Ya, aquí estoy. Terminé este capítulo y muero de sueño.

He estado a full con los estudios y trabajos, y estos últimos meses, además, no he andado muy bien de ánimo. Pero bah, aquí les traigo el capítulo esperado y... ojalá! los próximos los escriba rápido, pues tendré tiempo para ello. Perdón, como ya es casi de costumbre, por el retraso.

Además, he estado empezando un proyecto de blog... se los dejo para que lo visiten y también pueden buscarlo en facebook :) Ojalá que si se meten a ver, les guste. Pueden comentar (por favor!) lo que quieran y disfrutar de mis pequeñas aventuras. Además, así pueden estar al día con algunas cosillas que estoy haciendo en mi ciudad y acosarme para que siga escribiendo xD [quiten los paréntesis]

Blog: mokablanco.(blogspot).com

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DISC: Los personajes no me pertenecen. Propiedad de Kingdom Hearts, Disney, Square Enix y todos los responsables que quieran hacerse cargo.

Para este chap... el nombre lo dice. Escuhenlo!


13. Roxas

-¿Qué te parece? Sé que al principio te molestó bastante que me haya dado una de sus músicas, pero esta vez te pregunto si deseas una para los dos. –dijo Xion a Axel. -¿Cómo es que no se te ocurrió preguntarle, siendo tú su amigo?

Estaban los dos bebiendo un delicioso café en un paseo sin rumbo, cerca del edificio donde vive Axel. Ya empezaba a hacer frío, se acercaba cada vez más el invierno, y con ello, los Juego Olímpicos correspondientes al clima. En unas semanas comenzaban los entrenamientos con más exigencias, especialmente para el pelirrojo que parecía estar desligándose cada vez más del deporte.

-El entrenador ya tiene una rutina muy buena, según lo que me comentó. Dice que te extraña, Axel.

Xion miró a su acompañante, quien parecía estar completamente ido. Si bien cubría su cuello con una larga bufanda marrón claro, se dejaba entrever sus pálidos y delgados labios, los cuales parecían estar saboreando algo que no era el café, pues casi no lo había tocado. La niña le hizo algunas señas a Axel con las manos, pero éste ni se inmutó.

-¿Axel, estás ahí? –preguntó extrañada. -¡Axel! ¡Qué mal educado! –insistió en llamarlo. Después de varios intentos, y sintiendo vergüenza porque las personas alrededor comenzaban a observar qué pasaba, Xion se acercó a Axel y lo llamó de un grito:- ¡Axel!

El pelirrojo reaccionó al fin. Sacudió la cabeza mientras parpadeó rápidamente. Inhaló profundamente y miró a su alrededor con un dejo de anhelo. Luego posó su mirada en Xion, a quien le sonrió avergonzado. Se acomodó en la silla y arregló su chaqueta, luego se quitó la bufanda, la dejó a un lado, bebió un poco de su café que se le estaba enfriando, suspiró y volvió a perderse mirando por la ventana.

-¿Crees que soy tonta? Cuéntame qué fue lo que paso. ¡Ahora! –dijo entonces Xion entusiasmada, abriendo los ojos de par en par, acercándose al pelirrojo. –Dime, por favor.

-¿Qué quieres que te diga? –respondió Axel sin interés.

-Antes me comentaste que estuviste con Roxas hace unos días, que por fin se habían reconciliado. ¿Qué fue lo que pasó ahí, Axel?

-No pasó nada. Quizás qué se imagina esa dulce y pequeña cabecita. –respondió con notoria defensa, entrecerrando los ojos y sonriendo con malicia. Luego suspiró. –No pasó nada… -añadió.

-¿Seguro? Ese suspiro no dice lo mismo, Axel. Te conozco hace mucho tiempo como para darme cuenta de que me estás ocultando algo. Y por lo mismo, como te conozco tanto, puedo decirte que… -Xion abrió aún más los ojos, miró fijamente a Axel, abrió la boca con asombro y dejo salir un pequeño chillido. Se dejó caer en el respaldo de su silla y se tapó la boca con las manos. Ahogó los siguientes chillidos y dijo: -se besaron ¿Cierto? ¡Si, se besaron! ¡Al fin besaron esos labios fríos que tienes, Axel!

