero. Tomaron aquella calle y bajaron el ritmo, entonces llegaron a la casa de Xion.
Roxas vio aquella mansión y quedó atónito. Frente a él había un pequeño muro de ladrillos con una fina rejilla negra arriba. Detrás de eso se imaginó un hermoso ante-jardín, y justo después una hermosa casa de tres pisos, bastante amplia y refinada. Quizás qué más había detrás de eso, y para qué imaginarse lo que había dentro de esa casa, si ya con verla por fuera se le venía a la cabeza una gran cifra de dinero. A Xion ni le importó, no le llamaba tanto la atención aquellos lujos, pues pensaba en lo que había sucedido para lograr aquel majestuoso hogar y le daba náuseas.
-No es la gran cosa. No me siento cómoda aquí. –dijo ella tratando de darle una explicación al rubio.
-¿De verdad? –Roxas la miró sorprendido. –Es una casa enorme.
-Si, especialmente si sólo viven tres personas, las cuales dos trabajan todo el día. Lo único que verás ahí son empleados. Es como la casa de ellos, son los únicos que la aprovechan. Pero por mi está bien mientras no se metan en mi habitación más que para asearla. Mi casa es la pista de patinaje.
Roxas volvió a sentir ese extraño cosquilleo y sonrojo en su rostro. Volvía a verla plena, transparente, hermosa. ¿Será ese su verdadero encanto? Quizás por eso Axel está siempre con ella, porque tiene la suerte de ver ese lado suyo tan hermoso. ¿Por qué lo ocultaría?
-Muchas gracias, Roxas. Lo pasé muy bien. Eres todo un caballero.
-Ah, de nada. –dijo algo despistado. –Yo… yo también lo pasé bien.
-Ojalá se pueda repetir. –añadió ella abriendo la puerta de acero negro del muro que separaba su terreno de la calle. Entró y cerró la puerta, miró a Roxas a los ojos y se fue corriendo hasta la entrada de su casa. Entró en aquel bloque que llamaba hogar y desapareció.
-Eso espero… -dijo Roxas con suavidad mientras veía cómo aquella niña de oscuro cabello se alejaba. Entonces recordó que no sabía dónde estaba y volvió en sí.
Demoró casi una hora en llegar a casa. No era tan lejos como él pensaba, pero de todas formas se había perdido un par de veces antes de encontrar alguna calle que conociera cerca del centro. Entró a su casa, subió a su habitación y se recostó en su cama. Estaba cansado, no había hecho mucho, pero sentía mucho sueño. Sus ojos casi se cerraban solos y sus extremidades no respondían inmediatamente. Estaba débil, quizás por esa larga caminata. Y estaba quedándose dormido cuando su celular comienza a sonar.
-¿Si? –contestó Roxas algo agresivo. -¿Quién es?
-Supe que tu cita con Xion estuvo bastante buena.
-¡Axel! –Roxas despertó de su profundo sueño y cansancio. Se sentó bruscamente en su cama y miró la pantalla de su celular con el ceño fruncido. Volvió a llevarse el celular a la oreja y dijo:- ¿Por qué hiciste eso? ¿No ves que a penas la conozco?
-Pero lo has pasado bien.
-Bueno, si, algo… -respondió el rubio confundido.
-Porque ella si lo pasó muy bien…-añadió Axel antes de que Roxas pudiera decir algo más.
-¿De verdad?
-Pues claro. Acabo de hablar con ella. –dijo Axel entre risas. –Por supuesto que me llamó para alegar por lo que les había hecho, pero de todas formas me confesó que ha tenido un buen rato. Eres todo un caballero, no me lo imaginaba. Te abriste a ella, qué bonito. Y claro que…
Roxas había abierto los ojos de par en par. Su corazón latía con fuerza, su respiración se aceleraba, su cuerpo comenzaba a temblar, y por su espalda recorría un escalofrío que le ponía los pelos de punta. En su estómago revoloteaban mariposas y su rostro se tornaba completamente rojo. ¿Qué le sucedía? ¿Acaso se había dado cuenta de cuánto le gustaba Xion? ¿Estaba realmente feliz por haber salido con ella, aunque jamás lo quiso así?
-¡Hey! ¿Me estás escuchando? ¿Roxas?
