Eeeeeeeh! Volví :D! Ya se me hacía mucho tiempo que no escribía nada de ésto. De echo, éste capítulo lo comencé el mismo día que entré a la Universidad y ya llevo dos meses ahí y bueno, si, recién terminé (no me peguen! T_T)
Mucho estudio, muchas cosas que hacer. Ahora entre tener tiempo para estudiar, hacer trabajos, ver a los amigos que estan lejos, ver al sujeto que se proclama dueño de mi corazón, ver a la familia... UF! y encima escribir. Es demasiado, pero no imposible. Y aquí estoy con ganas de continuar, aunque no les prometo nada porque sé que también demoraré. Quizás no tanto como en éste capítulo, pues ya encontré un buen momento para escribir: clases de estadística xD Mientras la profe explica, yo escribo. Y si se acerca a mi computador a ver si estoy en internet, le digo que escribo lo que dice jio jio jio. Bah, no daré más lata si lo que quieren es leer el chap.
DISC: los personajes ya mega ultra archi conocidos no me pertenecen. Axel, Roxas y... eug, Xion, le pertenecen a Tetsuya Nomura y blah blah Kingdom Hearts y esas cosas.
Tampoco hay musiquita. La que usa Xion (ya veran en el principio) es la misma suya en Kingdom Hearts. Así que si gustan, la escuchan, sino, no.
A leer :D (vaya _ yo demoro meses en escribir y ustedes unos minutos en leer ._.)
Confesiones a Medias
Segundo intento. Esta vez sabía que si volvería a la pista.
Axel volvió al recinto donde practicaba el patinaje artístico sobre hielo. Una vez más se sintió como en casa. Entró como si nada hubiese pasado y caminó por los pasillos saludando a casa empleado y ejecutivo que por ahí transitaba. Se dirigió a los camarines, entró al que tenía el dibujo que simbolizaba un hombre, cerró la puerta por dentro y se sentó en una banca, dejando a un lado su bolso. Abrió el bolso y hurgueteó en él hasta sacar un pantalón de buzo y una polera apretada al cuerpo. Se quitó su ropa de diario y colocó, entonces, su equipo para entrenar. Ahora guardó la ropa que se había quitado, tomó sus patines y se levantó. Sacó el pestillo a la puerta y salió. Continuó por los pasillos del recinto, hasta enfrentar la gran puerta que lo separaba de la pista. La empujó y entró.
Observó todo a su alrededor. Miraba aquel lugar como si nunca hubiese estado ahí. Sentía un cosquilleo en el estómago y un fuerte impulso por lanzarse a la pista y probar su maestría en aquel arte. Cuando hubo divisado a su entrenador, se acercó a él y le saludó.
-Ahora si puedes, Axel. Bienvenido seas. –dijo el hombre y sonrió.
-Ya era hora. ¡Me estaba muriendo de aburrimiento! –respondió Axel con emoción.
-¿A mi no me saludas?
-Xion, no te había visto.
-Qué ingrato. De todas formas… bienvenido. –dijo la niña con una sonrisa en el rostro, tendiéndole la mano derecha. Axel respondió a su saludo y le sonrió.
-Bueno, Axel. Tienes que ir a calentar, pero tranquilo ¿si? Comienza por posturas básicas, por deslizarte en la pista. Luego subiremos el nivel y te mostraremos la coreografía que estoy preparando. Sin música esta vez para que la captes. –ordenó el entrenador.
Axel no aguantó más. Estaba esperando con ansias esas palabras y respondió a ellas inmediatamente. Se sentó en las graderías y se colocó sus patines. Se levantó inmediatamente y se lanzó a patinar.
El aire que rozaba su rostro al momento de patinar a gran velocidad era la mejor sensación que podía haber sentido después de tanto tiempo sin poder practicar. El sonido del hielo, las marcas que quedaban en él, los pantalones flotando. Eso era lo que realmente quería sentir. Parecía estar en el nirvana, un placer completamente embriagador. A su alrededor no sentía nada, sólo la inmensa alegría y libertad de estar flotando sobre el hielo.
Pasó un par de minutos recorriendo la pista en círculos en compañía de Xion. Luego calentó las piernas flectando las rodillas y patinando con el cuerpo a ras de suelo. Luego, giró, estabilizando su postura, regulando velocidad, acostumbrándose al mareo. Y, finalmente, lo más entretenido y difícil: el salto. Pero no podía esperar a lucirse. Era una estrella, lo sabía, y no podía limitarse a hacer un salto aburrido y sin mucha dificultad. Comenzó por un Axel simple, sólo un giro en el aire. De inmediato intentó uno doble, dos giros ahora y más dificultad. Un llamado de atención no le importó, continuó con los Axel Dobles, hasta que se sintió preparado para hacer uno triple. Y lo hizo.
-¿Estás loco? –Gritó Xion desde las graderías junto al entrenador. –Acabas de volver a patinar después de quizás cuánto tiempo y te lanzas a hacer cosas absurdas que, todo sabemos eres experto en eso, pero debes lucirte. ¿Eres idiota?
-¡No me trates de esa manera, niñita! –respondió el pelirrojo desde el otro extremo de la pista.
-¡Te grito! Después no puedo llevarme dos medallas de oro porque mi pareja en la competencia se cortó las piernas por irresponsable durante los entrenamientos.
-¿Eso es lo único que te importa en la vida?
-¿Tendría que importarme algo más?
Axel se contuvo. No supo que responder, y si se dejaba llevar, podría haber salido cualquier insulto absurdo que, de todas formas, habría ofendido a la niña. Así que retomó el aire, movió su cabeza para hacer tronar los huesos del cuello y patinó con desgano hasta donde se encontraba su entrenador con los brazos cruzados, un tanto decepcionado.
