Sherlock encontró que esperar dos semanas por un avión a que aterrizara era tortura física. Era el verdadero examen de su sobriedad. Había noches en que Irene tuvo que esposarse con él para estar segura de que Sherlock no se fugara. Mycroft estaba agradecido por esto. Muchas veces más ella trató de hablar sobre cómo ver a John pasando le afectaría. Sherlock la ignoraba. Pretendería que ella no existía o, si era capaz de, saldría de la habitación.

El viaje más difícil durante esas dos infinitas semanas fue cuando Sherlock fue a la casa de la Sra. Watson. Caminar a través de la puerta frontal de la casa que una vez llamó hogar, era doloroso. Él se había enamorado aquí, habían tantos afectuosos recuerdos presionados contra estas paredes. Sherlock fue a preguntar si podía ir a buscar a John al aeropuerto. Tomó cierto convencimiento al principio. Ella quería saber por qué no podían ir ambos a buscarlo. Sherlock tuvo que explicar, dolorosamente, que John volvería a casa con ella de una u otra forma. Que más bien, John no querría ser visto con él. Si Sherlock estaba allí con su madre, John se sentiría forzado en hacer contacto. Él solo quería verlo. Sería su única oportunidad. John podría coger un taxi a casa y ver a su madre, pero él nunca cogería un taxi para ir a ver a Sherlock.

La Sra. Watson cubrió su mano con las de ella y besó a Sherlock en la frente. Dijo que estaba bien para él ver a John. Y que ella estaría decepcionada si John volvía a casa sin él. Irene estaba solo observando, tomando todo. Había aprendido a no hacer muchos comentarios, a no ser que quisiera que un tenso Sherlock le gritara graves insultos. Era entendible mientras el día se acercaba.

Esperar dos semanas era una tortura. Peor aún fue esperar la hora final antes de que el avión aterrizara. Sherlock estaba paseándose en el terminal, incapaz de mantenerse quieto.

"¿Haz usado?" Dijo ella en broma.

"Siento como si lo hubiese hecho, no puedo apagar mi cerebro." Dijo, abriendo y cerrando las manos. "¿Por qué el tiempo no puede solo… moverse más rápido?" gritó. "No lo entiendo."

"Bueno, gritar no va a ayudar en nada."

"No es verdad, me ayuda." Dijo Sherlock, sentándose en una silla plástica. "¿Cuánto tiempo falta?"

"Diez minutos." Dijo Irene, mirando su reloj. "Cinco minutos menos que la última vez que me preguntaste." Sherlock quería lanzar algo. Entonces, repentinamente, una calma se apoderó de él. Esta podría ser la última vez que viera a John Watson. Necesitaba verse bien. No podía salir llorando o desesperado. No quería que John se sintiera culpable de volver. No quería probar las palabras que John le había dicho en el teléfono todos esos años atrás— Sherlock no quería tratar de cambiar su opinión.

"El vuelo 2884 acaba de aterrizar." Llamaron por el intercomunicador del terminal. Sherlock se congeló en su lugar y se puso al lado de Irene. Estaba temblando solo un poco antes de que se calmara completamente. Cerró sus ojos y los abrió luego de regularizar su respiración. Aclaró su rostro. Miró hacia la puerta que tenía el número del vuelo de John sobre ella con texto parpadeante. Encontró que el mundo estaba moviéndose en cámara lenta.

Cuando la gente comenzó a caminar fuera del avión, sintió su corazón acelerarse. Mantuvo la ilusión de indiferencia, pero dentro estaba tan tenso como físicamente podía. Irene reposó una mano en su hombro, pero Sherlock la quitó. Hombre tras hombre en camuflaje caminó fuera del avión, algunos haciendo girar a sus hijos, otros besando dulcemente a sus esposas. Ninguno de ellos era John.


Saliendo del avión, John esperaba explosiones. Podía casi sentir el campo de batalla; sus manos estaban apretadas alrededor de su equipaje. Milo estaba caminando delante de él. Estaba tenso, listo para la acción, listo para agacharse de una bomba o el golpe de una bala. Estaba listo para enfrentar cualquier cosa que Moriarty le lanzara. Casi listo.

Caminando hacia el patio, John solo capturó un vistazo de Hethrow antes de que Milo viera a sus padres y exclamara felizmente. Sus ojos siguieron a Milo. Estaba feliz de que él se hubiese reunido con su familia. Pensó que tendría la muerte de Milo en su conciencia.


Sherlock vio a John antes de él lo viera. Un hombre con cabello castaño oscuro y brillantes ojos café gritó felizmente cuando vio a lo que parecían ser sus padres. Sherlock literalmente perdió la respiración. No podía respirar. John era toda pieza de perfección que él recordaba. Aún no lo veía. Sherlock encontró su respiración nuevamente y trató de controlar su rostro… pero John estaba ahí. Estaba justo ahí. Sherlock podría salir corriendo, agarrarlo y abrazarlo si quisiera. Su manera de andar era diferente, su rostro era tan serio, sus ojos endurecidos y muertos, pero era su John, encerrado en algún lugar bajo ese casquete militar. Estaba sujetando su mochila fuertemente. John dejó de mirar a su amigo y miró alrededor del terminal pasivamente. Miró dos veces cuando capturó los ojos de Sherlock. Sherlock se congeló, cerró su boca, y asintió con su cabeza una vez. Quería asegurar que no había obligación para John de ir y acercarse a él.


