Lo que todos estaban esperando *redoble de tambores* el capítulo 11 :D

A ver... muchas cosas: Denle las gracias a un video que me motivó mucho a seguir escribiendo. Agréguesele a eso una pequeña conversación que tuve con el realizador de ésto. Volvió la inspiración gracias a eso. Por otro lado... había escrito un pequeño drabble, con lo que pensé que si podía hacer eso, ¿por qué no continuar con freezing? Pues aquí está :D

DISC: Los personajes que aparecen en éste fic no me pertenecen. Propiedad de Kingdom Hearts, Square Enix y cositas choras.

Un posdata para TODOS: ¿Por qué odian tanto a Xion? ¡Ella no tiene ninguna culpa! Me hacen mucha gracia los comentarios que escriben algunos despreciando completamente a la pobre niña. Espero que las cosas mejoren con ella en este capítulos, pues a partir de ahora, ella debería ser la confidente.

Por último... un FAVOR ENORME! voten por éste video "Sigues Aquí" .com/creativeinvites/preview/190?referral=fb_wall_vote_link&refId=16

Véanlo, es hermoso :)


Name's Xion, I guess i know what's happening…

-¿Qué le dijiste? –preguntó Xion indignaa.

-Nada. De hecho, fue él quien sacó el tema. –respondió Axel sorprendido por la actitud de la niña. –Sólo le pregunté qué sentía, o cuáles eran sus intenciones. Pero nada más. ¿Por qué?

-Es cortante. Casi ni me habla, mas que para sus fines profesionales y musicales. ¿Te dijo algo?

-No puedo decirte eso, es secreto. Pero no, Xion. No me dijo nada malo. No deberías preocuparte tanto por ello.

-¡Axel, no entiendes! –dijo ofuscada. Se había acalorado con la discusión.

-¿Te gusta? ¿Es eso, Xion? ¿Te gusta Roxas? –preguntó ahora Axel tomando los brazos de la niña e inclinando su cabeza para ver a Xion a los ojos directamente.

-¡Si, Axel! ¿Por qué tienes que entrometerte? –respondió avergonzada.

-¿Entrometerme, yo? ¿No será al revés?

-No te entiendo.

-No me gusta que te acerques tanto a Roxas. Quiero a mi amigo… y a mi amiga también.

-¿Estás celoso? Para qué nos juntaste si no querías que me alejara.

-Yo no he dicho eso. –Axel estaba desesperado. No podía seguir hablando, o se sabría absolutamente todo. No podía permitirlo. –Ya no importa. –Se enderezó y miró a la niña desde lo alto. –Si Roxas se puso así, entonces no es problema tuyo, sino de él. Si tiene que ver contigo, eso no lo dé. Puede que haya reflexionado algo de la vez que nos juntamos, pero yo no dije absolutamente nada que pudiese conducirlo a una sospecha. Sabes que no va conmigo. Además, no tengo interés en estar en medio de problemillas como éstos.

-Te voy a creer. –Dijo ella con resignación. –Pero si dice algo con respecto a ti… ¡Te golpearé! –añadió con las manos empuñadas y los ojos cerrados.

Axel se acercó a Xion, y con ternura acarició su cabeza y la abrazó.

Estaba colapsado. Colegio, música, grabaciones en casa, su posible debut, la familia, los amigos, nuevamente el colegio. En una sola semana se le habían juntado demasiadas cosas. Tantas y tan importantes cada una, que era difícil estableces alguna jerarquía, por último, para ordenarse. Su cuerpo pedía a gritos un descanso, no quería responder a nada más, ni un solo movimiento de dedos en el teclado.

De pronto su celular comenzó a sonar. Estaba histérico; explotó completamente con aquella llamada tan repentina. Buscó el aparato en su cama, revisó quien llamaba y vaciló. Fue tanto lo que dudó, que la llamada se perdió. Era Xion. ¿Qué quería ahora? Ni idea. No la había visto hace una semana, y era muy poco lo que habían hablado durante ese tiempo. No deseaba interrumpir su hora de estudio, por lo que decidió no devolver la llamada. Y bueno, ella tampoco volvió a intentarlo. ¿Estaría molesta? Si, es cierto, su humor era fatal, pero al parecer le había respondido –las pocas veces que lo hizo- de una manera muy cortante. Quizás debía remediarlo… ¡pero ni para eso tenía tiempo!

Pasó una hora, poco había avanzado. Debía salir e ir a hablar con William Smith de BritMusic Studio y, quizás, comenzar a grabar lo que sería su primer álbum.

