John era ya casi un doctor, el personal médico aquí era pequeño pero eficiente y le enseñaron todo lo que necesitaba saber. Estaban muy agradecidos con él a causa de la facilidad con la que recogía la medicina. Una vez que le habían dicho que sus manos estaban lo suficiente firmes como para operar, el pensamiento se aferró en su mente.
Estaba encontrando más fácil sonreírle a las cosas. Ya no era tan rígido como era antes de que Milo se enterara de Sherlock. Aún era muy conservador y tranquilo, pero podía a veces reír por una broma. Se sentaba con los amigos de Milo en vez de solo y enterrarse en su trabajo. No estaba tan solo como lo había estado los años pasados. Pero aún anhelaba soledad.
Sacó su caja de música y la acarició por fuera. Unos pocos meses atrás, se había caído de su bolsillo y casi se mete en problemas por ello. No la inspeccionaron detenidamente, pero John se explicó diciendo que calmaba a los heridos. Él nunca había dejado a nadie escuchar la caja, así que técnicamente era una mentira, pero John juró nunca separarse de ella. Lo oía tan frecuentemente ahora, que dio vuelta la foto de Sherlock en su marco para que nadie preguntara. Cuando le preguntaban quien era Sherlock, diría simplemente que él estaba muerto o que estaba demasiado ocupado con otros pacientes. La música de la caja, de hecho, trabajó para calmar naturalmente a los soldados que habían vuelto al hospital con sus piernas arrancadas o balas en sus pechos. John enrollaría la llave, abriría la caja y trabajaría en el soldado con la ayuda de otros doctores. El soldado escucharía la música y gradualmente se calmaría lo suficiente, así ellos podrían la intravenosa en sus brazos.
En general, todo iba yendo lo suficientemente bien para él. Excepto, claro, la ausencia de Sherlock. Cada vez que abría la caja y escuchaba el bello tono, John imaginaba a Sherlock, alto y sonriendo satisfecho sobre su hombro haciendo comentarios sarcásticos. Siendo crítico pero valorativo al mismo tiempo. Deslizando sus manos en las de John y besándolas en forma de despedida una vez que cerraba la caja. A veces quería abrirla cuando estaba solo, como ahora. Sin embargo, no podría permitírselo. Porque el Sherlock que imaginaba cuando estaba solo era el Sherlock que estaba herido sin remedio—era el Sherlock que estaba en un centro de rehabilitación luego de haberse sobre dosificado con cocaína. Era el roto y golpeado hombre que de seguro le odiaba. Y John no quería eso.
Así que abría la caja cuando la llave no había enrollado la música y daría vuelta la fotografía. Miraría la fotografía en silencio antes de cerrar de golpe la caja de música y deslizarla en sus pantalones.
"Hey, John." Dijo Milo volviendo de la cafetería con otros compañeros de litera, Roger y Albert. Ellos le dieron un pequeño saludo que él devolvió. "¿Estás listo para ser reasignado?" Dijo con falso entusiasmo.
"Estoy listo para aprender más sobre medicina." Respondió John, apoyándose en la pared.
"John robot." Milo rodó sus ojos. "Puedes estar molesto. Incluso tú debes tener algo que te disgusta."
"Me gusta que voy a ir a otra base porque seré capaz de realmente aprender algo sobre cirugía en vez de solo amputaciones." Dijo John. Milo rodó sus ojos. "Si te hace sentir mejor, me alegro de que vienes conmigo." Milo sonrió y se encogió de hombros.
"Ahh, quién no lo estaría."
John trató una pequeña sonrisa pero desapareció tan luego Milo se dio vuelta. La base estaba a tres horas y media a través del desierto. Iban a tomar un automóvil lleno de soldados por el desierto. Solo estaban quedándose allí por aproximadamente tres meses—eso harían 5 años para John y Milo de haberse inscrito en el Ejército. Milo estaba entusiasmado por eso, pero John lo odiaba. Para él, era el aniversario del día en que dejó a Sherlock.
A veces trataba de razonar consigo mismo de que no todo en su vida giraba entorno a Sherlock. Pero luego se daba cuenta de que todo lo hacía.
Estuvieron empacando el vehículo con agua extra y suministros médicos. John y Milo se pusieron de pie junto con otros cuatro soldados que estaban por partir. El Capitán Robinson gritó.
"¡Dimmuck!"
"¡Señor!"
"¡Fernsler!"
"¡Señor!"
"¡Jones!"
"¡Señor!"
"¡Wallace!"
"Sir!"
"¡Watson!"
"¡Señor!"
"Yetter!"
"¡Señor!"