John dejó de mirar a Milo y sus padres. Echó un vistazo alrededor de la habitación, pasivamente, preguntándose dónde podría conseguir unas patatas fritas. Un vistazo de algo desgarradoramente hermoso capturó sus ojos y miró nuevamente. Algo frío y azul lo paralizó; y ellos eran del exacto color que las gemas en la plateada caja de música en su bolsillo. Estaba mirando directamente el rostro de Sherlock Holmes. Sherlock asintió solemnemente. Estaba al lado de alguien, pero no pudo ver quien era. Ganó visión de túnel—solo una cosa en este mundo entero le importaba. Sherlock estaba ahí. ¡Sherlock estaba ahí! ¡En su terminal! Sus labios se abrieron mientras su respiración se aceleraba y susurraba el nombre de Sherlock. Lágrimas brotaron de sus ojos. No se dio cuenta de que estaba corriendo antes de que lo estuviese haciendo a máxima velocidad.


¿Qué estaba haciendo? ¡Estaba llorando! ¿Por qué estaba llorando? Sherlock sintió tantas emociones mezcladas por el rostro adulto de John que cayó justo en el mismo rostro que vio hace seis año—joven y anhelante, desesperado y absolutamente atormentado. Estaba corriendo, corriendo hacia Sherlock, llamando su nombre.


El rostro de Sherlock pasó por muchas emociones antes de que John no pudiese leerlas más a causa de sus lágrimas nublando su visión. Aún esperaba las bombas y las balas—pero ni siquiera un tren de carga podía detenerlo ahora.


John estaba corriendo más y más rápido, la distancia no podía ser cerrada lo suficientemente rápido.


Estaba corriendo lo más rápido que podía, llamando al nombre de Sherlock y llorando.


Se conectaron.


John abrazó a Sherlock como si fuese a desaparecer en cualquier momento. Sherlock estaba todavía en shock para hacer algo.

"Te amo." Estalló suavemente John, sus palabras derramándose con desesperada prisa. "No fui yo, lo juro—fue él, fue Moriarty, me amenazó, dijo que te mataría—me enlistó en el ejército y me dijo que si no lo hacía te mataría, lo dijo, Sherlock, no fui yo, lo siento, lo siento tanto—por favor, Sherlock. Te amo, Sherlock, no me odies por favor." John buscó desesperadamente sus ojos, tratando, suplicando, rogando para que entendiera.

Sherlock parpadeó un par de veces, sin poder respirar nuevamente. Las esquinas de sus ojos picando con lágrimas. Demasiado. Era demasiado. Miró a los sinceros ojos del hombre que había tratado de sacar de su sistema por años. Ahora él estaba ahí. Ese era un factor que Sherlock nunca esperó. Nunca había pensado por un momento en que John siguiera enamorado.

Apretó su temblante barbilla y abrazó a John hambrientamente. John suspiró un sollozo de alivio. Se atrajeron tan fuertemente; era como que fuera un ser intentando juntarse otra vez. Los brazos de John se sintieron débiles al sentir como Sherlock lo aceptaba. Su cabeza daba vueltas con cuánto Sherlock aún lo amaba. Sherlock aún estaba en shock de que había sido Moriarty. No John. Moriarty. John lo amaba. John lo amaba todo este tiempo. John lo amaba a él. John sollozaba en su abrigo, con todas sus emociones abrumándolo. Estaban juntos. Eran las únicas dos personas en el universo entero y estaban juntos.

Se deslizaron al piso, aún sosteniéndose fuertemente mientras Sherlock le daba pequeños besos al cabello de John. Tal como acostumbraba hacerlo. El rostro de John se suavizó de la total desesperación a una expresión de extremo contento. Miró a Sherlock cara a cara y sonrió genuinamente. Acercó la cabeza de Sherlock y besó su frente, luego su nariz, luego sus mejillas y luego sus labios. Sherlock dejó salir un pequeño ruido de una risa triste. Repitió la acción en John, prolongándola en los labios. John cerró sus ojos y se arregló en el firme abrazo de Sherlock, como una llave que solo encaja en una cerradura.

El mundo entero podía deterge ahora mismo. Las bombas podían explotar. Podría ser baleado. Una bolsa de fresca cocaína podría ser agitada bajo la nariz de Sherlock. Todo y cada cosa terrible podría ocurrir y ninguno de los dos, ni John, ni Sherlock, se daría cuenta. Porque estaban juntos.


Alpaca, el chocolate fue una idea tentadora pero tuve que ser realista.

Gabriela, me atrapaste :c a veces me agarran momentos de flojera y/o de 'no sé qué dice aquí', gracias por comentarlo.