Dejó sobre su cama todos sus materiales esparcidos, tomó un bolso que tenía junto a la puerta, y salió rápidamente de su habitación. Bajó las escaleras, sacó su chaqueta que estaba en el perchero de la entrada y se la colocó. Salió de su casa, tomó su bicicleta que estaba en el patio trasero y se fue con ella pedaleando calmadamente. Fue repasando en su cabeza cada cosa necesaria para asistir a la reunión: pentagrama, grabaciones, uñeta para guitarra. Estaba todo lo necesario, entonces comenzó a repasar melodías, o al menos las que comenzaría a trabajar profesionalmente.

Cuando llegó, dejó su bicicleta amarrada a un poste cercano al edificio. Entró a ese apoteósico lugar que, para ser una disquera, parecía más bien una oficina. Se acercó al mesón de recepción que se encontraba al centro del hall central, y preguntó por el Señor Smith. La mujer que le atendió le entregó un trozo de papel pequeño con el piso y el número de la oficina donde le atendería.

-Gracias. –Dijo Roxas al recibir el papel. Sonrió a la mujer que respondió de igual forma y se dirigió a los ascensores que se encontraban a su derecha.

Subió al quinto piso. Se encontró con un largo pasillo con numerosas puertas. A ambos lados, las puertas iniciales eran 50 y 51. Debía llegar al 59, según parece, las puertas impares que se encuentran a la izquierda.

Cuando se encontró frente a la puerta de Smith, respiró profundamente y la tocó con suavidad para anunciarse. Esperó unos segundos, hasta que el anciano le abrió la puerta y le permitió entrar a su oficina. Saludó a Roxas con una sonrisa.

-Bienvenido, Roxas. –dijo Smith dirigiéndose a una silla detrás del inmenso escritorio de vidrio que se encontraba en una esquina de la enorme habitación. –Toma asiento. –añadió luego de sentarse, apuntando amablemente hacia una silla que se encontraba en frente de él.

Roxas se acercó y tomó asiento donde William le había indicado. Luego le miró.

-Muy bien, Roas. ¿Nunca habías estado en un lugar como éste?

-No señor. –respondió el rubio con timidez.

-Esto es muy simple. Es todo un negocio, debes saberlo. –pensó en silencio, luego continuó: -tu talento es único, poco visto a lo largo de la historia, ¡un genio! Sucede que me gustaría mucho ayudarte, debes ser reconocido a nivel mundial. Nos conviene como compañía, y a ti como artista. Pero no tienes sustento. Es decir, si alguna vez fuiste instruido, no fueron clases para un profesional como tú. Eso es muy importante, pues ahora es un poquitín más fácil ingresar a un conservatorio, donde debes ser reconocido ahí en primera instancia. Por ende, como presidente de esta enorme compañía, quiero que comiences tus estudios como corresponde, pagado por nosotros. Es una inversión.

-¿Y qué hay de la escuela? –preguntó Roxas atónito.

-Tendrás que dejarla.

-¡Pero me falta menos de un año para acabar!

-Ya lo hablé con tus padres. La decisión es tuya, pero te lo recomiendo, pues no queremos esperar. Mientras antes la inversión, mejores las ganancias. Aprovecha la oportunidad que te estamos ofreciendo.

No sabía qué decir. ¿Estarían realmente de acuerdo sus padres con esta oferta? Ellos ya estaban informados, ¿pero querrían realmente esto? Después de todo, era su decisión. ¿Y si ellos realmente no lo querían? Entonces se sentiría muy mal… Se trata de tu futuro, Roxas. Quizás haya otras salidas para dejar la escuela y lograr graduarse. No podía creerlo, últimamente había tenido demasiadas crisis existenciales, como ahora.

-De acuerdo. Dejaré la escuela. –Respondió finalmente el rubio.

-¡Muy Bien! –dijo Smith riendo. –Enviaré todos tus papeles al conservatorio, un sobre a tu casa con los documentos pertinentes para tu matrícula, y avisaremos a tu escuela sobre tu retiro. ¡Vas a triunfar, chico! ¡Serás Grande!

Ambos rieron. Smith se levantó de su silla y se acercó a Roxas. Se puso por detrás de él y colocó sus manos en los hombros del rubio. Lo zamarreó delicadamente al instante que le describía el hermoso futuro que le esperaba.

-Quien te haya formado desde tus inicios debería estar cagando con tu fantasma en este minuto. Ha sufrido una gran pérdida. Le seguirás hasta la tumba, chico. Cuando te vea dando conciertos alrededor del mundo, no querrá haber nacido jamás. –añadió el anciano con un suspiro. –Puedes irte, aunque me gustaría presentarte al resto del equipo que trabajará contigo.

-De acuerdo… -respondió Roxas completamente perdido.

Junto con Smith caminaron por todo el estudio. Reconocieron las salas de grabación, las salas de ensayo, la cafetería, el pasillo de ejecutivos y productores. Conoció a unos pocos sonidistas y músicos que le acompañarían. Ya estaba inserto en el ambiente… era el nuevo favorito, según decían en los pasillos.

