Comenzando desde cero.

Había aterrizado hace pocos minutos y estaba esperando a mi prima quien vendría a recogerme, se había retrasado un poco pero sabía que algo así pasaría así que saque mis celular y audífonos y comencé a escuchar música, nada podía relajarme más que el sonido y las profundas letras de the GazettE, era mi grupo favorito y ahora que finalmente había llegado a mi país soñado, a Japón, no había manera más especial de conmemorarlo sino escuchando su música. Me senté en una banca con mi sencilla maleta y espere mientras tarareaba algunas canciones, veía a las personas pasar y sonreía de vez en cuando recordando que estaba en el lugar que tanto había soñado. Mientras observaba a las personas buscaba el rostro conocido de mi querida prima Emilie, ella y yo habíamos crecido juntas y éramos como hermanas, compartíamos los mismo sueños y metas y siempre nos apoyábamos en lo que necesitáramos, Emilie había llegado a Japón hace un año ya que había logrado conseguir una beca para estudiar en la prestigiosa Universidad Bunka de diseño de moda, yo lastimosamente no había logrado pasar, sin embargo este año tuve la suerte de lograrlo aspirando a el programa de Artes haciendo énfasis en lo audiovisual. Entre la multitud comencé a distinguir una chica con cabello corto hasta los hombros, ojos verdes, alta y delgada, Emilie, sonreí y m levante de la banca tomando mi maleta y corrí hasta donde ella estaba.

- ¡Nee-chan! – grite llamando su atención, ella sonrió.

-¡Nee! – grito también, inmediatamente la abrace con fuerza, la había extrañado mucho, ella siempre había sido mi hermana pequeña sin embargo ella cuidaba mas de mi, tiene un carácter fuerte pero también muy sensible, y esa era la parte que yo siempre intentaba cuidar – Alice, recuerda… Japón… - dijo, por un momento no entendí y me aleje de ella mirándola confundida.

-¡oh!- exclame percatándome de que muchas personas nos observaban, ahora que lo recordaba en Japón no eran comunes las muestras de cariño en público – Gomen Nee-chan – sonreí inocentemente.

- Está bien, iras acostumbrándote, por ahora vámonos, es hora de que conozcas los dormitorios – Sonrió y comenzó a guiarme hacia lo que sería en cierta forma mi nuevo hogar.

Durante el camino en el taxi no dejamos de hablar de todo lo que había pasado durante este ultimo año, habíamos conversado muy poco a causa de la diferencia de horarios y por lo ocupada que Emilie siempre estaba, la forma de trabajar en oriente era totalmente diferente de occidente, sin duda el trabajo será complicado y duro estando acá. Emilie estaba tan contenta como yo de habernos reunido, no dejaba de contarme todas las cosas que había hecho durante este tiempo, señalaba aquellos lugares que había visitado y en donde había tenido algún recuerdo divertido con sus amigos de Japón y de otros países, yo no deje de emocionarme cuando pasamos junto a varios árboles de cerezo, realmente hermoso, realmente mágico. El taxi se detuvo en frente de un edificio de color blanco rodeado de zonas verdes.

- Sinceramente esto parece un convento – le dije a mi prima.

- No seas desagradecida, es un lugar bastante cómodo y cuenta con lo necesario para vivir, además es acogedor – me reprendió como era de costumbre mientras pagaba el taxi – anda vamos, querrás descansar un poco –.

Hice lo que dijo y comencé a seguirla a través de aquel desconocido lugar, no dejaba de observar cada detalle y me corazón latía con fuerza por la emoción, entramos en el edificio y note que era un lugar realmente grande, pensaba que me perdería fácilmente si nadie lograba indicarme bien los caminos, aunque solía ser realmente buena ubicándome, observe también que habían muchos alumnos en el primer piso estudiando, leyendo y algunos hablando pero aun así seguía siendo un ambiente silencioso, eso me agradaba, sin embargo eso cambio al subir al segundo piso, era como estar en otra dimensión, podía escuchar chicas hablando en diferentes idiomas, música dentro de algunas habitaciones, gritos y risas, Emilie se rio de mi al ver la expresión de mi rostro.

