La tierra estaba estéril por el sobre uso. Las bodegas eran antiguas y estaban en completo mal estado- pintura descascarándose, ventanas rotas, el logo de la compañía de tinta estaba gastado y pálido en uno de los costados del más alto edificio. Jim se puso de pie en el edificio al lado de este. Lo saludó entusiasta con la mano desde la cima. Sherlock lo miró.

Entró al edificio, la esencia de moho le llegaba desde todos los lados. Había una destruida escalera en espiral que llevaba al techo.

"Te tomaste tu tiempo, ¿No?" sonrió afectadamente. Sherlock no respondió. "Bueno. Primero lo primero, ¿sí? ¡Bravo! Bravo, Sherlock- de verdad. ¿Haciendo que tu hermano escurriera a tu juguete de vuelta al país? Eso tomó demasiado esfuerzo, cierto. Es casi como hacer trampa."

La furia de Sherlock se reveló.

"No. Hacer trampa es hacer un movimiento antes de que siquiera se mencionara el juego." Su voz era peligrosa. "Eso es hacer trampa. Usar todos mis recursos para recuperar un activo no es trampa- es ganar." Sherlock levantó la barbilla y miró hacia abajo hacia Jim. Jim lo consideró por un momento antes de volver a hablar.

"¿Sabes cómo es este mundo?" Jim arrugó el rostro como si se acercarse una horrible esencia. "El mundo es una biblioteca llena hasta rebosar de libros para niños. Todas. Toda esa gente simple, o son 'See Spot Run' o 'Jack y Jill' o más como 'Nine to five around the hive, Busy Bee just stay alive'." Meneó la cabeza y suspiró, lamiendo sus dientes. Volvió a mirar a Sherlock con intensos y grandes ojos que buscaban deshacerlo, pieza por pieza. Sherlock no podía decir si sentirse alagado o amenazado. "Pero tú, Sherlock." Susurró. "En tu presumido- mitad 'Guerra y Paz' mitad 'Manifiesto Comunista'." Rió. "No puedo explicarte cuán refrescante eres. Complejo, interesante. Eres yo." Miró hacia arriba y rió. "¿Cómo puedes soportarlo? ¿Cómo no puedes sentir lo mismo? ¿Cómo diablos puedes tomarle importancia al 'Dick y Jane' que es ese doctor que arrastras contigo?"

"John es más que una persona ordinaria. Él no es otro libro de niños-"

Jim rodó los ojos. "Un libro con relieve entonces." Le sonrió a Sherlock. "El punto es, me intriga, Sherlock, de verdad. Me fascinas. Pero te has convertido en una molestia. Demasiado. No puedo comenzar a describir lo mucho que me duele deshacerme del único ser humano interesante en el mundo, pero necesita hacerse. Eres el insecto bajo mi bota, Sherlock Holmes."

"¿Estás diciendo que me vas a matar?" Preguntó Sherlock.

"Voy a matarte." Sonrió. "Estoy tratando de razonar contigo, querido. Esta pequeña noción que tienes de pensar que puedes matarme es cómica. He trascendido. Soy una idea, ahora. Lo que significa… que puedes matarme si quieres, pero las organizaciones continuarán. No importa si muero o no porque el juego siempre continuará. No terminará hasta que mueras."

Sherlock avanzó amenazadoramente y bajó el tono.

"Seguro, si corto la cabeza, las piernas seguirán retorciéndose, pero su muerte es inevitable."

Jim encubrió su atisbo de duda, elevando las cejas.

"¿Es eso una metáfora, Sherlock?" Se burló. "No sabía que eras un poeta. ¿Hiciste que tu doctor lo escribiera para ti?" Un atisbo de rabia traicionó el apacible rostro de Sherlock. "¿Dónde está ahora? Amaría tener una conversación."

"Él no escribió eso, y él no está aquí." Dijo Sherlock. "Esto es entre tú y yo ahora."

"Finalmente podemos tener nuestro tiempo privado, ¿no?" Murmuró.

"Lo sabía." Dijo Sherlock. Jim se detuvo abruptamente.

"¿Saber qué?"

"Aburrido."

"¿Qué?"

"Tú." Sherlock apretó sus manos tras su espalda. "Fue tan fácil, al final. Atraparte fue casi tan fácil. No lo hubiese creído si es que John no me hubiese dado la idea. Había un patrón reconocible en cada uno de tus casos. Muy, muy sutil. Era algo que solo yo pude haber sido capaz de reconocer. Me hizo comenzar a preguntarme si lo estabas haciendo a propósito. El patrón de manejo de dinero para cada bodega—era algo que solo yo pude ser capaz de captar con mi tan astuta capacidad mental. Estabas llamándome a . El mentalmente alerta Sherlock Holmes. ¿Pero por qué razón? ¿Por qué tener un patrón?" Sherlock se inclinó más ceca de Jim. "Eres solo un esclavo de su deseo sexual inconciente, ¿no Sr. Moriarty?"

Jim giró airadamente, con el rostro ardiendo de rabia justo por debajo de la piel. "No se suponía que captaras lo del dinero."

