El viento caliente picaba mientras levantaba la arena y se metía en las heridas expuestas de John. Tuvo que patrullar el área antes de que pudiera dar el todo despejado y dejar que sus hombres atravesaran. Podía oír a Milo preguntándole cosas por el intercomunicador, pero John lo silenció. Levantó su arma y escaneó el área. Sería perfecta para un ataque guerrillero.

Revisó alrededor de los esqueletos de los edificios, llegando al del final. Parado en el medio había un hombre con bombas amarradas a su pecho. Su espalda estaba hacia John. John demandó que se diera vuelta y se mostrara. El hombre puso sus manos en alto y lentamente se dio la vuelta.

Era Sherlock, sus ojos llenos de arrepentimiento y lágrimas. Tenía el interruptor en la mano, su pulgar sobre un botón. John bajó su pistola e intentó razonar con él, pero Sherlock no lo podía oír a través de todas sus capas del casco protector. Sherlock solo dijo dos palabras antes de que el mundo se desgarrara.

"John. Corre."

John vio en horror absoluto como Sherlock se desgarraba, sangre manchando sus ropas, el aire lleno de humo. A pesar de que ahora él estaba seguramente muerto, el sonido espeluznante de la sangre de Sherlock sonó a lo largo de todo el desierto. El resto de sus hombres fueron a por él y uno por uno explotaron. Bombas en todos lados, todos eran bombas. Nadie estaba a salvo. Todos eran bombas potenciales. Trató de irse, trató de correr o esconderse pero estaba atrapado por los sonidos: el inhumano gorgoteo de Sherlock ahogándose con su propia sangre, mezclado con el espeluznante dolor, John gritando por ayuda, por alguien que le ayudara. Lloró por Sherlock para que dejara de gritar. Escuchó a un violín comenzar a tocar… suavemente al principio hasta que logró calmarlo. El violín era dulce y triste y silenció los gritos y el mundo en llamas. Luego era la única cosa que John podía oír y se recostó para descansar.

Sus ojos se abrieron gentilmente. Estaban empapados de lágrimas. Suspiró y tiró su cabeza hacia atrás, tratando de aguantar las nuevas lágrimas. Esas pesadillas. Estaban empeorando. Trató de controlarse, odiaba despertar a Sherlock en la mitad de la noche de esta forma, con sus lloriqueos. Miró hacia los pies de la cama y Sherlock estaba de pie ahí con su violín entre su mentón y su hombro, sus ojos cerrados, tocando una melodía para John. Él podía oírlo. Sherlock estaba rogándole que se sintiera feliz, lo único que quería era que tuviese un plácido dormir, se preocupaba por él. John trató de sonreír pero solo cayó de vuelta a la cama y se hizo un ovillo. Estaba demasiado asustado como para volver a dormir, a pesar de que la melodía de Sherlock ayudaba a calmar su corazón agitado. La melodía terminó en una baja nota y Sherlock depositó su violín en la silla al rincón de la habitación.

Se había mudado al 221B de la calle Baker hace dos meses y John no podía pedir un mejor hogar. Ya comenzaba a sentirse como un hogar y ambos añadieron sus propios toques. La Sra. Hudson era la mujer más dulce y a veces iba a conversar. John pensó que Sherlock la echaría como si no fuera nadie, pero parecía genuinamente disfrutar su compañía y casi la trataba como familia. La primera vez que tuvo una pesadilla, ella subió corriendo las escaleras, realmente preocupada por su salud. Le preparó té y tuvieron una larga conversación de como ella solía tener pesadillas acerca de su marido volviendo y haciéndole daño. John la apreciaba aún más ahora que ella incluso lo comprendía. Cada vez que John tenía sinceramente terribles pesadillas, ella subiría las escaleras y sin hablarle le haría una taza de té. Este lugar era casa.

Sherlock volvió a la cama con John, y lo forzó a sentarse. Nadie dijo nada. Sherlock tomó sus muñecas y John no pudo mirarlo a los ojos. Sherlock lo miró fijamente a través de sus pestañas hasta que John dio vuelta el rostro. El momento en que John lo mirara, normalmente le haría correr una lágrima o dos. John odiaba su debilidad. Odiaba estos sueños. Las explosiones de Afganistán y las explosiones de la fábrica de tinta se fusionaban en una infernal pesadilla. Había visto Afganistán y Londres como dos completamente diferentes universos pero las bombas empezaron a salir, donde Sherlock estaba… Los sueños ahora no lo dejaban. Eran persistentes.

Sherlock lo miraría a los ojos por largos minutos y John lloraría lo más silenciosamente posible. Este procedimiento a veces terminaba con John abalanzándose a los hombros de Sherlock y agarrándolo desesperadamente. Esta noche, John derramó silenciosas lágrimas y cerró sus ojos. Sherlock lo besaría en la frente, las mejillas y los labios. Sostendría su cabeza hasta que John dejara de llorar completamente y luego se pondría de pie para tomar su violín.

Y luego Sherlock tocaría hasta que John volviera a dormir.


John se sentó en la silla que miraba hacia a la ventana. La lluvia golpeaba la calle. Sherlock miraba por la ventana tocando las cuerdas de su violín letárgicamente. Tocaba la carta distraídamente. Irene había sido tan amable de enviarles una carta. John estaba aliviado de que Milo fuese sido inocente todo este tiempo, pero Sherlock estaba tan enfurecido que ahora se rehusaba a llamarla por su nombre. Ahora era simplemente 'Esa Mujer' o 'La Mujer'. John imaginaba que Sherlock estaba simplemente en shock de que alguien más allá afuera había sido capaz de engañarlo.

