Las siguientes semanas el cerebro de Sherlock daba vueltas a toda marcha. No se había dado cuenta de lo mucho que se había distraído con la constante presencia de John. Se sentó en la cocina de la habitación del hotel, casos expandidos, conectando ciertas piezas con otras. Tenía tres computadoras prendidas, dos detrás de él y una al frente para rápido acceso. Buscó crímenes internacionalmente. Llamaría a Mycroft y le diría qué tendría que hacer para atajar a Moriarty, justo antes de que golpeara de nuevo. Iría al lugar de los casos que parecían irrelevantes, tomaría notas y recogería información. Nadie podía seguir su tren de pensamiento— ni siquiera Mycroft. Eventualmente, Mycroft dejó de preguntar tanto y solo siguió las órdenes de Sherlock. Ajedrez, Sherlock notó. Era como un juego de ajedrez.
Tenía una carpeta a su lado en donde cronológicamente grababa todos los casos en donde él sospechaba de Moriarty. Su mente nunca había estado más clara. Incluso la droga no hacía correr su mente a este nivel. John lo detendría a las nueve todas las noches y lo obligaba a comer. Sherlock protestaría pero terminaría comiendo de todas formas, poniendo mala cara en el sillón hasta que hubiese terminado de digerir. Para entonces era usualmente demasiado tarde y John lo forzaba a ir a la cama. Frecuentemente tenía que hablarle a Sherlock para frenar su mente de su rápida cocción. Siempre estaba irritado cada vez que John tenía que relajarlo. Pero solo John era capaz de detener su mente fuera de control. Tenía que razonar con él para que durmiera cada noche. John no podría conciliar el sueño hasta que Sherlock lo hiciera. De todas formas, Sherlock se quedaría dormido solo para aliviar las bolsas que se estaban formando bajo los cansados ojos de John.
Una noche luego de dos meses después de su reunión, John se despertó en medio de la noche. Sherlock estaba inclinado sobre un plano de algún tipo, la luz amarilla de la lámpara derramándose en su torso sin camisa. Estaba murmurándose a sí mismo, alternándose entre escribir en una hoja de papel y escribiendo un mensaje a alguien en la computadora.
"Sherlock…" John se quejó frotando su rostro. "Sherlock vuelve a la cama."
"Cállate." Respondió bruscamente. John suspiró y se incorporó en sus codos, tratando de abrir sus ojos. Estaba escribiendo frenéticamente cuando se levantó de manera rápida, yendo a través de la habitación para recuperar su móvil.
"Sherlock…" John suspiró. "Sherlock, ¿qué haces?"
Sherlock esperó impaciente en el teléfono hasta que Mycroft finalmente lo respondió.
"Lo encontré." Dijo Sherlock rápidamente. "Lo encontré, Mycroft."
"¿Encontrar qué...?"
"Sé dónde va a estar. Sé como podemos arrinconarlo. Sé la serie de centros de información que tiene. Lo sé, Mycroft, podría ir allí ahora mismo si tuviera el transporte."
"Cálmate." Refunfuñó Mycroft. "Repítelo, por favor."
Sherlock suspiró impacientemente. "Puedo rastrearlo. Puedo atraparlo, Mycroft, puedo. Puedo ver el patrón. Te mandaré por mail una lista de locaciones y necesitas organizar a la gente para que vaya y los atrape, exactamente como digo."
"Sherlock, esto es riesgoso. Esto es más que frustrar uno de sus planes. Estás sugiriendo que trabajemos en la ofensiva."
"Lo tengo bajo control. Sé lo que piensa que haré. Sé como trabaja su mente, Mycroft, confía en mí."
Hubo una larga pausa en donde Mycroft lo pensó. "Por favor, detente a considerar todas las posibilidades, Sherlock. Luego mándame un mail en la mañana."
"Sí." Dijo rápidamente Sherlock. Colgó y voló de vuelta a la silla en el dormitorio.
"Sherlock…" Murmuró John recordando.
