En la madrugada el Conde llegó extremadamente cansado a sus aposentos, así que una vez que comprobó que el hombre herido se encontraba estable, él solo se cambió de ropa a una más cómoda para dormir, se acostó a su lado y se dejó caer irremediablemente en las más profundas garras del sueño.

En la mañana posterior, Vincent despertó sin sentir el calor del otro hombre a su lado, y extrañado abrió los ojos con pereza.

Soltó una exclamación cuando contempló que éste no estaba a su lado.

-¿¡Undertaker!?- se bajó de la cama de un brinco.

Miró a su alrededor aterrado por la preocupación, y luego al fijarse en que uno de los ventanales estaba abierto, se acercó a éste corriendo y se asomó exageradamente mirando exasperado hacia ambos lados y abajo, pero no encontró nada.

Sintió una mano helada posarse en su hombro aún sobre la camisa que llevaba puesta.

El Conde se giró con los nervios a flor de piel, pues se había asustado al sentir tal tacto y se encontró con el presunto desaparecido, de pie, húmedo aún y con una toalla a cadera como única prenda.

-¡Undertaker!- exclamó Vincent con una amplia sonrisa en sus labios a la vez que abrazaba repentinamente a su ajeno.

-''¿Eh? ¿Qué es lo que le pasa hoy?''- se preguntó el hombre de cabello gris mirándole y pasando un brazo alrededor de sus hombros.

Se mantuvieron unos segundos así hasta que Vincent reaccionó y se separó abruptamente con un leve rubor en sus mejillas. Miró detenidamente al hombre herido y apreció que ya no tenía las vendas en su pecho, y que ni siquiera portaba ninguno de los pequeños cortes que poseía anteriormente, pero la venda de su cuello aún se mantenía, haciéndole entender que esa brecha tardaría más en sanar.

Undertaker adelantó un paso hacia el Conde, y éste mismo retrocedió por acto reflejo pudiendo haber caído por el ventanal de no ser que el Dios de la Muerte fue más rápido y lo sostuvo raudo por su cintura pegandolo a su propio cuerpo.

Vincent había sentido temor en un momento, por eso retrocedió casi por instinto, pues aquel hombre era un poco más alto que él, y precisamente aunque estuviera herido, no se veía una persona débil.

-G-gracias- tembló ligeramente sonriéndole agradecido a la vez que recobraba el equilibrio.

Pero Undertaker tenía una expresión seria en su rostro, algo no le había gustado de lo que había ocurrido en esos momentos.

-¿Qué ocurre?- preguntó Vincent con confusión.

-''Maldito idiota…''

El hombre de cabello gris se separó de él soltándole, y se acercó al escritorio del Conde, dónde rebuscando hasta encontrar una pluma, tintero y papel, escribió algo con trazo fino.

-¿Undertaker?- se acercó aún confuso. -¿Estás molesto por algo que hice?

Y antes de que el Conde pudiera seguir con sus preguntas, el hombre herido levantó la hoja donde antes escribía y la plantó delante del rostro ajeno con una expresión molesta, incluso parecía que sus ojos emitían un cierto fulgor verdoso.

Vincent tomó el papel y leyó:

''Por favor, no vuelvas a huir más de mí''

El hombre más joven se llevó una mano a la boca y levantó la mirada para encontrarse con la ajena.

-Lo siento… No quise hacerte sentir mal- dijo Vincent con expresión arrepentida.

Undertaker suspiró y desvió la mirada, quitándole por fin importancia al asunto, pero sí fue verdad que le dolió verlo rehuirle así.

-Te recompensaré- afirmó Vincent convencido. –Pero antes vamos a buscarte ropa y a secar tu cabello, no quiero que te resfríes- le sonrió intentando arreglar poco a poco la situación.

-Huuh…- Asintió Undertaker mirándole nuevamente.

Vincent agarró su muñeca y lo llevó hasta uno de los armarios de su cuarto, el cual abrió y empezó a rebuscar.

-Creo que esto… Y eso…- murmuraba intentando encontrar prendas que le valieran a su contrario. –Ya está, creo que esto te valdrá- sonrió dándose la vuelta y ofreciéndole un pantalón marrón oscuro y una camisa color ceniza.

Undertaker aceptó la ropa y asintió.

-Bien, vístete pues- sonrió Vincent.

Entonces el hombre de mayor edad alzó su mano e hizo un gesto con ella, moviéndola de lado a lado.

El Conde, avergonzándose de sí mismo de pronto, se dio la vuelta rápido.

-O-oh, por supuesto, qué modales los míos al quedarme mirando- musitó llevándose las manos a la cabeza.