-Ya te acostumbraras, yo lo hice al menos – si ella lo decía debía ser cierto, Emilie realmente era el tipo de persona que no soportaba ese tipo de ambiente – Mary-san es la encargada de este lugar, es británica y es bastante amable, gracias a ella tu yo podremos compartir el mismo cuarto – me detuve por un momento y la mire emocionada, todo el camino había pensado que estaría en una habitación con una desconocida y que no me sería posible recuperar el tiempo perdido con Emilie.

-¡¿hablas en serio? – pregunte entusiasmada, Emilie asintió con la cabeza, y caminando nuevamente señalo una de las puertas, supuse que esa seria nuestra habitación, era bastante alejada de las demás, eso me gustaba.

- es aquí, habitación 1324 – Emilie se detuvo y me sonrió, yo le devolví la sonrisa, lentamente comenzó a abrir la puerta – y tengo una pequeña sorpresa – los ojos de Emilie brillaban ¿Qué podría ser? Cuando termino de abrir la puerta por completo entre bruscamente, emocionada y con impaciencia, habían dos camas que cada lado de la habitación, una de ellas decorada con varios peluches que se me hacían muy familiares y de color purpura, la otra color negro la cual suponía debía serla mía con un sobre encima de ella, antes de acercarme seguí observando la habitación, en el lado derecho un pequeño pasillo que llevaba a una práctica pero no muy amplia cocina, aunque realmente acogedora, mientras que en el lado izquierdo un baño y al lado una puerta cerrada, la que deduje debía ser el armario, en la entrada había una pequeña sala con un televisor, como Emilie había dicho se veía bastante cómodo, me acerque lentamente hacia mi nueva cama dejando mi maleta en el piso tomando el sobre con mi nombre, lentamente lo abrí y antes de ver su contenido observe a Emilie que me miraba expectante y emocionada, nuevamente centre mi atención en su contenido y cuando me di cuenta de lo que era no pude evitar soltar un grito de emoción, no sabía qué hacer, sencillamente me lance sobre Emilie.

- ¡gracias, gracias, gracias, gracias! – dije apretándola con fuerza.

- awww no fue nada Nee-chan, ahora quítate de encima – dijo seria.

- ¡ no sabes lo feliz que me hace esto, estas cumpliendo uno de mis sueños! – esta vez la solté porque sabía cuánto odia los abrazos, y no quería que estuviese de mal humor, no ahora.

- Calma Alice, no fue nada, enserio, por ahora ve desempacando tus cosas, iré a buscar a Mary-san para que te explique las normas del lugar, no tardare – asentí con la cabeza y tome mi maleta aun sosteniendo el regalo que Emilie me había dado, este día no podía ser más especial, mis país soñado y ahora estaba próxima a ver a mis ídolos en un concierto por primera vez, así es, Emilie me había dado una entrada para el próximo concierto de the GazettE nada podía ser mejor que esto y nada podría arruinar este día.

Con una sonrisa en mi rostro comencé a desempacar las pocas cosas que había traído conmigo desde mi antiguo hogar, traje todo lo necesario para lograr establecerme y estar cómoda, evitando traer todo aquello que me hiciera volver al pasado, no traje nada que me vinculara a aquella sombra que durante años estuvo presente en mi vida, no, acá nada malo me alcanzaría, era un nuevo lugar lejos de todo ello, era el lugar donde comenzaría una nueva vida y lograría olvidar todo aquello que me lastimo, el mundo en el que siempre me sentí incomprendida no volvería jamás, eso era seguro, comenzaría desde cero en Japón, sin embargo no abandonaría aquel juramento que me había hecho, a pesar de comenzar en un nuevo lugar no permitiría que los candados se abrieran, era algo que planeaba hacer hasta el final.