"¿Qué? ¿Qué haces aquí?" Dijo Anderson, con su nariz arrugada, como si hubiera olido algo terrible. Esa era la forma en que Sherlock siempre veía a Anderson. Dudaba que el pequeño hombre-rata siquiera tuviera otra cara.
"¿Aún vendes?" Dijo planamente. La cara de desprecio de Anderson se perdió con una mirada de sorpresa. Miró a los dos lados de la calle. Dejó pasar a Sherlock antes de cerrar la puerta tras de él.
"Escuché que estabas trabajando para la policía." Dijo, con su mirada dura y acusadora.
"Los ayudo en casos de asesinatos, algo tan pequeño como un narcotraficante no me molesta." Sherlock olisqueó.
"La única razón por la que no te delaté en la secundaria fue porque pensaba que podrías ser de utilidad para el fututo. ¿Ves? Tenía razón."
"¿Bueno qué quieres comprar?" Dijo. "Tengo todo tipo de marcas de marihuana—"
"Cocaína." Dijo simplemente. "¿Tienes cocaína?"
Las cejas de Anderson se levantaron. "¿Tú… vas a ir a una fiesta o algo?"
"No."
"¿Has siquiera fumado marihuana?"
"No."
"¿Entonces por qué empiezas con la cocaína?" Dijo Anderson, asombrado. Sherlock apretó los dientes antes de contestar.
"Si no me das una respuesta directa juro que llevaré mis negocios a otro lado."
"Yo… bueno, tengo un poco. Solo medio gramo, pero…" Anderson dejó la habitación. Volvió con un una pequeña bolsa con un puro polvillo blanco en el fondo. "Mis compradores no están realmente interesados en la coca. Quiero decir, la vendo, pero es usualmente solo una pequeña cantidad—"
"Cuánto." Interrumpió. "¿Cuánto sería medio gramo?"
"Erm… 25 libras, diría—" Sherlock sacó un billete verdadero de cincuenta y Anderson lo tomó lentamente, sin palabras.
"Espera..." murmuró. "Te traeré el cambio."
Sherlock consideró el inocente polvo blanco, llevando la bolsa más cerca de su nariz. Anderson volvió con 25, frunciendo el ceño.
"¿Qué dice John sobre esto?" Preguntó. Sherlock tensó su mandíbula y le envió una aguda mirada.
"No dice nada sobre esto."
"¿La compartirás con él?"
"No, esto es solo para mí."
"¿Qué, y él solo va a dejar que esto suceda? No parece el tipo de tío que—"
"¡Se ha ido, de acuerdo! Se ha ido." Gruñó. "Anderson, no tienes ni una pista de cuánta fuerza de voluntad me tomó para salir de la cama y cruzar la ciudad esta mañana. Esta excursión es el producto de la parte conciente de dos semanas de preparación. Así que ayúdame, si me preguntas más cosas sobre mi vida personal estaré enviando un consejo anónimo a la policía."
Anderson se tambaleó, haciendo muecas. "¡Está bien! Solo estaba curioso."
"Eres un idiota." Sherlock gruñó. Se sentó en la mesa de la cocina de Anderson sacando la daga de John desde dentro de su chaqueta. Desatornilló la manilla y reveló una jeringa desmantelada. El veneno de araña que en un momento ocupó el espacio dentro de la daga hace mucho tiempo se había ido— había experimentado con él con toda la satisfacción de su corazón. También había conseguido interesante información del veneno. Sherlock compró la jeringa hace un mes atrás, y no la abrió hasta justo luego de haber dejado el apartamento de Mycroft. La esterilizó con calor en su baño, solo por si acaso el envoltorio había dejado algo.
"No… no puedes hacerlo aquí—"
"Quiero estar con gente para la primera vez, así puedo medir mi reacción. Solo en caso de tener una reacción negativa."
"Bueno ve a buscar a alguien más, no quiero ser tu niñera."
"Por dios, Anderson, solo este momento." Sherlock lo fulminó con la mirada, mientras preparaba la solución. "No tengo a nadie más."
"Bien." Gruñó. Sherlock se quitó su abrigo y su chaqueta, enrolló la manga de su camisa y ató a su brazo por encima del codo un torniquete que había traído desde casa. Encontró la vena y se inyectó con la aguja.
Sherlock cerró los ojos y suspiró. Puso la jeringa vacía de vuelta en la manilla de la daga junto con la cocaína. La fijó y dejó en la mesa.
"¿Cuánto antes de que haga efecto?"
"Bueno, debería ser muy luego, considerando que la inyectaste en vez de inhalarla."
"No quería entorpecer ninguno de mis sentidos, en especial mi olfato."
"Bueno, todos tus sentidos van a agudizarse." Dijo Anderson. "Aunque usualmente para agudizar los sentidos, recomendaría speed."
"Speed no es lo suficientemente fuerte." Dijo Sherlock. "Me da masivos dolores de cabeza y ¿porqué no está funcionando aún?"
Sherlock frunció el ceño en confusión antes que la habitación se deslizara. Sus ojos se agradaron y todo fue a él de inmediato. Las manchas de la camisa de Anderson hablaban de dónde él había estado, hace cuánto tenía la camisa y qué había preferido para comer. Miró hacia el fregadero y pudo decir qué había tenido para cenar hace tres semanas. Podía ver y oír todo— era como ser un dios. Sabía todo tan claramente como si pudiera ver su historia delante de sus ojos. Sherlock no dudó que si miraba lo suficiente, podría ser capaz de ver su futuro tanto como su pasado.
Sujetó la mesa, sus ojos rápidamente mirando alrededor. Se puso de pie frenéticamente, estaba repleto de ansias de moverse— necesitaba moverse, necesitaba hacer algo—
"¿Cómo es?" Dijo Anderson a un millón de millas. Sherlock lo miró.
"Me siento brillante." Jadeó, aún tratando de mantenerse al día con su mente.
"No es sorprendente." Dijo "¿Estás bien ya, puedes irte?"
"Puedo volar." Dijo Sherlock, parpadeando.
"No, no puedes." Suspiró. "¿No estás manejando, cierto?"
"No, caminaré."
"¿No acaso vives en el otro lado de la cuidad? Eso es como doce millas."
"Sí." Sherlock asintió. Se dio vuelva para mirar a Anderson. Juró que podía ver sus poco inteligentes pequeños pensamientos.
"Bueno, llamaré por un taxi." Dijo. "¿Crees que está lo suficientemente bien para decirle al taxista tu dirección?"
"Ciertamente." Sherlock respiró profundo. "Sí. Por supuesto, lo estoy." Anderson sacudió su cabeza y dejó la habitación para llamar a un taxi. Sherlock se levantó nerviosamente, arañando sus dedos, y con sus ojos grandes y brillantes.
"Está bien, debería estar aquí en un minuto más o menos." Llamó. "Llámame cuando salgas, ¿sí?"
"Ciertamente." Dijo Sherlock. "Tengo tu número."
"¿Cómo lo conseguiste?"
"Lo sé todo, Anderson. No lo olvides." Dijo. Estaba medianamente bromeando. Sentía como que sabía todo. Sabía todo. Y ahora tenía de vuelta su fuerza de voluntad para probarlo.
