"¡Quiero fotografías!" La Señora Watson apresuró entrando a la habitación. "Vamos, ¡vamos! ¡Despiértense ustedes dos!" Dijo, empujándolos fuera de la cama. John había invertido en comprar una barata cama doble, con la promesa a su madre de que él no tendría sexo mientras todos estuvieran en casa. Ellos se alternarían entre el apartamento de Mycroft y la casa de John, y esto no dejaba de molestarle a los dos dueños de los edificios.
John encontró difícil explicarle a su madre que, sí, ellos tenían sexo, pero no, que no iba a ser una cosa regular. La intimidad de tocar algo tan inocente como una mejilla en medio de la noche era más que todo el sexo que él podría tener con Sherlock. Sherlock había tratado de tener sexo con John unas pocas veces más, pero era tan forzado y John no quería que él se sintiera obligado a complacerlo sexualmente. Cada vez que él tenía deseos sexuales acerca de Sherlock, simplemente se sentaría en frente de su amante y se tocaría a si mismo suavemente, mirando a sus ojos azules.
"No entiendo la frecuencia en la cual estás excitado sexualmente, John." Dijo un día Sherlock mientras John estaba tocándose sobre las ropas, con sus mejillas ruborizadas. "Pero te ves encantador."
"Me veo encantador, ¿no?" John se rió entre dientes y sin aliento. "Me siento como si me viera como un pervertido…"
"Te ves impresionante." Murmuró Sherlock, inclinándose hacia delante para besar sus mejillas. John contuvo la respiración. Cuando terminó, lanzando su cabeza hacia atrás en éxtasis, Sherlock puso pequeños besos en su cuello.
Esa era su vida sexual. Dos diferentes etapas de excitación, y aún así se conectaban en un nivel completo. No podía ser llamado sexo, tanto como podía ser descrito como cada chico abriendo completamente su corazón al otro— tan íntimo como si no tuvieran sus ropas.
Cualquiera podía tener sexo, razonó Sherlock. No todos podían tener este nivel de sinceridad.
"¡Arriba!" Chilló ella, encendiendo las luces de un tirón. "¡Primer día de su último año en secundaria! ¿No están emocionados?"
"Dejé de estar entusiasmado acerca de la escuela alrededor del séptimo año." Murmuró John, enrollándose más cerca de Sherlock. Este último se retorció y cubrió su rostro con una almohada.
"¿Te tomó hasta el séptimo año? Yo comencé a odiar la escuela en el tercer año." Sherlock bostezó.
"Cállate." Gruñó John, apoyándose en los codos y mirando soñoliento hacia Sherlock. "Tu amas aprender cosas."
"Odio aprender cosas sin importancia." Aclaró Sherlock. Se estiró, extendiendo sus ya largas extremidades como un gato. Luego se acurrucó, tirando el resto de las sábanas de John, conciliando el sueño. John lo miró; su cabello enmarcando su pálida cabeza, sus ojos pesados con sueño, sus labios ligeramente abiertos, un ritmo constante de respiraciones pasando a través de ellos. John sintió hincharse su corazón y se agachó a besar la cabeza de Sherlock. Este sonrió un poco y abrió un ojo para mirar a John. El corazón de John dio un vuelco. Un verano entero de esas miradas y John aún no podía superarlas. No pensó que lo haría alguna vez.
"¡Vamos, hay una escuela a la que ir!" Exclamó la Señora Watson. "¡Fotos que ser sacadas! Levántense, ¡ahora!"
Sherlock gimió y se enterró más en las sábanas mientras John se estiraba y salía de la cama.
"¿Dónde está tu padre?" Preguntó Sherlock, su cabeza apoyada en sus brazos cruzados, mirando a John. Estaban en la biblioteca en vez de almorzando. John odiaba los sonidos de la cafetería y Sherlock odiaba a la gente en ella.
"¿Por qué quieres saber?" Dijo John, sus mejillas rebosantes de sándwich de carne asada.
"Simplemente curioso." Dijo Sherlock. "Es decir, ya lo sé, pero quiero escuchar por qué lo admiras tanto."
"Yo no… yo no aspiro a ser como él, Sherlock. No quiero ser nunca como él. Dejó a mi mamá embarazada de mí y se divorció de ella antes de ir al Ejército. No quiero ser así. Solo quiero ir al Ejército. Él es respetado en su campo y eso es lo que yo quiero ser." Se encogió de hombros.
"¿Así que aún quieres ir al Ejército?" Murmuró Sherlock. John vaciló y suspiró.
"Sí. Quiero." Dijo John. "Pero realmente no podría soportar dejarte atrás. Me gustaría llevarte conmigo."
Sherlock falló en esconder lo complacido que estaba con la respuesta de John. "Bueno, siento que te estoy manteniendo del Ejército."
"No, no lo estás." John rió entre dientes.
"No, no lo estoy en lo más mínimo." Admitió Sherlock.