-Bueno, Roxas, nos veremos pronto. Te llamarán del conservatorio para finalizar los trámites y darte tus horarios.

-Muchas gracias por todo, señor Smith.

-Gracias a ti por embellecer este mundo con tu música. –el anciano sonrió.

-Por cierto… tengo una amiga, Xion, que hace patinaje artístico sobre hielo.

-Ah, si, si. ¿Quién no conoce a esa niña? Es una profesional y ganadora de numerosos premios olímpicos. –dijo sorprendido.

-Me escuchó tocar en una ocasión y me pidió que le dejara usar mi música para sus nuevas coreografías, pues las demás ya estaban demasiado trilladas.

-Si, entiendo. Como amiga te está ayudando a promoverte. Es profesional y será muy influyente en otros patinadores si tu música suena y es bailada por ella. Pero ese trabajo de publicidad también lo hacemos nosotros. Aunque podríamos hacer publicidad en conjunto. Los promovemos a ambos… nos conviene. Como vez, todo se trata de negocios finalmente.

-¿No hay problema, entonces?

-Para nada. Descuida. Eso se verá más adelante.

-Muy bien. –Roxas sonrió. –Gracias nuevamente por la oportunidad.

Roxas buscó su bicicleta afuera, le quitó las cadenas que la unían al poste y luego las guardó en su bolso. Montó en la bicicleta y comenzó a pedalear. No quería volver a casa aún. Era demasiado temprano y ya no tenía que dedicarse más a los estudios innecesarios del colegio. ¿Qué podía hacer? Quizás ir a ver a Axel sería una muy buena idea, pero no quería interrumpirle. Ya podía volver a practicar… ¿Fútbol? Si, eso era, fútbol. ¿Tenía que creerle? Pues nunca le había visto en ningún equipo, y para dedicarse cien por ciento a eso, al menos debía estar en una liga. ¿Tan malo era? Roxas rió en su interior. Eso no explicaría todo el dinero que tiene… En fin, ya le preguntaría.

Y, después de tanto pedalear, nunca llegó a la morada del pelirrojo. Sin embargo, sorpresivamente se encontraba frente a una casa conocida. Jamás supo cómo llegó ahí, cómo logró encontrar el camino, si estaba o no perdido. El punto es que estaba justo en frente de la casa de Xion. Observó desde afuera cada detalle, intentó mirar hacia adentro de la casa a través de las ventanas, la buscó. No la encontró, suspiró, cerró los ojos y se dispuso a pedalear. ¿Qué hora serían? Quizás era demasiado temprano. Puede que haya salido con sus padres, puede que esté patinando. Quizás salió con Axel, o con amigas. ¿Tenía realmente amigas? Daba igual, no tenía nada que hacer ahí.

-¿Roxas? –dijo una voz dulce desde la puerta de entrada de la casa. Era Xion. -¿Qué haces aquí? –Añadió abriendo aún más la puerta, dejándose ver por completo. Vestía un hermoso vestido rojo con lunares blancos, una cinta debajo del pecho para resaltar las curvas de su cuerpo, zapatitos blancos, muy finos, y un lazo blanco en el cabello a modo de cintillo.

-Disculpa, ¿me viste desde adentro? No sé cómo llegué aquí… fue –se detuvo un momento a mirar al vacío. Luego añadió: -fue por inercia…

-¿Ya te vas? –Xion se acercó a la reja que los separaba, ahora frente al rubio.

-La verdad es que… no puedo explicarlo. –respondió el rubio complicado. Estaba algo tenso, nervioso. Por un lado no sabía como decirle a Xion que no venía a verla. Pero se veía tan hermosa, que quizás si debía quedarse y dejarlo como sorpresa. Esto podría arreglar las cosas entre ellos… y empeorar con Axel, tal vez. ¿Qué pensaría ella? No quería crearle falsas esperanzas, tampoco es que no le gustara. Sólo… si, ahí comprendió… es sólo que no era a ella a quien quería.

-¿Deseas pasar? –preguntó ella con timidez.

-Está bien… -accedió Roxas con resignación.

Xion abrió la puerta de la reja que separaba su casa de la calle y dejó pasar a Roxas con la bicicleta. Éste apoyó su vehículo en un pilar cerca de la puerta de entrada de la casa.

-Me encuentro sola. Mi mamá salió de compras, y mi padre está de viaje. Sólo están las empleadas, pero ellas no hacen mucho ruido y casi ni las ves. –dijo ella al momento que Roxas entró a la casa. Cerró la puerta y le señaló las escaleras que llevaban al segundo piso, posiblemente a su habitación. –Ven, sube. Yo ya conozco tu habitación, te toca conocer la mía. Por suerte está bien ordenada. –añadió entre risas mientras subía al segundo piso.

