Querido John.
Sé que me pediste que no te enviara nada más sobre Sherlock, y he respetado tus deseos como tal. Pero siento que le debo a él, y a esa pequeña parte de ti que solía amarlo, esta información.
Sherlock tuvo una sobredosis de cocaína hace dos días. Una ambulancia llegó justo cuando él de desmayó, pero no había nadie en el apartamento que hubiese llamado una. Murió en la ambulancia dos veces, pero agradecidamente tenía pulso cuando fue admitido. Allí, los doctores lo estabilizaron, pero cayó en un coma por unos pocos días. Despertó hoy.
Mycroft me informó, asustado y ansioso, y me pidió que me quedara con él mientras esperaba a que Sherlock despertara. Tú sabes que yo trabajo en ese hospital, así que no hubo realmente problemas.
Teníamos mucho miedo de que muriera en esos tres días. Se despertó y todos estábamos emocionados, pero fue cuando comenzó a murmurar dolorosamente que nuestros corazones se rompieron. Él estaba gimiendo 'John'. Estaba llamando por ti, John, por ti. Estaba llorando suavemente mientras murmuraba por ti. Rompe mi corazón ver como, a pesar de todos estos años, aún te ama. Mycroft estaba pensando que se despertaría y gritaría sobre este personaje que ha inventado que es un maestro criminal que ha estado conspirando en su contra. Moriarty, llama a este villano. Me preocupa que esté inventando personajes.
Está bien, ahora. Mycroft lo ha enviado a un centro de rehabilitación en América, y estoy feliz de eso. Para ser honesta, no sé si rehabilitación va a servir para él. Es demasiado complicado mantenerlo sobrio. No voy a pedirte que le escribas una carta. Sé que no lo harás. Solo estoy pidiéndote que lo mantengas en tu corazón, por lo menos un poco.
Con amor,
Mamá.
John estaba temblando mientras leía esta carta. No podía respirar, las náuseas apretaban su garganta. Sherlock… el maldito idiota casi muere sin que John pudiera ser capaz de decirle una última vez que lo amaba. Moriarty. Incluso en lo agarrado de su terrible adicción, Sherlock seguía buscando. Estaba llegando al centro de las cosas, incluso si no lo estaba haciendo por él.
John había aceptado hace mucho la idea de que Sherlock lo odiaba. Ha sido largamente suficiente. Él habría ciertamente superado a John. Quizá ahora solo le gustaba la cocaína, incluso si había empezado por su culpa. Y por los gemidos, John creía que en algún lado lo estaba culpando. Estaba culpándolo de sus problemas, de su adicción. Su madre siempre fue un poco romántica y podría solo creer en su propia interpretación.
En tres años, John se había acostumbrado a esconder sus emociones. Había terminado sus estudios y era capaz de tener sus propios pacientes, a pesar de que no venían muchos. Él a veces salía a los pueblos de los alrededores para enseñarles a los doctores de allí cómo tratar a los heridos. Había visto ya demasiados niños muriendo de hambre. Estaba acostumbrado a la insensibilidad que había sentido todos esos años, pero aún no era fácil. Pensaba en Sherlock cuando estaba solo y el mundo estaba tranquilo, pero no era muy seguido. Había momentos como ahora cuando estaba sosteniendo la carta de su madre y viendo escritas las acciones de Sherlock los que le hacían recordar que Sherlock realmente había existido.
A veces estaba convencido de Sherlock había sido un personaje imaginario.
"¡Hey!" Dijo Milo, entrando a la habitación emocionado. Capturó una mirada de John y se calmó. "Woah… hombre, ¿estás bien?"
"Estoy bien." Respondió John, agradecido de escuchar su voz tan monótona como siempre. Milo lo miró.
"No, no lo estás. Deja de decir que lo estás porque sé que no."
"Lo juro, es— es mi madre, tú sabes—"
"No, no sé." Dijo Milo. "Te he conocido por cuatro años y aún no tengo ni la más mínima pista sobre ti, John. Mantienes todo para ti mismo."
"Lo sé." Murmuró John. "Es porque tengo que."
"No, no tienes." Dijo. Vaciló un poco antes de preguntar. "¿Quién es Sherlock?" John levantó la vista agudamente, sus ojos muy abiertos y su boca levemente abierta. No había oído el nombre de Sherlock en voz alta por un largo, largo tiempo.
"Cómo-"
"Han sido cinco años, sé como ojear." Dijo Milo acaloradamente.
"Yo… él es…"
"Además, esa vez que dijiste que podía tomar prestado un par de tus calcetines, encontré una caja de música con su nombre y el tuyo grabado en ella. Así que no me digas que es solo un amigo." El rostro de John se dobló en enojo. Mucha gente estaba viendo esta caja. Era suya, era su parte privada de Sherlock.
"¿La abriste?" Gruñó.
"Sí, lo hice." Dijo Milo planamente.
"John respiró profundo, con los ojos cerrados. "Está bien." Replicó. "No me importa."
"Mira, John… no me importa si eres gay." Dijo con intención. Bajó la mirada antes de murmurar. ¿Él murió?"
"No." Dijo suavemente. "Lo dejé." Milo parpadeó, sorprendido.
"Pero… esa caja de música… la estás manteniendo. Y todas esas cartas con las que te alteras—"
"Déjalo, ¿ya?" Dijo John delicadamente. Milo vaciló. Nunca había escuchado a John tan quebrado.
"John… te estás rompiendo." Dijo Milo. John lo miró a los ojos. Era tan sincero en su preocupación por su bienestar que mordió su labio inferior para evitar que sus lágrimas cayeran. Era Milo. Era solamente Milo.
"Sherlock Holmes…" Sintió el familiar nombre de Sherlock bailar en su lengua. "Es posiblemente el hombre más brillante de toda Gran Bretaña." John comenzó a sonreír un poco. "Es frío y obtuso y ni siquiera un poco romántico, pero nos amábamos. Aún lo amo."
"¿Cómo eran los dos?" Milo se inclinó hacia adelante, tomando todo lo relacionado con él. "Juntos, me refiero."
"Juntos… nosotros…" John se encogió de hombros. "Éramos un conjunto." Miró a Milo a los ojos. "Es lo más completo que me he sentido en toda mi vida, estando con Sherlock. Me siento como su tuviese un propósito—Me siento como que tengo un significado. Es tonto, cursi y sentimental… pero lo amo con tanta convicción que da miedo."
"¿Entonces por qué lo dejaste?" Preguntó Milo. John dejó de mirarlo.
"Yo solo… tuve que hacerlo." Murmuró. "No te lo puedo explicar, Milo. No puedo. Solo tuve que dejarlo. Tuve que unirme al ejército."
"Pero lo extrañas."
"¡Lo sé!" Mordió. "Lo sé. Sé que lo hago, y lo siento todos los días. Lo cual dice algo porque han sido cinco años desde la última vez que lo vi. Probablemente él ahora me odia." John rió tristemente.
"Solo no entiendo por qué tuviste que terminar con él si genuina y verdaderamente lo amas."
"No se supone que entiendas, Milo." John sacudió su cabeza. "Confío en que puedes mantener esto para ti, ¿cierto? No necesito que otros se rían de mí o se sientan incómodos alrededor mío.
"No le diré a nadie." Dijo Milo. "Lo juro."
"Está bien. Ahora vuelve a lo que sea que tengas que estar haciendo, soldado."
"Ciertamente, doctor."