-¡Shh, shh! Xion, no quiero que nos escuchen. –dijo Axel un poco molesto. Miró a todos lados, corroborando que nadie haya escuchado a la niña. Se volvió a acomodar y bebió un poco de café. Se quejó por que estaba frío y arregló una vez más el cuello de su chaqueta. –Si. –dijo con seriedad, a lo que Xion volvió a gritar. –Pero no tienes que comportarte de ese modo, niña. –añadió manteniendo su compostura.

La joven, después de varios segundos chillando y riendo, por fin se incorporó. Bebió un poco de su café, suspiró y miró al pelirrojo a los ojos. Extendió sus brazos y los intentó colocar sobre los hombros de Axel, pero sólo alcanzó a apoyarlos en su pecho. Le acarició tiernamente y sonrió.

-Espero que con esto puedas ser feliz, Axel.

o+o+o+o+o+o

-Hijo, ¿qué harás hoy?

-La verdad, no sé. ¿Por qué preguntas, papá?

-Sólo curiosidad. ¿Tu viejo no puede saber de ti?

Roxas estaba sentado junto a su padre en el living de su casa. El señor leía el periódico, mientras que Roxas le acompañaba con un libro de música. Su madre no estaba, había salido de compras con unas amigas.

-¿Hay algo que quieras contarme?

-La verdad es que no.

-¿Estas seguro? Últimamente has estado mucho tiempo escribiendo y componiendo. ¿No te han dicho nada después de la presentación que tuviste?

-No. ¿Tendrían que decirme algo?

-¡Pues claro! A estas alturas ya deberías tener tus propios conciertos de piano. O ya deberías estar tocando con la orquesta nacional. Qué se yo, fuera del país, en una gira mundial.

-¿No es muy pronto?

-Para tu talento, es muy tarde.

Roxas dejó de leer. Se mantuvo mirando fijamente el libro, pero en realidad tenía la vista completamente perdida. Luego dirigió su mirada a su padre, quien parecía haber estado esperando esa reacción. El hombre le sonrió con dulzura y continuó leyendo su periódico. Roxas, sin embargo, se mantuvo perdido, divagando por las ideas que le bombardearon en ese instante la cabeza.

-¿Yo? ¿En un concierto? –dijo dudoso.

-¿Qué tiene de malo? –respondió su padre. Dobló el periódico y lo dejó junto a él, sobre el sillón. Luego miró a Roxas. –No me digas que tienes miedo.

-No… -respondió el rubio. Suspiró y luego añadió –Si. No lo sé realmente. Es como si todo ese deseo que tengo desde pequeño, en un instante desaparece por no querer salir con humillación. Sé que tengo talento, pero no soy perfecto…

-Y dime, Roxas. ¿Quién es perfecto?

-Cuando patinaba en la calle, hacía skate, esas cosas… ahí a veces me sentía perfecto.

-¿Extrañas hacerlo? De vez en cuando te veo que sales con esas cosas a la calle.

-Las uso como medio de transporte, pero ya no hago el deporte. Cuando lo hacía, todo me salía bien. Y cuando me salió algo mal por primera vez… -Roxas dejó repentinamente de hablar. Dudó en continuar, pues sabía lo que venía después. Sabía que la primera vez que cayó al suelo fue el momento antes de conocer a Axel. Es más, de no haber sucedido, quizá jamás lo hubiese conocido.

-Sabía que sucedía algo contigo. Si no quieres contarme está bien, pero te arriesgas a que piense cualquier cosa.

-No, papá. No es nada realmente. Es que… en parte si lo extraño, en parte no.

-Está bien, Roxas. Acláralo tú primero. Sabes que si tienes algo que hablar, acá está tu viejo.

-Gracias, papá.

-Ve. Te veo inquieto. Sal un rato a caminar.

-Si. Muchas gracias.

Roxas dejó su libro cerrado sobre la mesa de centro. Se levantó de su silla y se acercó a su padre, a quien abrazó afectuosamente. Luego salió de casa, esta vez sin ningún elemento que le sirviera de transporte. Sólo sus pies.

