Las primeras dos semanas habían sido insoportablemente dolorosas para Sherlock. En su vida, nunca había estado en tanta agonía. Cunado John se fue, él cayó en estupor, en un entumecimiento de cuerpo entero que su mente había creado para autoprotegerse. Ahora estaba expuesto a todo, su mente traicionándolo por recurrir a la droga. Sufría por una persona sobre la cual sostenerse, un rostro familiar. Todo lo que tenía era a Irene Adler y su terapeuta. De alguna u otra forma le caía bien su terapeuta, incluso si no se lo admitiera a nadie.

El primer día que la había conocido, ella estaba sentada en el sofá para pacientes leyendo un libro. Sherlock puso decir por una vista que no estaba haciendo esto como una especie de esquema. Ella hizo vagas señas hacia la única silla en la habitación, la cual parecía como su silla. Él se sentó y la miró expectante. No podía descifrarla. Pasó un momento antes que ella cerrara el libro y lo mirara.

"Buena historia." Sonrió irónicamente y luego se dirigió a él. "Sherlock, ¿no es cierto?"

"Sí." Dijo Sherlock profundamente.

"Rachel." Dijo ella de forma simple. "Así que, cuéntame sobre ti." Sherlock rió a través de su nariz.

"Eso no va a ocurrir, no voy a abrirme a ti."

Ella se encogió de hombros. "Lo sé."

Sherlock no supo cómo responder. Cambió de posición incómodamente.

"El problema es… que eso no va a funcionar aquí." Se puso de pie. "Esto es rehabilitación. Toda esa basura "cerrada" de tú-no-entenderás-mis-problemas no va funcionar aquí." Ella cruzó los brazos. "¿Por qué comenzaste a usarla?"

Sherlock se puso de pie y mantuvo su mirada fija en ella por un momento antes de sentarse en la silla para pacientes. Ella se sentó en la silla que Sherlock había dejado vacante.

"Está bien." Se encogió de hombros. "Tenemos que hablar de alguna manera. ¿Tengo que ir a través de tu pasado? No quiero tener que hablarle a Mycroft sobre-"

"¿Me estás amenazando?" La voz de Sherlock se hizo más profunda.

"¿Te sientes amenazado?" Ella se cruzó de brazos.

"Ni en lo más mínimo."

"Entonces no te importaría."

"No diría eso." Replicó Sherlock.

"Bueno, de una forma u otra voy a encontrar las circunstancias sobre tu primera vez y a no ser de que quieras decirme la versión sin editar, tendré que llamar a tu hermano. Así que está en ti que me digas luego." Sherlock mordió sus labios y comenzó a arañarse las manos. Estaba agradecido de que Irene hubiese cortado sus uñas hace una semana. Sus manos estaban cortadas de todos los arañazos que estaba haciendo.

"La próxima semana." Dijo roncamente. Perdió su furia otra vez, solo cuando estaba en el punto máximo. Parecía inútil pelear todo el tiempo. Solo hacía que se deprimiera. "Déjame pensar sobre ello."

"Cambios de ánimo. ¿Estás ya pasando por la abstinencia? ¿Qué tan seguido usabas?"

"Dije la próxima semana." Mordió Sherlock con enfado.

"La próxima semana me contará en principio. El comienzo es siempre lo más difícil." Dijo Rachel, descruzando sus piernas, cambiando sus posiciones. "Solo dime cuántas veces a la semana usabas."

"Comencé con una a la semana." Admitió Sherlock. "Luego… no sé… estaba repentinamente en seis gramos a la semana. Podía dispararme varias veces al día." Sherlock arañó su brazo amargadamente y se limpio el rostro.

"Y te lo administrabas… ¿cómo?"

"Sherlock frunció el ceño. "¿Realmente no sabes nada?"

Rachel se encogió de hombros. "Nos gustaría que nos lo contaras tú. Es por eso que no preguntamos mucho en la solicitud. Solo la adicción y cuánto tiempo se ha estado en ella."

Frunció el ceño pero contestó de todas formas. "Me la inyectaba." Giró su cabello con sus dedos. "Las jeringas eran un poco tediosas y mis venas seguían colapsando pero supongo que eso es lo que tienes que atravesase cuando tienes adicción a la cocaína."

"Entonces lo admites."

"¿Admito qué?"

"Que eras un adicto." Dijo Rachel.

"No dije eso, dije hábito." Sherlock replicó.

"No, no lo hiciste." Rachel sonrió. "Dijiste adicción, Sherlock. Eso es bueno. Por lo menos no lo estás negando. Quiero decir, mira donde estás."

Sherlock rápidamente repitió sus palabras en su cabeza. Sus labios de entreabrieron, temblando en la realización de que había dicho adicción. El pánico comenzó a filtrarse en su corazón.

"Yo… yo no puedo…" Sus ojos se abrieron mientras trataba de evitar su ataque de pánico. "Voy a perder el control de mi mente, no puedo hacer eso." Dijo rápidamente. "Si no soy consciente de lo que estoy diciendo, ¿qué más puede ocurrir? Siempre estoy consciente de mis palabras, ¡siempre el control de ellas! Por qué- por qué está pasando esto" Sherlock se cubrió el rostro con sus manos. Rachel se puso de pie y colocó sus manos en sus hombros para tratar de estabilizarlo, pero Sherlock gritó y calló de la plataforma.

"¡No me toques!" Chilló. Se hizo una bola en piso. "La necesito." Susurró. "Lo necesito a él."