Undertaker esbozó una sonrisa de diversión al ver la reacción del Conde. Procedió a vestirse y para su suerte, la ropa le sentaba como un guante, perfecta, pero aún así dejó unos tres botones de la camisa desabrochados para más comodidad.

-Huuuh…- el hombre de nívea piel suspiró lentamente.

-¿Ya?- Vincent se dio la vuelta y sonrió apreciando lo bien que le quedó la ropa finalmente, fijándose en la parte abierta de su camisa y en lo ajustadamente correcto de los pantalones, giró rápido su mirada antes de que su contrario se pudiera dar cuenta de los pensamientos que surcaron su mente.

-''¿A dónde mirabas, querido Vincent?''- pensó Undertaker divertido esbozando una retorcida sonrisa en su rostro.

-Bueno, ahora vamos a secar tu cabello para que la ropa no se empape- propuso inquieto por la sonrisa ajena.

Agarró la toalla que tenía el otro hombre en la mano y se dirigió a la orilla de su cama, dónde esperó a que viniera.

Undertaker se tomó un momento para dirigirse nuevamente al escritorio de Vincent y agarrar unas cuantas hojas de papel, la pluma y el tintero. Luego con cuidado se dirigió a dónde estaba el Conde, el cual le indicó que se sentara. Y así hizo.

Vincent se subió a la cama y se sentó tras su acompañante, empezando a secar con suavidad su cabello con la toalla.

Undertaker se relajó bastante por las atenciones ajenas.

-¿Sabes poesía?- preguntó Vincent por empezar algún tema indefinido.

-Huh- asintió lentamente para no causarse más daños en su cuello.

-Vaya, eso me alegra- sonrió mirando el cabello ajeno. –Me gusta mucho una poesía de Delmira Agustini; La ruptura, se llama la poesía.

-Ohh…- sabía cuál era, a él le encantaba aquel poema.

-Dice así:

Érase una cadena fuerte como un destino,

Sacra como una vida, sensible como un alma;

La corté con un lirio y sigo mi camino

Con la frialdad magnífica de la Muerte… Con calma

Curiosidad mi espíritu se asoma a su laguna

Interior, y el cristal de las aguas dormidas,

Refleja un dios o un monstruo, enmascarado en una

Esfinge tenebrosa suspensa en otras vidas.

Undertaker cerró los ojos un momento escuchando las hermosas palabras que salían de esos labios, vocalizando mentalmente cada palabra, cada frase…

-Es… No sabría explicarlo, pero tiene algo mágico para mí, aunque te parezca una tontería- rió.

El hombre de cabello claro empezó a escribir, y una vez que terminó, alzó la hoja por encima de su hombro para que la leyera Vincent.

-A ver…- leyó detenidamente.

''Sí, realmente hermosa esa poesía, la había escuchado antes. ¿Conoces a Algernon Charles Swinburne?''

-No, no lo conozco- dijo con voz curiosa. -¿Sabes algún escrito suyo?

Undertaker asintió lentamente procediendo a escribir. Se tomó unos segundos, pues Vincent intentaba leer lo que escribía a hurtadillas, y tuvo que apartar la hoja de vez en cuando para que éste no leyera antes de tiempo.

Una vez terminó, le tendió la hoja y se quedó mirando al frente, a ningún punto concreto de la habitación.

-Mmmm…- Vincent tomó la hoja y dejó la toalla a un lado, ya que había logrado secar el largo cabello de su ajeno.

El Conde apoyó su cabeza en la espalda contraria y comenzó a leer.

La hoja decía así:

''El poema se titula: Antes del ocaso.

El amor crepuscular declina en el cielo

Antes que la noche descienda sobre la tierra

Antes de que miedo sienta del frío su hierro,

El crepúsculo del amor se desvanece en el cielo.

Cuando el insaciable corazón susurra entre lamentos

''O es demasiado o es poco'',

Y los labios se abstienen tardíamente resecos,

Blandas, bajando por el cuello de cada amante,

Las manos del amor sostienen su rienda secreta;

Y mientras buscamos en él una señal concreta,

Su luz crepuscular se desgarra en el cielo''

Vincent sintió su corazón latir un poco más rápido, y dejando la hoja de papel a un lado, agarró un cepillo con encajes plateados y procedió a peinar el cabello ya seco.

-Es… Precioso, ¿Sabes más poesías?- preguntó deseando recibir un sí por respuesta.

Y nuevamente asintió comenzando a escribir otra vez.

Vincent esperó unos minutos, hasta que recibió otra hoja, ésta vez el texto era más largo:

''Éste poema es de D.H. Lawrence, llamado Misterio:

Soy un enorme

Tazón de besos,

Como el alto

Y delgado cuenco

Llenado en Egipto

Para los excesos de Dios.

