Las sirenas de advertencia sonaron mientras Sebastian salía a través de las tierras. Jadeaba mientras sus largas piernas corrían a través del páramo. Las cosas estaban yendo espléndidas hasta el momento. Las puertas de su celda habían sido abiertas, un guardia lo escoltó a una puerta abierta antes de darse vuelta e irse. Su rostro estaba completamente oscurecido. Sebastian tomó esto como una oportunidad. No tenía idea de qué debería hacer, no tenía un plan. Había estado atrapado en esa maldita prisión por un mes y las cosas se estaban volviendo peores. Nunca le dijo una palabra a Mycroft. Mantenía su absoluto silencio a pesar de los golpes en el rostro y la incómoda cercanía.
Ahora estaba corriendo en la noche, un automóvil andando con la puerta de pasajeros abierta. Sebastian corrió dentro de ella, cerrándola. El conductor aumentó la velocidad y condujo, mientras las sirenas se volvían cada vez más lejanas.
"Eres afortunado. Acabo de usar a mi último contacto para que te sacara."
"Gracias por eso." Murmuró Sebastian, quitándose la ropa para ponerse una camiseta y unos jeans. "¿Sherlock no se dará cuenta de este pequeño doble?"
"Van a enterarse luego de todas formas, puedo sentir la sospecha elevarse. Me di cuenta que era tiempo de irme de allí de todas formas."
"Bueno… gracias por usar tu talento para mí." Pasó una mano por su barba rubio-sucio.
"Diría 'No hay problema' pero fue una especie de problema."
"¿Tienes seguridad de que sospecharon de ti? Quiero decir, Jim tuvo varios problemas para meter a ese chico Wallace." Dijo, poniéndose la chaqueta.
"Sí. Pero era tan obviamente puesto como una posible amenaza al seguir a John todo el tiempo en su entrenamiento." Dijo Irene, rodando los ojos. "Me contó sobre ello. Casi me hizo reír. No entiendo cómo Sherlock puede sospechar de una extensión en John. ¿Por qué Jim querría ponerle una John? No tiene sentido. Ese chico Milo es tan inocente como se ve."
"Te hiciste amiga de él, de todas formas, ¿no?"
"Seb, puedo hacer amistad con cualquiera que necesite. Al principio me acerqué a él a ver si sabía algo de Moriarty. Parecía completamente confundido por eso. Eso me hizo pensar que podía ser una distracción para mí. Conveniente, ¿no?" Ronroneó Irene.
"No sé, no hablamos exactamente de ustedes."
"Sí, Él nunca te hablaba sobre negocios, ¿no?" Irene rió. "Te tenía para una buena noche, ¿no?"
"Era más que eso." Siseó.
"Jesús, hombre, cálmate." Dijo Irene. "Lo siento."
"Dijo que tenía un hombre encubierto." Se encogió de hombros. "Y a veces hablaba sobre Milo Wallace. Es todo lo que saqué."
"Probablemente te escondía cosas en caso de que fueses capturado y torturado. Tiene sentido."
Sebastian le lanzó una mirada fija pero luego se calló. El carro estuvo en silencio.
"¿Crees que está muerto?"
Irene hizo una pausa y luego murmuró. "Sí. Esa es otra razón por la que me voy. Creo que cuando muriese; le haría creer a Sherlock que aún vivía. Pienso que sería la última tortura, ¿sabes? Hacer que Sherlock lo anticipara por toda su vida. Tendría todo el sentido."
"No se iría así." Murmuró Sebastian. "Se llevaría a Sherlock a todos los costos. No se habría hecho explotar. Se habría asegurado de llevarse a Sherlock con él. No. Él está vivo. Aún está vivo."
Irene le dio una mirada por el rabillo del ojo y luego se dio vuelta.
"Si eso es lo que piensas Seb." Dijo tranquilamente. Buscó en su bolsa y sacó una cajetilla cerrada de cigarrillos y un encendedor. Los ojos de Sebastian se agrandaron y los cogió.
"Gracias." Dijo. Encendió uno y lo fumó con calma. Exhaló lentamente mientras expulsaba el humo. Le habían ofrecido cigarrillos a cambio de información, pero rechazó cada vez.
Ser capaz de fumar un cigarillo abrió su mente y lo hizo pensar sobre quién era realmente a quien odiaba. Estaba molesto del abandono de Jim, pero no podría culparlo por irse. Sebastian conocía el tipo de persona que Jim era. No podía esperar nada de ese tipo de personalidad. Quería algo para odiar. Tenía que matar algo.
