~*~Tres años después ~*~
A los 22, Sherlock se convirtió en nada menos que un obsesionado con encontrar al personaje que le había informado dónde John sería desplegado. Sherlock se había aparecido en escenas de crímenes convenciendo a un cauteloso compañero de clases de dejarlo entrar a los interesantes. Luego ayudando a resolver muchos casos serios y complejos. Eventualmente, este enviaría a Lestrade a buscarlo para que los ayudara.
Durante un caso que realmente le apestó, Sherlock forzó a un criminal lloriqueando durante sus últimos jadeos de aire a que le revelara el nombre. Moriarty, había gritado. Moriarty… Sherlock lo había sentido fuera de toda su comprensión. Una alarmante sensación de calma cayó encima de él en esos momentos en que el hombre se desangraba en el piso, pero fue reemplazado repentinamente por un ardiente deseo de capturar a Moriarty y detenerlo.
Respiraba Moriarty, dormía Moriarty. Moriarty llenaba su tiempo y su cerebro, buscando en los pliegues más profundos. Moriarty lo enfurecía, pero había también una admitida intriga. Él era un hombre con una inteligencia increíble. En paralelo solo con Sherlock. Era capaz de orquestar inteligentes atracos y trucos, y había evadido a la policía por años. Moriarty tenía la libertad de trabajar fuera de la ley, era capaz de crear intrincados patrones de crimen. Todo lo que quisiera.
Una o dos veces cuando estaba en lo profundo de su dosis de cocaína, Sherlock había pensado sobre qué habría pasado si se hubiese unido a Moriarty. Casi inmediatamente, reía amargamente por este pensamiento. Nunca se lanzaría a las filas con alguien quien pusiera en peligro de esa manera la vida de John. Nunca.
Mycroft no podía aguantar verlo así. Pasaría horas más largas en el trabajo y volvería a casa para verlo estudiando detenidamente los casos. Sherlock estaba tratando de vestirse respetablemente como le había prometido hace tres años, pero el tiempo y la obsesión lo habían atrapado. Era aún más patético ver como no podía siquiera hacer eso. Sherlock había puesto una alarma para recordar comer, y cuando lo hacía, sería todo lo que pudiese tomar con sus manos. A veces no permanecería ahí y Mycroft podría oír a su hermano tiendo arcadas en el baño.
Murmuraría el nombre de Moriarty con odio y al azar, causando que Mycroft cerrara los ojos en exasperación. Sherlock estaba terrible. Estaba absolutamente terrible y Mycroft se mantendría en negación por todo el tiempo que pudiese. Su hermano era fantástico, asombroso— de seguro podría pensar como salir de su adicción de cuatro años.
La respuesta se volvía más y más clara con respecto al paso del tiempo. Y esa respuesta era 'No. Él no puede, Mycroft. Ayúdalo.'
Mycroft estaba sentado a la mesa del comedor, con sus manos juntas sobre la madera brillante. Sherlock volvió a casa luego de un caso.
"Lestrade va a ser ascendido luego, puedo verlo." Dijo felizmente. "Esto significa que seré capaz de ir a las escenas de algunos casos más difíciles. Si solo me dejaras tomar un poco antes de ir allí, todo lo que puedo pensar es en qué tan bien podría ver la escena del crimen si tuviera la droga." Sherlock lanzó su abrigo y se retiró a su habitación. Le tomó menos de un minuto comenzar a gritar a lo máximo de sus pulmones. Mycroft oyó los golpes y los choques de los muebles antes de que este abriera la puerta furiosamente, mostrando los dientes mientras lo miraba.
"¿Qué has hecho con eso?" Bramó. "¿Dónde está?"
"Lo he tomado."
"¿Dónde?" Demandó. "Mycroft, no tenías derecho—eso era de mi propiedad—"
"No te puedes ver a ti mismo, Sherlock." Mycroft sacudió su cabeza. "Necesitas ayuda."
"No necesito ayuda, necesito cocaína." Demandó. "¡Es la única cosa que tiene sentido! ¡La necesito para vencerlo!"
"¿Este personaje de Moriarty?"
"Joder— ¡SÍ!" Gruñó. "¿De quién he estado hablando sin parar estos tres años?"
"Si él es tan brillante como dice que es, sabrá sobre tu adicción. La usará en tu contra."
"No puede hacer eso porque no soy adicto. Solamente mejora mis sentidos."
"Sherlock—"
"Solo dame las malditas drogas." Escupió.
"Las destruí." Respondió Mycroft calmadamente. "Las mezclé con cemento y enterré bajo tierra con una viga de acero. Cercano a un sitio de construcción." Sherlock estaba temblado con ira. Gritó y se balaceó para golpearlo, pero Mycroft se agachó y lo atrapó haciéndole una llave al cuello.
