Las cinco en punto de la tarde se hicieron presentes, y Undertaker empezaba a desesperarse por verse solo en aquellas cuatro paredes en soledad. Estuvo recapacitando en cómo lograr que Vincent le prestara atención a lo que hace unas horas quiso decirle. Asintió para sí mismo levantándose decidido después de escribir una carta explicándose perfectamente y además adjuntando también el ahora hermoso dibujo completado que había hecho antes. Se adecentó pues, poniéndose unos zapatos, recolocando su ropa correctamente y, habiendo encontrado una cinta corta color ceniza, la ató a su cabello en una coleta baja. Estaba listo, así que agarró la carta y la guardó malamente en su bolsillo.

El hombre de cabello gris salió de los aposentos del Conde con una sonrisa en su rostro, y fue tanto su momento de ensoñación que accidentalmente chocó con una joven de castaños cabellos que vestía prendas de sirvienta. A tiempo, la sostuvo por la cintura con firmeza, evitando así una dura caída. La muchacha alzó el rostro abriendo los ojos lentamente, pues los cerró una vez se esperó chocar contra el suelo, pero se alegró que eso no sucediera.

-G-gracias…- dijo la chica con voz temblorosa, sonrojándose al ver los abrumadores ojos del apuesto hombre que la sostenía gentilmente.

Undertaker simplemente se limitó a sonreír amablemente, pues otra cosa no podía hacer en el estado en el que estaba su garganta. Ayudó a la joven a incorporarse nuevamente, y ésta, con inocencia se quedó mirando al cuello vendado del hombre que tenía enfrente. La chica sentía curiosidad impropia de una sirvienta común, pero por su jovialidad Undertaker podía denotar que había llegado a trabajar a la mansión hace poco tiempo.

-Emm…- la sirvienta le miró nuevamente con timidez y señaló a su cuello. –Debió de ser… Doloroso….- dijo con una voz suave y fina cual porcelana, como si alzándola fuera a romperse en mil pedazos.

-Ah…- El hombre herido asintió con un ápice de sorpresa ante sus palabras, acariciando su propio cuello por sobre los vendajes. Malos recuerdos surcaron su mente, sumiéndolo durante un corto periodo de segundos en el encarnizado momento que vivió cuando por escasos centímetros no le separaron la cabeza del cuerpo. Las imágenes pasaron rápidamente frente a sus ojos. Fue una tersa y suave mano tibia la que le hizo despertar de esos pensamientos; era la chica, que lo miraba con preocupación.

-¿Te encuentras bien…?- preguntó en voz baja con un deje preocupado en su mirada azul como el mar.

Undertaker asintió y le mostró nuevamente una sonrisa en señal de que todo estaba bien. Una voz hizo al hombre de gris cabello mirar tras la chica, y ésta, soltando un bufido como cambiando drásticamente de personalidad, se giró a ver al dueño de dicha voz.

Era Tanaka, que frunciendo levemente el ceño se acercó a amplias zancadas hasta dónde se encontraban ambos individuos contemplándolo.

-¡Sophie! Llevo buscándote un buen rato, señorita- dijo con voz queda sacando un reloj de bolsillo plateado con el escudo de la familia Phantomhive grabado en él. –Son las cinco y media y aún no he visto la ropa de cama cambiada en el ala oeste- dijo intentándose hacer el serio y autoritario, pero qué demonios, un hombre tan amable no podía actuar de esa manera así como así.

-Ah sí, ya voy- contestó con dejadez y una rebeldía malamente oculta, mirándole desinteresadamente antes de darse la vuelta y acariciar el cuello del hombre herido con delicadeza, volviendo a actuar suavemente. –Cuídate mucho, no me gustaría que empeoraras, cariño- dijo esbozando una tierna sonrisa antes de darse la vuelta, despedirse con la mano y mirar con recelo a su superior.

Undertaker, bastante sorprendido por el comportamiento de la chica se despidió moviendo con suavidad su mano, riéndose mudamente. Tanaka se acercó a él y le hizo una gentil reverencia.

-Ruego la disculpe por sus malas maneras, señor- dijo el mayordomo soltando un suspiro. –Ésta juventud… Cada vez más difícil y rebelde, ¿No cree?

El hombre de cabello gris asintió mostrándole una sonrisa -''Tiene razón, en mi época se respetaba más a los propios mayores… Pero no me ha desagradado el comportamiento de esa chica, ¿Sophie, se llamaba?''- pensó Undertaker mientras que hacía un gesto a Tanaka, señalando a los aposentos del Conde.

-Oh, mi señor se encuentra…- a Tanaka pareció que las palabras se le atragantaban, ¿Abría algo que pretendía ocultar? –Está atendiendo a unas visitas…- miró con algo de lástima a Undertaker, que hacía como si no se diera cuenta de la expresión que tenía su ajeno.

-''Si son unas visitas o clientes, no debería de mirarme de esa manera''- atinó a pensar el hombre herido entrecerrando su mirada, analizando un poco la situación, y de qué podía ocurrir.

-Pero si desea comunicarle algo, puedo decírselo yo mismo a la hora del té- ofreció Tanaka amablemente, pero sin esa cálida sonrisa que portaba siempre, si no que la lástima no abandonaba su rostro.