Caminó sin rumbo, hasta que de pronto se dio cuenta de que estaba en el mismo parque en que conoció al pelirrojo. Caminó más lento por ahí, mirando de un lado a otro, observando cada detalle a su alrededor. Encontró el lugar en el que había caído de su patineta. Incluso parecían haber manchas –ya muy antiguas- de sangre. ¿Sería suya? Se agachó y pasó la yema de sus dedos con suavidad. En ese momento muchas imágenes le invadieron la cabeza: su patineta, sus patines, bicicleta, los chicos con lo que salía antes, las niñas que lo seguían, los profesores retándole, sus padres decepcionados. Dejó esas escenas atrás y se levantó. Ahora caminó hasta la banca en la que se sentó junto a Axel, donde realmente le conoció. Ahí, lo mismo que antes: imágenes de un pasado más cercano que el anterior. Axel, los labios besados. Axel, su auto, su cabello, su olor. Axel, su risa, el muerto en la calle, su casa y sus comidas, su primer intento fallido, acoso, beso. Axel, labios, beso, y Axel. Inevitablemente se llevó sus dedos a los labios y se los tocó, con un rostro bastante sereno, saboreando con su lengua y repitiendo los mismos movimientos que hizo con el pelirrojo. Y con eso le bastó para darse cuenta de que realmente le gustaba.

Le gustaba mucho.

Le gustaba tanto, que no podía evitar sentir cosquillas en su estómago y, cómo no, sentir poco a poco su miembro un poco más tenso y eréctil. Pero era una sensación tan hermosamente aterradora, que tan solo pensar que su sexo se levantaba le hacía sentir una melancolía insoportable… Y para los que se preguntan, si. Era como sentir la mano de Charli bajo sus calzoncillos, acariciándole con suavidad, mientras poco a poco le desnudaba para acontecer aquel trauma que lo había dejado en su ya sabido ausentismo.

Decidió levantarse y dejar de pensar en esas estupideces. Ahora lo importante no era saber qué sentía por Axel, si ya lo tenía claro. Más bien, como a todo adolescente, lo que le inquietaba era la idea del qué hacer. ¿Debía, acaso, volver a tomar su patineta y salir por las calles como lo hacía antes? No era necesario que volviese a juntarse con aquellos "amigos" que después le dieron la espalda. Tampoco tenía que ser un skater más con sus harapos y gorros sucios, pantalones un poco más debajo de la cadera y pitillos, zapatillas desabrochadas. Le gustaba su ropa de "nerd", pues le daba un aire más adulto, pero de todas formas sentía que el infantilismo ya lo había perdido. ¿Acaso la música lo transformó en aquel sujeto aburrido que era ahora? Quizás si, quizás no. De hecho, yo diría que fue la disciplina, pero eso implica que sin ella, no podría ser el músico talentoso que es.

Dudas, dudas y dudas. Solo preguntas sin respuestas o ambivalentes. Y él lo único que quería era salir un rato a disfrutar. Pareciera que el pensar demasiado amarga un poco, y así era como se sentía ahora, sentado en la banca en la que conoció a Axel, en un parque específico de Londres, en Inglaterra, una isla al norte de Francia, Europa, Planeta Tierra, Vía Láctea y más allá hasta el infinito.

-No puedo mantenerme todo el día así de mal. –pensó Roxas después de pensar en un inmensa pequeñez. –Quizás deba volver a tomar el deporte. Podría servir para despejar la mente antes de componer. Pero… ¿y si me distrae y después no logro dar fruto alguno? No puedo desperdiciar la oportunidad que me dio el señor Smith en su escuela de música, y menos en la disquera… ¿Quiero realmente grabar? Me parece una estupidez… tendré que indagar más en lo que ellos quieren de mi… ¿Por qué diablos pienso demasiado? ¡Parezco una niña!

De inmediato se levantó, con el ceño fruncido y los labios arqueados ligeramente hacia abajo, el cuerpo firme y recto y los brazos, cada uno a sus lados, rígidos con los puños cerrados. Respiró hondo y e incorporó con más relajo. Buscó su celular en los bolsillos de su pantalón y llamó a Axel.

