Por dios, lo siento taaaaaaanto. Es como si ayer hubiese subido el 39. Tenía la mente en otro lado. De verdad, perdónenme por haberlos dejado justo en esa parte de la historia y pseudo desaparecer.

A causa de las típicas cosas que te quitan el tiempo y te estresan, no me había metido a la cuenta ni a los archivos... por si a alguien le interesa, mis pruebas de nivel están por terminar y como tengo libre hasta el martes (gracias liceo por ser sede PSU -plus el hecho de que decidí repetir) voy a balancear mi estudio y ocio con esto.

Ya, dejo de molestar.


Milo se dio vuelta para ver la mochila de John dejada detrás, y a él corriendo con todas sus fuerzas a través del terminal hacia un hombre alto con cabello negro que podía solo ser el Sherlock Holmes del cuál John tenía una fotografía en esa pequeña caja. John se agarró a él por un momento, el hombre estaba inseguro de qué hacer, con su triste rostro confundido. Milo se dio vuelta a sus padres y les dijo que tenía ir irse. Nunca había visto a John de esta manera. Cuando se giró, vio que Sherlock estaba abrazando a John tan fuertemente como le era posible, frunciendo el ceño con determinación. Milo estaba aturdido por la convicción. Había una mujer de pie al lado de ellos, mirándolos con ojos sorprendidos y los labios entreabiertos, pero parecía conocer a Sherlock. La gente estaba aplaudiendo a la pareja; era casi imposible no conmoverse por la demostración. Trotó hacia ellos, pero en el momento en que llegó, estaban en el piso, llorando, desesperados por el otro. Miró a la chica quién tenía su mano sobre su boca y lágrimas cayendo de sus ojos. Milo sintió estar a punto de llorar también. Nunca había visto a John así. Nunca. Este era el hombre que estaba serio todo el tiempo, el hombre solemne. No era un hombre que llorara en público. Parecía, de esta forma, que Milo no tenía ni la más mínima idea de qué tipo de hombre era John.

Irene capturó los ojos de Milo, sonriendo tristemente.

"Hola, soy Irene Adler." Dijo. "Debes ser amigo de John."

"Sí… soy Milo Wallace." Dijo, extendiendo su mano. Se saludaron. Irene parecía incapaz de mirar a Sherlock y John sin llorar, por lo que se dio media vuelta. Encontró fuerzas. John besó a Sherlock en la frente, la nariz, las mejillas y los labios. Sherlock se rió de eso. Había tal dulzura en ese gesto… era una especie de saludo. Milo se dio cuenta que no podía mirar. Se sentía entrometido.

"No sabía." Dijo Irene, negando con la cabeza. "Nosotros… nosotros pensamos que John iba a ignorarlo. Vinimos para concluirlo."

"Él pensó que iba a morir." Dijo Milo. "Este hombre siempre estuvo en un estado de extraña aceptación. Quiero decir, sabía sobre Sherlock, pero… nunca supe…"

"¿Habló sobre él?"
"No. Nunca. Bueno, una vez. Pero la mayoría de la gente sabía de Sherlock por la caja de música."

Irene frunció el ceño.

"¿Caja de música?"

"Sí." Milo sonrió tiernamente. "El chico la llevaba con él a todas partes."

"¿Hay dos?"

"¿Qué quieres decir con 'dos'?"

"Sherlock también tiene una. Tiene una foto de John adentro. Toca una hermosa melodía."

"La de John debe ser idéntica." Dijo Milo. "La suya tiene una foto de Sherlock." Sus padres se acercaron con su mochila, su padre echando vistazos detrás de él penetrantemente.

"Tenemos que irnos, Milo. Ven con nosotros." Dijo su madre suavemente.

"Tomaré otro taxi. ¿Dónde se están quedando?"

"En Westland." Dijo rápidamente, "Pero—"

"Mamá, he estado en el infierno con este hombre y él no se acobardó con el diablo. Voy a quedarme y a buscarlo." Los labios de su padre se juntaron pero no dijo nada más. Su madre dijo que esperaba verlo pronto porque tenían una reservación para la cena. Milo les aseguró que iría. Cuando se fueron, Irene rió.

"Si estás esperando a esos dos, estaremos toda la noche aquí."