Undertaker no muy convencido aún asintió, sacó la carta de su bolsillo y se la ofreció al mayordomo, quién tomó la carta ésta vez sonriendo levemente. –Se la entregaré ahora mismo, aunque sabe usted, es probable que en éste momento no la pueda leer por su visita, pero créame que si es así no se olvidará de leerla después- hizo una pausa. –Sobre todo si la carta viene de usted- soltó una suave y agradable risita, haciendo una nueva reverencia. –He de retirarme, la hora del té se acerca, señor- y con esas palabras se despidió, marchándose.

-Hmphh…- El hombre de cabello gris se quedó unos minutos pensativo, ¿Qué es lo que haría? Si Vincent estaba ocupado comprendía perfectamente que no podía irrumpir, sería de muy mala educación. Pero es que solo quería verle un momento… Bueno, quizás si tenía suerte y rodeaba la mansión, el Conde estaría en uno de los cuartos que daban al exterior, y así, a la vez que daba un paseo para estirar las piernas, se quedaría contento al verle. Asintió decidido y procedió a hacer lo pensado, caminando tranquilamente por los pasillos de la mansión, memorizó de dónde venía hasta llegar a las amplias escaleras que daban a la entrada, dónde un hombre joven abrió cortésmente la puerta para que saliese. Vaya, parecía que el Conde y Tanaka habían avisado bien de que él se encontraba en la mansión. Salió haciendo un gesto de agradecimiento y contempló el gran jardín que rodeaba la mansión, que ya había visto esa misma mañana al asomarse por el ventanal de la habitación del Conde.

-Hummm…- Se alejó unos cuantos metros de la mansión y empezó a caminar hacia la izquierda, encontrando un camino entre un jardín de rosas blancas que le hicieron perder la mirada unos minutos por la radiante y hermosa blancura de éstas, que lucían orgullosas, perfectamente cuidadas y sin un solo error en cada uno de sus pétalos. Por el rabillo de su vista vio algo moverse en la lejanía, y dándose la vuelta se encontró con unos amplios ventanales del primer piso, y ahí se encontraban un hombre y una mujer acompañados de una señorita más joven, y ahí también estaba su querido Conde hablando con amabilidad a los allí presentes, pero aún así se le veía abatido por algo. ¿Era él el único que se daba cuenta de eso?

Undertaker sonrió con calidez sin poder remediarlo, preguntándose con curiosidad porqué Tanaka había actuado así con él cuando preguntó dónde se encontraba el Conde. Pronto vio que la mujer más joven, de dorados cabellos se levantaba a la vez que Vincent, y para su sorpresa y desgracia, contempló perfectamente como la mujer abrazaba al Conde por su cuello y le besaba con felicidad.

-H-huh…- Undertaker titubeó sintiendo su cuerpo más frío de lo normal, como si su tensión hubiera descendido de golpe. Se llevó una mano a la boca de manera temblorosa, mirando atónito como se besaban, como se abrazaban bajo las miradas emocionadas de las dos persona restantes. Entonces lo comprendió todo. Lo comprendió dolorosamente bien...

Tanaka entró en ese momento con el té ya listo y lo sirvió, habiéndose separado ya el Conde y la joven. El mayordomo le entregó disimuladamente la carta a Vincent, que ya se encontraba nuevamente sentado en su sillón con la cabeza apoyada en un puño. Undertaker contempló como Tanaka le susurraba algo, quizás que la carta era suya. El Conde se levantó de golpe agitado mientras que desdoblaba la carta y la leía, pero Undertaker ya no quería seguir más allí… Le dolía el pecho, le costaba respirar, temblaba y se sentía frío… Quería morirse.

El hombre herido mordió su labio con fuerza hasta dañarse, y salió corriendo lo más rápido que pudo hacia ningún lugar en específico, solo quería alejarse de esa mansión… Corrió y corrió, hasta que se vio sumido en medio del bosque dónde había ocurrido días antes su encarnizada tortura…

No pudo más, se colapsó, se sintió ridículo de pronto…

-''¿Cómo pude pensar que yo tenía posibilidades con él? ¡¿Con un Conde…?¡''- se reprendió con crueldad llevándose las manos a la cabeza con desesperación. Su corazón parecía que iba a salírsele del pecho de tan fuerte que latía, todos los pensamientos de los dos últimos días surcaron su mente; -''¡¿Entonces… No signifiqué nada?!''-. Entonces Undertaker dejó de ser él mismo, ya quién se expresaba no era él, si no todo su dolor, que exclamaba salir y liberarse o estrangularle desde dentro hasta matarlo.

-''¿¡Porqué no puedo ser fuerte contigo?!''

De pronto… Undertaker rompió el silencio natural del bosque con sus mejillas húmedas.

-¡MALDICIÓN!- Aquel grito fue desgarrador, aquella voz rota no fue propia de una persona, parecía que fuera de una bestia sin los medios necesarios para hablar como un ser humano.

Entonces… El dolor de su garganta herida empezó a asfixiarlo, las vendas de su cuello comenzaron a humedecerse rápidamente a la vez que tosía y tosía a borbotones el líquido carmesí sobre sus manos, y posteriormente sus piernas perdieron su fuerza, haciéndole caer con un golpe seco al suelo…

-''Muerte, abrázame, cúbreme con tu frío manto; asegúrate de que ésta vez nadie de aire a mi vida… Por favor…''- suplicó por última vez antes de que su consciencia se desvaneciera después de tortuosos minutos ahogado en su propia sangre...