John releyó algunas de las cartas de su madre. Milo le había hablado demasiado sobre su hermano mayor y sus padres. John la mayoría del tiempo había sonreído y preguntado algunas cosas donde fuese necesario. No era que no le importara Milo, solo era que no le importaba su familia.
Todos estaban hablando emocionadamente sobre volver a verlas, y John estaba casi arrepentido de decirle a su madre que no podía ir a verlo. Era demasiado tarde ahora, incluso si ella llegaba a coger un avión.
Por lo que John trató de sacar la voz de madre de las cartas que ella le había escrito y envolverse con eso. Desafortunadamente, esta fantástica imagen de Sherlock continuaba poniéndose en el camino. Sherlock, semi despierto enroscándose en su cama mientras John se preparaba para la escuela. Sherlock bañado en la luz de la luna, su mirada dura y seria mientras rozaba su mejilla. Sherlock sentado en el sofá. Sherlock haciendo una deducción. Sherlock besándolo en la frente. Sherlock irritándolo y llamándolo idiota. Recuerdo tras recuerdo de él inundó su mente, sus emociones sordas, pero aún ardiendo. Sherlock estaba rasguñando la rígida pared que el Ejército había demorado un año en construir. Y John no podía tener eso.
"Hey, Watson." Dijo Milo, apoyándose en el respaldo de la cama. John dobló la carta rápidamente y la guardó de vuelta en su mochila. "¿Estás emocionado por el despliegue?"
"Bueno, aún no soy realmente un doctor, Milo." Respondió John.
"Sí." Encogió los hombros. "Pero eres un soldado."
John cerró los ojos y suspiró, asintiendo. Se levantó.
"Nunca hablas de tu familia." Preguntó Milo mientras caminaban a la sala de descanso. "No sé nada sobre ti, compañero."
"Tengo una madre y una hermana mayor, Harry. Mi padre está en el Ejército también, pero se divorció de mi madre por lo que no sé mucho sobre él.
"Oh." Milo asintió. "¿Van a venir?"
"No."
"¿Qué? ¿Por qué no?"
"Les dije que no lo hicieran." Dijo John, mirando a Milo. "Voy a ser desplegado a algún lado y no quería ponerme sentimental. Yo solo…" Se encogió de hombros. "Los veré cuando mi viaje termine."
"Eso puede ser en diez años." Dijo Milo, frunciendo el ceño. John se encogió de hombros.
"Así sea." Estaba seguro que en el momento en que viera los ojos preocupados de su madre, se rompería. Podía perder su respiración y sus ojos se hincharían y él le diría todo a ella y a su hermana. Les diría sobre cómo no quería estar aquí— cómo quería estar en casa con su madre y Sherlock y cómo Moriarty lo estaba amenazando. Pero también sabía que en el minuto que hiciese eso, Sherlock moriría. Y su madre tendría que volver a casa eventualmente. Y, eventualmente, Moriarty iría a matarla también. No podía ponerlos en peligro siendo egoísta.
Milo lo miró extrañado. John suspiró.
"Hay mucho de la historia que estás perdiendo, Milo." Dijo seriamente. "Por favor no me mires así. Mis razones son justas."
"Si es lo que piensas."
"Lo hago." Dijo irritado.
La graduación fue rápida. Le recordó dolorosamente la última graduación a la que fue. Sherlock no quería ir. Su madre los descubrió besándose. Su regalo de graduación. Se preguntó si es que Sherlock aún tenía la daga o si la había tirado junto con todos sus recuerdos de él.
John fue felicitado por los padres de Milo— una alta y escuálida mujer quien tenía la inocencia que Milo reflejaba, y un robusto padre con una barba con canas. El hermano de Milo, quien estaba estudiando para ser físico se parecía mucho a Milo, solo con una mandíbula más débil y unas gruesas gafas. Estaban hablándose los unos a los otros felizmente. John asintió respetuosamente y sonrió tanto como podía manejar. Su mente estaba lejos de ese día, cuando sería llamado para ser desplegado. Podría terminar sus estudios en el extranjero y ser parte de la acción, también. Ya había completado dos años de la escuela de medicina, por lo que solo necesitaba dos más antes de que pudiera actualmente tener un paciente. Estaba emocionado por eso. Se afirmó de ese pequeño parpadeo de felicidad por lo más que pudo.
La ceremonia terminó, los padres y el hermano de Milo se fueron a casa, y Milo se deprimió en su cama. Cómo él era aún capaz de tener sus emociones y ser un soldado de alto rendimiento, estaba más allá de John. Por otro lado, si él dejara solo una de sus emociones, se rompería. Como un agujero en una represa. Milo estaba haciendo exactamente lo que John hubiese hecho. Solo que él no podría ser capaz de salir de la cama.