El Capitán Robinson se dio vuelta y dio un taconazo hacia la comandante. "Todos presentes, Comandante Tyler."
La comandante asintió con su cabeza lentamente y les dio un pequeño discurso pobre las condiciones del desierto. Ella los llamó a que tomaran sus lugares en el vehículo. Ellos lo hicieron. John cerró los ojos mientras se dirigieron hacia el foso de arena.
Milo había estado hablando por las pasadas 3 horas. Él ya había estado antes en misiones, en ciudades que apenas hablaban Inglés y llevaban agua a los niños sedientos. Había visto el campo de batalla cuando los guerrilleros emboscaron su pelotón. Había sido otorgado de alguna especie de medalla por arrastrar a dos de sus miembros de equipo lejos de las balas y por haber cuidado de sus heridas. Para el momento en que había terminado, otro miembro del equipo había neutralizado la amenaza y calmado la situación. John había escuchado esta historia muchas veces, pero la estaba escuchando de nuevo. Él había estado en el hospital, a veces saldría hacia el desierto, pero la mayoría del tiempo se quedaba adentro y estudiaba. Se hizo cargo de los dos soldados a los que Milo había ayudado. Lo consideraron un héroe. Milo no tuvo problemas con aceptar ese título y contar su historia una y otra y otra vez.
John deslizó su mano dentro de su bolsillo e inconcientemente acarició su caja de música.
"¿Qué tienes en tu bolsillo?" Dijo la Comandante Tyler desde el otro lado del vehículo. John inmediatamente la sacó de su bolsillo y la mantuvo en su palma.
"Es una caja de música, señora. Calma a los soldados antes de ponerle la intravenosa. Tengo autorización para ello, si es que quiere revisar." Dijo John.
"No, no." Se encogió de hombros. "Estaba meramente curiosa. Ahora, ¿quién es 'Sherlock Holmes'?"
La boca de John se apretó en una delgada línea y dio su usual respuesta.
"Está muerto." No podía escapar ya de conversación. Y no podría darle otra respuesta indirecta a su superior. Ella se pausó y se encogió de hombros.
"Lo siento por eso."
John asintió solemnemente y dejó la plateada caja en su bolsillo.
Milo le dio un codazo a John. "Bueno—como iba diciendo—"
"Dios mío, Wallace, si no dejas de hablar—" El Capitán Robinson gruñó. "Ningún soldado va a tomarte en serio si sigues alardeando." Milo suspiró y se apoyó en su silla. Estaba obviamente poniendo mala cara y John se rió entre dientes.
Yetter estaba tarareando una canción al volante.
Jones y Dimmuck estaban hablando ociosamente sobre sus esposas y Fernsler estaba lamentándose en un rincón.
John presto atención a todo durante los últimos segundos mientras cerraba la cremallera del bolsillo de su pantalón. Luego… el mundo explotó.
John fue arrojado por el techo de la camioneta cuando el coche dio la vuelta sobre sí mismo. Se dio la vuelta una y otra vez por la duna del desierto y fuera de la carretera, apenas evitando un cúmulo de piedras. El automóvil finalmente se había detenido. John luchó por ponerse en pie, pero su sentido del equilibrio estaba apagado y el coche estaba en llamas. En la parte trasera del automóvil en donde Fernsler estaba sentada fue destrozado y quemado por la explosión. John apenas pudo distinguir un grito de una mujer que helaba la sangre. Jones llevaba Fernsler que estaba sin piernas desde la rodilla hacia abajo, con sus ojos muy abiertos por el pánico. Milo agarró el codo de John y lo sacó de la parte trasera del automóvil, con el arma preparada, la Comandante y el Capitán estaban gritando órdenes a todos. John las siguió obedientemente. Jones y Fernsler se apoyaron en una roca alejada, Jones atando las piernas superiores. Jones había arrojado su mochila a un lado sin pensar. Dimmuck corrió a ayudarle. Pisó sobre arena que no había sido tocada y John escuchó a Jones gritarle que se detuviera. Ya era demasiado tarde. John estaba solo en su posición cuando la arena bajo ellos se convirtió en vidrio con una segunda explosión. Estaba tan ensordecedoramente cerca que John salió disparado de espaldas. Una mezcla carbonizada de Fernsler y Jones voló junto a su oreja, su sangre salpicando su uniforme. La carne rebotándole a Milo, quien no se movía ni un centímetro por el miedo de provocar otra bomba.