Milo se encogió de hombros. "Lo sé. Pero eso es lo que los amigos hacen, ¿no?"

"¿John te explicó algo sobre Sherlock?"

Milo negó con la cabeza. "No realmente. Solo que ellos no eran realmente románticos y que Sherlock era inteligente."

"Él es la persona más extraña que he conocido en toda mi vida." Dijo Irene. "Así que debes prepararte para eso."

Irene y Milo habían congeniado como amigos, bromeando por todo. Compraron un set de cartas y jugaron tantos juegos como pudieron. Sherlock y John estaban aún en el piso, reacios a moverse, sin responder al mundo alrededor de ellos. Milo e Irene descubrieron que volverían al mundo real en algún momento. Milo le enseñó nuevos juegos de cartas y la ayudó a desarrollar una fuerte cara de póker.


Fueron cuatro horas antes de que John y Sherlock abrieran sus ojos al mundo. Milo e Irene vieron como John miraba el terminal en shock al descubrir que realmente existía. Sherlock aún no era capaz de mirar a otra cosa que no fuese él. Estaban cogidos de la mano, con sus dedos entrelazados. John miró a Milo.

"¿Quién es tu amiga, Milo?" Dijo John.

"Es Irene Adler." Facilitó Sherlock. John lo miró y trató de no volver a tirarse encima de él. "Ella es mi amiga."

"Oh." Dijo John, irradiando punzadas de celos sin sentido hacia Irene. "Este es Milo Wallace. Estuvimos en juntos en el entrenamiento y en nuestro destino. No me pude deshacer de él." Rió. Vio como la cara de Sherlock se fruncía en molestia y su rostro se partió en una fantástica sonrisa.

"Sí, ya lo tenemos, nos conocimos." Dijo Irene rodando los ojos. "Hemos estado jugando cartas por las pasadas cuatro horas."

"¿Cuatro horas?" John frunció el ceño. "Se sintió como… menos. O… más." Negó con la cabeza y se dio vuelta hacia Sherlock. Él aún estaba mirándolo dulcemente. El corazón de John saltó, y se acercó a plantar un beso en sus labios.

Sherlock se asustó después de que John se separó.

"Tu madre." Dijo, de pie, aún sujetando fuertemente la mano de John. Ambos se sentían débiles. Se habían cansado emocionalmente. "Te está esperando."

"Cierto… ¡Cierto!" Dijo felizmente. "¡Mi madre, también! ¿Está en Londres?"

"Sí." Sherlock sonrió. "Está en Westland."

"¿Dónde te estás quedando?" Preguntó John inmediatamente.

"En el apartamento de Londres de Mycroft, pero—"

"Allí es donde me voy a quedar." Dijo firmemente. Había una pequeño algo acerca de él que estaba diferente. Era más serio en algunos aspectos, pero no en todos. Sabía como mandar. Sabía como mantenerse de pie orgullosamente. Sabía como limpiar su rostro de emoción alguna. Era John, pero un poco más duro desde la milicia. Era algo que Sherlock sabía que nunca se iría.

John también se dio cuenta de algo sobre Sherlock. Estaba más delgado, y sus manos estaban cubiertas de cicatrices. Sherlock parecía no notarlo, pero tenía un tic en su mano derecha. Tocaba todas las puntas de sus dedos con su pulgar y luego jugaban con la piel de ese mismo dedo. John odiaba pensar que había llevado a Sherlock a las drogas, pero no podía negar que eso había ocurrido.

A pesar de todos esos pequeños cambios, aún se amoldaban perfectamente. De hecho, esos nuevos pedazos de sus personalidades los acercaban aún más. Nada había nada en el otro que detuviera el amor de cada parte de ellos.

"Deberíamos visitarla, de todas formas." Dijo Sherlock, sorprendido.

"Bueno, sí, quiero visitarla."

"Entonces deberíamos llamar un taxi." Dijo Sherlock, sonriendo y sacando su teléfono.

"Esa es una espléndida idea."

"¿Sabes qué? Aún mejor, vamos a llamar a algo en lo que todos entremos. Llamaré a Mycroft."

