"Quiero conocer a tu hermano." Dijo John. Estaban a mediados de Marzo y Sherlock se había estado quedando con John desde hace dos meses. Sherlock era un magnífico jugador quien era fantástico con las cartas y tenía una perfecta cara de póker. Le dio todo el dinero que había ganado a la madre de John para compensar el uso del agua y comer su comida. Ella no aceptó al principio, pero cuando se dio cuenta que el arreglo de vivienda probablemente se convertiría en permanente, aceptó su dinero.

Sherlock inhaló.

"¿Por qué querrías conocerlo?"

"Ciertamente podría estar preocupado por ti."

"Si estuviera realmente preocupado por mí, vendría a buscarme. Sabe que estoy a salvo. Probablemente me ha visto en la escuela o algo. Probablemente sabe que me estoy quedando contigo. Él no está preocupado, tú solo estás curioso."

"Ciertamente lo estoy." Dijo John. "Quiero conocerlo."

"¿Por qué?"

"Sherlock."

"Está bien." Resopló Sherlock. "Pero prepárate para conocer a la persona más maligna de toda Gran Bretaña."


El apartamento era bastante bonito, estaba en el centro y John tuvo que telefonear para entrar. Cuando golpearon la puerta que les dijeron que era de Mycroft, Sherlock estaba apoyado contra la pared.

La puerta se abrió revelando a un hombre esbelto de cabello castaño y con un aire muy elegante sobre él.

"Ah." Dijo, sonriéndole a John. "Finalmente nos conocemos, Sr. Watson." Se hizo a un lado y lo dejó pasar. Sherlock raspó su camino detrás de John y luego inmediatamente encontró una pared para apoyarse. Mycroft no era tan mayor como John había pensando. De hecho, no podía ser mayor que Harry. "Mycroft Holmes. El hermano mayor malvado de Sherlock Holmes." Le tendió la mano y John la recibió con gracia.

"Es un placer conocerte." Dijo John inmediatamente. No sabía si era un placer o no. John solo había conocido al hombre. Miró alrededor del apartamento y vio que estaba hermosamente decorado. Delicadas piezas de madera enroscada en la repisa de la chimenea, una brillante mesa de roble al lado, una televisión de pantalla plasma a no 4 pies de distancia. Era una increíble mezcla de modernidad y un toque victoriano clásico.

"Tengo que ir yéndome luego, estoy increíblemente ocupado, pero querría explicarme antes de que aceptes la descripción que Sherlock tiene de mi." Dijo Microft. "¿Te gustaría recordar esa noche, Sherlock?"

"Pffeh." Respiró Sherlock.

"Mm. Creo que no." Dijo Microft. Se irguió. "Así que la noche que 'lo eché'." Mycroft uso comillas al aire. "Estaba terriblemente ocupado —trabajo para el gobierno, tú sabes— y Sherlock estaba haciendo un escándalo por no ser capaz de conducir experimentos en mi apartamento. Le dije que bajo ninguna circunstancia iba a dañar alguna pieza del mobiliario en este apartamento. Es de nuestros padres, ves." Dijo Mycroft. "Él inmediatamente levantó los brazos y comenzó a preparar las cosas para conducir un experimento del punto de fusión de diferentes muebles pulidos." Microft suspiró dolorosamente. "Di vuelta la espalda por un minuto y cuando me doy vuelta otra vez, está quemando una de las patas del fino set del comedor." Las cejas de John se levantaron y se volvió a mirar Sherlock. Se las había arreglado para dejar fuera esa parte del relato. "Y… supongo… quizá me puse un poco… me sobrecalenté por la situación. Le dije… le dije que debería volver con Mami y Papi porque ellos podían por lo menos controlarlo amenazándolo en donde yo no tenía poder sobre él, en lo absoluto." Mycroft se movió. "Pero me arrepiento de haber dicho eso, tú sabes. No lo decía en serio. Fui golpeado por esos dos. Es por eso que tomé a Sherlock en primer lugar. Así que él se sintió ofendido y se fue. Conoces a Sherlock. Y más bien pienso que estaba exaltado por quedarse en tu casa, en tal proximidad con su… mejor amigo." Cargó esas palabras con tal significado que John miró hacia otro lado, avergonzado. Sherlock dejó su postura y deslizó su mano a la de John, mirando a Mycroft. Eso hizo recuperar la confianza en las palabras de John.

"Espera, si estabas tan preocupado por Sherlock, entonces ¿por qué no lo buscaste y se lo dijiste? ¿Por qué no lo hiciste volver a casa?"

