Era demasiado hermoso aquí. El cielo era demasiado azul y el pasto era demasiado verde. Sherlock miró la alta propiedad que se extendía a lo ancho. Era obviamente moderna, pero trataba de tener el estilo de una clásica mansión. Podía ver una cancha de básquetbol al lado de las canchas de tenis. Apretó los dientes. Esto parecía más apropiado como destino vacacional para ricos que un vertedero de tierra para degenerados. Mycroft se puso a su lado mientras Sherlock tomaba su mochila y le daba unas palmaditas en la espalda hasta la entrada. Cuando fue declarado limpio y luego de haber saqueado sus cosas a fondo—deteniéndose solo una vez para tomar radiografías a una pequeña caja de música— entraron al centro de rehabilitación.

Una excesivamente alegre mujer vistiendo ropa celeste se acercó a Sherlock, mientras Mycroft le enviaba una última mirada intensa antes de irse.

"¡Tú debes ser Sherlock Holmes!" Dijo felizmente. Sherlock quería amordazarla por ese tono. "Soy Danica Singleton, pero puedes solo llamarme Dani." Dijo animadamente. Sherlock le dio un momento antes de murmurar.

"Engañando al novio con otra mujer."

Dani dio un pequeño sobresalto antes de capturar la mirada de una persona detrás de Sherlock. Sonrió, con forzado entusiasmo.

"¡Y aquí viene tu compañera de habitación!" Dijo. "Di hola, Irene."

"Hola." Dijo Irene, observando a Sherlock detenidamente. "Siempre es bueno tener carne fresca, ¿no estás de acuerdo, Dani?" Dani se sonrojó pero Irene continuó. "Irene Adler. Supongo que estaremos compartiendo habitación."

"Pero eres una mujer. ¿No está eso en contra de la mayoría de lo códigos?"

"Soy lesbiana. Somos puestos en las habitaciones por nuestra sexualidad. Es una cosa importante aquí. Nadie tiene permitido tener sexo o algo." Dijo Irene. Sherlock se encogió de hombros. No era una regla que fuese a romper.

Dani le dio una visita completa, mostrándole la cafetería, las canchas de tenis, de básquetbol, la piscina— el gimnasio y la sala de terapia. Lo llevó a alas separadas y le explicó cómo cada una estaba separada para gente quien pudiese relacionarse entre sí— básicamente los cocainómanos y los adictos al sexo compartían un ala. Los consumidores de Heroína y Metanfetamina compartían otra y los Alcohólicos tenían una entera para ellos— habían tantos de ellos. Los misceláneos usualmente terminaban con los consumidores de cocaína y los adictos al sexo porque no había muchos admitidos a rehabilitación que fuesen adictos al sexo. Ella le mostró cómo cada ala tenía su cuarto de estar donde todos podían participar en terapia grupal o solo merodear y jugar futbolito. Irene bufó a algunas de sus explicaciones.

Dani finalmente los llevó a su habitación, una simple habitación con paredes celestes y verde azuladas, dos camas en cada lado de ella y dos escritorios. Dos cómodas y dos lámparas. La cama a la izquierda estaba bien hecha y sin uso, la de la derecha estaba usada, pero suficientemente bien hecha. Podría ser una habitación de hotel si no tuviese la encantadora añadidura de barras en cada ventana.

"Hermoso." Sherlock dijo su primera palabra a lo largo de todo el recorrido. Chorreaba de forma positiva el sarcasmo.

"¡Espero que disfrutes tu estadía aquí, Sherlock!" Dijo Dani animadamente. Sherlock se giró.

"¿Es eso una broma enferma?" Dijo. "¿Qué tipo de persona dice 'espero que disfrutes tu estadía aquí'? Voy a tener que vivir, por 12 meses, sin la sustancia que me ha impulsado por años y ¿tú esperas que 'disfrute mi estadía'?" Sherlock Gruñó con disgusto. "¿Has conocido alguna persona que disfrute yendo con la abstinencia? ¿O estás tan envuelta en ser una enfermamente adorable y tan jodida 'Madre Teresa' que no puedes ver que gente real viene por esas puertas y no otro problema que debes arreglar? Me repugnas con tu elitismo y no quiero ver tu cara nunca más."

Irene estaba sonriendo brillantemente y el rostro de Dani estaba contorsionado con una mezcla de tristeza y enojo. No dijo nada más y se alejó de Sherlock.

"Eso fue brillante." Dijo Irene. "Todos pensamos eso, pero ninguno lo ha dicho de tal… lujosa manera. Sin embargo el acento y el gruñido en la voz quizá ayudó."

Sherlock suspiró y puso su maleta en el puso, recostándose en su cama. La prisión sería más fácil que esto.

"Así que… ¿cocaína?" Dijo Irene, sentándose en su cama. "Y déjame adivinar… gay."

"Sí y no." Sherlock puso la almohada en su rostro y moderadamente se preguntó si podría auto sofocarse con ella, por loa menos hasta que se desmayara.

"¿No gay? Pero te pusieron con una mujer."

"Soy asexual." Sherlock puso su almohada bajo su cabeza y sintió como se aproximaba una conversación.

Irene carcajeó. "¿Estás bromeando? ¿Un veinteañero virgen en el ala? No te creo."

"Tengo 22 y no soy virgen." Dijo Sherlock, simplemente. "Solo que no encuentro a nadie sexualmente atractivo."