"Mycroft." Repitió John. Incluso él envió otra ola de felicidad por su espalda. Estar rodeado de nombres y lugares familiares era tan relajante, tan calmante. Sherlock llamó a Mycroft, nunca soltando la mano de John. Él tampoco lo soltaría.


Encontrarse con Mycroft en el área de encuentro fue regocijante. Cuando se deslizaron dentro del automóvil, había una sonrisa triunfante en el rostro de Mycroft. "Bienvenido a casa, Dr. Watson."

Sherlock frunció el ceño hacia Mycroft por un momento antes de que agrandara sus ojos y quedara boquiabierto.

"Sabías…" Dijo. "Mycroft, ¡sabías que John estaba siendo amenazado!"

"Solo recientemente recibí la información." Dijo Mycroft seriamente. "Me puse al tanto de eso hace seis meses mientras aún tú estabas fuera. También sabía que Moriarty tenía un ojo en ti todo el tiempo. Si te decía, él mataría a John antes de que pudieses confirmarlo." John apretó más la mano de Sherlock y él se recostó en su hombro. Ambos hicieron esto inconscientemente. Mycroft miró a John. "John, el esfuerzo para traerte a casa fue increíble… tomó un enorme esfuerzo, no solo mantenerlo de Moriarty, si no también de Sherlock. Me disculpo por no contactarte antes, pero no podía correr el riesgo de que Moriarty se enterase. Ya sabes."

"Mycroft, me trajiste a casa." Dijo John, mirándolo fijamente. "No hay nada en el mundo que yo pueda hacer para pagártelo."

"Piensa en ello de forma egoísta." Dijo Mycroft atenuándolo. "Moriarty es el centro de una secta criminal más grande de lo que he visto en mi vida. Es tan joven y aún así él maneja todo con habilidad y gracia- por un momento lo confundí con Sherlock. Sus mentes son increíblemente similares." Miró a Sherlock. "Es por eso que te necesito en forma. Te necesito para trabajar lo más arduo posible, y para eso necesitabas a John." Mycroft se acomodó hacia atrás. "Para ser completamente honesto, pensé que John te había superado y había seguido con su vida. Incluso a pesar de que Moriarty lo presionó a servirlo, de verdad creía que sobresaliendo en el Ejército lo ayudaría a arreglar ese vació que creó Sherlock."

"Nunca." Dijo John, mirando fijamente Mycroft, decepcionado, abalanzándose de manera protectiva hacia Sherlock. "Nunca, por ningún momento- Cómo pudiste si quiera pensar-"

"Solo estaba diciendo mi opinión. Nunca había conocido a alguien que se interesara en Sherlock… o cuando lo hacían era pasajero." Mycroft se encogió de hombros.

"No. No— yo lo amo. Con todo. Por siempre." Dijo firmemente. Estaba ofendido que Mycroft hubiese pensado eso.

"John…" Sherlock apretó los labios. "Yo también creí eso. No es que… tu personalidad se correlacionara con alguien que…"

"No." John negó con la cabeza. "No. Te amo. Por siempre. Eso es. Esa es la cuestión. No es un juego, no es un truco, no es forzado. Te amo, Sherlock. Métete eso en tu cabeza." John se veía completamente convencido con su creencia. El rostro de Sherlock se suavizó, se acercó y besó a John en la frente. Miró a Mycroft.

"¿Cómo lo hiciste?"

"Moriarty escuchó que fuiste baleado por un grupo terrorista. No estaba planeado por él. Había escuchado que serías enviado a casa y estaba muy furioso. Quería que completaras tu excursión en Afganistán y él iba a matarte justo antes de que fueras enviado a casa. Trágico. Completo. Tanto dolor como el que pudiese estrujar. Había movido las células terroristas que te observaban durante el año pasado cuando decidió esto. Pero fuiste herido demasiado pronto. Junto con la presión que le hacía yo por un lado, quitó su atención de Sherlock y de ti, solo por un momento, en el cual pude contarle sobre tu regreso." Mycroft sonrió a causa de su propia astucia. "Me entrometí en su transmisión de inteligencia y le fue dicho que la fecha de la llegada de tu avión sería mañana. Está preparando destruir un avión- el que se supone que te tiene a ti dentro."

"Espera- ¿este tipo va a volar un avión?" Dijo Milo, inclinándose hacia delante. "¿Todo a causa de John?"