"Pero es algo que hubieses captado." Dijo Sherlock. "Si mirabas lo suficientemente bien. Estabas llamándome. El amor le pisa los talones a la obsesión, ¿no? Cruzaste esa línea y firmaste tu sentencia de muerte." Dijo Sherlock. "Y ahora estoy separándote. Pieza. Por Pieza."

"¡Puedo destruirte!" Gritó Jim. "Puedo volverte pedazos con un solo asesinato. Podría hacerte arrodillarte en frente mío mientras torturo a tu querido idiota y te desgarrarías antes de poder tener la oportunidad de llegar a ti."

"Es bueno que no tienes uno de esos. ¿No?" Dijo Sherlock, mirando fijamente a Jim. El rostro de Sherlock se retorció en una sonrisa. Los ojos de Jim se llenaron de miedo mientras sacaba su teléfono celular y presionaba un botón. Nada pasó. Jim se puso demente mientras se lanzaba hacia Sherlock.

"¿Qué le hiciste?" Gritó desperado.

"¿Asustado por tu libro con relieve?" Sherlock sonrió. Moriarty estaba a segundos de empujarlo edificio abajo. Su rostro demostraba claramente que quería hacerlo. Su voz se volvió profunda y amenazadora.

"Juro por Dios, que si le hiciste daño—"

"¿Qué harás?" John subió las escaleras, con la pistola levantada. Los ojos de Moriarty se fijaron en él y se alejó de Sherlock mientras trataba de controlar su ira. John avanzó lentamente hacia Moriarty, con su mano firmemente en la pistola. Moriarty cerró los ojos forzándose a calmarse. Luego de un rato, una sonrisa se mostró en su cabeza.

"Hola, doctor." Miró hacia John. "¿Disfrutaste mis pagadas vacaciones?"

"Odie cada minuto de ellas. Lo sabes, ¿no? Pero el problema de enviarme lejos, Jim, es que me convertí en un entrenado asesino. Y has encendido un fuego en mi estómago que no puede ser apagado por nada más que tu sangre."

Jim comenzó a aplaudir en burla.

"Ese es un hermoso sentimiento, Johnny, pero la idea de que un pequeño hombre como tú pudiese siquiera derrotarme es tan cómico." Rió por lo bajo. "Solo Sherlock sería capaz de hacer eso. Quizá." Ignoró completamente a John y volvió a mirar a Sherlock. "Tienes refuerzos, ¿no?"

"Si, ciertamente tengo."

"Pensé que esto se suponía que fuese de los dos." Murmuró Moriarty.

"Lo era. Tú no cumpliste. Yo no lo cumplí de gran manera." Se encogió de hombros. "Doblando las reglas. Jaque." Los ojos de Jim estaban hambrientos mientras se acercaba a Sherlock. Su respiración estaba encima de su rostro.

"Estás empezando a verte como yo." Respiró, moviendo los ojos. "¿Qué tan mal deseas mi sangre?"

"Sherlock, no—"

"Quiero usar tu cráneo de pisapapeles." Siseó, mostrando los dientes. El estómago de John se retorció. Sherlock había mostrado una naturaleza mucho más violenta este último tiempo, su deseo de destruir a Moriarty lo asustaba. "Quiero ahorcarte con tus propios intestinos. Quiero esparcir tu sangre por las calles de Londres. Te quiero muerto."

La voz de Sherlock estaba peligrosamente baja. John estaba temblando; su pistola aún apuntando hacia Jim, pero sus ojos fijos en Sherlock. Rezó para que Sherlock mantuviese la cordura, rezó para que pudiese mantener sus instintos de agarrar el cuello de Moriarty.

Los ojos de Jim lo miraron con deseo antes de que se retractara. Cerró sus ojos de manera defraudada.

"No." Meneó la cabeza. "Realmente no. Solo estás enojado de que pateé tu cachorro. Tus sentimientos homicidas no son reales." Suspiró y miró hacia John. "Apuesto que estás feliz, ¿no? El buenito de Sherlock es aún buenito." Su voz sonaba realmente decepcionada. "Quiero decir, realmente él me quiere matar, y amo eso de él en este momento, pero aún no puede querer matar… creativamente. Y ¿dónde está la diversión en eso?" Se encogió de hombros. "Ah, bueno. Es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado en absoluto, ¿no?"

John rió amargamente. "Esa expresión no se aplica a todos."

Jim dobló la cabeza sobre el hombro.

"Ustedes dos están aún están atados con todo lo de me-llevé-a-John-al-ejército, ¿no?" Le sonrió a John. "Déjame compensarte, doctor."

Moriarty comenzó a quitarse la chaqueta. Sherlock se puso tenso y John sujetó más firmemente su pistola, la que aún estaba siendo apuntada a frente de Moriarty. Sherlock se movió hacia John, alejándose a Moriarty. Jim dejó la chaqueta en el suelo. Se inclinó hacia Sherlock.