"Bueno, por lo menos hubo una persona que encontraste atractiva." Sherlock le dio la espalda a Irene. "¿Ella te dominó, o tú la tomaste?"

"Él." Sherlock corrigió. Irene levantó las cejas.

"Ohh… así que eres gay…"

"No." Dijo Sherlock. "Asexual."

"Bueno Señor Asexual, rompiste la regla de asexualidad… tuviste sexo." Se burló Irene con una voz cantarina. Los dedos de Sherlock agarraron furiosamente su almohada. "Vamos a tener que echarte del club. Te cogiste a alguien. ¿Estuvo el encima? ¿Estuviste encima? ¿Te montó como un pony o fue dulce y gentil, como acariciando a un bebé? ¿Cómo era él, sin embargo? Bastante bueno considerando que le disto todo—"

"¡JESUCRISTO!" Sherlock bramó hacia ella. "¿Tengo que contarte toda la maldita historia de mi vida? ¿Quieres revisar todo mi maldito equipaje? El hecho de que te di alguna maldita información es más de lo que estoy dispuesto a divulgar y piensas que porque estoy viviendo y quedándome en la misma habitación que tú es una razón suficientemente decente para contarte todo—" Irene retrocedió cuando Sherlock comenzó con el alboroto. Él quería dar vuelta la mesa, pero encontró que estaba atornillada al piso. Esto lo volvió más enfadado de lo que pudiese imaginarse. Los de Irene se abrieron en sorpresa. "Pregúntame más cosas y no vacilaré en imaginar las formas más creativas de terminar contigo." Los camilleros se movieron más cerca y alrededor de la habitación de Sherlock e Irene. Muchos de los adictos que se paseaban en la sala de estar hicieron su camino hacia la habitación también. Sherlock se giró a mirar a la gente y los fulminó con la vista.

"Me gusta tu acento." Una mujer cuyo rostro estaba casi completamente cubierto por pecas bateó sus transparentes pestañas hacia él.

"Guárdatelo, Kitty." Dijo Irene. "Asexual."

"¿De verdad?" Un hombre arrastró las palabras, inclinándose hacia él. "Wow, parece tener una personalidad dominante…" Sonrió afectadamente, mientras sus ojos café lo escaneaban. "Y es virgen."

"No, no es virgen." Suministró Irene. Sherlock le gruñó. "Hubiese mantenido la confidencia si no hubieses amenazado con matarme." Mordió ella. Parecía más confiada ahora que tenía testigos. Se dio vuelta a la multitud. "Un hombre." El hombre que estaba ojeándolo estaba ahora casi encima de él. "Y por como suena, era su verdadero amor."

Todos dijeron 'oooh' sarcásticamente. Sherlock cerró sus ojos antes de girarse hacia Irene.

"Puedo comenzar con los problemas con tu papá pero sería algo a lo que reírse viendo que la mayoría de la gente en esta habitación tiene líos con sus padres— no, creo que comenzaré más recientemente." Miró alrededor de ella. "Has estado aquí por tres años, este año sería el cuarto. Trataste de abandonar el primer año aquí pero fallaste, pero te acostumbraste a la forma en que los recién llegados te miran y veneran tu—posiblemente tu perversión sexual en algún lugar. Eventualmente, comenzaste a fallar en tu propósito porque te gustó estar aquí, más porque no tienes ningún lugar a donde ir. Tus padres murieron cuando eras joven, ¿sí? Estarías sin hogar si no te hubieses quedado." Los ojos de Irene se redujeron, su boca presionada en una firme línea. "La vergonzosa parte de ti es que aún imaginas que estás por sobre los demás debido a tu antigüedad. Pero cuando ellos se van y te recuerdan como uno de sus amigos, te considerarán como una triste y patética mujer quién no puede siquiera superar una menor adicción al sexo."

Todo el mundo quedó en silencio. Él miró furiosamente a toda la multitud. Se dio vuelta y cerró la puerta detrás de él, forzando a Irene Adler a quedarse en la sala de estar principal. Calló al piso, sentándose frente a la puerta. Se sacó su abrigo y lanzó su bufanda a través de la habitación, enrollando sus dedos en su cabello. Soltó un gemido y se desplomó débilmente en el piso. La puerta se abrió levemente e Irene entró a través del pequeño espacio.

"¿Cuándo fue tu último golpe?" Preguntó ella gentilmente. Sherlock se sintió demasiado débil para continuar la pelea.

"Hace tres días" Gimió. Ella lo ayudó a ponerse de pie y lo guió a su cama. Llamó a uno de los enfermeros para que le trajera unas tijeras y cortó las uñas de las manos de Sherlock mientras estaba en la cama. Él se quejó.

"Cómo llegué aquí…" Se forzó a cerrar los ojos y rodó por sobre su estómago. Ella tomó la otra mano y cortó las uñas de esa también.

"Volaste." Dijo Irene, dejando caer su mano. Él se encorvó bajo la delgada sábana y agarró su cabeza. El mundo estaba girando, iba a vomitar. La necesitaba. Necesitaba la droga, todo estaría bien si él solo tuviese su aguja y dejara entrar la cocaína en su sistema.

"¿Necesitas un asistente?" Irene puso una mano en su hombro. Sherlock negó con la cabeza violentamente. Este iba a ser un muy largo viaje.


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