Jim arrojó la silla. Dio vuelta la mesa, enviando papeles voladores a todos lados. Estaba chillando con furia. La gente se puso fuera de la habitación, mirándolo, aterrorizados. Alguien ya había sido enviado por Moran. Nadie podía atreverse a tratar de calmarlo. Sebastian caminó en la habitación con la parte de abajo del pijama, sin polera.
"Jim, ¿qué ocurre?" Sebastian bostezó. "Has dejado a media docena de personas golpeando mi puerta."
"Ese avión." Jim estaba temblando. "Ese viaje era hoy. Sherlock está de vuelta con el doctor." Gritó una vez más, perforando un fantástico agujero en la pared. Sebastian levantó las cejas.
"Necesito matar algo." Protestó Moriarty, respirando dificultosamente. "Necesito matar a alguien, Seb."
"Bueno, te dirigiste a mí por mi nombre, por lo que espero que no sea yo."
"Pero claro que no eres tú." Protestó Jim. "Anda y tráeme algunas de las personas que te despertaron, entonces. Podemos amarrarlos—" Los ojos de Jim brillaron. "Podremos amarrarlos y sacar las uñas de sus pies, cortar sus estómagos con sus propios dientes—"
"Jim, ¿te estás escuchando? Esa quizá sea la peor idea—"
"¡Necesito matar algo!" Bramó. "Ese Hombre de Hielo escondiendo a ese pequeño idiota dentro del país para su hermano." Jim aflojó su corbata y la tiró al piso.
"No estoy diciendo que no puedas matar algo." Razonó Sebastian. "Solo estoy diciendo que no lo puedes hacer aquí."
"¿Por qué?"
"No vamos a ser capaces de irnos de aquí lo suficientemente rápido, por eso. Hay muchas cosas importantes en este edificio que tomarían una largo rato mover." Dijo Sebastian. "Si quieres sacar un cuaderno y escribir todas esas fantásticas formas en las que quieres torturar y mutilar, puedes hacerlo. Y mientras lo escribes podemos tomar un tren hacia… Gales o algún lugar." Dijo Sebastian. "Si puedes esperar, ellos tendrán un gran área de posibles lugares para buscar. Si matas aquí, ahora mismo, fuera de emoción, entonces tendrán nuestra posición exacta. Vas a Gales, matas tanta gente como quieras y luego nos mudamos, por supuesto." Rodó los ojos. "Vamos ahora, yo soy la belleza- tú eres el cerebro— esta alianza está al revés ahora mismo."
"Puedo solo… puedo solo matar una persona—"
"No." Dijo firmemente Sebastian. Hubo una pausa letal antes de que Jim finalmente sonriera, sus ojos brillaban.
"Me gusta cuando te haces cargo." Susurró. "Está bien. Mientas me ayudes, esperaré." Dijo Jim, cerrando sus ojos y apretando su mandíbula. Se arregló el traje, dio una última mirada fugaz hacia Sebastián. "Vamos, soy una bomba bajo presión. Necesito tener esto hecho lo antes posible."
"Recuerdo que dijiste algo similar hace dos noches." Sebastián se echó a reír. Jim sonrió brillantemente. "Vamos a coger el tren, idiota."
Jim casi mató al conductor del taxi. Casi mató a los pasajeros del tren. Ninguno de ellos habría sido capaz de recordar si lo hizo. Tomando el tren a las dos de la mañana era bueno si querías esconderte de la vista de todos. La gente está siempre pendiente de si mismos que no miran alrededor. Él y Sebastian intimidaron a un par de personas a que salieran de un compartimiento. Jim casi se había dejado llevar con eso, la mandíbula inferior le sobresalía, mirando amenazadoramente hacia la gente. Seb tuvo que calmarlo un poco.
"Solo… No puedo creer que Mycroft Holmes haya sido el que me engañó." Protestó cuando finalmente fueron situados en su cabina privada.
"Bueno, estás un poco obsesionado con su hermano." Dijo Sebastian con un poco de reconocimientos en el tono. "Un hombre ciego podría ver lo mucho que lo quieres."
"¿Estamos celosos, Seb?" La cara de Jim tenía en una sonrisa limpia. "¿Celoso de Sherlock Holmes?" Se inclinó hacia Sebastian.
"Le prestas demasiada atención a él." Dijo Sebastian con vehemencia.
"Ahora te estoy prestando atención a ti."
"Sabes a lo que me refiero." Dijo Sebastian, mirándolo. "Va a ser tu perdición."
"¿Estás diciendo que perderé contra Sherlock?" Dijo, volviendo a tener esa mirada peligrosa.