"Eres realmente hermoso, Sherlock. Este ha sido un lindo juego. Amenaza terriblemente a Sebastian. No debería haber sido capturado. Extráñame en mi ausencia. Morirás por mis manos, Sherlock."

"¿Qué estás haciendo con la chaqueta?" Demandó John.

"Es un regalo, John. Para ti."

"¿La chaqueta?"

"Las pesadillas."

Sherlock corrió hacia John justo a tiempo. La chaqueta explotó con la suficiente fuerza para hacer que Sherlock chocara contra él y cayeran al piso con lenguas de fuego sobre ellos. Tres cuerpos cayeron como muñecos de trapo en la polvorienta bodega, chocando entre ellos y los trozos del tejado. John se dobló para que Sherlock cayera sobre él. Eso le quitó el aire, pero Sherlock estaba a salvo. No podía esquivar los escombros, pero acercó a Sherlock hacia él para proteger su cabeza del concreto que caía. Todo cayó a sus alrededores, Sherlock se movía para quitarse los objetos que caían mientras John lentamente recuperaba la visión.

Justo antes de recobrar el aliento, otra bomba explotó bajo ellos, llevándolos al último piso, lanzándolos contra el sucio piso del edificio. John cayó sobre su hombro derecho con un estrepitoso sonido; Sherlock cayó dolorosamente lejos de él. Gritó cuando vio un gran trozo de concreto intentar caer sobre Sherlock. John se precipitó sobre él para protegerlo y el bloque lo golpeó en la espalda con un desagradable sonido. John se retorció mientras el dolor se esparcía en su cuerpo. Sherlock entró en pánico. Todo lo que podía pensar era 'sácalo de aquí… necesita estar a salvo.' Trató de ponerlo de pie para que saliera, pero John negó con la cabeza violentamente, incapaz de ponerse de pie, su cuerpo estaba congelado por el dolor y lo forzó a volver al piso. No era seguro. Eso no era seguro, Sherlock. La cabeza de John aún estaba confusa y nublada. Todo lo que sabía era que el cielo estaba cayendo y necesitaba proteger a Sherlock.

Necesitaban salir. Más bombas, cada vez más cerca, forzaban a Sherlock y a John a golpear la pared detrás de ellos. El edificio. El edificio iba a desplomarse, ¿no es así? Sherlock ya no trataba de hacer que John se pusiera de pie, pero trataba con todas sus fuerzas de forzarlo a que dejara de protegerlo. Ya estaba bastante adolorido con todo.

Otra bomba. Incendiaria. Atrapó ligeramente la parte de atrás de la camisa de John y este cubrió las manos de Sherlock con las suyas. Las manos de John estaban quemadas. Sherlock quería usar desesperadamente su cuerpo como escudo por sobre el de John, pero John no se movería. No podía aguantar escuchar el sonido de los gritos de John ni el olor de su cabello quemándose. Repentinamente se quedó quieto y los gritos cesaron. El corazón de Sherlock estaba golpeado. Rápidamente movió su cuerpo para cubrir el del otro y en ese momento—la bomba final explotó— fuerte, inmensa y ondeando fuego—y Sherlock sintió como su chaqueta se encorvaba por las llamas y su cabello se encendía. Podía sentir la carne de su espalda derretirse bajo el calor de la bomba mientras apretaba el cuerpo de John de forma protectora mientras ambos eran violentamente presionados contra la pared. Trató de no pensar en el dolor. Vomitó. Trató de no pensar sobre el insostenible dolor. En vez de eso pensó en lo que había hecho por John. Si hubiese recibido algo de aquella explosión, a pesar de que estaban en el borde de la misma, ciertamente hubiese muerto. Podía sentir la piel quemada de John contra su camisa. Fueron empujados nuevamente contra la pared por la fuerza del estallido. Trozos de concreto chocaron contra la cabeza de Sherlock, pero el edificio no se derrumbó. Estaba tan agradecido por ello. Si el edificio hubiese caído, sabía que no había forma de haber sido capaz de arrastrar a John fuera. Las bombas se detuvieron. Un extraño silencio cayó sobre él. Todo lo que se podía oír era el crack de algunas llamaradas y el débil pulso del corazón de John.

Sherlock luchó por mantenerse conciente, por John. Lestrade iba a llegar. Iba a llegar luego; tenía que llegar pronto. Lestrade o Mycroft, ciertamente tendrían que llegar. Peleó desesperadamente con la oscuridad, tratando de mantenerse despierto hasta que viese a Mycroft o Lestrade.

Oyó a alguien gritar. Gritó de vuelta algo incoherente. No sabía quién era—Mycroft o Lestrade o incluso alguien cualquiera quien había visto las explosiones. Necesitaba salir de ahí y poner a John a salvo. Quería vomitar otra vez pero no pudo.

Hubo un poco de conmoción alrededor de ambos mientras Sherlock agarraba el cuerpo inerte de John. Un hombre trató de separarlo de él. Sherlock lo pateó y le gritó, causándole mucho dolor, pero el rostro de Mycroft se hizo presente en su campo de visión y supo que todo estaba bien. Cayó de espaldas y dejó que la oscuridad lo tragara.