Roxas miraba todo a su alrededor con asombro. Esta era casa de ricos. Todo muy lujoso, con terminaciones muy hermosas y detalladas, de muebles finos y delicados, seguramente importados desde otros países. Era todo bastante exclusivo… y hermoso. Subió lentamente las escaleras, sintiendo en su mano la baranda de madera pulida y muy suave. Cuando llegó al segundo piso, no pudo dejar de notar una enorme lámpara de lágrimas de vidrio. Nunca había visto una en vivo y en directo colgada en una casa. Era realmente impresionante la cantidad de dinero que había ahí dentro en decoración.

Cuando llegó a la habitación de Xion, sintió un pequeño cosquilleo en el estómago. Nunca había entrado a la habitación de alguna niña, menos de alguien que le produjese cierto temblor corporal e indecisión. Sintió un pequeño escalofrío en la espalda al notar la gran cantidad de trofeos y medallas que habían colgados y en vitrina. La habitación de Xion era enorme, pero casi todo el espacio que ahí había estaba siendo ocupado por trofeos de patinaje. En sus paredes había cuadros de fotografía de ella patinando, ganando premios, junto a sus padres, con Axel.

-¿Alguna vez me va a invitar a una de tus competencias? –preguntó Roxas atónito.

-¡Claro! –ella rió. –Estoy entrenando para las olimpiadas que serán acá próximamente. Puedo guardarte un puesto si deseas en la pista, así no tienes que pagar ninguna entrada.

-¿No patinas antes?

-Se hicieron hace poco las clasificatorias para los representantes de Inglaterra. Bueno, no hace tan poco. En Agosto.

-Me gustaría verte pronto patinar…

Xion se sentó en su cama y le hizo un gesto a Roxas para que se sentara a su lado. El rubio respondió a su llamado y se dirigió hacia donde estaba Xion, se sentó en la cama junto a ella y le sonrió. Continuó mirando a su alrededor, observando cada foto con cuidado. Claramente la que llamó más su atención fue la que aparecía Axel junto a ella, ambos sosteniendo un enorme trofeo.

-¿Axel siempre ha estado contigo? –preguntó el rubio con curiosidad sin desviar la mirada de la foto con Axel.

-Si. Siempre me ha acompañado a las competencias de patinaje. Es quien más me ha apoyado. Incluso más que mis padres. El siempre ha estado presente en cada una de mis competencias, hasta en los entrenamientos. Y claro, ¿cómo no va a estar presente en la entrega de mis premios?

-Le quieres mucho…

-Demasiado. No sabría decirte si es como un hermano. Más bien es como un padre.

-¿Tus padres no son muy presentes? Siempre he pensado que si yo hubiese sido niña, saldría siempre con mi mamá de compras… ¿Por qué tú no vas con ella?

-No nos llevamos bien. La verdad es que tampoco me interesa mucho. Somos muy distintas, y ella siempre ha intentado convencerme de ser algo que no quiero, algo similar a lo que fue cuando joven. Lo único que le agrada de mi es que gane tantos trofeos, medallas, auspicios, dinero. Antes me molestaba bastante esto, pero ya ni nos vemos. Tampoco conversamos. Intento no toparme con ella en casa, pues así ambas nos olvidamos de que existe la otra, y las peleas se evitan.

-¿Y qué hay de tu padre?

-El viaja siempre. El poco tiempo que pasa en casa… no sé realmente qué es lo que hace. No converso mucho con él. Las pocas veces que nos vemos es cuando patino. En ese sentido si se preocupa de ir a verme, pero creo que es porque aún soy menor de edad y alguien debe hacerse responsable de los patrocinadores y de firmar con ellos.

-Es muy fuerte lo que me estás diciendo… -interrumpió Roxas un poco triste.

-¡No! –dijo Xion conmovida. –No te preocupes, Roxas. He vivido tanto tiempo de esa forma, que ya no tengo más ilusión de algo mejor. No estoy mal, pues a pesar de todo, Axel está conmigo.

Roxas no pudo contenerse, y la abrazó repentinamente. Cerró los ojos con fuerza y se quedó con ella entre sus brazos.

-Roxas, gracias… -dijo ella sorprendida. De a poco fue aceptando el abrazo de Roxas, levantando sus brazos y rodeando la espalda del rubio. Ocultó su rostro en el pecho de éste y comenzó a llorar.

Al notar que Xion estaba llorando, la soltó de inmediato y miró su rostro. Había superado ese muro que los separabas, y por fin lograba ver el verdadero rostro de la niña. Con ambas manos tomó el rostro de la niña y con sus pulgares secó sus lágrimas.