"No. Por accidente y tu estúpido interés en él, va a descubrir la forma. No porque es más astuto que tú. Nadie es más astuto que tú. Será porque accidentalmente le dejarás." Sebastian gruñó. "Y no tendré la oportunidad de decir 'te lo dije' porque estarás muerto."
Jim miró a Sebastian por demasiado tiempo. Sebastian no tenía idea qué iba a hacer. Jim amaba los extremos y se estaba sintiendo particularmente homicida, así que Sebastian se preparó para un golpe o un corte de una cuchilla. Esperaba uñas o un punto de palanca. Recibió algo mucho peor.
Jim cerró la distancia entre él y Sebastian y saltó encima de él. Lo presionó duramente contra la parte posterior del tren.
"Me encanta cuando estás celoso…" Susurró Jim. Estaba mordiendo y rozando cada parte de Sebastian. Rió y se lanzó en un beso aún más duro, mordiendo los labios y la cara de Sebastian, tratando de sacar sangre de ella. Sebastian sabía sobre los deseos de Jim y se sometió a ellos. Por una parte porque quería vivir, pero mayormente porque amaba absolutamente cuando Jim le hacía daño. Empujó a Jim porque Jim ama los desafíos. Amaba dominar y gobernar— amaba mandar y derrotar, pero odiaba cuando era tan fácil. Así que Sebastian iba siempre a tratar y forzarse a si mismo a ponerse encima de él, pero Jim siempre debilitaría a Sebastian y lo clavaría al suelo.
Una gota de sangre corrió por el lado de la cara de Seb. Jim había cortado la frente de Sebastian con sus uñas.
"¿Te gusta eso, entonces?" La voz de Jim era suave y diabólica. "Sexo y sangre… ¿cuál es el punto en el placer si no hay dolor?" Susurró, lamiendo y besando la frente cortada de Sebastian. El cobre y la sal de la lengua de Jim le enviaron un escalofrío por la espalda. Jim miró a Sebastian por un segundo, caliente, sonriendo y observando su rostro. Se veía perfectamente insano. Su cabello estaba pegado en todas direcciones, con los ojos muy abiertos y siniestros, la sangre en sus agrietados dientes era suficiente para hacer llorar a un hombre adulto como Sebastian. No creía en la belleza, pero imaginaba que ese hombre maniaco estaba más cerca de lo que él nunca pudo llegar. Volvieron el uno al otro. Se arrancaron la ropa y rasguñaron la piel. Follaron como dos lobos luchando. Y amaron cada segundo de ello.
Fue contra los deseos de Sebastian limpiar su sangre de Jim, pero tenían que ser bastante normales cuando salieran hacia la plataforma. Pero tomar un tren a las dos de la mañana y salir cubiertos de sangre podría atraer un poco de atención. Así que Jim se limpió y sacó otro conjunto de ropa para los dos. Siempre preveía un nuevo conjunto de ropa. La que habían llevado, ahora estaban destrozadas y rotas.
"¿Aún quieres matar o has desahogado todo tu enojo follando?" Dijo Sebastian mientras se cambiaba en sus ropas de repuesto y se vendaba los cortes faciales.
"Claro que aún quiero matar. Solo tengo una mejor idea de cómo voy a hacerlo." Dijo suavemente. "Están esperando esto— o por lo menos Mycroft."
"Es por eso que tuvimos que salir antes de que mataras a alguien y hacer exactamente lo que Mycroft quiere que hagas." Dijo Sebastian, aplanando su camisa sobre su pecho.
"Sí, sí… lo tengo." Jim le restó importancia. "Pero estaba pensando sobre el espectáculo que voy a poner. Por el trozo final, ¿sabes? Sé que tiene que haber algo, ¿correcto?"
"Están acercándose demasiado."
"Lo sé." Jim se giró hacia Sebastian, con sus ojos mortalmente serios. Sebastian sabía que tenía que callarse. "Y tendré mi manera de salir. No voy a dejarlos llegar a mí." Jim pensé un momento y agregó, "o a ti."
"No garantices nada hasta que llegue el momento. Dijo Sebastian. "Sabes como van las cosas."
"Oh, cállate Seb." Dijo Jim cuando el tren se detuvo completamente. Salieron en silencio y no se dijo nada más.
El depósito estaba mayoritariamente vacío, pero Jim encontró que sería fácil para atraer a personas sin hogar prometiendo alimento y refugio. Sonrió a sus propias palabras, porque él no sabía sobre comida, pero eso iba ciertamente a volverse más cálido.