La carta decía:

Queridos Sherlock y John,

Fui yo todo el tiempo. Uups. Supuse que debía irme antes de que se me enteraras con sus propios métodos. Pensé que habían comenzado a sospechar de mí pero al final continuaban imaginando que Milo era el traidor. Moriarty pasó muchos líos para hacerlos sospechar de Milo. Pero, ¿enserio Sherlock? ¿Cayendo por ese truco? Fue demasiado fácil.

Moriarty se acercó a mí un mes antes de tu llegada a rehabilitación. Me pagó demasiado dinero. Acepté y nunca sospechaste nada. Estaba preocupada de que me atraparas en un comienzo, pero estabas demasiado enterrado en tus pasiones que nunca me notaste. Estoy agradecida de ello.

Luego de que volviste con John, ahí fue cuando realmente él me activó. Me llamaría y me preguntaría si podía escaparme. Claro que podía, era tan fácil ahora que estabas distraído con John. Estaba siendo completamente ignorada a pesar de compartir una habitación de hotel contigo. Él me dijo exactamente qué hacer para conseguir información de ti y yo solo lo hice. Nunca lo notaste. Me conseguí una novia para que pudieses explicarte mi ausencia. Pobre Molly Hooper, era una chica tan adorable. Lamento haberla usado de esa forma. Si pudieras explicarle por qué me fui tan repentinamente, sería tan amable de tu parte.

Me di cuenta que Sebastian sería un buen aliado. Lo saqué usando mi último contacto en la prisión. Los dos nos hemos ido. No esperes que te diga mi localización. Se la envié a una amistad en América e hice que ella te la enviase. Claro, no hay ninguna necesidad de que me buscases, ¿no?

¿Qué me harías? ¿Menear el dedo?

Para ser completamente honesta… nada de eso fue mentira. Me refiero a lo que dije sobre ustedes dos. Su amor es hermoso. Razoné con Sebastian para que no matara a John. Moriarty nunca preguntó sobre su avión. No sé si hubiese sido capaz de decirle la verdad de todas formas. Estaba realmente interesada en conocer a John. Estoy feliz de que pude conocerte John. Luego de verlos juntos… era casi imposible querer verlos separado.

Casi. Siempre hay un precio.

Quizá nos encontremos de nuevo, Sherlock. Quizá crucemos caminos en el fututo. Hasta entonces, querido compañero de cuarto.

Irene Adler.

Cuando Sherlock leyó la carta primero, John pudo ver la mezcla de furia y admiración que destellaba su expresión antes de bajarla e irse. Ahora no mencionará el contenido de la carta, pero la abría y cerraba compulsivamente, nunca mirando las letras en el papel. John miró a Sherlock por un momento.

"¿Qué se supone que hacemos ahora?" Preguntó tranquilamente. Sherlock se giró hacia él. Dejó la carta en la mesa al lado de él. Sherlock se encogió de hombros indiferentemente.

"Esperamos." Dijo mientras continuaba tocando las cuerdas. "Lo golpeé muy fuerte. Serán años antes de que se recupere. Esperamos a que se vuelva a levantar. Y luego lo detendré. Permanentemente." Dijo como un hecho. Sonaron truenos en la distancia y Sherlock llevó su violín a su barbilla.

"¿Esperar? Sherlock, ¿vamos a esperarlo?"

"Estoy seguro que podemos meternos en todo tipo de problemas en ese tiempo." Sonrió. Levantó su arco y comenzó a tocar dulce música. Esto, por lo menos, era verdad. Lestrade los había llamado cada día para consultarles en ciertos casos. Él había ayudado felizmente y con gran entusiasmo. Salía ocasionalmente, a veces con John. A veces lo dejaba en casa. John había casi superado la cojera, pero aún tenía dificultad para correr. Amaba acompañar a Sherlock en casos, así que iba cada vez que podía, pero a veces tenía que descansar. Miraba a Sherlock, tan concentrado en la música, complementando los bajos gruñidos de truenos.

John se puso de pie con gran dificultad y cojeó hacia la ventana más próxima. La lluvia caía. Los truenos gruñían en la distancia. John tragó mientras su corazón se aceleraba. La música de Sherlock era un hermoso fondo, pero la tormenta comenzaba a verse realmente mal.

Cuando era niño, John pensaba que los truenos los relámpagos estaban peleando. La lluvia era el resultado de esa pelea, el producto de su furia. Al final, ni Relámpago ni Trueno ganaban, y todo lo que quedaba era la lluvia, ahogando plantas e inundando la cuidad. Todo lo que dejaban era el de daño que su pelea causaba.

El cielo sobre ellos era ahora gris e inofensivo, pero las nubes negras en la distanciase acercaban a la cuidad. John podía escuchar la tormenta que se acercaba, con sus terribles truenos ahogados por la distancia.

Podía ver relámpagos golpear fuera de la cuidad. Sabía que estarían allí en unas pocas horas y grandes baldes de agua y viento caerían sobre su apartamento. Ahora, la lluvia era suave y gentil, pero aún era lluvia. Ahora, el viento era un susurro, pero pronto serían gritos.

Sabía que la tormenta era inevitable y que sería devastadora, pero por ahora estaban a salvo. Por ahora estaban juntos.

Sherlock colgó el teléfono. John apenas había sentido que hablaba. Sherlock le sonrió. "Era Lestrade." Buscó su chaqueta y su bufanda. "¿Sabes de esos suicidios en serie? Ha habido un cuarto. Y ahora…" Se subió el cuello del abrigo, alegre. "…hay una nota."

Fin.


Ugh, terminó. Terminó, woah. Muchísimas gracias por leer, dejar reviews, favoritos etc etc, por sus ánimos y sobretodo por aguantarse esos periodos en que se me olvida la existencia de esto. De verdad.