-Disculpa… me quedé pensando. –dijo el rubio volviendo en sí. –Bueno, también me entretuve, pero no vuelvas a hacer algo así. Iba mentalizado para verte a ti, así que no me rompas el esquema nuevamente.
-Lo siento, pero quería que se conocieran y sabía que no lo harían si les dijese la verdad. Después de todo salió bien. ¿No?
-Pero Axel… igual quiero verte.
-¿A mi? ¿Por qué, viejo?
-Somos amigos. No hemos conversado hace tiempo, y pareciera que te estás alejando un poco.
-No lo había notado así. Lo siento. Pero bueno, ya nos veremos, ¿eh? Tú me dices y yo voy.
-Está bien.
-Te dejo. Sólo quería saber cómo te había ido con la princesa de hielo, y al parecer todo bien. Pues que tengas buenas noches y estamos hablando. –Dijo Axel y al instante cortó.
-Vaya… -Roxas tomó el celular y lo miró. –Buenas noches para ti también.
¿Y ahora qué sucedía? Esa alegría se volvió amargura. Después de todo ese cosquilleo en el estómago, ahora sentía como si estuviera vacío, como si algo sumamente importante le hiciera falta. Trató de escribir y de continuar con sus melodías, pero de pronto su inspiración se había agotado completamente. ¿Acaso era Axel el motivo de su inspiración, o repentinamente había cambiado a Xion y sentía que le hacía falta? Tanta confusión no podía soportarla, era mejor acostarse a dormir. Apagó la luz de su habitación y se colocó el pijama a oscuras. Afuera la luz de los faroles iluminaban algo hacia su habitación, una luz tenue pasaba tras los cristales, pero eran retenidos por sus cortinas. Se acostó en su cama y cerró los ojos. No pensaría más en estupideces, mejor era recordar asuntos escolares y las próximas materias, lo que debía estudiar para los exámenes y la gran oportunidad que le había llegado con su música. Pero era imposible, los tenía a ambos en la cabeza. ¿Qué sucedía?
Ya era jueves. No quedaba mucho para terminar la semana, y por fin descansaría de tanta responsabilidad que se le había juntado.
Despertó con inexplicable ánimo y se vistió rápidamente para llegar lo antes posible a la escuela. No desayunó, sino que tomó su bicicleta y se fue pedaleando velozmente por las largas y limpias calles llenas de hermosos y largos árboles, los cuales fueron desapareciendo a medida que se acercaba al centro, donde comenzaban a alzarse bloques de edificios antiguos hermosamente ornamentados con finas terminaciones en sus puntas y bordes. Se halló en el parque que siempre recorría y continuó hasta llegar a la escuela, la cual estaba casi vacía. Roxas dejó su bicicleta muy bien atada a un árbol que se encontraba junto a la entrada y subió las escaleras hasta la puerta principal. Adentro todo era silencio. Una que otra voz se escuchaba a lo lejos dentro de algún salón donde había alguien madrugador.
Miró a los lados sospechosamente antes de abrir su casillero, y cuando se hubo asegurado de que nada ni nadie le estaba siguiendo, lo abrió y metió algunos cuadernos adentro. Sacó otros que le servirían más tarde en clases y dejó su almuerzo. Volvió a mirar a su alrededor al mismo tiempo que cerraba la puerta del casillero. Entonces notó que alguien estaba junto a él, pero no se asustó, pues no era una figura amenazadora, o al menos no sintió peligro alguno.
-Buenos días, madrugador.
-Buenos días, Alice. ¿Qué haces tan temprano? –Roxas se calmó y sonrió a la niña.
-Siempre llego muy temprano, deberías saberlo. –respondió Alice devolviendo la sonrisa. –Solo que siempre aprovecho de ir a la biblioteca o al salón de música antes de que todos lleguen.
-¿Salón de música? –Roxas le miró extrañado. -¿Qué haces ahí?
-No mucho. –Alice se sonrojó. –No soy músico como tú, pero me agrada ver los instrumentos y sentirlos. Es extraño, pero al menos puedo sentir una melodía en mi cabeza cuando los toco, aunque nunca interprete absolutamente nada. –rió nerviosa.