Disparos. En algún lado en las rocas sobre ellos, había un francotirador o alguna especie de enemigo armado. Estaba disparándole a los cinco restantes y la Comandante Tyler y el Capitán Robinson concentraron sus disparos en la roca mientras Milo, John y Yetter les cubrían las espaldas. El Capitán fue herido en el hombro derecho antes de que sus blancos cayeran. El arma fue tan poderosa que atravesó al Capitán y directo hacia la espalda de Milo. Milo gritó y cayó al suelo. Otra bomba explotó a unos pocos pasos de ellos. Todos volaron, pero la Comandante intentó mantenerse en tierra y continuar disparándole al enemigo. John estaba haciendo todo lo posible para pensar como un soldado y no como un médico. Se retorció sobre su estómago para tratar de enderezar su mundo. Le tomó todo el esfuerzo en él, pero arrastró a Milo a un rincón de la roca. El Capitán estaba en el piso apretando los dientes como un soldado.
"Lo siento, Watson." Le dijo a John. "Solo eres un médico."
John frunció el ceño seriamente y apretó su mandíbula.
"No soy solo un médico, Capitán." Dijo. "Soy un soldado."
John balanceó al Capitán sobre sus hombros y lo arrojó en la parte de las rocas donde Milo estaba poniendo presión sobre su herida. La sangre se filtraba a través de sus dedos. Milo se retorció incómodo cuando John puso al Capitán a su lado. Él vio que la bala no había golpeado una arteria importante y que tenía que hacer que el Capitán presionara sobre su lesión.
"Le disparé…" Respiró el Capitán. "Le disparé al bastardo…"
"Le disparó a uno de ellos." Dijo John, sacando su pistola. "Por lo menos debe haber dos." Volvió a mirar a la Comandante y a Yetter. Su pierna estaba doblada en un ángulo imposible y Yetter la estaba sosteniendo. John corrió al descubierto y escaneó el área. Cerró los ojos por un momento, respiró el aire enfermo por su nariz y el mundo se puso más lento. Abrió sus ojos.
Por un segundo, pudo ver todo. El mundo se encogió y lo miró con la visión de hielo de sus ojos azules. Vio las marcas de arrastre de un trípode en la roca detrás de ellos. Miró dónde la arena había sido limpiada así alguien podría tener un mejor agarre en la escalada. Y, finalmente, vio el destello de un lente intermitente en el caliente sol. Levantó su pistola, con la mano firme y vació cinco rondas. Sangre salpicó de su objetivo. Ellos dispararon una vez más y este conectó con el hombro izquierdo de John, centímetros alejado de su corazón.
Cayó al piso por la fuerza del disparo. Una bomba final explotó justo donde el automóvil había estado y expulsó metal a todas partes. John trató de levantar sus manos para cubrir su rostro, pero el dolor de la herida de la bala era demasiado como para levantar su brazo izquierdo. Sus piernas estaban ardiendo con el peor dolor que podía imaginar. Quería vomitar a causa del dolor. La arena estaba pegajosa con sangre. La Comandante fue forzada a caer al piso con su estómago. Yetter, empalado por un casco de metal en su cuello, cayó sobre John, su pesada carne muerta golpeando sus ya ardientes piernas. El olor era lo peor. Olor a sangre caliente y la viciosa mezcla de cabello quemado y carne mandó a dar vueltas a su cabeza. John tragó hacia el aire, desesperado por algo tan común como el oxígeno, pero pudo solo respirar el humo proveniente de sus piernas o de Yetter. Miró a la Comandante. Estaba apretando sus dientes con dolor, tratando de levantarse, llamando por alguien en la radio. Finalmente dejó ir su orgullo cuando trató de empujar a Yetter fuera de él, moviendo un trozo de tela sobre su carne viva. Gritó. La presa estaba rota. Sus emociones se derramaron de una forma histérica. Podía sentir su conciencia resbalar. Estaba perdiendo demasiada sangre. Podía sentir su último poco de vida literalmente vaciándose por su hombro con cada palpitar de su corazón. No podía morir. ¡No podía morir aún! ¡No le había dicho a Sherlock la verdad! ¡No había oído la voz de Sherlock por última vez! ¡No podía morir! ¡No podía! Estaba chillando de dolor y miedo. Podía oír la voz de la Comandante tratando penosamente de calmarlo desde el final de un túnel muy, muy largo. Sintió la dura caja presionada en su pierna. Llamó por Sherlock. Rezó para vivir. Sabía que la bala estaba muy cerca de su corazón. Sabía que era probable que otra bomba estallase. Sabía que podía morir aquí, pegado y maldiciendo en la arena. Y sabía que moriría con Sherlock pensando en que él lo odiaba.
Por si se les hace relevante de alguna forma, Fernsler era mujer. No sé, sentí la necesidad de que lo supieran, ya que se pierde a veces el género al pasar "his/her" a "su".