-Ahora no solo tienes a Axel. Yo también estoy contigo. ¿Puedes sonreírme? –dijo Roxas esbozando una pequeña sonrisa en su rostro.

Xion le miró a los ojos y también sonrió.

Sólo estuvo un par de horas. Prefirió irse antes de que llegase la madre de Xion, en su defecto, para no topársela de casualidad a la salida.

Retomó su camino a casa, esta vez sin desvío alguno. Cuando hubo llegado, sus padres le estaban esperando, como ya era costumbre en este tipo de ocasión, sentados en el living. El rubio se lo esperaba. Había tomado una decisión, y ésta claramente había sido llegada a los oídos de sus padres. No le quedaba más que escuchar el sermón de su vida, o simplemente ser felicitado. Aunque tenía la sensación de que le reprenderían.

-Hijo, sabemos la decisión que tomaste. Ya nos llegó la carta, muy rápido por cierto, que detalla los procesos de matriculación. Tu padre ya llamó a la escuela y pidió una reunión para dejarla hasta acá. Sólo queremos decirte que…

-Lo sé. Me equivoqué. –interrumpió Roxas desanimado.

-…que estamos muy orgullosos de ti, hijo. –continuó el padre. Miró a Roxas, quien estaba completamente atónito, y le sonrió. –Has tomado una decisión por ti mismo, la cual se traduce en tu futuro. Quizás no hemos estado muy presente en todo esto que es la música, pero si debes saber que nos llenamos de alegría el saber que tienes un talento innato, que lo puedes pulir, que le tomas el peso que signifique, y que además te guste y seas apasionado. Has sido descubierto porque de verdad eres un genio, y mereces un reconocimiento.

-Ya no sólo por parte de los más cercanos, sino que del mundo. –añadió la madre. –Queremos que compartas este talento y conmuevas a todo aquel que te escuche, tal como nos conmueves a nosotros.

-Gracias. Mamá, papá… no me lo esperaba. –dijo Roxas bastante más aliviado, sorprendido, muy alegre.

-Los trámites ya están hechos… Según esto, deberías comenzar el lunes de la semana que viene. Lo bueno, es que no tienes tarea para la casa y no tienes porqué pasarte todos los días de la semana allí. Ahora, si tú deseas quedarte e ir a ensayar, bienvenido seas. Luego de la evaluación que te hagan los profesores más adelante, la disquera te hará publicidad y, posiblemente, aparecerás en un concierto de piano como la estrella principal. –dijo el padre con emoción rebosante.

-Son demasiadas noticias en tan sólo un día. No sabría qué decirte ahora. Sólo que estoy muy ansioso… -respondió Roxas con incredulidad.

-Bueno, mi pequeño músico. Vaya a descansar y a disfrutar de su dicha en silencio. Si deseas alguna cosa, estaremos aquí, siempre. –Añadió la madre levantándose del sillón y caminando hasta donde estaba sentado Roxas. Le miró a los ojos, acarició sus mejillas y le besó la frente.

Dicho y hecho, Roxas subió en silencio las escaleras hasta su habitación. Entró allí y cerró suavemente su puerta, evitando hacer ruido. Luego se apoyó en ella, se dejó caer al suelo, miró al techo y cerró los ojos. Unas pocas lágrimas se dejaron caer y recorrieron sus mejillas. Roxas miró sus manos, las observó detenidamente. Sintió el aire atravesar sus dedos, una lágrima caer, una capa de calor que le cubría.

Repentinamente se levantó. Buscó su teclado y se sentó en la cama con éste en sus piernas. Lo encendió, miró las teclas, dudó. Respiró profundamente y dejó sus dedos recorrerle con suavidad. De pronto se iluminó, algo le había hecho "click" en la cabeza, era un ¡a-ha! Sacó el pentagrama de su mochila y lo abrió en página nueva. Tomó un lápiz, y a medida que iba dejando sus dedos libremente moverse, escribía en el papel lo que decía en notas musicales. Era una nueva melodía.

-Hablé con él.

-¿Sí? Muy bien…

-¿Puedes escucharme, por favor?

-Quiero entrenar.

-Tienes todo el día para ello.

-Si quieres, dímelo en la pista.

-Eres un pesado…

Axel se levantó de las graderías y entró en la pista de hielo. Se deslizó a lo largo de ésta con suavidad, tan sólo sintiendo el aire en su rostro. Xion le siguió y se colocó a su lado para patinar.

-No sé porqué, pero Roxas fue a mi casa… -dijo Xion sin mirar a Axel. –Estuvimos conversando.

-¿Te pidió disculpas? –Axel le habló sin ninguna emoción. Sonaba bastante cortante e indiferente.