-En vista del retraso que hemos tenido por tu lesión, he tenido que hacer una coreografía simple y muy fácil para ustedes. No quiero más lesiones, menos durante el entrenamiento. Tampoco quiero riesgos ni busco mayor exaltación del público, pues de todas formas son los favoritos y los jueces buscan técnica y perfección, no un espectáculo. –dijo el entrenador con seriedad. Acercó un pizarrón que tenía apoyado en los asientos de las graderías y lo acomodó para que ambos patinadores lograsen ver el esquema. –Aquí –comenzó con la explicación. –están los movimientos básicos que realizarán. Sé, Axel, que quieres realizar giros y saltos únicos y escalofriantes, pero por esta vez no te lo permitiré. No quiero perjudicar a Xion.
-¿Es sólo por ella? –se molesto Axel.
-Lo siento, pero ella ha estado trabajado muy duro, y al parecer tu no le estás dando mucha importancia a esto del patinaje. Tómalo como un castigo.
Pasó una hora. Sólo explicación de las técnicas y la coreografía. Ninguno de los patinadores estaba muy fascinado con la idea, para nada motivados. Iban y venían algunos bostezos, comezón en la cabeza, estornudos, piernas dormidas, calambres. Axel se estiraba constantemente, mientras que Xion refregaba sus ojos azules por el sueño. Por suerte esa tortura ya estaba acabando, pero de todas formas debían continuar con el entrenamiento y a formar el esqueleto de la coreografía.
-Bueno, chicos. No quiero hacer la coreografía aún porque no he encontrado una música acorde a la idea que tengo para poder transmitirla bien, pero podemos ver sus coreografías individuales. –dudó. –Sólo Xion podría en este momento, no sé tú, Axel, si has estado pensando en tu coreografía o esperarás a que yo la haga.
-No, no te preocupes. Yo la haré, pero para ser sincero no he estado pensando en ello. Ahora que ya volví a entrenar podré concentrarme más. Necesito algo de práctica. –Contestó el pelirrojo. –Sin embargo, es mi coreografía y quiero desafíos. –añadió amenazante.
-No te lo recomendaría. Podrías ser más solidario con tu compañera, pero eso es tema e ustedes. Es tú coreografía, haz lo que quieras.
-Entonces, si nos dejamos de discutir, quisiera poder mostrarte lo que llevo para que puedas afinar mis detalles. –interrumpió Xion estirando sus brazos. Arregló su cabello y luego hizo tronar los huesos de sus dedos, muñecas, hombros, cuello y espalda. Se acercó a su mochila que estaba abandonada sobre un asiento y sacó de esta una caja de CD. Le entregó el CD al entrenador y añadió mientras entraba a la pista:- quiero probar con esta música. Creo que la coreografía se adapta bastante a la melodía.
-Adelante, Xion. Toda propuesta es bienvenida si es para que te sientas más cómoda.
El entrenador colocó el CD en la radio, ajustó el volumen y esperó a que Xion se posicionara en el centro de la pista. Le miró y esperó hasta que ella le diese una señal. La chica, en tanto, respiró profundamente y cerró los ojos esperando a que sonara la melodía. Esta comenzó suavemente, y con ella Xion en su delicado patinar.
-¿Y esa música? –preguntó Axel extrañado intentando llamar la atención. –Jamás la había escuchado, ¿De dónde la sacaste?
-No interrumpas mi coreografía. –reclamó Xion molesta. Detuvo su patinaje y volvió a posicionarse en el centro de la pista. Desde ahí miró al pelirrojo con el ceño fruncido. El entrenador volvió a colocar la música desde el principio, a lo que Xion respondió nuevamente con sus movimientos en la pista de hielo. –Es de Roxas. –dijo a Axel cuando se deslizó por el borde en el que éste se encontraba. Giró, hizo unos cuantos saltos, y cuando volvió a pasar junto a Axel añadió: -él la compuso.
Axel no entendía nada. ¿Él compuso esa melodía? Es hermosa… De a poco se convenció a si mismo. No lo dudaba, era suya, como si estuviese en ese mismo instante conversándole, transmitiendo algo. Sin embargo, la curiosidad seguía invadiéndole. ¿Curiosidad? ¿Cómo es que Xion tenía esa música, por qué se la dio a ella, cómo pudo hacerlo? Los celos le comían las entrañas, su cuerpo se tensaba, sus ojos se achicaban y el rechinar de sus dientes aumentaba hasta dolerle la mandíbula. Escondió sus dedos y formó un puño con las manos.
Cuando hubo acabado la música y la coreografía de la niña, Axel se acercó al entrenador, susurró algo al oído y salió de la pista, camino a los camarines.
-¿Por qué Axel se va? –preguntó Xion mientras tomaba asiento para descansar.
-No lo sé exactamente. Sólo dijo que tenía un compromiso. Ahora descansa unos minutos para afinar detalles en tu técnica. –dijo el entrenador colocando sus manos en los hombros de la niña. –A propósito, excelente melodía. Muy hermosa.
-Si… -respondió ella sin expresión alguna. Fijó sus ojos en el pasillo por el cual Axel caminaba a pasos firmes, y no desvió la mirada hasta que el pelirrojo hubo desaparecido.
La campana sonó, los jóvenes guardaron sus cuadernos y materiales en sus bolsos y salieron de los salones. Afuera aguardaba Axel desde su auto, un poco tapado para no llamar la atención de los estudiantes.
Comenzaron a salir del colegio jóvenes de distintas edades, algunos niños y adultos, pero en su mayoría adolescentes. El pelirrojo logró reconocer a los matones que acosaban a Roxas, pero no lo veía a él. Esperó largos minutos, hasta que el oleaje de niños y niñas hubo cesado. Entonces decidió entrar a buscarle directamente.
Caminó por los anchos pasillos del colegio mirando de reojo por los salones que tenían las puertas abiertas, pero no le encontró. Junto a él pasó Alice, sin embargo no la reconoció hasta después de que ella se hubo alejado bastante como para tener un tipo de contacto.
