Disclaimer: Cazadores de Sombras y sus personajes pertenecen a la maldita Cassandra Clare. Si fueran míos todo se centraría en el Malec, Jace y Clary si resultarían hermanos, Maia e Isabelle saldrían juntas después de saber sobre Simon y Valentine montaría una academia de ballet junto con Sebastian.
De verdad, de verdad lo siento… No me canso de repetirlo mientras te veo tumbado en la cama con los ojos llorosos. ¿Qué más te puedo decir? Definitivamente estoy bloqueado.
¿Cuánto te estará doliendo? Ya sabes, simple curiosidad. La magia tiene sus beneficios, y uno de ellos es el fuerte sistema inmunológico que poseemos al nacer con ella. Por consiguiente, muy, muy pocas veces he enfermado, tenido una alergia, menos.
No sé si estas molesto o es la hinchazón la que te hace ver así, por lo que prefiero no arriesgarme y no decir ni media palabra, mientras veo al culpable del embrollo en mi mano. ¡Demonios! ¿Cómo es que lo sigo teniendo?
-Edes buy lindo, amod... -me dices de forma dulce, nasal. Seguramente estas delirando o ya no comprendo tu sarcasmo. Ambas opciones son igual de viables.
-Cariño...
-Do... -agitas una mano en el aire, haciendo notar como tus ojos brillan por la fiebre... Así que era eso...- De vedad... Edes lindo... Jabás me habían dado un damo de dosas, menos blancas... Son bis favoditas...
Y ahora no sé cómo reaccionar. Pareces comenzar a dormir por la fiebre y voy al baño a mojar una toalla, antes de ir a prepararte algún remedio que te haga sentir mejor, sin embargo, tus palabras siguen resonando en mi mente. ¿Tus favoritas? Sigo sin creer que sea considerado un buen detalle algo que te haga inflar como globo pero... Pero yo también te agradecería si me dieras un ramo de nardos o de narcisos... Maldita voz mental.
Regreso a tu lado y sonrió como puedo, poniendo la toalla. Te veo hacer una pequeña mueca al dormir, por el frio, seguramente. Eres lindo dormido. Eres lindo siempre, de hecho. Incluso ahora, con tu rostro diciendo a gritos los efectos de la alergia, eres lindo.
Beso tu mejilla y me separo de ti para ir a la cocina y ver si no tengo algo que nos pueda ayudar. No soy muy afín a la medicina mundana.
-No quiero que te deshagas de ellas.
Nuevamente, no llego a entender.
Tu rostro sigue apenas si un poco hinchado, pero tu voz ya regreso completamente a la normalidad. La fiebre también bajo, por lo que ya no tengo esa excusa para lo que me estas pidiendo.
-Alec...
-Espera, sé que es peligroso. -me ves con un poco de vergüenza, mordiendo tu labio y lanzando miradas ansiosas hacia el ramo cuando el que debería de hacerlo soy yo-. Pero... Son tan lindas y tú me las diste... ¿No habría una forma de que las mantuviéramos?
La hay, quiero decirte, la hay, pero resultaría más peligroso a largo plazo. Y todo aquello que represente un peligro para ti... Oh Lilith, ¿cómo puedo negarme si me miras de esa forma tan linda? Con esa miradita de cachorro que sabes que no resisto.
-Por favor...
Eso ya fue un golpe bajo. Te veo mal y noto como pones una expresión de triunfo. Genial. No puedo evitar sonreír con resignación y mover las manos en el aire, como si estuviera tejiendo y en dirección de las flores. No tarda mucho para que estas queden vueltas de tela en poco tiempo, en listón, más específicamente. Aplaudes de alegría y suspiro. Amo tu risa encantada.
Me levanto y tomo el ramo otra vez, caminando hasta ti y arrodillándome de frente tuyo como hace unas horas antes de que te asaltaran los estornudos, sin apartar la vista de tu sonrisa llena de ternura. Me aclaro un poco la garganta.
-¿Sabes? Hay un poema bastante bonito sobre las rosas... -veo la curiosidad brillando en tus ojos y solo ruego porque esto si salga de acuerdo a lo planeado-. Y me gusta porque me recuerda a ti. -el sonrojo no tarda en acudir a todo tu rostro y es ahí cuando celebro que estas desarmado-. ¿Quieres saber por qué? -te quedas en silencio unos segundos, como si estuvieras considerando si aquello sería tan vergonzoso como para oírlo, pero finalmente das una leve asentida-. Bien, es algo así... Cultivo una rosa blanca, en julio como en enero, para el amigo sincero, que me da su mano franca... -nuevamente el sonrojo te invade-. Y para el cruel que me arranca, el corazón con que vivo, cardo ni ortiga cultivo; cultivo una rosa blanca.
Nos quedamos en silencio, en un silencio donde te veo de forma fija, tratando de descubrir en que estas pensando. Finalmente, sonríes un poco condescendiente.
-No veo porqué te recuerda a mí.
-¿No? Si está muy claro. -una pizca de incredulidad asoma en tu rostro y contengo una risa-. Cultivar es preservar, mi querido nephilim, y yo ansió preservar algo que amo. -abres mucho los ojos, y creo que adivinas a dónde me dirijo-. Preservar como ese hombre que cuidaba de su rosa... -tomo aire- Tu eres mi rosa, Alexander. Y quiero cuidarte en junio como en enero. Cuidarte y mantenerme contigo hasta que haya un "hasta aquí". -tus ojos comienzan a volverse llorosos y abres la boca para hablar- No, escúchame. Quiero que seas mi rosa. Que aceptes serlo y que me aceptes a mí como tu cuidador...
-Magnus...
-Magnus nada. -remuevo en mi mano y una pequeña cajita de terciopelo azul aparece en ella, con una argolla de plata con pequeñísimos diamantes dentro-. Alexander Lightwood... ¿Aceptas ser mi más hermosa y amada rosa?
¿Quéeeeeee tal les ha parecido? :3 Este ha sido uno de los que más gusto me ha dado escribir, por el simple hecho de que no se qué demonios vaya a responder Alec xD En serio, no se .-. Sería igual de lindo que dijera que no como que dijera que sí. Al menos, para mí.
¿Chocolatitos? ¿Fresitas? ¿Tomatazos?
