Las siguientes semanas en la escuela fueron bastante difíciles para John y Sherlock. Sherlock estaba generalmente imperturbable a los insultos gays que le lanzaba. 'He escuchado peores insultos acerca aspectos más delicados de mi' decía. Sherlock no estaba alegre, sin embargo, de la forma en que trataban a John. John estaba muy herido por las palabras incluso cuando trataba de no mostrarlo. Él no era gay, tampoco lo era Sherlock, pero ambos estaban en una relación romántica con un miembro del mismo sexo.

La gente no parecía entender que había algo más, algo que ligaba a esos dos que era profundo, más profundo, que la atracción sexual. Era algo de lo que la familia de John había sido testigo y estaban asombrados. Qué notable era que los dos podrían tener conversaciones enteras, sin ni siquiera pronunciar una palabra. Sherlock y John se habían deslizado tan perfectamente que siempre fueron llamados como una pareja. En la escuela y en casa. Nunca fueron excesivamente románticos. De hecho, eran difícilmente románticos en público, a menos que contaran ocasionalmente el tomarse de las manos y las miradas laterales.

En privado, habían compartido besos. Eran tan inocentes como implica la frase de 'compartir besos'. Eran apasionados en otros aspectos. En una simple mirada, cualquiera de ellos podía tirar su completa existencia a sus mangas, y el otro podía ver en los ojos de su pareja con asombro de que aún había una persona en el mundo quien se preocupaba tanto de la persona que tenían al lado como ellos. Era amor, antes de que alguno de ellos dijera la palabra.

En la escuela. Sí, en la escuela trataron de separarlos. Quizá sentían que había algo extraordinario ocurriendo entre estos dos chicos y estaban aterrados por esto así que se burlaban. Mas probablemente porque Sherlock y John se hacían blancos fáciles por ser tan extraños y abiertamente protectores de su opuesto.

A veces la gente susurraba 'retardado' cuando pasaban junto a ellos. John intentaba hacer lo mejor para no reaccionar, pero era difícil. Sherlock posaría su mano su antebrazo para comunicarle que no estaba ofendido. John igual lo odiaba. Más que nada.

Al final, Sherlock terminó durmiendo en la cama de la habitación de John, sonriéndole sin decir nada por unos segundos antes de besar su nariz, su frente o sus labios y susurrando un buenas noches contra su piel. Y eso era todo lo que John realmente necesitaba de todos modos.