"Ahora no." Le hizo un gesto a John, distraído.
"Sherlock, cuando Moriarty me amenazó esa noche, dijo que tenía un hombre." Dijo John. Sherlock dudó y miró hacia John. "Dijo que él era un experto tirador, que tenía un tiro fantástico y solo hablaba sobre este tipo." Sherlock se giró hacia John, bebiendo de esta pieza de conocimiento. "Eso no parece muy de Moriarty, ¿no? Él no le daría cumplidos al tirador; él debería solo hacer referencia de que hay uno. Esto no parece muy como él, en retrospectiva."
Sherlock hizo una pausa por un largo tiempo; John podía ver su mente girando otra vez. Sherlock se giró a verificar su historia en el computador frente a él.
"No hay nada… nada acerca de un cómplice. Siempre parecía estar solo."
"Yo podría estar equivocado. Podría solo estar dándole cumplidos a un tirador que le gusta."
"No, él no hace eso. Siente la necesidad de tener a alguien, y le gusta presumir de sus juguetes. Está unido con este hombre de alguna manera." Dijo Sherlock, moviendo sus papeles.
"¿Eso importa?"
"¡Sí, claro que importa!" Gritó Sherlock. "¡Basa sus acciones fuera de su propia mente! Si fuera singular, solo, se comportaría de una manera determinada, ¡pero permitió que otra persona tomara lugar en su cabeza que podría influir en él! Es un factor que no anticipé y no me puedo creer que haya pasado por alto."
"Cálmate-"
"¡NO PUEDO CALMARME!"Gritó y John endureció su mandíbula. "¿No ves? Es una carrera hacia el final- un encuentro de ingenio hacia la muerte. Todavía no estamos fuera de ella. Aún estamos luchando. Los dos primeros pasos son siempre los más cruciales, establecen la puntuación para el juego completo. Él hizo el suyo llevándote; yo hice el mío trayéndote de vuelta. Y no voy a dejar que te lleve de nuevo."
La expresión de John se suavizó cuando el entendimiento cayó en él. Estaba trabajando para la muerte para asegurar la vida de John. Todavía estaba preocupado por él.
"Él no me va a llevar de nuevo-"
"No, él no te va a llevar ahora." Sherlock rió amargamente. "Él te matará. Ha estado tratando arduamente para matarte. No sabes lo duro que ha tratado para matarte. Él no me matará a mí, sin embargo. Incluso si tiene la oportunidad. Supongo que no lo considera justo. Matarte me descarrilaría por completo y pienso que eso es lo que quiere. No quiere matarme- quiere ganar." John suspiró y Sherlock lo miró.
"Así que… este tirador supuestamente es… como yo en esta situación, ¿sí?"
"Sí." Dijo Sherlock. "No el cerebro, pero posiblemente una primera necesidad."
"Bueno, Moriarty nunca se enamoraría. La cosa más cercana que pienso que es capaz de tener es deseo sexual. Y supongo que él podría tener a este tío en una jaula en algún lado, pero... creo si el hombre no le hubiera devuelto el sentimiento, entonces Moriarty lo habría matado."
Sherlock estaba impresionado. "¿Has estado pensando en esto?"
"Mientras has estado recogiendo los aspectos tácticos de Moriarty, he estado tratando de tomarlo como una persona. Tú y él son increíblemente similares, ¿lo sabías?"
Sherlock lamió sus labios asintiendo. John continuó.
"Parece del tipo al que la gusta una audiencia, por lo que… quien quiera que sea este hombre… probablemente está enamorado de Moriarty, consciente de que él no puede ni siquiera sentir el amor, pero leal a él de todos modos."
Sherlock miró a John por fracciones de segundo antes de inclinarse y besarlo. "Eres increíble, eres brillante." Su voz retumbó alrededor de John. John sintió el rubor arrastrándose desde el cuello y deteniéndose en sus mejillas y orejas. "Eso es increíblemente útil." Respaldó Sherlock y volvió a su trabajo. John llevó sus rodillas hacia su pecho y sonrió entre sus brazos cruzados. Sherlock no lo notó y se zambulló de cabeza en su trabajo. Esta sería una noche muy larga. En la mañana, sería la hora del espectáculo.
