Cuando John tenía siete, su familia vivía con el hermano de su madre. Él tenía dos hijos que lo odiaban absolutamente, ellos lo molestarían porque era el más pequeño y técnicamente no tenía hogar. Eso fue solo por unos pocos meses, pero sus primos eran absolutos tiranos. Ellos lo encerrarían en el baño, closets, dormitorios por horas. Nunca fue claustrofóbico así que esto realmente no le molestó, y él sólo se retiraría a su mente y esperaría por un adulto que le encontrara.

Una vez en particular sacó a John. Sus primos tenían una caja de arena que estaba sin uso y llena de excremento de gato. Tenía una tapa en forma de cúpula que se suponía que mantendría a los gatos afuera. Sus primos lo habían empujado dentro de la caja de arena y lo sellaron dentro. Estaba apretado ahí, gritando por ayuda. No quería ser aplastado hasta la muerte— estaba gritando por ayuda pero Harry había salido con un amigo y su madre no estaba. Estuvo atrapado en esa caja de arena por una hora, pero se sintió como medio día. John estuvo cinco minutos golpeando la parte interior de la cúpula, pero estaba cerrado desde afuera. Se recostó de espalda en la rasposa arena, el excremento de gato agradecidamente viejo y duro en vez de fresco. Lloró por otros quince minutos y por los restantes 40 minutos, retraído más profundamente en su mente de lo que había estado antes. Incluso luego de que su madre lo encontrara, mientras ella estaba gritando y maldiciendo a sus primos, él estaba completamente desprovisto de emociones. Estaba aún en su mente; un lugar feliz en donde creaba aventuras y en donde se perdía.

John recordó esto mientras el avión aterrizaba en lo que tenía que la caja de arena más grande del mundo. Se estremeció un poco cuando capturó un vistazo del suelo. Le dio una mirada de lado a Milo quien estaba apretando su mandíbula. Milo vio sus ojos y un destello de pánico se plegó antes de que pudiera calmarse. Todos los soldados se bajaron del avión de una forma ordenada. Fueron asignados a sus lugares. Milo parecía como si fuese a llorar de alivio cuando fue emparejado con John otra vez. John no quiso admitir cuán feliz estaba cuando escuchó eso también. Fueron dejados ir y siguieron a sus respectivos líderes de pelotón.

A John le dieron su horario y cuándo debía presentarse a ciertas clases. Milo no tuvo que entrenar más, se había convertido en un soldado y eso era todo lo que él quería. Típicamente, para convertirse en un médico de ejército, uno tenía que terminar dos años de entrenamiento, pero John había sobresalido tan rápidamente que solo aceptaron su año en la escuela de medicina tanto como su año en entrenamiento para mandarlo. Así que solo necesitaba dos años más de escuela antes de poder oficialmente tener un paciente.

Estaba en la base del ejército en Afganistán. Estaba en Afganistán y estaba estudiando para ser un Médico del Ejército. John rió cuando se dio cuenta que era exactamente lo que Sherlock había imaginado que sería. Luego, casi inmediatamente, se sentiría terrible. Cuando tuvo tiempo de descanso, igual como hizo cuando estaba en entrenamiento, se sentaría con su maleta abierta, sacaría un par de calcetines que contenían una pequeña caja plateada. Debatiría en abrirla para escuchar su música, pero nunca lo hacía. Milo podría entrar y él la guardaría rápidamente. Así es como fue. Así es como siempre sería. Así es como John esperaba que terminara. Es casi como casi se hizo.