Alcé hacia ti

Mi tazón de besos,

Y a través del receso

Azul del templo,

Lloré hacia ti

Con salvajes caricias.

Y hacia mis labios

La pasión deslizó

Un rubor brillante,

Y por mi silueta

Blanca y delgada fluyó

El himno tonante.

De pie frente al altar

Ofrecí el cáliz,

Y lloré hacia el cielo,

Para que te inclines

Y bebas, oh, señor

Oh, bebed mi cuerpo,

Que tal vez yo sea

El interior del cuenco,

Como un misterio,

Como el vino inmóvil

En el éxtasis.

Brillantes todavía

En el éxtasis,

Vinos mezclados

De ti y de mí,

En un completo

Y absoluto Misterio''

Vincent estiró las piernas a ambos lados de su acompañante. El corazón le latía muy rápido, y sentía sus mejillas tibias.

-Es… No tengo palabras- dijo el Conde juntando su pecho a la espalda del hombre herido, pasando sus brazos alrededor de él en un abrazo a la vez que cerraba los ojos con fuerza. -Sabes poesías realmente hermosas…

Undertaker sentía en su espalda el calor que desprendía el cuerpo de Vincent, ese calor que era el único capaz de templar su cuerpo helado.

-Sabes… Realmente me haces recordar a un ave herida… Sin su canto, sin sus alas…- sonrió levemente abriendo de a poco sus ojos. –Cuando tus alas sanen… ¿Echarás a volar y me dejarás solo?- dijo pretendiendo esconder un tono de amargura en su voz.

Vincent se aferró con más fuerza al hombre herido.

Esas palabras dejaron en un momentáneo shock a Undertaker, que abrió los ojos de golpe.

-''Es cierto… ¿Le dejaré una vez sane, verdad?''- recapacitó desviando su mirada. –''Pero él me salvó la vida, y estoy a gusto a su lado…''- soltó un suspiro pesado pensando en la realidad del asunto. –''No, no… No podría quedarme, él es un noble, y seguramente tendrá que tener un matrimonio concertado, y…''- gruñó dañándose la garganta en el proceso, pero no reaccionó al dolor.

El hombre de cabello gris se giró y agarró el rostro ajeno entre sus manos, separando al Conde de su cuerpo.

-¿Undertaker?- le miró extrañado por que hiciera eso.

-''No entiendo porqué me siento tan irritado… Y tampoco que es lo que hay en ti para atraerme de ésta manera''

Vincent se quedó observándole sin entender lo que se le estuviera pasando por la mente, pero fue un gesto el que le hizo sentirse dichoso en el mejor de los sentidos.

El otro hombre había esbozado una cálida sonrisa, era la primera vez que le sonreía.

A Vincent se le contagió el gesto.

-Tú… En realidad no sé en qué estás pensando...- murmuró soltando una pequeña risita.

-Huum…- Undertaker miró a donde había dejado las hojas de papel y las puso entre ellos dos, agarrando el tintero y empezando a trazar líneas y formas.

Lo que Vincent fue divisando fueron los barrotes de una jaula, y un ave dentro, que al principio empezaba normalmente, pero luego parecía volverse más triste y con nefasto aspecto hasta el momento de su inevitable muerte.

-Ah… ¿Esto quiere decir que tú… terminarías así?- dijo el Conde entristecido ante ese pensamiento.

Undertaker agachó lentamente la cabeza y desvió la mirada pensativo de cómo explicarle bien al Conde a lo que se refería, pero Vincent, creyéndose otra cosa, se levantó rápido y dándole la espalda, rebuscó en un mueble cercano, agarrando su ropa y un objeto que ofreció al hombre de mayor edad. Éste era un peluche de un conejo gris con un chaleco a rayas azules y negras puesto.

-Es algo que le pedí ayer a Tanaka que buscara… Fue el primer juguete de mi compañía, uno que hice yo con mis propias manos- dijo con la mirada sombría y la voz apagada. –Me cambiaré de ropa en el despacho, no creo que vuelva en todo el día, dejé mucho trabajo de ayer…- mintió dándose la vuelta y saliendo a prisas de la habitación antes avisando de que le diría a Tanaka que le llevara la comida aunque él no estuviera.

-''¡Maldita sea!''- Undertaker soltó otro gruñido que le hizo sentir que se le desgarraba la garganta. –''Eres un idiota por no saber explicarte''- se reprendió a sí mismo.

El hombre de piel nívea bajó la mirada y tomó el peluche con cuidado entre sus manos, recordando que el Conde le dijo que lo había hecho él mismo.

Lo abrazó con fuerza.

-''No me dejaste terminar, no pude dibujar al Conde que abrió la puerta de aquella jaula hacia la felicidad del ave…''