-¿Hola, Roxas? –preguntó Axel luego de contestar su celular.

-Quiero verte. –dijo el rubio con firmeza, casi exigente.

-Si, hola Axel, ¿cómo estas? Bien, muy bien, ¿y tú? –respondió de inmediato Axel con burla. -¿Ahora?

-¿No se puede? –preguntó Roxas con maña, haciendo pucheros.

-No, Roxas. Ahora no puedo. Estoy entrenando y no podré salir de aquí por un tiempo más…

-Y si estabas entrenando, ¿cómo es que me contestaste el celular tan rápido? –preguntó ahora con sospecha.

-Es que… estoy en el camerino. Tuviste suerte de encontrarme. Eso es todo….

-Está bien. Es que no hemos hablado hace unos días y… tú sabes… después de eso, tenía ganas de verte y, quizás, hablar un poco.

-Lo sé, Roxas. Yo también quiero verte. –Se escuchó una pequeña risa. –He estado muy ocupado estos días, pero en cuanto pueda, te iré a buscar ¿Si?

-Está bien. –Respondió el rubio. –Te estaré esperando.

-Cuídate. Mucho ánimo en tus estudios musicales.

-Gracias… Igual para ti con el entrenamiento.

-Adiós.

-Adiós… ¡oye, espera! –dijo precipitadamente el Rubio. Sacó el teléfono celular de su oreja para ver que Axel no hubiese cortado, pero fue muy tarde. La llamada ya había acabado. Roxas se quedó mirando el teléfono con melancolía y añadió:- Te quiero…

Roxas se dejó caer nuevamente en la banca junto a un largo suspiro. Apoyó sus brazos en las piernas y dejó su cuello lánguido, haciendo que su cabeza se le fuera para adelante. Sus cabellos ocultaron su rostro de aquellos que pudiesen mirarlo. Pequeñas gotas de lágrima se dejaron caer hasta el suelo. Con ello, su cuerpo temblaba.

De pronto sintió unos pasos muy cerca de sí, mas no se movió ni deseó saber quien era. Incluso si aquella persona era Axel, no tenía ninguna intención ahora de mirarle. Esperó a que esos pasos se alejaran y desaparecieran de su campo perceptual, y así sucedió. No se oyeron más. Roxas sintió la necesidad de levantar la cabeza por curiosidad, pero antes de que pudiera hacerlo, una mano se posó encima y le acarició su cabello.

-Puedo reconocer ese rubio cabello donde sea. –dijo una voz de niña. –Hace mucho tiempo que no te veo, Roxas. Pero… ¿estás bien? Te veo afligido…

La niña se agachó para buscar los ojos de Roxas, pero no lo logró. Se sentó junto a él y le abrazó un momento, haciéndole cariño en la cabeza.

-Alice… perdón. –dijo el rubio intentando ocultar su llanto. –Estoy bien. –añadió desocultando su cabeza. Con sus manos sobó sus ojos y se secó las pocas lágrimas que le delataban. Revisó su nariz, la cual estaba un poco húmeda, e intentó secarla con la manga de su camisa. Lentamente se giró y miró a la chica.

-Oh, vaya… estabas llorando, Roxas. –Alice de inmediato se giró para tomarle las manos, sin importar la humedad se las lágrimas. Le miró a los ojos preocupada y esperó pacientemente a que él pudiese decir algo.

-Disculpa. Qué horror que me hayas visto así. Es una tontera...

-¿Estás seguro? ¿Pasó algo?

-No, nada. Es solo que…

-No me digas. ¿Estrés? –ella sonrió.

-¡Mujeres! ¿Cómo lo hacen? Con solo mirar ya saben todo. –dijo Roxas entre leve risas.

-Oye, si no quieres contarme está bien. Me acerqué porque hace mucho que no te veía. Es una lástima que te haya encontrado así, aunque quizás haya sido suerte, qué se yo.

-¿Cómo estás tú? ¿Cómo va la escuela, los compañeros, los maestros… los chicos? –preguntó Roxas interrumpiendo a Alice.