-No… pero no actuó mal. De hecho, fue bastante abierto conmigo. Como si lo que sucedió no le hubiese afectado en nada. –respondió ella.

-Qué bien. –dijo Axel sin expresión. Se dio vuelta y comenzó a patinar hacia atrás, ahora mirando el rostro de la niña. -¿Qué mas hicieron? ¿Se besaron?

-¡Axel! –Xion se detuvo. -¿Eres idiota? ¡Detente ahora!

El pelirrojo hizo caso a Xion y se detuvo. La miró desde lo lejos con el ceño fruncido, molesto. Volvió a colocarse la máscara de la indiferencia y patinó hacia ella. Cuando se encontraron frente a frente, ella lo miró desde abajo con indignación. El infló el pecho, haciéndole ver más fuerte.

-¿Tienes algún problema? Desde hace tiempo que te incomoda que Roxas y yo seamos amigos.

-No quiero verte junto a él…

-¿Por qué?

-No puedo perder…

-¿Qué vas a perder?

Axel le ignoró y continuó patinando. Ahora comenzó a mover los brazos, a seguir una melodía silenciosa. Un Axel simple, luego uno doble, y para el triple, el simple llamado de Xion le desconcentró. Cayó al suelo, se quedó ahí sentado. Volvió a dirigirle una mirada de desprecio.

-Si no vas a hablar, entonces espero que no te sigas molestando más por esto. Una estupidez como tus celos no pueden impedir que practiquemos juntos para las olimpiadas. No seas inmaduro.

No. No hubo caso. Axel se levantó y patinó hasta las graderías. No se dirigió en ningún momento a Xion. Ninguna mirada, palabra, suspiro, murmullo.

-¿Entonces no harás nada? ¡Axel, no puedes escapar! ¡Crece, por Dios! ¡Nadie te está quitando nada! –gritó ella desde el centro de la pista. Observó frustrada como Axel se alejaba y se iba hacia los camarines. Pensó en seguirle, pero prefirió quedarse quieta. Miró la pista al su alrededor, se sintió sola. Una lágrima cayó, en el suelo se congeló. Comenzó a girar. Se detuvo nuevamente. Abrió los ojos y creyó ver a Roxas en las graderías. Extendió su brazo derecho para alcanzarle. Luego notó que era una ilusión. Le sonreía a alguien, no era a ella. Se dio la vuelta y volvió a ver al pelirrojo. –Volviste… -susurró creyendo ver a Axel. Patinó hacia donde estaba él y volvió a extender el brazo. Su ilusión se esfumó. Buscó a Roxas nuevamente. Se estaba moviendo, acercándose hasta donde estaba ella. ¿La vería? Los dos, ellos, juntos. Los ojos de ambos brillaban al verse. Era algo completamente nuevo… El corazón de Xion comenzó a latir con fuerza. Su respiración se agitó, su cuerpo se tensó. Entreabrió sus labios y de ellos dejó salir un suspiro, casi un orgasmo. Llevó sus manos a su entrepierna y se aferró a su falda. Entonces comprendió.

Se dirigió rápidamente a las graderías, se quitó los patines y se los echó al hombro. Tomó sus zapatos por los cordones, no se los puso. Corrió rápidamente por el mismo camino por el que Axel se había ido. Se dirigió a los camarines, buscó el que decía "hombres" y entró precipitadamente nombrando al pelirrojo. Se detuvo a mirar, no estaba. Entró a buscarle, quizás en las duchas, pero no sonaba el agua caer, tampoco se veían pies. No había absolutamente nadie. ¿Se habría ido sin decir nada? Salió de allí y entró al camarín de damas. Se cambió rápidamente, guardó su equipo y sus patines, se colocó sus zapatillas sin abrochárselas y salió corriendo. ¿A dónde habría ido? Tomó su celular que estaba guardado en el bolsillo de su chaqueta y llamó a Roxas. Mientras esperaba la respuesta del rubio, ojeó a su alrededor. Quizás aún estaba ahí. Roxas no le contestó. Intentó llamar a Axel, pero era más que seguro que no le iba a contestar. A su casa, no sabría quién lo llama… tampoco contestó. Aún no llegaba.

¿Qué podía hacer? No quería ir a molestar a Roxas. Ya se habían visto hace poco, y seguramente él estaba preparándose para ir a estudiar música. Posiblemente estaba repasando sus partituras, creando nuevas melodías. No, era mejor no interrumpirle, menos con algo como esto. Podría despertar la curiosidad y, tal vez, crear un conflicto entre ambos, entre los tres. No, no podía permitírselo. Es mejor que él no se entere.

Resignada decidió volver a casa. No esperaría ningún taxi, se iría caminando. Así podía pensar más las cosas.