Se habían apoderado de seis cuarteles de los quince que Sherlock había descubierto. Habían probablemente muchos más, pero habían logrado el control de seis de ellos, tres los más grandes habían explotado antes de que pudiesen entrar e inspeccionar. Muchos de los documentos que estaban dentro estaban encriptados, la mayoría auto eliminados, pero algunos de ellos eran capaces de ser leído. Estaba destruyendo a Moriarty, ladrillo por ladrillo. Sería tedioso, y no sabría si podría hacer esto sin que Moriarty se sintiese presionado hasta que explotase y matase a John y Sherlock antes de encontrar un juego justo. Sherlock sabía que Moriarty aún poseía la habilidad de matarlo. Pero estaba haciéndose camino en el complejo sistema criminal que este poseía. Era difícil, pero lo estaba haciendo.
Alrededor de una semana de que Sherlock organizara redadas en los centros de Moriarty, recibió una carta. Estaba dirigida a "El Gran Sherlock Holmes." Sherlock la abrió cautelosamente, mientras John miraba, con una mano en el hombro de Sherlock. Dentro había una corta carta escrita a mano.
Mi querido Sherlock.
Estás en la pulgada en donde no puedo arañar lo suficientemente fuerte. Eres un terco pequeño ratón que mis garras quieren atrapar. Sherlock, ciertamente has superado tus adicciones—y en gran manera. Pero te estás entrometiendo demasiado. Has aplaudido y yo también. Este juego es increíblemente divertido.
Propongo que nos juntemos. Apropiadamente esta vez. Vamos a chismear como mujeres viejas con té. Puedes contarme sobre tu doctor y yo puedo contarte sobre las diecisiete gargantas que corté en su nombre. Vamos a terminar este juego. Tendremos un enfrentamiento al estilo del viejo oeste. Solo los dos. ¿Qué dices, Sherlock? Sabrás dónde ir. Las pistas están en la carta.
Ta,
Jim Moriarty
"¿Es una burla o una exigencia?" Preguntó John. Sherlock no pudo responder. Cerró sus ojos. Cerró la carta y la alejó de él.
"Voy al hospital. Tienen un buen laboratorio." Respondió.
"Bueno, ¿no puedo ir contigo?"
"No."
"Sherlock, me has mantenido en esta maldita habitación de hotel por semanas. ¡No he visto a nadie más que a Irene y a ti! ¿Sabes que ha estado fugándose? ¡Probablemente porque este lugar es tan terriblemente aburrido! ¡Ni siquiera he podido ser capaz de hablar con ella! Y siempre estás fuera en alguna—alguna escena de crimen en Scotland Yard o con Mycroft y estoy aburrido, Sherlock. Estoy atrapado aquí."
Sherlock no encontraba las palabras mientras buscaba en el rostro de John. John podía sentir la mirada de '¿Acaso eres un estúpido?' irradiando de las facciones de Sherlock.
"John, no entiendes el nivel de peligro en el que estás, ¿no es cierto? Si vas a algún lugar, serías asesinado tan pronto como el sol tocase tu piel. Moriarty amaría matarte, especialmente antes de nuestro encuentro."
"¿Entonces porqué no me mató antes? ¿Hace unos meses? Salía con Milo casi cada noche."
"Eso era antes de las redadas, John, atento." Dijo irritado. "No sufría cuando estabas vivo. Viéndote muerto en ese momento hubiese sido solo una entretención. No me veía como una amenaza como ahora. Ahora sería crucial dificultar mi proceso mental de alguna forma."
"¿Así que no soy una persona, entonces?" John rodó los ojos. Sherlock suspiró impaciente.