-Todos están bien. Normal, como siempre. Algunos preguntan por ti de vez en cuando, pero no puedo decirles realmente nada. Los maestros ahora te usan de ejemplo para mostrar disciplina…

-Quién lo diría…

-Si, lo sé… -dijo ella sonriendo. –Los chicos cada vez están dejando más las patinetas. Se dice que están "madurando", aunque los he visto saliendo con muchas chicas últimamente, con botellas de no sé qué y cigarrillos que no parecen ser los comunes. Siguen siendo igual de impertinentes y molestos, además de agravar cada vez más sus conductas con algunos estudiantes. Pronto los expulsarán…

-¿Y tú? No me llamas, no me buscas para que salgamos a beber algo.

-Pues tú tampoco lo haces, Roxas. ¿Por qué tendría que hacerlo solo yo?

-Si, es cierto. Disculpa.

-Yo estoy bien. Estudiando, como siempre. Intentando obtener las mejores notas para poder tener algo de prestigio al entrar a la Universidad. Estoy evaluando alguna que otra carrera, pero nada me motiva mucho. ¿Y tú?

-Yo… -Roxas titubeó un instante. Miró al cielo y volvió a suspirar. –Yo entré a la escuela de música del señor que me buscó en la escuela. Quiere que comience a grabar para su compañía, pero no sé realmente si me interesa mucho eso último, pues me da mala espina. Estoy componiendo mis propias melodías y pretendo hacer lo que sea por mostrarlas… Conocí a una niña que es patinadora profesional y me pidió algunas de mis melodías para ensayar con ellas. Ojalá resulte algo bueno de ahí.

-Es una oportunidad… Deberías tomar todo lo que se venga.

-Quiero hacer un concierto.

Alice no supo qué decir después de eso. Le quedó mirando con cierta ternura.

-Pues, hagas lo que hagas, te irá bien. –añadió Alice. Se levantó y volvió a acariciar la cabeza de Roxas. –Me tengo que ir, rubiecito. Llámame si necesitas algo, aunque sea para gritar por teléfono.

-Gracias. Me subiste mucho el ánimo. –dijo Roxas con una sonrisa. También se levantó. –Tú también llámame si lo deseas.

-Lo haré. –ella se acercó a Roxas y le besó la mejilla. –Triunfarás.

Roxas vio como Alice se alejaba por el sendero del parque. Parecía ser una costumbre suya el tener que ver como los otros desaparecen entre la multitud.

Cuando ya no la vio más, retomó el paso y se alejó por la misma dirección que Alice. Unos pocos pasos adelante y se volteó para ver por última vez la banca.

-¿Cuántas cosas pueden pasar en un solo lugar? –pensó el rubio.

o+o+o+o+o+o

Otro día, otra vez sentado junto al mismo compañero, en la misma mesa frente al pizarrón. No se hablaría de nada que Roxas no supiera. Rutina, rutina y más rutina.

El examen lo había aprobado. ¿Y qué? Tenía que continuar con las clases, pues ese había sido el trato con Smith. Pero era aburrido. ¿Qué podría hacer? Decirle que no quería grabar con él y que, a cambio, le dejasen hacer sus conciertos como niño prodigio… no parecía ser muy conveniente. Y aunque se lo ofrecieran, al parecer no iba más allá de eso.

Roxas dejó de ir, entonces. Simplemente, después de ese día con una triunfal e insolente salida, no volvió más a pisar aquel edificio. Sabía que le esperaban reclamos, algún llamado de atención, y quizás una expulsión o perder la oportunidad de su vida. Pero tenía razón: si de verdad creían en su talento, entonces ¿por qué él no? ¿Por qué no salir él solo adelante? Fue una decisión bastante dura, angustiosa y arriesgada, pero creyó necesario tomarla, pues sin eso no sabría jamás qué querían de él realmente.

Esperó uno, dos, tres días. Una semana y ninguna llamada, ninguna carta… Lo había perdido todo.