-No tenía idea de que hacías eso. –Comentó el rubio ordenando los libros y cuadernos que había metido en su mochila. Le miró y señaló con la cabeza que caminaran hacia el salón juntos. Ella le siguió.
-A propósito, Roxas. Ayer te vi en un café con una chica… ¿Puedo saber quién es ella?
-Ah, Xion… -dijo sin mayor importancia.
-¿Xion? ¿Qué clase de nombre es ese?
-Ni idea. Y para responder a tu pregunta, es amiga de Axel, el pelirrojo que a veces viene a molestarme cuando salgo de clases.
-Ah, si… lo recuerdo bien.
-Se suponía que saldría con Axel. –continuó. –Pero al muy desgraciado se le ocurrió hacer una "cita a ciegas" para Xion y para mi, por lo que al final salí con ella para no ser mal educado.
-Qué considerado de tu parte. –comentó Alice con un dejo de amargura. –Ella es muy bonita.
-¿Tu crees? La verdad es que no me atrae. A penas la estoy conociendo.
-Ah, ¿en serio? Parecían muy buenos amigos, al menos lo que yo vi pude interpretarlo así.
Roxas prefirió callar. Le vio tan preocupada, nerviosa y angustiada, que decidió no seguir hablando del tema, pues era notoria su desaprobación. Llegaron juntos al salón y se sentaron en sus respectivos puestos. De ahí en adelante no volvieron a hablar.
De su mochila sacó el pentagrama en el cual estaba escribiendo sus melodías y lo abrió donde comenzaba la melodía de Charlie que había adaptado. No revisó la primera ni la segunda voz, pues ya estaban completas. Sólo tenía que definir algunas cosas en la melodía entera y estaría lista. Pero de pronto sintió una extraña desmotivación y molestia, y frunciendo el ceño cerró su pentagrama y volvió a guardarlo. No sabía qué le pasaba, pero estaba insatisfecho, a pesar de que ya estaba completamente terminada. Tendría que esperar a llegar a casa para poder comenzar a practicarla completamente y grabarla para unir las partes, pero el día recién estaba comenzando y faltaban muchas horas para poder salir de esas cuatro paredes.
El día se le hizo eterno. Clases inútiles, si después de todo entraría a un conservatorio, se dedicaría a la música y sería famoso sin haber aprobado la mayoría de los ramos escolares. ¿Reprobar? Jamás. Ahora que había vuelto a optar por la disciplina y el orden, además del estudio y la responsabilidad, no se podía dar el lujo de reprobar y olvidarse de las clases, pues eso también mostraba que era un chico consecuente que asumía verdaderas responsabilidades y las llevaba a cabo hasta el final. Eso también se demostraba en la música, aunque no de ese modo. Tenía que ser constante y responsable, creativo también y libre a la hora de crear, subjetivo, abierto. Pero debía regirse del orden impuesto por la sociedad, por los críticos, por el espectador.
Todo ese sermón se le venía a la cabeza. No podía echarse atrás. Sabía que más pronto que tarde los estudios y la dedicación a la música se transformarían en un gran peso, un estrés. Sin embargo debía seguir poniendo atención, creando y al mismo tiempo estudiando. Era agotador.
Salió del recinto con un fuerte dolor de cabeza y decidió partir de inmediato a su casa, sólo quería descansar. Alzó la mirada una vez estuvo afuera de su colegio y notó una figura conocida ahí al frente. Reconoció aquellos ojos azules y negro cabello, cuerpo menudo y frágil, mirada seria y labios amargos. ¿Qué quería de él? Pensó que con lo sucedido la vez pasada ya bastaba. ¿Por qué le buscaba tal princesa de hielo? Por un momento dejó de sentirse insignificante.
-¿Xion? –dijo a modo de pregunta para atraer su atención. Se suponía que no debía darle mucha importancia, sino incomodarla con interrogantes para que esto no se volviera una costumbre. -¿Qué haces aquí?
-Ah, yo… -respondió nerviosa. Era otra imagen que no había presenciado antes. ¿Tal hielo también dudaba? Los ojos de Xion miraban hacia cualquier lado, pero jamás se dirigieron al rostro del rubio. –Quería verte.