Ya no sabía a dónde ir. Si seguía su camino, lo más probable es que Roxas tomara el contrario y se fuera a su casa sin notar jamás que Axel estuvo ahí. Tampoco quería quedarse ahí parado toda la tarde, había una pequeña posibilidad de que, incluso, Roxas no haya ido a la escuela ese día. ¿Qué podía hacer para encontrarle? Llamarlo sería lo más lógico, pero quería que fuera una sorpresa, ya que para él si que lo era; no tenía idea de porque estaba ahí. Esos malditos impulsos que lo hacen cometer acciones injustificadas producto de sus emociones que, generalmente y para la mayoría, permanecen ocultas bajo esa cálida y tan acostumbrada sonrisa. Pero ya estaba ahí y no se iría con las manos vacías, sino que lo vería y conversaría con él sobre… Sobre nada en realidad, pues no podía comentarle sus celos a ese adolescente homofóbico. Pero aún, él usaba mallita y bailaba como afeminado –según Roxas-, y encima se estaba dando cuenta de que le comenzaba a gustar un hombre, niño mocoso, si, hombre al fin y al cabo, y no podía decirlo.
Y ya que no podía quedarse todo el día esperando en el mismo lugar, menos pensando estupideces, decidió salir resignado. Desmotivado por lo sucedido salió caminando lentamente por la puerta principal del recinto. Miró hacia afuera con la esperanza de verlo ahí, pero no, no estaba ahí. Ningún rastro de Roxas o de alguien que, al menos, se le pareciera físicamente, por último para moverle el piso y esperanzarlo un poquito. Pero no, nada, nadie. Luego miró hacia su auto. Fijó sus ojos en el asiento del conductor. Es… ahí hay alguien sentado, ¿sería Roxas? ¡Qué tonto pensar en ello primero cuando le podrían estar robando el vehículo! De todos modos corrió entusiasmado, casi dando brincos, a su encuentro. Y efectivamente estaba ahí el rubiecito, muy cómodamente sentado en el asiento del conductor de ese hermoso auto rojo.
-¿Se puede saber qué haces tú aquí? –preguntó Roxas intentando imitar una voz rasposa como la de los mafiosos italianos. Luego sonrió.
-Quería verte, chico. Hace tiempo que no conversamos, ¿sabes? Pensé que sería una buena idea venir a buscarte. –respondió Axel avergonzado.
-Alice me dijo que te vio en los pasillos, por eso salí a esperarte. Logré reconocer tu auto, es bastante llamativo.
-Por un momento pensé que no te encontraría.
-Y así hubiese sido si Alice no me lo comentara. Tengo tarea.
-Disculpa…- Axel bajó la mirada decepcionado. –Si lo deseas, puedo ir a dejarte a tu casa. Digo, para que no camines ni demores en hacer tus tareas.
-Ya me has retrasado bastante. –respondió Roxas cortante.
-Ah. –dijo casi sin aire. ¿Por qué de pronto le trataba así? ¿Era por Xion? ¿Saldría con ella y usaba la tarea como excusa?
-¿Pasa algo? –preguntó el Rubio preocupado.
-Es que fuiste muy…
-¡Que me estás retrasando! –interrumpió Roxas. Luego añadió. -¿Por qué no me sigues retrasando y me invitas un helado por ahí? –El rubio sonrió cálidamente, a lo que pronto Axel respondió de igual forma.
-Menos mal… pensé que me habías cambiado por… -Axel llevó sus manos a la boca y no siguió hablando.
Roxas no entendió el por qué de ese comentario, menos lo que significaba, por lo que prefirió ignorarlo aunque la curiosidad lo mataba y tan sólo quería preguntar: ¿Por quién?
-Hazte a un lado. Supongo que aún no conduces.
-¿Y si sé conducir? –preguntó Roxas desafiante.
-De todas formas te haces a un lado-. –dijo Axel entre risas. Se acomodó en su asiento, colocó su cinturón de seguridad y esperó a que Roxas hiciera lo mismo. Cuando estuvieron listos, el auto arrancó.
-¿Hacia dónde iremos? –Roxas quería asegurarse de conocer el lugar para no desentonar. Después de todo, estaba con uniforme escolar.
-Eso es un secreto que ni yo lo sé. –contestó el pelirrojo. –Veamos en el camino lo que haya. Quizás encontramos nuestro destino en la esquina. Quizás no. Que decida el destino.
-¿Cuál de los dos? ¿El tuyo o el mío?
-El nuestro…
Era ese sentimiento de nuevo. Ese de no saber qué, de dudar, de querer y no querer al mismo tiempo. Dos rostros: aquel mar profundo y frío, el cual estaba lleno de barcos hundidos. Un mar para descubrir y explorar. Y el otro, un muro de llamas vivas y ardientes que danzaban alrededor de un algo oscuro que, por muy peligroso que fuese desafiar las paredes danzantes que le protegían, sentía que valía la pena conocerlo. Y luego él en el centro, espectador, esperando a tomar un camino. Ambos muy peligrosos y a su vez emocionantes y llenos de secretos que conocer. Pero no había término medio, ningún puente en el centro que lo llevase a algo neutro. ¿Acaso debía elegir? Y si de eso se trataba, ¿entonces a cuál? ¿Hielo o fuego? ¿Frío o calor? ¿Dulce amargura o ácida pasión?
-¿Te entretienes mirando el paisaje? –dijo Axel sacando a Roxas de su trance. –No lo veo muy entretenido… llevamos aquí quince minutos varados- ¡Ya debes de haberlo visto todo!
-Sólo estoy repasando algunas cosas. –comentó Roxas algo aturdido.
-¡Al fin se mueven! El hecho de tener un auto tan genial como el mío debiera de darme el derecho de pasar por encima de todos…
-¿Qué?