"Pensé que iba a volarlo mientras estaba en él contigo." Dijo John. "Es por eso que estaba tan sorprendido cuando estábamos vivos." Los ojos de Milo se agrandaron con horror.

"Yo no… No puedo creer…"

"De todas formas…" Dijo Mycroft abruptamente, molesto de que la historia de su astucia fuese interrumpida. "Él piensa que está lanzándome un caso interesante por lo que ignoraré el hecho de que va a volar a John. Ambos sabemos cuán valioso es poseer a John. Cualquiera que lo tenga, esencialmente tiene la psiquis de Sherlock."

John rodó los ojos.

"Sabes que soy una persona, ¿cierto?"

"Sí, pero eres mucho más que una persona ahora. Eres la persona que completa a Sherlock Holmes."

"Sí, ¿recuerdas esa vez que te dije que no podría agradecerte lo suficiente? John sonrió irónicamente. "Bueno, pienso que me retracto. Una vez fue más que suficiente."

"John, si miras esto del punto de vista político-"

"Mycroft, cállate." Dijo Sherlock peligrosamente. "No te atrevas ni por un segundo a imaginar que John es simplemente alguien que hace que corra a mi máximo rendimiento. No te atrevas a decir que su vida es solo una pieza de ajedrez en tu juego con Moriarty. No hables de él de esa forma en frente de mi." Sus ojos se veían depredadores- estaba listo para atacar a su hermano. Mycroft se detuvo. Apretó los labios y continuó.

"Me disculpo." Dijo, con una sonrisa en el rostro. "Para continuar… sabrá sobre su reunión muy pronto. Esto es simultáneamente una cosa muy buena y muy mala." Mycroft suspiró mientras la limusina paró frente a Westland. "Se volverá volátil. Verá esto como un fracaso. Como un jaque, si quieres. Mucha gente va a morir esta noche. No sé cómo, ni dónde. Supongo que vamos a descubrirlo lo suficientemente pronto."

"¿No hay nada que puedas hacer para detenerlo?" Dijo John, mientras fruncía el ceño. Mycroft sacudió su cabeza.

"Pero revelará su localización." Murmuró Sherlock. "Es emocional. Estará enfadado. Matará gente y desaparecerá una vez que se tranquilice, pero dejará un camino de cuerpos directo hacia él." Sonrió. "Nos dará una pista de donde está." Miró a Mycroft.

"Mi equipo está en alerta máxima." Asintió.

"Gente va a morir." John trató de impactar. "¿No hay nada- nada en absoluto que podamos hacer para detener eso?"

"Anticuado." Sonrió Mycroft. John apretó los dientes y luego abrió la boca para replicar. Sherlock se interpuso.

"John… esa gente va a morir, no hay nada que podamos hacer. Van a morir, pero ayudarán a salvar la vida de muchos otros. Si capturamos a Moriarty seremos capaces de salvar… exponencialmente más gente que la que inevitablemente va a morir esta noche." Dijo sensatamente. John miró sus ojos. Cerró su boca y miró hacia abajo. Asintió con la cabeza una vez. Accidentalmente captó los ojos de Irene Adler quien estaba solo observando la situación como un gato. Podía casi ver su cola meneándose.

"Ahora." Mycroft sonrió genuinamente. "Creo que una madre va pronto a reunirse con su hijo."

Las cejas fruncidas de John liberaron toda la tensión a causa del pensamiento de su madre, que trajo pinchazos de emoción a su garganta. Su madre está aquí. Iba a verla.

"He arreglado que tenga una suite." Dijo Mycroft. "Así los dos pueden tener su propia habitación."

"No puedo creer que sabías sobre esto Mycroft." Respondió Sherlock meneando la cabeza. "Casi quiero felicitarte por sorprenderme."

"Me arrepiento no haber sido capaz de ver la reunión de primera mano. Debió haber sido… emotiva."

"La gente estaba aplaudiendo." Habló finalmente Irene.

"¿Estaban?" Preguntó John. Irene asintió. Tenía esa expresión inconfundible que hacía que se sintiera desarmado por ella pieza por pieza. Se volvió a Sherlock. "¿Podemos ir a ver a mamá ahora?"

Sherlock sonrió. "Ciertamente."