"Voya a matarlo." Murmuró mientras le quitaba la ceniza a la punta del cigarro. "Voy a hacerlo pagar."
Irene rió y se giró para mirarlo. Cuando vio la seria Mirada en sus ojos, frunció el ceño.
"¿Sherlock?"
"Sí."
"¿Eres estúpido?"
"No. Estoy enfadado. Y é les quien me trajo todo esto Es un arrogante hijo de perra y lo voy a matar."
Irene lo miró incrédula. Cuando Sebastian no continuó, ella suspiró.
"Mira. Si realmente crees que Moriarty aún está vivo, ¿entonces qué crees que hará si se entera de que mataste a Sherlock? Te sacaría las entrañas, Sebastian, y lo sabes. Él quiere que Sherlock muera por sus propias manos. No le quites eso."
"Mataré al doctor entonces. " Dijo. "A Jim no le importaría."
"No… pero sí a Sherlock." Irene dijo lentamente.
"Ese es el punto, lindura." Sebastian rió mientras encendía otro cigarrillo. Irene dudó antes de hablar nuevamente en un tono bajo y serio.
"Nunca conociste realmente a Sherlock. No estuviste en su círculo. Él… El amor que esos dos comparten… si es alterado de alguna forma, puede ser increíblemente destructivo. Si matas a John Watson…" Irene rió nerviosamente antes el pensamiento. "Él te encontraría en menos de una semana sin importa qué tan lejos corras." "Él no tiene ese instinto de matar a nadie." Dijo. Su voz era un poco sospechosa.
Irene negó con la cabeza. "Él te mataría, Sebastian. Él es Moriarty si lo presionas un poco. Te partiría en dos sin pensarlo dos veces."
Sebastian apretó los labios. Rodó los ojos y suspiró fuertemente.
"Tengo que hacer algo. No puedo no hacer nada, es frustrante."
"No tienes a Jim para que te proteja. Si quieres matar a alguien, pues vale. Serás capturado y enviado lejos. Si quieres mi consejo, sugiero que te mantengas bajo raya. Si realmente piensas que Moriarty está vivo, entonce él nos encontrará. Nos dejará vivir por alguna razón. Estoy segura de que seremos útiles en algo."
"Pensé que pensabas que estaba muerto."
"Lo hago." Se encogió de hombros. "Pero tengo que tener un poco de esperanza, ¿sabes? Recogí mucha información útil mientras trabajaba con él. Ahora es tiempo de utilizarla."
"¿Qué planeas hacer?"
"Lo que hago mejor." Irene sonrió.
"¿Siendo irritante?" Sebastian bromeó. Ella lo golpeó
"¡No! Sexo, idiota." Sonrió mientras golpeaba sus pulgares en el manubrio. "No me iré al porno, en realidad… no estoy interesada en tener sexo con la gente. ¿Qué piensas de mí convirtiéndome en una dominatrix?"
"Quiero decir, te conocí hace dos horas y creo que encaja. Tienes una dominante personalidad y una voz fuerte. Estoy seguro que lo harás espléndidamente." La voz de Sebastian era medianamente sarcástica. No estaba muy seguro de ella. No le gustaban los espías, incluso si estuviesen de su lado. Estaba de su lado por ahora. Era difícil para él que le cayera bien alguien cuya lealtad podía ser comprada.
"¿Qué te prometió?"
"Bueno… cuando lo conocí me prometió que nunca sería indigente otra vez. Abrió una cuenta bancaria para mí y me dio una tarjeta de débito. Al principio fueron solo un par de miles. Cada vez que le contaba algo, me daría lo que la información valía. Soy millonario ahora." Sonrió. "¿Qué te dejó?"
"Mi vida, supongo." Murmuró. "Nunca me dijo sobre nada que le gustaría que tuviese. Nunca fue sentimental."
"Dura suerte." Dijo ella, encogiéndose de hombros. "Quizá podrías conseguir un apartamento o algo."
Sebastian se calló. No habló otra vez. ¿En serio Jim lo veía como una cosa que podía ser tirada y olvidada? Le había permitido vivir a Irene—al principio Sebastian pensó que la había dejado vivir porqué Jim quería a alguien para que lo sacara de prisión. Ahora no estaba tan seguro. ¿Era realmente tan inútil?
Por ahora esperaría. Volvería a la bodega en Gales y comenzaría allí. Irene le podía conseguir una identidad falsa. Quizá conseguiría un empleo. Quizá tendría que pagar renta. Esperaría por Jim toda su vida si tuviese que hacerlo.