-¡Estamos en una inmensa fila de autos! Atascados en un mar de vehículos y chatarras lentos y algunos peatones que gustan de cruzarse cuando uno va a avanzar para…
-Para ayudar al sujeto que está ahí tendido a unos metros más adelante. –interrumpió Roxas.
-¡Vaya! Un accidente. Qué lástima. ¿Puedes ver de quién se trata? Podría ser algún conocido. Nunca se sabe.
Roxas alzó la vista por sobre los vehículos que se encontraban adelante para poder captar con más detalle lo que allí sucedía. Axel le miraba para intentar encontrar en los ojos del rubio alguna respuesta, pero no aguantó más su silencio, por lo que se levantó en su asiento. Logró ver a un hombre. No muy mayor, pero tampoco un jovencito. Su cuerpo era robusto, pero no gordo, sino más bien ancho en contextura ósea. Sus ojos permanecían cerrados, sin embargo estaba conciente y sentí su dolor. Se notaba en sus constantes quejidos.
-Tú logras ver algo mejor que yo. –dijo Roxas de pronto.
-Si, porque estoy parado. ¡Pastel!, levántate y verás mejor. Quizás no eres lo suficientemente morboso, como yo… o quizás sí. –respondió Axel desafiante levantando las cejas.
Roxas hizo caso a lo que Axel le dijo y se levantó. Primero miró hacia los lados y reconoció determinadamente cada individuo ahí parado. Ninguna persona conocida o con alguna relación. Luego observó los autos de los policías y la ambulancia que recién había llegado. Finalmente dirigió la mirada al centro de todo, al sujeto ahí tirado.
-¿Charlie? –se preguntó Roxas en voz muy leve, dejando que Axel le oyera.
-¿Lo conoces? –preguntó Axel de inmediato, mirándole con preocupación. –Dime, ¿lo conoces?
-No lo sé…- dijo Roxas casi por inercia. Luego pensó: -se parece a Charlie, podría ser él, pero no logro divisarlo con perfección para asegurar que sí lo sea. Ha pasado un tiempo. Quizás cambió un poco, pero también podría tratarse de otra persona. Eso espero…
Como respuesta a su curiosidad, los autos comenzaron a avanzar lentamente. Axel se sentó y empujó el hombro derecho de Roxas hacia abajo, ordenándole que se sentara y abrochara con el cinturón de seguridad que se había quitado. Avanzaron con cuidado por un desvío que lograron hacer los policías ahí presentes, hasta que lentamente pasaron junto al hombre accidentado. Roxas miró por su lado del asiento con cierto gusto morboso, pero también algo asustado. Posó inevitablemente sus ojos en los del hombre, que los abrió de pronto. Notó en él un grito de auxilio y un lamento nefasto, ahogados por el dolor. Poco a poco esos ojos fueron perdiendo su brillo, y ahora no había más que un cadáver intentando ser llevado a un hospital sin esperanza alguna.
Los ojos azules de Roxas se cristalizaron. De a poco cayeron libremente gruesas gotas de lágrimas.
-¿Sucede algo, Roxas? –Axel le miró de reojo y notó que no estaba para nada bien. Se preocupó. Se preocupó tanto al no escuchar más que dificultades en su respirar, que decidió detenerse. -¡No pensé que fueses tan sensible! –posó su mano en el hombro de Roxas. –Tranquilo, ¿si? Son cosas que deben suceder en algún momento de la vida… y lamentablemente no se pueden evitar. Si lo deseas, llora. Con confianza.
Dicho esto, Roxas se echó a llorar como un bebé. Acto seguido –y sin poder resistirse-, Axel le abrazó con fuerza.
-Eres una hermosa persona, ¿lo sabes? –dijo Axel con ternura. Le abrazó con más fuerza.
Pasaron unos minutos de recogimiento. Roxas de pronto se soltó de los brazos de Axel y pasó sus manos por sobre sus ojos para secarse las lágrimas. Estaba rojo y completamente despeinado.
-Será mejor que te deje en casa. Fue una gran emoción la de hoy. Te habrá agotado bastante anímicamente.
-Estoy bien, Axel. Podemos seguir. Me debes un helado.
-No. –respondió con autoridad. –Te llevaré a casa y no se discute más el tema.
El pelirrojo encenció su vehículo y se introdujo en las calles. Se devió por unas avenidas para no volver a pasar por el accidente y luego retomaron el camino a casa de Roxas. Llegaron después de unos treinta minutos. No habían conversado nada durante el camino y parecía que ni un Adiós se dirían. ¿Estaría con algo de recentimiento? Pensó Axel. No se miraron ni tocaron. Lo único que se escuchaba era el motor del Alfa Romeo. Roxas bajó del auto con calma, simepre evitando cruzar sus ojos con los de Axel.
-Adiós. –dijo Axel al ver que Roxas comenzaba a caminar hacia su casa.
-Adiós…-respondió el rubio sin mierarle.
-Te llamo en la semana. –añadió Axel.
Roxas no respondió. Abrió la puerta y entró a su casa. Cerró la puerta sin mirar a Axel, subió las escaleras y fue hacia su habitación. Se asomó por la ventana para serciorarse de que Axel ya no estuviera ahí, pero al correr la cortina con toda confianza notó que éste estaba parado junto al vehículo mirándole con tristeza.
¿Qué sucedía? ¿Por qué actuó de esa forma? No sólo Axel, sino que él también. ¿Por qué no hablaron? ¿Acaso su negación al salir fue un rechazo? La verdad es que no estaba enojad,o, tampoco triste. Sólo quedó un poco shockeado con lo visto anteriormente y por eso no deseoó hablar, pues era lo único en lo que pensaba. ¿Por qué Axel tampoco dijo nada? Podría haber comentado algo, al menos. Podría haberle hablado de su pierna y cómo se sentía, de qué estaba haciendo, de si había vuelto a hacer su deporte, fútbol parece que era. ¿Qué sucedía? ¿Por qué no se iba? Axel seguía ahí esperando algo. ¿Qué le iba a decir? Por una extraña razón no se atrevía a decirle nada. Sólo le sonrió –con mucho esfuerzo- y agitó la mano derecha. Se alejó de la ventana y volvió a correr la cortina para que la luz del sol no entrara en la mañana.