"¡Atención!" La voz del Capitán retumbó a lo largo de los dormitorios. Todos se revolvieron de sus camas y se pusieron de pie en los espacios entre los camastrotes, con atención. Él caminó lentamente hacia la mitad de la habitación, sus manos detrás de su espalda. "Las Órdenes de Despliegue están por ser distribuidas a los Soldados con apellidos que empiezan con la letra T hasta la letra Z. Todos los demás, donde estaban."
La mitad de la habitación continuó erguido de pie, precediendo al Capitán Dowinger a su oficina. Estaban todos ordenados a entrar a la habitación y hasta donde las sillas habían sido puestas. Se relajaron una vez en la sala, hubo un zumbido de emoción entre los chicos. John solo encontró un asiento y cerró sus ojos. Chicos iban y volvían, con sus ojos emocionados, ansiosos, decepcionados. Finalmente abrió sus ojos cuando escuchó,
"Wallace, Milo Andrew." Milo sonrió brillantemente, le dio unas palmaditas a John en la rodilla y se paró. Una vez de pie, todo rastro de risa desapareció de su rostro. Dejó la habitación. John empuño las manos. Donde sea que Milo sea enviado, él quería ser enviado también. No le dijo a Milo cuánto significaba para él, porque John no tenía emociones por decisión propia. Pero Milo era el único que se había quedado con él a pesar de que John lo tratara como un objeto. John nunca fue grosero, por supuesto. A él solo nunca le importó. Milo volvió, con el rostro pálido y sus ojos fijos.
Sus labios estaban temblando mientras miraba hacia el frente. John tocó su hombro y trató de darle una mirada preguntando si estaba bien. Nunca había visto a Milo de esa manera.
"Watson, John Hamish." Llamó el hombre. John inmediatamente se puso de pie y caminó fuera de la habitación. Golpeó dos veces la puerta y escuchó el firme "Pasa," del otro lado.
John entró, cerrando la puerta detrás de él y saludó. El Capitán suspiró.
"Descanse, soldado. Tome asiento." John se relajó tanto como pudo, pero encontró que se sentó tan rígidamente como cuando estaba de pie. "Te recuerdo en tu primer día aquí. Tú y tu caja de música." La mandíbula de John se tensó." Solo eras un niño asustado, en ese entonces."
"Sí, lo era, señor."
"¿Y no lo eres ahora?"
"Bueno, ya no soy un niño, señor, y creo que no estoy tan asustado como cuando llegué."
"¿Por qué no?
"He aceptado el peligro como una parte diaria de mi vida. Retroceder de eso muestra debilidad y seré atacado si muestro algún signo de ello."
"Las emociones no son una debilidad, John, son humanas." Dijo el Capitán. John no supo cómo contestar a esto así que no lo hizo. El Capitán suspiró fuertemente.
"Lo siento por esto, John. Realmente lo hago. Has realizado admirablemente todos tus exámenes, has sobresalido a las expectaciones y forzado a los estudiante alrededor tuyo a sobresalir. Eres un brillante soldado y un excelente estudiante de medicina y me duele deshacerme de ti ahora. Pero aquí tengo dónde irás.
La mandíbula de John se apretó mientras se preparaba para escuchar su sentencia.
Sherlock se sentó en el piso de su habitación, el acto de recién afeitado había desaparecido por primera vez en semanas. Lo había mantenido como Mycroft lo había pedido, por tres meses. Mycroft entró y la vista de un medio desnudo Sherlock, encorvado sobre informes de casos, su daga y jeringa contiguos a él. Sus ojos estaban cerrados.
"Yo… tengo algunas noticias." Mycroft declaró.
"Son acerca de John, ¿no es cierto?" Sherlock preguntó suavemente.
"Sí."
"Ya lo sabía." Sherlock presionó juntas las yemas de sus dedos como si estuviese rezando. "Dónde ha sido desplegado."
"¿Cómo podrías ya saber?" Mycroft frunció el ceño. "Fue literalmente recién enviado hacia mí."
"Te dije que él estaba tratando de enviar un mensaje." Sherlock susurró. "Los cuatro casos que trajiste a casa el otro día estaban todos unidos por el mismo factor que los otros. Las letras fueron tres diferentes As y una F." Sherlock rodó su cabeza. "Te lo dije, Mycroft. Te lo dije." Se puso de pie, revelándole a Mycroft los sobres de manila en el piso marcados con una letra. En un arco alrededor de dónde Sherlock había estado sentado, estaba claramente deletreado en las notas adhesivas en delgado y negro sharpie.
Afganistán.