Caminaron a través de la puerta, Sebastian le disparo cada persona en los pies, tres disparos, enmascarados por el silenciador. Cuando gritaron, Jim se acercó a cada uno de ellos y les puso una mordaza en la boca.
Arregló su corbata y se puso enfrente del grupo atado y ensangrentado. Sebastian amarró sus manos detrás de sus espaldas mientras Jim hablaba.
"Hola." Sonrió brillantemente. "Mi nombre es Jim Moriarty, y me gustaría decirles la razón por la cual están a punto de morir." Hablaba como su estuviera conversando con niños. Esencialmente eran niños.
La mirada de pánico en los ojos de cada uno era hermosa, y Jim suspiró. Él quería que el mundo lo mirara así.
"Hay un hombre… su nombre es John Watson. Se suponía que debía morir en Afganistán. Se suponía que iban a dispararle y matarle en seis años a contar de ahora. Él fue y terminó herido y ahora está devuelta en Inglaterra. Porque él vive, ustedes mueren. Él es la razón de que no verán el sol levantarse." Moriarty estaba sonriendo.
"¿Qué estás haciendo?" Sebastian se inclinó, susurrando. Jim se volteó hacia él, sonriendo.
"John es un personaje empático... va a ver estas muertes y se sentirá responsable. Es una cosa personal, Seb."
Sebastian sonrió y lo miró fijamente. Su postura, su cuchillo, su sonrisa. Era tan malvado y Sebastian amaba todo eso.
"Llámame cuando se ponga divertido, ¿bueno?" Dijo Sebastian, dándose media vuelta. John se volvió hacia el aterrado grupo de gente arrodillado en el piso ante él.
"Ahora." Juntó sus manos. "¿Cómo les gustaría conocer el color de un hígado humano?"
Sebastian estaba fumando, con su brazo alrededor del cuerpo desnudo de Jim mientras descansaban bajo las sábanas. Cubiertos en sangre seca y magulladuras, estaban tendidos al lado del otro en otra pequeña y segura casa a 20 minutos de la bodega. Esa noche habían matado a diecisiete personas. Luego de que el primer grupo estaba hecho, Sebastian quería un turno y Jim quería otro así que mataron hasta que estuvieron contentos. Rociaron el lugar completo con gasolina y se aseguraron de que estuviera plenamente encendido para el momento en que se colaran fuera, riéndose locamente mientras se iban. Llegando a una cada aparentemente abandonada, cayeron al piso e inmediatamente follaron, rasgando y desgarrando.
De alguna forma después, fueron hacia la cama, Jim se acurrucó exhausto junto a Sebastian y este comenzó a fumar uno de sus cigarrillos enrollados a mano.
"¿Sabes qué no me puedo sacar de la cabeza?" Dijo Sebastian enfadadamente, lanzando la colilla al otro lado de la habitación. "Si somos la antítesis de Sherlock y John, entonces yo… yo soy el doctor."
Jim rió sonoramente y de desplazó para mirar a Sebastian. "No te insultes de esa manera."
"Pero tú eres obviamente el cerebro de la situación… y yo soy como… ¡la cosa del lado! De verdad que me está molestando." Gruñó Sebastian, buscando otro cigarrillo. Jim lo detuvo.
"Tú tienes un propósito." Dijo Jim. "Tú eres un tirador increíble. Mejor que yo." Sebastian se detuvo y miró a Jim. Él nunca había admitido alguna deficiencia. Nunca le admitiría a alguien que es mejor de lo que él era. Jim continuó. "Eso significa que eres mucho mejor que John. Él es incluso difícilmente un corte con papel."
"No metas a los cortes de papel." Sebastian rió. "Esos jodidos duelen."
Jim rió insanamente mientras se ponía de espaldas.
"No te preocupes de esos extras." Murmuró Jim. "Los tendremos pronto. Será fácil."
"Les mostraremos el color de los bazos de cada uno." Sebastian dijo rodándose y besando a Jim en la frente. Jim empujó a Sebastian de nuevo a la cama y sonrió tontamente,
"Les cortaremos sus anulares y se los pondremos en la boca." Jim sonrió, besando a Sebastian.
"Les arrancaremos los corazones y se los daremos al otro. Así realmente tendrán el corazón del otro." Dijo Sebastian en medio del beso. Jim rió y fue a por más. Ciertamente. No había forma en que Sherlock lo evadiera de nuevo. No había forma en la que él pudiera perder.
Felices fiestas —vísperas. Porque estoy de humor y este es definitivamente uno de mis capítulos favoritos, por otra linda introducción de Jim, estoy pensando darles un regalo... bueno, ciertamente lo haré, pues por algo se los comunico.