"No para él. Sabes a lo que me refiero." Dijo. "No seas tan sensible acerca de que Moriarty no te ve como una completa persona. Todo el mundo es estúpido para él. Solo hay dos personas—y esos serían Sebastian Moran y yo."
John se sobresaltó. "¿Sebastian Moran?"
"El tirador." Le restó importancia. "Técnicamente no existe, pero afortunadamente lo hace en los archivos privados de Mycroft. A él le gusta mantener una copia física de la lista de gente que piensa que podrían convertirse en una amenaza. Se lo describí y trató de localizarlo en el sistema pero había sido eliminado. La copia física de Sebastian Moran ayudó inmensamente. Fue un francotirador en el Ejército—Afganistán, de hecho— y era increíble. Ganó todo tipo de premios por valentía. Fue dado de baja deshonrosamente por mala conducta. Aparentemente estaba demasiado interesado en dispararle a civiles. Antes de volver a Inglaterra desapareció, y ahí en donde asumimos que conoció a Moriarty."
"¿Cuántos años tiene?"
"Tiene como 30, o quizá más." Dijo Sherlock. "Solo hay cinco años de diferencia entre ellos. Calza en el tipo."
"Supongo que sí." Murmuró John. "¿Qué si estamos equivocados?"
"Tú podrías estar equivocado. Pero yo nunca lo estoy." Respondió Sherlock y John rodó los ojos.
"Sí, lo haces. ¿Pero qué si no existe un Sebastian Moran del cuál está enamorado? Quizá este Moran fue asesinado o algo."
"Entonces sus registros dirían fallecido. No podrían estar completamente desaparecidos." Dijo impacientemente. Se mantuvo de pie con el sobre en la mano. "Cuando vuelva a casa, estate listo para escuchar." Sherlock miró fijamente a los ojos de John, preocupado. "Mantente seguro. Especialmente ahora que sabe ye recibí esta carta, quédate aquí. No respondas el teléfono. No llames a nadie. No—por favor, John."
"Estaré bien."
"Júralo."
"Sherlock, no voy a caer en sus trampas."
"Júramelo, John." Sherlock se acercó a él, sus ojos estaban llameantes y serios. John suspiró y levantó una mano.
"Te juro, Sherlock Holmes, que no dejaré esta habitación del hotel, responder el teléfono o mirar por la ventana."
Sherlock sonrió feliz, lo besó rápidamente en la frente y se fue.
"Lo siento, llego atrasada," Murmuró Molly, entrando por las puertas del hospital, saludando tímidamente. "Te llevaré al laboratorio que está bajando las escaleras."
"Gracias Molly." Rastros de labial detrás de su oreja. Sherlock sonrió.
"¿Qué necesitas?"
"Necesito saber de qué está hecho este papel." Contestó, entrando al laboratorio. Estaba lleno de equipamiento que nunca nadie había usado pero que Sherlock podría encontrar muy útil.
"¿Hay algo que pueda hacer por ti?" Preguntó Molly delicadamente.
Sherlock se sentó el taburete, sacando utensilios y químicos y deslizando el papel bajo el microscopio. Mientras ajustaba los lentes, respondió.
"No… puedes irte." Sonrió. "Dale mis saludos a Irene, ¿lo harás?"
Molly se ruborizó profundamente, mordiendo su labio antes de darse vuelta rápidamente y dejar el laboratorio.
El papel tenía rastros de polen que solo era encontrado en el norte de Inglaterra. La tinta del lápiz era especial, pero la compañía no había estado en funcionamiento por trece años. Tenían una fábrica abandonada en el norte de Inglaterra que había sido comprada por un benefactor anónimo adinerado. Moriarty. Era demasiado fácil. Estaba haciéndolo demasiado fácil.
Sabía lo que significaba, de cualquier forma. Esta era la carrera final. Estos eran los últimos movimientos. Ambos, Sherlock y Moriarty, estaban quedándose sin piezas. Esto era un juego de vida o muerte donde equivocarse no era una opción.
