Los rayos de sol que se colaban por los impolutos ventanales de los aposentos del Conde hicieron despertar incómodamente al herido.

-''¿Una cama?''- pensó confuso sin abrir los ojos.

Realmente no sentía mucho de su cuerpo, y solo era capaz de mover los dedos de pies y manos y poco más del brazo.

-''Demonios… En qué lío me habré metido''- se temió lo peor.

Como pudo, se giró hacia la izquierda, quedándose de lado para que el sol no le molestara tanto.

Pero una respiración muy cerca de su rostro le hizo abrir los ojos de golpe.

Se topó con un hombre que no conocía, acostado frente a él, con su rostro a escasos centímetros del suyo propio respirando tranquilamente en un profundo sueño.

Por acto reflejo fue a soltar una exclamación, pero de manera brusca sintió que iba a toser cuando pretendió emitir sonido. Intentó tapar su boca pero las manos no reaccionaron a tiempo y terminó tosiendo, y para su sorpresa la mejilla del otro hombre se manchó de sangre en el proceso.

Ahí vinieron los dolores en su cuello. Cerró los ojos con fuerza apretando sus dientes ante un dolor tan insoportable.

El Conde se despertó de golpe en cuanto escuchó al herido toser, y espantado al contemplar que sus labios estaban manchados de sangre agarró un pañuelo de su bolsillo, pues aún llevaba la ropa del día anterior, y lo pasó suavemente por sus labios para limpiar todo rastro de aquella sustancia carmesí.

-Qué susto me diste…- Susurró Vincent con voz suave y una cálida sonrisa en sus labios.

A los oídos del Dios de la Muerte herido, aquella voz sonó como el suave trino de un pájaro. Abrió sus ojos nuevamente y se chocó con la mirada cobriza de su ajeno.

Vincent se quedó sin palabras cuando contempló aquellos cansados y exóticos orbes verdes mirarle.

-No sabía que estuvieras despierto…- Habló con la misma suavidad que antes. –No te preocupes por la sangre, aún tiene que sanar tu cuello, el doctor dijo que no podrías hablar hasta entonces…

El Conde dejó el pañuelo a un lado y volvió nuevamente su vista a él.

-Ah… Fuh… Gg…- intentó articular palabra pero le resultó imposible, y una fuerte oleada de dolor le inundó desde las mejillas hasta su pecho.

-Por favor, no te fuerces- pidió Vincent acariciando su mejilla para que le mirara.

El hombre herido abrió los ojos lentamente, estando éstos vidriosos ahora.

Al Conde le partió el alma ver esa expresión en su mirar, y un poco desesperado se preguntó si podría haber algún medicamento para su horrible dolor.

-¿Puedes escribir?- preguntó Vincent en busca de una manera de comunicarse.

El hombre de cabello gris levantó sus manos y movió sus dedos, pero estos lucían torpes y sin mucha sensibilidad aún.

Vincent chasqueó la lengua pensativo al ver eso y suspiró.

-Parece que aún no… Mmm…-Miró a su alrededor en busca de alguna nueva idea.

Entonces Vincent sintió como la mano fría del herido estrechaba la suya propia y ejercía una débil presión.

El Conde giró rápidamente su cabeza y vio sus cansados ojos, y cómo su ajeno movía los labios sin emitir sonido.

-Qui… Qué…-intentó descifrar Vincent fijándose bien en sus movimientos. –Oh, ¿Qué quién soy?

Y recibió otro suave estrujón en la mano. Entonces el hombre más joven entendió el método; Si apretaba su mano, era un sí.

-Es cierto, qué maleducado por mi parte no presentarme antes-dijo riendo mientras que estrechaba sin darse cuenta la mano ajena entre las suyas. –Mi nombre es Vincent Phantomhive, líder de la familia Phantomhive. Pero mi principal apelativo es Conde Phantomhive.

El hombre de cabello gris abrió un poco más sus ojos con sorpresa, ¿Un Conde?

Volvió a mover sus labios para pronunciar una muda oración.