Ya habían pasado dos semanas desde la última vez que vio a Axel, y alrededor de unos días de la vez que vio a Alice. Estaba aburridísimo en casa. No quería componer, no tenía ánimo de hacerlo. Tampoco sentía ninguna inquietud o inspiración para ello, sino más bien cierta obligación de hacerlo para no perder técnica y cumplir con el trato que había hecho con Xion de prestarle música para sus presentaciones de patinaje. Además, a estas alturas ya se sentía bastante molesto y pasado a llevar, pues ni si quiera ha recibido una llamada del desgraciado o una notificación de su ausencia.

La rabia le invadió, cual niño pequeño, y comenzó a lanzar su cuaderno de música, sus lápices, almohadas… el teclado pensó en botarlo de una patada, pero por suerte la pensó dos veces. Se detuvo cuando ya sus brazos se cansaron, y cuando de sus ojos comenzaron a brotar unas cuantas lágrimas. Eso, querido Roxas, es frustración. Angustia, rabia, no saber qué hacer, qué esperar de los demás, qué decir, cómo actuar, con quienes hablar. Tuvo que suspirar varias veces, aguantar la respiración en algunos momentos y tragarse los gritos para no hacer evidente su malestar. Así, cuando hubo terminado, y como si hubiese sido iluminado por el grandioso, Roxas recogió rápidamente su pentagrama y su lápiz de grafito, y se sentó en su cama a escribir lo que sería su próxima composición y obra maestra.

o+o+o+o+o+o

Ya no era rabia. Era tristeza, algo de melancolía. ¿Angustia? Quizás. Era un cuerpo débil, con un corazón apretado y el pecho comprimido. Si, angustia. ¿Por qué, Roxas? ¿Qué te tiene así? La espera era demasiada, la ansiedad agobiante. Roxas compuso, escribió durante horas, casi el día completo. Olvidó comer, olvidó abrigarse, olvidó dormir, olvidó responder a cada llamado que le hicieron en casa, olvidó a Axel por un instante.

Solo escribió, sin moverse de donde estaba, lentamente al instante que sus lágrimas caían constantemente. No sabía qué era realmente. Tenía un gusto a pasado, a inocencia, a decepción, a calma, a sí mismo; paradójico y doble vincular, adolescente –infantil adulto.

Escribió y escribió a la luz de la luna, a la luz del sol en el amanecer, con los pájaros, con los pasos de los madrugadores. Escribió hasta que, de pronto, no se dio cuenta y cayó en la cama, completamente desfallecido. No, no estaba durmiendo. Si no hubiese sido por ella, la única mujer en su vida, quizás qué hubiese pasado con él.

Despertó en el Hospital al día siguiente. Le dolían sus ojos, los tenía hinchados. Su cuerpo lo sentía débil. A un lado, flores que deseaban buena fortuna. Al otro, junto a la cama, una silla en la cual había alguien sentado, cabizbajo, como si se hubiese quedado dormido.

-¿Qué haces tú aquí? –preguntó Roxas mientras observaba su habitación e intentaba responderse esa misma pregunta. –Oye, despierta. –añadió al no encontrar respuesta. Movió con cierta dificultad el cuerpo que tenía a su lado, hasta que hubo reaccionado.

-¡Roxas, despertaste!

-¿Cómo supiste que…

-Llamé a tu celular varias veces. No me contestaste y de pronto recibí la llamada de tu madre. No me preguntó quien era. Me dijo que estabas acá, y me contó con dificultad lo que te sucedió. Vine en cuanto pude y… perdóname.

-Axel… ¿por qué?

Roxas miró al pelirrojo. Posó su mano en la cabeza de éste y le acarició su rojo cabello. Era suave, a pesar de lo grueso y duro que se veía. Axel respondió ante ese gesto y se acercó aún más a Roxas. Extendió sus brazos y le abrazó con fuerza.

-Es mi culpa. Si no hubiese sido tan ingrato, yo…

-No, Axel. No es tu culpa. –suspiró. –Yo fui el irresponsable. No sé cómo fue que me quedé tanto tiempo sin comer, dormir… ni si quiera moverme. Fue como si… como si no hubiese estado en el mundo realmente. Estaba completamente abstraído.

-¿Qué hacías?

-Componía algo. Pero… ¡demonios! ¡Mi trabajo!