Esa misma noche, Axel recibió una llamada a su casa. Al contestar, de inmediato le cortaron del otro teléfono. ¿Qué idiota haría algo así? No estaba para juegos. Se sentía molesto, incómodo, incluso nervioso. Entonces sonó el timbre. ¿Quién sería? El guardia de abajo no le anunció nada. Entonces debe ser alguien conocido, posiblemente Xion.

-¿Qué quieres? –preguntó el pelirrojo molesto sin haber visto de quién se trataba. -¿No te quedó claro que no quiero hablar contigo?

-Axel, no sé de qué hablas… -respondió una voz por el otro lado de la puerta. –Si lo deseas, me voy…

-¡No, espera! –Axel se precipitó a ver de quién se trataba, esperando a que fuese Roxas. Efectivamente era él. Le abrió la puerta y le dejó pasar. -¿A qué se debe esta visita?

-¿No puedo ver a un amigo sin una cita?

-¿Cita?

-Ah… -Roxas se sonrojó. –Me refiero a dejarlo anotado en tu ocupadísima agenda.

-Claro, pues… cuando quieras puedes venir, lo sabes. Llámame antes si, nunca se sabe.

-¿Andas correteando por ahí en la noche? No me lo esperaba de ti… -dijo el rubio con burla.

-Loco, ve a tomar asiento. ¿Quieres algo? –respondió Axel con risa. Se dirigió a la cocina y sacó de unos muebles un par de vasos. Abrió el refrigerador y sacó una botella de Bebida. Luego abrió otro mueble y sacó una botella de Ron. -¿Quieres? –preguntó mostrándole la botella de Ron a Roxas.

-¿Me quieres emborrachar? ¡Vaya clase de amigo que tengo! –Roxas rió.

Axel llevó los vasos servidos. Se sentó junto a Roxas en el sillón blanco y bebió un sorbo de su bebida. Miró a Roxas y sonrió.

-Dejé el colegio… -dijo Roxas de pronto.

-¿En serio? ¿Qué maldad hiciste? –Axel ahora le miró preocupado.

-¡Nada! No te asustes… -Roxas bebió un sorbo de su bebida, rió y añadió: -los de la disquera me pidieron que dejara las clases del colegio, ya que eso me quita mucho tiempo y como futuro profesional, debo pulirme al cien por ciento en un conservatorio. Así que desde ahora estaré sólo estudiando música, preparándome para conciertos, lanzando mis melodías.

-¡Te felicito, amigo! –Exclamó el pelirrojo con alegría. Dejó su vaso sobre la mesa y abrazó a Roxas. Luego de soltarle, le golpeó unas palmaditas en la espalda. –Me alegro por ti.

-Gracias. Venía a contarte eso… -bebió nuevamente. –Ahora supongo que tendré más tiempo libre. Podríamos vernos.

-¡Seguro! Cuenta conmigo.

Sonó el timbre nuevamente. El guardia tampoco llamó al departamento para avisar, seguramente era un conocido. Por descarte, la única persona que podía entrar con plena confianza era ella…

-¿Tienes invitados? –preguntó Roxas con incomodidad.

-No… no sé quién puede ser. –Contestó Axel algo molesto. Se acercó a la puerta, observó quién era y luego la abrió. -¿Vas a insistir?

-Disculpa por no avisarte… es que necesito hablar contigo urgentemente. –dijo Xion entre jadeos.

-Estoy ocupado… -respondió el pelirrojo cortantemente.

-¿Está él aquí? -preguntó curiosa, intentando ver hacia adentro.

-Si.

-Está bien. Lo que quiero hablar contigo no puede saberlo él. Por respeto a ti y a… tu virilidad, no diré nada. Pero escúchame, Axel. Ya entendí, no me lo puedes ocultar más. No es por mí, es por él… -añadió rápidamente. Le miró a los ojos, se dio la vuelta y llamó al ascensor.

-¡Espera! ¿Qué quieres decir con eso? –él la miró preocupado y sonrojado.

-¿No entendiste? No lo diré porque está aquí. Puede escuchar. Hablaremos pronto, ¿si?

Axel bajó la vista. Dudó un momento y luego volvió a alzarla. Esperó a que Xion tomara el ascensor, y luego volvió a entrar al departamento. Se quedó frente a la puerta atónito. Su rostro estaba sonrojado, lo sentía caliente. No podía dejar que Roxas le viera así ¿cómo podía ocultarlo? Se armó de valor y se dio la vuelta, miró hacia el sillón y notó que Roxas no estaba ahí. Se acercó para buscarle. Lo encontró frente a una puerta.

-Nunca me has mostrado tu habitación. –dijo el rubio de pronto.

-¿Por qué quieres verla?

-Curiosidad… Tú has irrumpido a mi casa varias veces. Es mi turno de conocerla.