Día Viernes, último día de clases en la semana y por fín tendría un tiempo para descansar. ¿Era esto posible? Pareciera que justo después de un buen momento, debía sufrir algún momento incómodo que le hiciera bajar todo su nivel de felucidad. Como si el destino estuviera enojado con él y quisiera hacerle sufrir. Y si, se sentía mal. Bastante mal. No tenía ganas de ir a la escuela, y de echo no fue. Se quedó en casa descansando, luego diría que se enfermó o algo por el estilo. Su madre que estaba en casa le dejó quedarse y le respaldaría –por esta vez- cuando le pregunten en la escuela porqué faltó.
-¿Te sientes bien, Roxas? –preguntó la madre cuando el rubio bajó a desayunar. –Te dejé dormir porque te vi con una expresión bastante triste. ¿Qué hiciste ayer que llegaste tan tarde?
-Salí con Axel. –respondió Roxas junto a un bostezo.
-¿Pelearon? –volvió a interrogar la mujer con preocupación.
-Para nada… es que salimos y pasamos junto a un accidente.
-¿Fue muy terrible?
-Vi cuando al tipo se le opacaron los ojos. O sea, lo vi morir. –respondió sin mayor importancia.
-Qué lástima, hijo. -¿Quedaste en estado de shock?
-Si. Y no me siento muy bien. Quiero descansar, he estado con mucho estrés.
-Está bien, lo entiendo. No te molestaré.
-Gracias, mamá.
-¿Se trataba de algún conocido? –preguntó ella de pronto. Miró a Roxas a los ojos.
-No lo sé, pero se parecía a Charlie. –volvió a responder sin importancia.
-Pero…-ella se sorprendió. –Hacía mucho que no lo nombrabas. ¿Me vas a contar alguna vez qué fue lo que pasó?
-No lo sé, no me gusta hablar de ello. –Se levantó y dejó la taza que usó y un plato sucio con mermelada en la lava vagilla.
Luego de desayunar, Roxas volvió a su habitación y se acostó en su cama. Dejó la puerta abierta, no tenía nada que esconder. Miró al techo con las cejas arqueadas hacia arriba, parecía un poco triste. La verdad es que si le importaba. Lo que vio influía bastante en su estado de ánimo actual. Y, como ya era bastante común, su gran factor era Charlie. ¿Por qué no podía olvidarlo? Y otra cosa que surgió en su cabeza: ¿Por qué volvió a aparecer este fantasma traumático en su vida al mismo tiempo que conoció a Axel? ¿Tenía algo que ver directamente con eso? Podría ser por un sentimiento de amor, algo por el estilo, quizás. ¿Sería Axel un ídolo, así como lo fue Charlie? Pero es bastante distinto, pues Axel no hace nada como para querer ser como él. ¿Será esa sonrisa tan amable que suele tener todo el día, todos los días? Y de vuelta a la confusión anterior. ¿Qué es lo que le mantiene junto a Axel, esa extraña atracción ideológica y un tanto amorosa, como de posesión sobre su corazón y mente? Y, por más que fuese inconciente, sucedía exactamente aquello. Lo negaba, si. Pero sabía que algo le producía al pelirrojo, sin embargo no entenía qué, aún.
Revisó su pentagrama. Todos los días lo hacía para buscar algún error en su música, pero ya era tanto, que no tenía nada más que hacer. Debía crear una nueva pieza, pero no sentía la inspiración para ello. Quería hacerlo. Quería hacer una pieza tan hermosa y tan significativa, que la audiencia entera se sintiera conmovida y con un fuerte impulso de llorar. Pero qué y cómo. Dejó a un lado el pentagrama y buscó su celular que estaba sobre su escritorio. Vio la hora. Eran las 12 del medio día. Tenía un mensaje de Alice preguntando dónde estaba y si se encontraba bien. Respondió que se sentía mal y no iría a clases, se verían el lunes de la semana siguiente. Buscó si tenía alguna otra cosa, pero no había nada más. De aburrimiento vio los contactos que tenía, el primero era Axel. Lo ignoró y continuó. El último era Xion. Marcó. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, cortó de inmediato antes de que ella le contestara. Pasaría desapercibido, pronto olvidaría lo ocurrido. Entonces el celular comenzó a sonar. Roxas saltó del susto y se puso nervioso al pensar que era Xion quien devolvía la llamada, pero sólo era un mensaje de Alice con una cara sonriente y un "que te mejores". Suspiró aliviado. ¿Por qué tanto nervio, Roxas? Dejó su celular donde estaba y volvió a mirar hacia el techo. El aparato volvió a sonar; ahora si era Xion. Roxas sostuvo un momento el celular en sus manos, pensando en responderle. Temblaba, no sabía por qué.
-Perdona Xion, te llamé sin querer. –dijo Roxas al contestar, antes de que la niña pudiese decir algo.
-Descuida, de todas formas iba a llamarte. –respondió ella. -¿No deberías estar en clases?
-No fui. Me sentía mal.
-¿Y ahora estás bien?
-Si, eso creo. ¿Por qué?
-¿Puedo ir a tu casa? –preguntó ella con un tono dulce, se escuchaba algo nerviosa.
-Pues… -Roxas abrió los ojos de par en par. Su corazón comenzó a latir con fuerza. ¿Qué debía decirle? –Claro, ven. No hay problema. –Respondió al fin.
-Axel me dio tu dirección y estoy en el gimnasio, queda más o menos cerca. Estaré pronto ahí.