Vincent estuvo atento, pero aunque se esforzaba, no logró descifrar esa larga frase.

-No te entiendo...- dijo el Conde apenado.

Su acompañante frunció el ceño levemente en un momento en el que se desesperó un poco, pero respirando lentamente gestualizó una sola palabra.

-Dices que me acerque, ¿Cierto?

Sintió una presión en su mano, y Vincent, sonriendo triunfante por haber entendido al menos eso, se acercó aún más.

Cuál fue la sorpresa del Conde cuando vio y notó la mano que antes estrechaba ahora en su propia mejilla, acariciándola y rozándola torpemente con sus dedos. Cerró los ojos estremeciéndose por la frialdad de su piel, y volvió a abrirlos nuevamente cuando sintió que esa mano se separaba cayendo en peso sin fuerzas.

En la palma de la mano del otro hombre había vagos rastros de sangre, lo que hizo a Vincent restregar su propia mejilla, imaginándose que habría sido en el momento que tosió cuando le salpicó a su mejilla.

-Oh, ya entendí lo que pretendías decirme antes- sonrió agarrando nuevamente el pañuelo de su lado y limpiándose su mejilla y la mano ajena.

El mayor de los hombres suspiró dirigiendo su vista al techo, y Vincent con curiosidad se preguntó en qué estaría pensando.

-Debo llamarte de alguna manera.

Su acompañante le miró vacíamente al escuchar sus palabras.

-Bueno, hasta que me lo digas, te llamaré…- sonrió el Conde con diversión. –Undertaker. Porque las ropas que traías puesta me hicieron recordar a los sepultureros- soltó una carcajada asintiendo para sí mismo.

Su ajeno afiló la mirada.

-''¿Undertaker? Quién se cree para ponerme un nombre a mí… Al menos no fue un nombre de perro el que eligió, hubiera sido terrible que me llamara Sparky, Fluffy, o Spike…''-pensó el hombre de cabello gris tragando saliva con dificultad.

El ahora Undertaker se estremeció por completo ante sus propios pensamientos.

Mientras el hombre de mayor edad pensaba, Vincent se había entretenido colando los dedos de sus manos por el cabello ajeno.

En ese momento, Tanaka tocó a la puerta y con sumo respeto entró excusándose llevando el desayuno, que era un fino té acompañado con un pequeño pastel de chocolate y unas apetitosas pastas.

-El desayuno, mi señor- anunció Tanaka al Conde, y luego dirigió su vista con sorpresa al hombre herido, sonriéndole amablemente. –Me alegro de que esté despierto, caballero.

-''Yo no sé si alegrarme…''- pensó Undertaker suspirando y asintiendo con una sonrisa un tanto forzada en señal de agradecimiento ante sus palabras.

-Muchas gracias, Tanaka- Vincent sonrió viendo el sutil carrito dónde se encontraba el alimento. –Veo que trajiste doble ración, te lo agradezco mucho.

-No es nada, mi señor. Es lo menos que podía hacer- sonrió amablemente haciendo una reverencia. -¿Necesita algo más?

-Mm…- El Conde pensó unos segundos y luego asintió enérgicamente. –Sí, podrías…- se acercó más a su mayordomo y le susurró algo.

-Oh, está bien…- Tanaka sonrió confidente y asintió retirándose del lugar.

Hubo un corto silencio que se vio cortado cuando el Conde miró a Undertaker.

-El doctor no me dijo nada sobre que no podías comer… Así que creo que estará bien.

Realmente el hombre de cabello gris tenía hambre, pero teniendo en cuenta que hoy no se podía ni mover…

-Tanto las pastas como la tarta puedo dártelas yo mismo, pero el té es otra cuestión…- dijo Vincent un tanto preocupado.

-Huuh…- Undertaker emitió un sonido parecido al del viento al colarse por alguna rendija.

-¿Mm?- Miró a su acompañante.

Lo que Vincent se encontró fue al hombre de nívea piel pálida con una expresión que denotaba decepción.