"Porque estaba feliz." Dijo Mycroft. "Y nunca había visto eso tan poderoso en Sherlock. Quise ir a buscarlo y traerlo. Dos veces. Pero figuré que se estaba quedando con gente maravillosa. Y él estaba feliz. Si han tenido alguna confrontación, podría meter mano y tratar de rectificar las cosas. Es lo que hago para ganarme la vida." Dijo Mycroft. "Yo observo. Cuando salen los conflictos, trato de corregir las cosas o tomar partido."

"Bueno, eso es reconfortante." Dijo John sarcásticamente.

"Me alegro que lo pienses, John Watson." Dijo Mycroft. Caminó al lado de John, cogió un largo paraguas y se apoyó en él. "Estaré fuera por cuatro horas. Posiblemente cinco. Si quieren quedarse, son bienvenidos. Siempre y cuando nada en este apartamento se convierta en parte de un experimento en cualquier tipo." Miró a Sherlock. Sherlock rodó los ojos.

"Oh, anda a dirigir el gobierno, Mycroft." Mordió.

"Los veo después." Dijo Mycroft, cerrando la puerta tras él. Hubo una pausa antes de que Sherlock se quitara la chaqueta.

"Fuiste bastante… vago acerca de haber sido echado, ¿no?" John levantó una ceja mientras Sherlock se dejaba caer en el sofá. Apuntó el control remoto a la TV y no contestó. "¿Quemaste el conjunto del comedor?"

"Solo una pata. Se fue y la reemplazó, con una copia bastante pobre. ¿La ves?" John comenzó a darse vueltas antes de que Sherlock gritara. " ¡No! No, ya has visto. Devuélvete y date cuenta cuál es."

John suspiró. Sherlock había estado haciendo eso últimamente. Tratando de enseñarle a John a ser tan brillante como él.

"Vamos, John. No eres denso. Sé que la viste." Empujó Sherlock. John suspiró de nuevo y cerró sus ojos. Se imaginó caminando por la casa y vio el set de comedor. Había notado que una de las sillas no estaba al mismo nivel de las otras. Estaba un poco inclinada. Sólo un poco inclinada hacia atrás y dos a la izquierda.

"La… esquina inferior izquierda de la mesa." John abrió los ojos sorprendido. "Esa silla."

"¿Qué pata?"

"La izquierda de atrás. " John rió. Sherlock se puso de pie, sus ojos nadaban en orgullo. Se abalanzó y besó a John. Él permaneció ahí.

"Eres brillante, John Watson."

¿Cómo podía Sherlock hacerlo sentir tan fantástico y ser tan brillante? La cabeza John nadaba. Arrojó sus brazos alrededor de su cuello y lo besó en la forma que nunca lo había besado antes. Sherlock sostuvo la cintura de John y la agarró firmemente. John cerró los ojos en la sensación de apoyar su cabeza en el pecho de Sherlock. Sherlock juntó sus manos detrás de la espalda de John y él hizo lo mismo detrás de su cuello. Sherlock absolutamente odiaba el excesivo contacto físico. Usualmente él era el primero que deslizaba sus manos en John o comenzaba un beso. Pero John no quería dejar los brazos de Sherlock aún. Una flama se encendió en su estómago.

John nunca se había entretenido seriamente con ideas para seducir a Sherlock. Todas ellas eran fantasías pasajeras que parecían improbables a suceder en la realidad. Pero aquí, balanceándose en los brazos de Sherlock… tan cerca de él… John sintió un sonrojo alumbrando sus mejillas y nariz. Sherlock no estaba alejándolo. Él solo descansó su mentón en la parte superior de la cabeza de John, dando pequeños besos al cabello de John.

"Creo que necesitas una ducha." Comentó Sherlock. "Tu cabello huele un poco húmedo."

"Yo…" Dijo John sin aliento. Retrocedió de Sherlock para esconder su creciente erección. "Yo… yo no tengo nada en lo que cambiarme."

"Me encantaría verte en uno de mis pijamas." Sherlock sonrió, con las manos en los bolsillos. John notó el considerable esfuerzo al que los botones de la camisa de Sherlock eran sometidos. John estaba repentinamente abrumado con el impulso de desabrocharlos lentamente con su lengua.

"¿John?" Sherlock medio-gritó, frunciendo el ceño. John chilló de sorpresa. "¿Estás bien?" Murmuró Sherlock.

"Yo… yo solo… voy a ir a tomar una ducha, entonces…" Dijo John. Se dio vuelta rápidamente, casi tropezándose con un taburete antes de desaparecer en un rincón. Tomó una toalla y se encerró en el baño con pestillo.

John se escabulló en el suelo, respirando dificultosamente. Una ducha de agua fría fue exactamente lo que necesitaba.