-Está bien, nos vemos entonces. –cortó.
¿Xion en su casa? ¿Y para qué diablos querría venir? Se quedó un momento pensando en su cama, luego se levantó sobresaltado. Abrió las puertas de su closet desesperado, sacó las primeras prendas que encontró. Buscó en sus cajones un calzoncillo y un par de calcetines. Cerró la puerta de su habitación y se vistió apresuradamente. Mientras corría al baño avsió a su mamá con un grito que vendrían a verle. Ella preguntó quien, pero Roxas no respondió, estaba peinándose y lavándose la cara. Volvió a su pieza con apuro, hizo su cama, abrió la ventana para ventilar la habitación y ordenó los cuadernos que estaban en el suelo, corrió su teclado y pasó la polera de su pijama sobre su escritorio a modo de paño para quitar el polvo. Buscó su perfume y se echó en el cuello. Habían pasado trece minutos en todo ese ajetreo, aún no debía llegar. Se sentó en su cama para tomar un respiro. De vez en cuando se asomaba por la ventana para ver si Xion llegaba, pero aún no se asomaba. Pasaron otros diez minutos, y volvió a asomarse. Esta vez notó una cabeza oscura, un cuerpo pequeño y menudo, un suave caminar y una fría presencia; era ella. Volvió a sentarse en su cama, ahora para respirar e intentar calmar su corazón que no dejaba de latir con mucha fuerza. En tan poco rato había sentido un sin número de emociones, pero nunca había estado más agitado como en éste momento.
Sonó el timbre, Roxas abrió aun más los ojos. Su madre le llamó y el respondió. Cuando al fin se levantó para ir a recibir a Xion, ella ya estaba junto a la puerta de su habitación.
-Ah, Xion. ¿Qué haces aquí? –preguntó Roxas sobresaltado al verla.
-Hace unos minutos te dije que vendría…
-Si, lo sé, disculpa. Me refería a por qué no me esperaste abajo. –añadió más calmado.
-Tu mamá me dejó pasar. ¿Está mal?
-No, no. Adelante, entra. –Roxas se hizo a un lado y dejó que Xion pasara a su habitación. Le ofreció la silla de su escritorio y esperó a que se sentara. Luego se dirigió a la cama y se sentó en el borde. -¿Cómo te fue con la melodía?
-Muy bien, gracias. De echo, quería hablar contigo de eso. –respondió la niña. –Hoy la probé con coreografía y queda perfecta. El tiempo requerido está bien, la melodía en sí es hermosa y conmovedora y se ajusta mucho a la caracterización que queríamos hacer con el entrenador.
-Entonces… ¿no tienes ningún problema?
-¡Para nada! Vine a darte las gracias. –ella sonrió dulcemente.
-Ah, pues de nada. –dijo en seguida Roxas con el rostro completamente sonrojado.
-Sin embargo… -Xion desvió la mirada hacia un lado algo triste. –Al parecer a Axel le ha molestado.
-¿Qué tiene que ver el con eso? –Roxas estaba confundido.
-Fue al gimnasio ayer y estuvo unos minutos a penas. Cuando escuchó mi melodía pareció molestarle un poco y sin decir nada se fue. Tampoco he hablado con él desde entonces. –Xion recordó entonces que Roxas no sabe nada con respecto a que Axel también practica Patinaje Artístico. Mejor cuida sus palabras antes de decir alguna cosa que pudiese arruinar la relación de amistad de ellos, y de pasada también la de ella con el rubio y el pelirrojo. –Pero descuida, será por otra cosa.
-Qué lástima, Xion. No pensé que se molestaría por algo así. –Dijo el rubio reflexivo. Inclinó un poco la cabeza hacia abajo y dejo la mirada fija en un punto en el suelo. –Recuerdo que estaba muy entusiasmado cuando le conté que me gustaba la música. Le prometí que sería el primero que escuchara lo que hacía, y no cumplí… Quizás es por eso que Axel está tan molesto. No es culpa tuya, descuida. ¿Quieres que hable con él? –levantó la cabeza y miró hacia los profundos ojos azules de la niña.
-¡No! Jamás hagas eso. Se enojará más si se entera que te comenté esto. –ella se puso nerviosa.
-Pero de todas formas le debo una disculpa.
-Está bien, Roxas. Haz lo que estimes conveniente, pero intenta no armar un lío. Axel es demasiado sensible, a pesar de que oculta todo con esa sonrisa suya.
Pasaron unos minutos más y Xion dio señal de que debía irse. Se levantó de la silla y se acercó a Roxas, se sentó junto a él en la cama y le sonrió.
-Gracias, nuevamente, por todo. Creo que, a pesar de estar haciendo un favor para ti y tu carrera, me gustaría seguir usando tus melodías. Son hermosas y llenas de sentimiento.
-Vaya, gracias a ti entonces. –Sonrió.
Mientras Roxas sonreía, Xion se le acercó y con sus fríos y pálidos labios le besó en la mejilla, casi al borde de los labios del rubio producto de su repentino movimiento para verla a ella. Roxas abrió los ojos sorprendido, su rostro se sonrojó, sus manos comenzaron a temblar, su corazón a palpitar y su respiración a agitar. Ella arqueó las cejas hacia arriba mostrando preocupación. No había sucedido nada, de echo sólo fue un beso en la mejilla, pero de todas formas la niña se llevó las manos a la boca, se levantó y salió apresurada de la pieza de Roxas, diciendo un nervioso Adiós mientras bajaba las escaleras. Desde arriba, Roxas escuchó el momento en que ella cerraba la puerta de la entrada. De inmediato se asomó por la ventana y la vio corriendo, aún con las manos en la boca.