De pronto Roxas comenzó a ofuscarse más y más al recordar lo que estaba componiendo. Ahora que lo dejó inconcluso, seguramente no sería lo que él pensaba, eso perfecto que tanto anhelaba. No, lo arruinó todo. ¡Todo!

-¡Roxas, relájate! –Axel se levantó de inmediato y trató de que Roxas no se moviese de su cama. –Quédate ahí, descansa. Te vas a descompensar de nuevo si te comportas así. ¡No sacas nada con preocuparte de una maldita melodía si ni si quiera piensas en tu salud! ¡Compórtate como un hombre, mierda!

Los dos quedaron en absoluto silencio, sorprendidos con lo sucedido. Roxas se recostó en la cama y le dio la espalda a Axel, mientras que éste se sentaba y arreglaba su camisa. Ninguno dijo nada después. Solo hubo un incómodo silencio.

De pronto, la madre de Roxas entró en la habitación. Al ver que su hijo estaba despierto, le abrazó y besó en la cabeza, repitiéndole una y otra vez lo mucho que lo amaba y lo preocupada que estaba. Añadía de vez en cuando que si no hubiese sido porque le cocinó su plato favorito, Roxas quizás ya habría estirado la pata.

-Roxas, hijo. ¿Ves quien vino a verte? Sé más amable… ha estado aquí desde ayer. Pasó la noche cuidándote para que yo pudiese descansar. Deberías darle las gracias.

-Si, mamá…

-Hijo, te llamó el señor Smith…

-Vaya, qué oportuno… -dijo Roxas con ironía.

-Dice que cuando te recuperes vayas a su oficina. No parecía muy amable al teléfono… ¿Hiciste algo?

-Mamá, por si no te habías dado cuenta, dejé de ir a su estúpida escuela de música. Me aburrí de tanta espera. Jamás me consideró realmente.

-Oh, hijo. No seas tan estricto. Quizás querían aprovechar al máximo tus habilidades para aprender.

-No… me aburrí. Punto. Quiero descansar.

-Okey, okey. Descansa. Yo hablaré con los médicos mientras para ver qué dicen tus exámenes. ¡Ah! Qué problema, ¿no? –dijo la madre del rubio mientras salía de la habitación.

Roxas miró a Axel de reojo. De a poco se fue dando vuelta para estar frente a él nuevamente. Se acomodó, escondió sus manos bajo la almohada, y miró a Axel desde abajo con unos enormes ojos azules, como si fuese un cachorro pidiendo cariño.

-Roxas…

-Perdón, Axel… perdón también por no llamarte, por no ser yo quien te buscase.

-Roxas, ya basta. Dejémoslo hasta aquí, ¿si? –Axel se levantó, acarició los cabellos de Roxas y suspiró.

-¿Dejar qué?... –Roxas se sentó y tomó fuertemente el brazo derecho de Axel. –No me digas que después de lo que sucedió tu…

-Tontito. –Axel acercó su rostro al de Roxas, casi rozando narices. –No me refería a eso. Me refería a la conversación de recién. Y me levanté solo para tomar algo de agua, estoy seco.

-Ah, entonces ve. –Roxas soltó el brazo del pelirrojo y se giró para darle la espalda nuevamente.

Axel se apoyó en la cama, con su mano derecha tomó el rostro del rubio desde el mentón y lo giró hacia su cabeza. Le besó, entonces, en los labios y unió nuevamente su lengua con la de él. –No volvamos a dejar de hablar, ¿si? A partir de ahora dejemos al menos un día para vernos, por favor. Estos días, para mí, fueron tortuosos sin saber de ti. Déjame escuchar tu voz, Roxas.


Quiero agradecer los reviews que me han estado enviando. Si, los leo :) así que no se asusten ni se decepcionen si no hay respuestas. Les agradezco mucho, pues eso me ha ayudado mucho en este tiempo a seguir escribiendo, me sube el ánimo y me entusiasma. Además, me hace seguir creyendo que esta historia tiene futuro, cosa que a veces dudo mucho... Pero, si les gusta, eso me pone muy feliz.

Gracias y muchos cariños a mis lectoras!