-''Para ser Conde, no parece demasiado inteligente… Pero que no se preocupe, yo sabré como beber té''

-Eh, ¿Qué pasa?- Frunció el ceño haciendo un mohín.

-Hu, hu…- solo emitió un sonido más corto que el de antes mientras que miraba hacia otro lado a posta.

-Bueno, como quieras…- dijo el Conde rindiéndose y tomando algunos alimentos.

El hombre joven se entretuvo hablando durante el extenso desayuno, contándole sucesos o experiencias al azar, se reía, se avergonzaba; todo depende de la anécdota que estuviera contando. Los minutos pasaban, y Vincent vigilaba que su acompañante no se atragantara con cada trozo de pastel o pasta que le proporcionaba.

Todo hasta que llegó el momento que esperaba el hombre de mayor edad como una fiera tras la maleza. Fue cuando Vincent se llevó un sorbo de té a la boca cuando Undertaker sacó las pocas fuerzas que le quedaban en un último gesto: alcanzó el pañuelo que llevaba éste enroscado alrededor del cuello y jaló hacia sí, con la suficiente fuerza como para dejarlo encima de él y hacer que sus bocas chocaran.

Vincent con sorpresa abrió sus labios dejando caer el té, dónde lo recibió gustosa la boca del hombre de cabello gris, sin derramar ni una gota.

-''¡A ver si sigues sonriendo aún, Vincent, he, he, he!''

El Conde sintió sus mejillas arder cuando notó el tacto de la tibia lengua del herido rozar su labio inferior con suavidad.

Undertaker se esperó que el Conde tras de esto lo lanzara por la ventana junto con la cama o que, por el contrario lo golpeara.

Pero la reacción que obtuvo por parte de Vincent fue totalmente inesperada para él.

El hombre más joven se había quedado sobre el cuerpo ajeno tal cual se le había empujado el otro individuo, y contemplaba sus ojos con la mirada entrecerrada, con un brillo deseoso en ellos.

-Huh…- Undertaker suspiró con suavidad sobre los labios de su contrario.

Solo logró hacer estremecer al Conde, que reaccionando, escondió su rostro en el hombro del herido a la vez que acariciaba sus propios labios con la yema de los dedos.

-Lo tenías planeado desde antes… ¿A que sí?

-''Lo tenía planeado desde que abrí los ojos por primera vez y te vi, chico''-pensó el hombre de cabello gris sonriendo con burla.

Vincent cerró los ojos respirando el agradable aroma del cabello ajeno.

-Eres la única persona con la que puedo estar realmente a gusto sin recibir un trato acorde por mi condición de Conde… Me has escuchado a pesar de no conocerme, sin duda eso es muy noble por tu parte- agradeció Vincent.

-''Y tú me salvaste de morir, eso sí que es noble''- pensó Undertaker mordiéndose la lengua y maldiciendo el hecho de no poder hablar.

-Me amarga el hecho de que mi vida irremediablemente se vuelva tan monótona por la simple razón de tener tantas responsabilidades…

Antes de que Vincent siguiera su frase, el herido pasó con cansancio el brazo izquierdo por su espalda en un abrazo.

-''Parece solo un niño…''

Vincent habló por un corto tiempo más, pero fue cuando no recibió ningún tipo de gesto ni sonido cuando se alzó con cuidado y contempló que su ajeno se había quedado completamente dormido.

-Ay que ver… Con lo inocente que pareces cuando duermes…- susurró el hombre joven riendo en voz baja.

Vincent se levantó despacio y procedió a cambiarse de ropa y adecentarse para una nueva jornada de trabajo, pero ésta vez iría más contento a ésta misma.

-Que duermas bien…- Susurró antes de irse, depositando un suave beso en la pálida mejilla del otro hombre.

Y así el Conde volvió a sus quehaceres con una inmensa sonrisa en su rostro. Ya deseaba que sanara rápido, tenía la sensación de que las cosas se pondrían aún más interesantes…