¡Vaya sorpresa! ¿Qué sucedía aquí? Primero uno intenta robarle un beso y ahora esta otra se le abalanza inocentemente para robarle otro. ¿Quién sería el dueño de sus labios? Sintió el impulso de llamarla, pero prefirió dejar las cosas como estaba, sino podría mal interpretarse todo y llegar, quizás, a una situación que él aún no quería vivir. Pero de todas formas fue toda una sorpresa.
De pronto se asomó la madre de Roxas por la puerta. Miró hacia adentro de la habitación, luego hacia las escaleras, y de nuevo a la habitación.
-¿Qué le hiciste a la pobre?
-¡Nada, mamá! –dijo Roxas exaltado. Se levantó y se quedó inmóvil mirando a su madre.
-Estás colorado. ¿Te sientes bien? –la madre entró a la habitación del rubio y se acercó a él. Colocó la palma de su mano derecha sobre la frente del niño y la mano izquierda sobre su frente. Comparó temperaturas y empujó a Roxas a la cama. –Estás ardiendo, hijo. ¿Por qué no te recuestas y descansas un poco?
-Mamá, estoy bien. –Roxas se levantó con dificultad, parecía borracho. –Ve a hacer tus cosas.
-¿Qué quería ella?
-Agradecerme por unas cosas que le presté.
-¿Cómo la conociste?
-Es amiga de Axel… ¿por qué tantas preguntas?
-Pero… bah, no te diré nada. Te dejo solo. –salió de la habitación.
¡Qué vergüenza! Ahora tenía otro motivo para estar así de colorado. Menos mal no se le ocurrió tirar un comentario con respecto a Xion. Quizás se hizo la tonta y prefirió guardarse sus burlas, de todas formas se le agradece.
El día viernes no fue nada muy especial, además de lo que sucedió con Xion. Después de eso, fue un día normal, más aburrido que divertido, de poca lectura y poca música.
Ahora Sábado, por fin días de descanso reales para Roxas. Su ánimo ya estaba bastante mejor. Luego de la visita de Xion, todos esos recuerdos del accidente habían desaparecido. Ese beso era lo que ahora le invadía la cabeza y el corazón en su totalidad. Y aunque no haya significado absolutamente nada, le producía un intenso aleteo de mariposas en el estómago.
No quería levantarse. No había caso, hoy era el día especial para quedarse en cama y hacer absolutamente nada. Volvió a cerrar los ojos, aunque no tuviese nada de sueño. Los rayos del sol entraban por el pequeño espacio que había entre cortina y cortina. En su cabeza una imagen nítida: un dulce cosquilleo en su mejilla, calor en su rostro y el esbozo de una sonrisa oculta que jamás se mostró. Luego una melodía: tranquila, fría y dulce a la vez. Ese beso fue hermoso y fugaz. Esos labios fríos debieron notar el calor en el rostro de Roxas, pero disimularon muy bien su asombro. Al parecer quería verle.
De pronto su celular sonó. Vio la hora: las trece horas con dos minutos. El nombre de quien llamaba: Axel. Dudó, se quejó y estiró en la cama y luego contestó.
-Flojo, te apuesto a que estás acostado en tu cama y recién te percatas de la hora que es antes de contestar mi llamada. –dijo Axel. -¿Cómo estás, chico? –su voz parecía la de siempre, no sonaba forzada. Quizás ya había olvidado lo que pasó el jueves, o puede que no le haya importado. Se escuchaba alegre.
-Haz acertado. –respondió Roxas entre risas. –Estoy bien, ¿Qué tal tú?
-No me quejo.
-¿Quieres hacer algo hoy? Me debes un helado.
-Para eso te llamaba. ¿Quieres venir a mi casa? Tengo mucha comida en mi refrigerador y pensaba cocinar algo especial.
-¿Para almorzar?
-Si. Aún no comienzo a cocinar, quería saber tu respuesta primero.
-De acuerdo, voy para allá entonces. Me arreglo y salgo de inmediato. Estaré ahí en unos treinta minutos aproximadamente.
-Okay, nos vemos. Hasta entonces y… ¡apúrate!
Luego de cortar, Roxas se levantó de inmediato. Esta vez no desayunó, pues ya era hora de almorzar. Moría de hambre, si, pero no comería. No demoró en vestir ni en ordenarse el cabello. Estiró las sábanas y frazadas de su cama y corrió las cortinas para que el sol entrara de lleno en su habitación. Bajó las escaleras y avisó a su madre que saldría. La besó en la frente y chocó las palmas con su padre. Buscó su patineta en la entrada y salió de la casa sobre ella, camino al departamento de Axel.
Llegó, tal como lo había dicho, en aproximadamente treinta minutos. Le quedaba algo lejos y tampoco tenía un vehículo mejor. Había pensado en bicicleta, pero no sabía donde dejarla. Era mejor la patineta. Además, no la había usado hace ya un tiempo.
Se anunció con el recepcionista y esperó la respuesta del pelirrojo para poder subir. Cuando lo dejaron pasar, esperó el elevador. Subió en éste y marcó el piso de Axel. Ya al llegar, notó que la puerta de la casa de Axel estaba abierta, por lo que entró. Algo tímido e indeciso, pero entró.
-¿Axel? –preguntó luego de cerrar la puerta y dejar su patineta a un lado en la entrada.
-¡Pasa, estoy en la cocina! –dijo Axel desde adentro.
Roxas se asomó ahora con más confianza. Recordó ka vez que el pelirrojo se le abalanzó con el sillón. Ahora se veía todo muy distinto, muy iluminado. Se acercó aún más, hasta ver la cocina que era abierta. Ahí estaba Axel con su sombrerito de chef y un delantal negro de cocina. Cogió éste una cuchara y levantó la tapa de una olla grande que tenía en el fuego. Sumergió la cuchara en su contenido y de ahí sacó un líquido medio amarillento. Se llevó la cuchara a la boca y bebió del líquido. Luego tapó la olla.
-¿Está rico? –preguntó Roxas con una sonrisa.