-¿Verme? –Roxas se sorprendió. Dio un paso hacia atrás asustado e incrédulo. Jamás se esperó algo como eso, menos viniendo de ella. ¿Verlo? ¿Para qué diablos? También se puso nervioso. Comenzó a jugar con los dedos de las manos, a moverlos descontroladamente, a mirar hacia los lados, a temblar la garganta, a temerle a su voz delatora en el momento de hablar.
-Si, es que ayer dijiste que tocabas música. Y me gustaría que me mostraras un poco lo que haces…
-Jamás esperé algo como esto. No suelen llegarme esas peticiones.
-Disculpa si es una molestia. Es sólo que tengo curiosidad.
-¿De qué? –Roxas olvidó su timidez y preguntó con rudeza.
-Sucede que la música que uso para patinar es muy repetitiva… -respondió algo cohibida. –Sé que estás comenzando en esto de la música, pero quizás podría ayudarte a elevar aún más tu carrera, si es que a eso quieres dedicarte.
-¿Es una propuesta de trabajo?
-Más o menos. Tú me muestras tu música, y si me gusta la utilizo en mis nuevas rutinas, las presentó a nivel mundial y hago de ti un músico reconocido.
Roxas meditó un momento la propuesta de Xion. Era una extraña, ¿cómo podía compartir algo tan valioso para él con alguien que a penas conocía? Fue toda una rudeza ir hacia él y plantearle un negocio como ese. Claro que él saldría beneficiado, pero su orgullo no le permitía compartir algo tan suyo con alguien más. Ni si quiera con Axel. ¿Por qué con ella entonces?
-¿Qué dices? –insistió Xion.
-¿Me darías tiempo para pensarlo? No es que te rechace la propuesta, es sólo que no acostumbro mostrar mi música a cualquier persona, además de que no tengo un esqueleto de todo. Recién estoy ensayando las distintas voces que podrían integrarse en las melodías iniciales, aún no sé si van o no, si suenan bien, si se acoplan, desentonan, y esas cosas más técnicas. Creo que cuando tenga algo más elaborado podría mostrártelo. ¿Te parece?
-No tengo problema es esperar. Sólo dejo abierta la idea. No pierdes nada.
-Lo sé…
-Bueno, adiós. –Xion le dio la espalda a Roxas y comenzó a caminar. Se mezcló con algunos estudiantes del colegio de Roxas y se perdió entre ellos.
¡Qué atrevida! Después de todo sigue siendo fría y mal educada. ¿Creerá que todo es un regalo? Sin embargo era otra gran oportunidad. Una bastante buena, pues mientras los cazas talentos que lo buscan se organizan para llamarlo a probar y quizás grabar, ella estaría haciéndole publicidad directa. Y en el medio aquel, la música instrumental y clásica es bastante cotizada. Para bailarinas también, cineastas, artistas en general. Podría hacer obras musicales, podría crear enormes sinfonías. Si, pensaba en grande, inmensamente grande. Y era posible. Ahora, una historia llevada a la música podría ser todo un desafío, pero también le impulsaría a crecer. Sus ojos brillaban con la idea, sus bellos corporales de erizaban con la idea, su cuerpo temblaba. Lo haría.
Domingo. Día de descanso, al fin.
Desde la propuesta de Xion, no la había vuelto a ver, menos hablar. Ya había tomado una decisión y estaba segurísimo de ella. Ahora, sólo tenía que contactarse con ella.
Buscó su teléfono celular, y en él el nombre de la niña. No la tenía registrada, tampoco un número desconocido que pudiese acercarse. Suspiró y se sentó en su cama decepcionado. No quería llamar a Axel para pedirle el número de Xion. No, que horror. ¿Qué pensaría él? No estaba interesado en ella, de seguro Axel pensaría eso. Pero si no lograba hablarle lo antes posible, quizás perdería la oportunidad.
Dejó caer su cuerpo hacia atrás y extendió los brazos. Miró hacia un lado y dejó que sus ojos penetraran dentro de su mochila que se encontraba abierta junto a él. Sin razón aparente metió la mano ahí y sacó el pentagrama. Lo abrió y revisó la melodía, haciendo que ésta sonara en su mente con todas sus voces complementarias. Entonces notó un pedazo de papel entre las hojas. ¿Cómo llegó eso ahí? Lo tomó y revisó. Luego sonrió aliviado.