-Bueno, entra… pero no es esa la habitación, es la puerta del lado. –Axel rió. Se acercó a Roxas, se colocó justo detrás de él. Apoyó su mano derecha en el hombro del rubio, y con la mano izquierda levantó la de Roxas. La llevó hasta la manilla y juntos la giraron para que la puerta se abriera.

¿Qué era esa sensación? Era similar a lo que había sentido con Xion, pero tenía otro significado. Era más fuerte. Era cálido, suave, abrazador.

-Ve, entra. –susurró Axel en el oído del rubio.

Roxas se estremeció. Cerró los ojos y se quedó unos segundos inmóvil para que aquella sensación perdurara un poco más, pero se desvaneció. Abrió los ojos y dio unos pasos hacia adelante. Por detrás Axel encendió la luz.

Era bastante sobria. No tenía mucho adorno. Tan sólo la cama, un par de muebles, un televisor y uno que otro cuadro abstracto. Eso sí, rápidamente notó que en su velador había una foto enmarcada. Era la misma que tenía Xion en su habitación. Se acercó a verla, se sentó en la cama, y la tomó. Sonrió con dulzura. El pelirrojo le observaba desde el umbral de la puerta. No se dijeron nada. Entonces, Axel se acercó a Roxas y se sentó junto a él en la cama. Le quitó la foto de las manos y volvió a dejarla sobre el velador. Roxas le miró a los ojos.

-Ya viste demasiado…

-Gracias…

-Se hace tarde.

-¿Quién era?

-¿De qué hablas?

-¿Quién llamó a la puerta? Estuviste mucho tiempo ahí.

-¿Escuchaste algo?

-No.

-¿Es importante, acaso?

-No…

-¿Entonces? –dijo Axel susurrando. Miró a Roxas a los ojos y con fuerza lo empujó hacia atrás. El rubio se dejó caer en la cama. De inmediato el pelirrojo se puso sobre él. Volvió a mirarle a los ojos, se acercó a su rostro, dejando unos pocos centímetros libres entre sus labios. –No vuelvas a meterte en asuntos que no son tuyos. ¿Si? –se levantó y salió de la habitación, apagando la luz.

Roxas se quedó unos segundos recostado en la cama de Axel. Su cuerpo temblaba. No sabía si era temor, si estaba avergonzado, si estaba feliz. De entre sus piernas sintió que algo se levantaba… ¿Qué hizo para que se sintiera de ese modo? Estaba caliente, quería algo más… deseó culminar con algo más. Se lo esperaba, si. Se esperaba esos delgados labios apoyados sobre los suyos, pero fue completamente distinto. Lo deseaba.

Cerró los ojos y se levantó. Salió de la habitación y cerró la puerta. Se dirigió hacia donde estaba Axel, le extendió la mano y le dijo Adiós. El pelirrojo no alcanzó a responderle, pues rápidamente Roxas se había dado la vuelta. No le habló, él tampoco. Esperó a que saliera para desplomarse en el piso. Llevó sus manos a su rostro, peinó sus rojos cabellos y luego ocultó su expresión entre sus piernas.

A los pocos segundos volvió a sonar el timbre. ¿Habría vuelto? Se levantó rápidamente del suelo y abrió la puerta sin observar antes quién era… estaba ahí de nuevo.

-¿Volviste?

-Nunca me fui… esperé a que Roxas se fuera para hablar contigo.

-Sabias que se iría… -respondió Axel con resignación. –Pasa, hace frío.

Xion entró al departamento. Miró a Axel y le tomó las manos. Le miró y sonrió con dulzura.

-Creo que sé a lo que te referías antes…

-Axel, no debes sentir vergüenza. Esas cosas suceden y son inexplicables. Si para ti es algo bueno, pues debes continuar, luchar por él.

-¿Y si no es a mí a quien quiere?

-¿Lo dices por mi? –Xion rió. –Estás loco. Cuando habla de ti, cuando te ve en una fotografía… sus ojos brillan, del mismo modo en que brillan cuando escribe una melodía.

-¿Qué puedo hacer?

-Ser tu mismo. No dejes que tu corazón se reprima. Si le quieres, demuéstraselo.

-¿No te incomoda esto?

-Para nada. No soy nadie para juzgarte. Menos tu sexualidad. Para mí siempre serás un hombre, a pesar de quién sea el que esté contigo. Tranquilo… juégatela por él.

-Perdón… por como te traté antes.

-Descuida. Somos amigos, hermanos. Te entiendo. Entiendo como te sentías. No es tu culpa.

-Gracias Xion… -Axel se agachó y la abrazó.

-Tú y Roxas, a pesar de ser los dos hombres, forman una hermosa pareja… Siempre lo vi de ese modo.