-¡Demasiado! –respondió Axel. Se dirigió al horno y lo abrió. Revisó una bandeja que había ahí dentro y luego volvió a cerrar el horno. Miró a Roxas y sonrió. -¿Tienes hambre?
-¡Mucha! No desayuné esta mañana.
-¿Mañana? ¡Si te despertaste en la tarde!
-Soy un adolescente, debo dormir mucho.
-Yo también lo soy y no duermo tanto. –dijo Axel para molestar al rubio, quien rió enseguida. –Siéntate, ya serviré el primer plato.
-¿No quieres que te ayude?
-Eres mi invitado. Ve a sentarte, que yo le serviré, amo.
-Está bien, sirviente. –Roxas hizo un gesto con la mano y luego se sentó en uno de los puestos de la mesa. Miró a Axel desde ahí que vertía en unos platos hondos un líquido caliente, el mismo del cual había probado un poco cuando llegó.
Axel se acercó con los platos. Sirvió a Roxas y luego colocó el suyo en su puesto. Volvió a la cocina, apagó el fuego donde estaba la hoya y bajó la intensidad del horno. Entonces volvió a sentarse junto a Roxas. Comenzaron a comer. La sopa que había preparado Axel estaba deliciosa. El rubio no sabía cómo describir esos sabores que sentía jugando en su paladar, pero sí estaba seguro de que estaba riquísima.
Conversaron trivialidades. Qué hicieron ayer, algunas cosas con respecto a la escuela, tema de noticias o política. Nunca tomaron el tema del accidente, aunque eso ya había pasado. Axel siguió sacando aún más comida. Lo que había en el horno eran unas deliciosas machas a la parmesana, las cuales Roxas devoró y disfrutó como nunca antes.
Ya cuando Axel estaba sirviendo lo último, el postre, Roxas comentó que Xion había estado en su casa el día de ayer. A Axel eso le apretó el corazón.
-¿A sí? ¿Y qué hicieron? –preguntó forzadamente. Por suerte le estada dando la espalda al rubio, así no le vería el rostro desfigurado por la amargura que sentía.
-No mucho. Sólo fue a darme las gracias por algo.
-¿Qué?
-Lo siento Axel. Se suponía que te mostraría mi música a ti primero, pero la vez que me hiciste salir con ella me puse a escribir unas cosas y le llamó la atención. Me pidió escuchar algo de mi música y ahora me está ayudando a promocionarla, usándola en sus coreografías de patinaje.
-Si, lo sé. Me di cuenta. Es decir, me lo contó.
-¿No estuviste ahí? –preguntó Roxas extrañado.
-O sea, si, estuve ahí con ella. –respondió algo alterado. ¿Esa niña ya había abierto la bocota? –La acompañé para verla practicar, pero estaba apurado y tuve que salir.
-¿No fue porque te molestó que le haya pasado mi música?
-No. –respondió el pelirrojo cortantemente.
-¿Seguro? –insistió el rubio.
-No… -dijo Axel en un suspiro. –La verdad es que sí me molestó un poco.
-¿Hay algo que deba saber?
-Es sólo que no sé si haya estado bien que te presentara a Xion... No sé si me entiendes. Ustedes dos últimamente están muy amigos.
-Demonios, Axel. ¿Para qué haces cosas de las que después te arrepientes? –dijo Roxas molesto. –Si no querías que nos conociéramos y nos hiciéramos amigos, ¿para qué me haces ir a una cita con ella? Eres terrible.
-¡No lo sé, entiende! Pensé que podrían ser amigos, pero no que llegasen a algo más…
-¿Algo más? –Roxas se indignó. -¿Algo más como qué? ¿Novios dices tú? Y si eso llegase a pasar, ¿tengo que alejarme de ti para que tus celos no entorpezcan todo? Si la quieres dímelo. No me gusta, es sólo una amiga. Si, quizás pueda hacerme sentir algunas cosas extrañas, pero es normal a mi edad, especialmente si nunca he tenido novia. Que una niña coquetee es…
-¿Te coquetea? Bah, ya no quiero hablar más del tema.
-No entiendo por qué reaccionas de esa forma. Asume las consecuencias. Por mí parte, al menos, te aseguro que no me gusta.
-De todas formas me molesta.
-¿Podrías decirme qué te molesta entonces?
-Saber que se comparten cosas… Yo… quería ser el primero. –dijo entonces el pelirrojo con la cabeza gacha. Siempre se mantuvo dándole la espalda al rubio, pero ahora se volteó y le miró a los ojos.
Roxas se sorprendió al ver el rostro de Axel. ¿Tan enamorado estaba de Xion para sentirse de esa forma? ¿Primero en qué?
-Perdona, Axel. Será mejor que me vaya. Estaba muy rico. Cuando te sientas mejor y ordenes tus pensamientos, entonces hablamos. –Roxas se levantó y se dirigió a la puerta.
-¡No, espera! –gritó Axel desde la cocina. –Falta tu helado…
Roxas titubeó. Se quedó a mitad de camino con la mirada fija en el suelo. Respiró hondo y se volteó. Añadió: -me quedaré, sólo si no hablamos más del tema. Una mujer no puede arruinar nuestra amistad. ¿Si?
Axel sonrió. Llevó dos copas de helado con crema y salsa de caramelo y chocolate a la mesa. Esperó a que Roxas se sentara, para luego él colocarse a su lado. ¿Podría decirle alguna vez lo que sentía?
No me había dado cuenta hasta ahora que es un capítulo muy largo en comparación a los otros. Incluso, menos mal se me ocurrió terminar ahí, sino tendría capítulo 10 y 12 porque éste se habría comido el 11 por completo xD Así que espero tenerlo pronto listo, ya que van muy de la mano este capítulo con el que se viene.
Saludines :) y gracias por los reviews de los más fieles que me suben el ánimo cuando no quiero escribir :)