"¡Quítate de encima!" Gritó. Mycroft lo soltó. Sherlock se puso furiosamente su abrigo y corrió fuera del apartamento. Anderson. Necesitaba llegar a Anderson.
Sherlock dio vuelta la manilla de la casa de Anderson y encontró que estaba abierta. Ese debería haber sido el primer indicador. "¡Anderson!" Gritó hacia el apartamento. "Anderson, ¡dónde estás! ¡Necesito más! Mi maldito hermano está siendo—"
"A él nunca le gustó tu pequeño hábito, ¿no?" Una suave voz le respondió desde la sala de estar. Sherlock se detuvo en seco. Retrocedió y miró al hombre de pie en medio de la habitación. Sus manos estaban en sus bolsillos y estaba muy relajado. "Hola soy Jim. Jim Moriarty."
Los ojos de Sherlock brillaron peligrosamente mientras se acercaba a él.
"¡Y entonces este puede ser solo Sherlock Holmes!" Dijo como una especie de introducción. "Solía describirte como 'El Gran' Sherlock Holmes pero…" Se encogió de hombros. "de alguna forma perdiste este título."
"¿Lo ganaré de nuevo cuando te derrote?"
"Ciertamente." Moriarty se encogió de hombros. "El problema es que tendrás que derrotarme. Y eso no es muy posible, ¿no?"
"Sherlock tragó. "¿Qué estás haciéndole a John?" Dijo firmemente.
Moriarty rió fuerte. "¡Sigo olvidándolo!" Se limpió la cara y sonrió. "Tu sabes, mi problema es que aún te veo como lo hice cuando tenía catorce y tú doce. Estabas tratando de investigar el asesinato de un hombre que al parecer se había ahogado en su propio vómito porque estaba ebrio. Bueno, ese fui yo, Sherlock, ese fue mi debut. Tú fuiste el único que trató de hacer que la policía se interesara y yo no podía tener eso. Te he mantenido a la vista desde eso." Sonrió maniáticamente. "No tenías ninguna debilidad en ese entonces. Ninguna. Ahora tienes dos. Un doctor y su medicina." Rió por lo bajo. "Dios mío, Sr. Holmes."
"¡Qué les estás haciendo a John!" Demandó.
Moriarty rodó los ojos. "Vamos Sherlock. ¿No es eso obvio? La única persona en el mundo de la cual te preocupas, ¿se ha ido y roto contigo? Voy a amenazar con matarlo así nunca podrás enmendarlo, ¡claro! Y también es tan fácil, él, estando allí en medio del calor y la arena. Completamente inconciente que hay otra cosa amenazando su vida. Él es un gran hombre de medicina. Ha sobresalido lejos de ti cuando tú solo lo ensombrecías. Pienso que lo encuentra… liberador." Era como que estuviese apretando sal a una herida que ya estaba escociendo.
"Detente." Susurró Sherlock.
"Sin embargo pensé que toda esta cosa de la 'cocaína' iba a acabar. Esperaba que lo hubieses superado por este tiempo. Decepcionado. Te necesito fuera del camino por un tiempo. Te estás metiendo muy profundo." Dijo Moriarty poco amable. Sacó una jeringa de su bolsillo— estaba llena con un líquido claro. La sostuvo en su palma abierta.
"¡Ven, chico!" Llamó y Sherlock obedeció. El anhelo lo empujaba, lo llamaba. Podía decir con una mirada que había cocaína en la aguja y no alguna especie de veneno. Cogió la aguja de forma hambrienta y se sentó a los pies de Moriarty mientras buscaba una vena para inyectarse. Una vez hecho, suspiró, un sentimiento de calma cayendo sobre él. Moriarty sacó un teléfono móvil y comenzó a marcar un número.
"¿Qué haces?" Preguntó Sherlock
"¿Yo? Oh, estoy marcando por una ambulancia." Dijo. La mente de Sherlock comenzó a dar vueltas con la droga. Todo estaba más intenso, brillante y fuerte de lo que nunca había experimentado. "Parece que es sobredosis." Dijo en una voz cantarina. El rostro de Sherlock estaba atormentado con pánico mientras caía al piso, temblando y agarrando la basta de los pantalones de Moriarty. Moriarty se acercó a él y le murmuró gentilmente. "Solo te necesito lejos por un tiempo. Para evitar que te entrometas. Si encuentro que has metido una mano en algo. Mataré al Doctor." Jim acarició el rostro de Sherlock con un dedo. "No es nada personal, querido. Pero cuando vuelvas, trae tu mejor juego." Se puso de pie y se fue. Sherlock se desmayó en el piso de la sala de estar, frío, con la última amenaza de Moriarty aún sonando en su cabeza.
