Estoy aquí con otro capitulo y doy las gracias a los que me leen en España y en Canadá aunque aún no tengo ningún review, pero soy paciente.
Espero que os guste y por favor, dejar reviews.
1
El secreto de Melinda
Madelane despertó en su habitación como era costumbre pero no fue hasta que sintió un fuerte dolor de cabeza cuando comenzó a recordar lo que había pasado la noche anterior, ese mundano tan valiente como cualquier nefilim, su extraña aparición con aquel lobo.
Se levantó de la cama y fue directa a su armario para cambiarse de ropa, ya que tenía puesto aún el traje de cazadora de sombras. Eligió ropa cómoda y se dirigió a la cocina para desayunar algo, la verdad era que ayer no había cenado porque se había escapado una hora antes de cenar y como después se había desmayado no había cenado y tenía mucha hambre.
Cuando entró solo se encontró con Dylan que estaba sentado en una silla y le saludó con la mano. Se preparó un buen cuenco con cereales y se sentó al lado de Dylan.
- ¿Cómo te encuentras? – dijo Dylan con tono preocupado.
Si, Dylan era un imbécil pero cuando las vidas de sus amigos y familiares peligraban él era el primero en preocuparse por ellos y eso implicaba que no era insensible. Fue el primero en preocuparse por ella cuando se encerró en su cuarto y no comió nada en dos días y fue el que lo convenció para que saliera de su cuarto. Era la parte sensible de la personalidad de Dylan, pero no le gustaba sacarla mucho por eso la mayor parte de la gente que lo conocía pensaba que no tenía corazón.
- Bien, gracias por preocuparte – dijo Madelane contenta, olvidando por un momento su dolor de cabeza.
Madelane se terminó el cuenco de cereales, lo dejó en el fregador y se volvió a sentar al lado de Dylan. No podía dejar de pensar en el chico de ayer, ese mundano que le llamaba la atención, de alguna manera era especial.
En ese momento aparecieron Juliett y Daren por la puerta de la cocina y al ver que Madelane se encontraba allí se sentaron al lado de ella para preguntarle como se encontraba.
- Me alegro de saber que estas mejor, me asuste un poco cuando te desmayaste - luego miró a Dylan- Tu madre ha llegado y quiere verte ahora mismo.
Dylan se marchó de la cocina sin decir nada y por el pasillo se apresuró a llegar a la biblioteca. No era como las de otros Institutos porque esta no tenía enormes librerías repletas de libros ya que habían sido destruidos tras un incendio hace unas décadas.
Era una sala enorme con un sofá en un lado donde la gente se acomodaba para leer un libro, una mesa en frente, una estantería con unos diez libros y un fichero con todos los nombres de los nefilims conocidos.
Su madre no dejaba a nadie leer esos libros ya que eran secretos de la Clave e historias desconocidas pero Dylan los había ojeado de todas maneras.
No entendía nada solo había entendido las palabras "elegido", "mundano"y "ángel" y eso no es que le sirviera de mucho ya que estaba escrito en un idioma desconocido para él.
Catherine le hizo un gesto para que se acercara a ella que estaba sentada en el sofá leyendo un libro que cerró y Dylan solo puedo ver el titulo "La luz en la oscuridad - la profecía" antes de que lo dejara otra vez en la estantería.
Sacó uno de los ficheros donde ponía un nombre que Dylan no logró ver y lo puso encima de la mesa, se sentó en el sofá y dijo.
- Lo he encontrado – dijo sin rodeos, se le notaba en la voz un tono de pena o de alegría que Dylan no pudo apreciar – No esta muerto.
Ayleen estaba preparada para contárselo, tenía que saberlo pero no sabía exactamente como contárselo aunque lo había ensallado mil veces en su casa. Aún pensando como decir a John la verdad apareció Melinda la hermana adoptiva de John.
Su familia adoptiva era española y como era natural Melinda tenía rasgos españoles como sus ojos marrón chocolate, su melena negra como el carbón y una altura que no concordaba con su edad.
John se fijó que su hermana había entrado en la sala y que estaba frente a él como esperando algo y John se acordó que hoy era su cumpleaños.
- ¡Feliz cumpleaños hermanita! - dijo John alegremente- ¿Cómo lo vas a celebrar este año?
Hace cuatro años invitó a sus tres mejores amigas, a su mejor amigo y a toda su familia a una fiesta en la mansión de la familia en Los Ángeles. Había ponis, payasos y un montón de comida de todo tipo desde patatas fritas para sus amigos hasta caviar para los mayores.
Pero cada cumpleaños que celebraba era menos lujoso y más intimo que el anterior. Hace dos años se fue al McDonald 's con sus cuatro amigos y con el por supuesto porque no querían dejar a Melinda sin vigilancia y Melinda no quería que sus padres fueran.
Por su doce cumpleaños se fue de viaje un mes con sus padres a no se donde, solo sabía que estaba en Europa y no le habían dejado ir aunque le suplicó porque decían que el no pertenecía a ese sitio.
- Pues no se. A lo mejor me voy otra vez a… - dijo Melinda pero se interrumpió por que se había dado cuenta de que había hablado demasiado.
- ¿Puedo venir esta vez? – dijo John suplicando
- No. No serías bien recibido – dijo Melinda con voz implacable – pero no te enfades no es culpa tuya es solo que…
- Decir no te enfades en esta situación es como pegar a alguien y decirle que lo has hecho sin querer – dijo John furioso alzando la voz mas de lo debido.
John se sentía ofendido por esas palabras porque le habían sonado como si ella fuera superior a él en algún sentido. Pero él sabía que los dos eran igual de importantes en este mundo o ¿no?
Miró en dirección a donde se encontraba Ayleen para saber que opinaba sobre esa situación pero no estaba, había desaparecido.
¿Como podía ser que no se hubiera dado cuenta antes de que había desaparecido?
No le dio mas vueltas y salió del salón echando chispas hasta su habitación furioso por aquella conversación.
Juliett estaba en su cuarto acostada en la cama escuchando música con su ipod cuando abrió los ojos y vio al final de su cuarto una sombra.
Era Dylan como siempre que no la dejaba en paz ni un momento solo porque le gustaba verla rabiar.
Madelane ya le había dicho que él cuando había gente en peligro siempre era el primero en preocuparse pero ella no se lo creía.
Que Dylan era sensible era una cosa que ella no podía imaginar ni aunque quisiera.
- ¿No sabes llamar a la puerta? – dijo Juliett enfadada.
- Es que así es muy aburrido – dijo Dylan.
- ¿Que quieres? – dijo Juliett perdiendo los nervios – o ¿Es que solo has venido a fastidiarme? Como siempre.
- Tengo que pedirte consejo – dijo muy serio – ¿Debería ir a ver a la Reina de la corte seelie?
- ¿Que pregunta es esa? Claro que no. Esta loca y es diabólica – dijo muy segura de si misma.
- Me dijo que también querría que vinieras tú por algo relacionado con tus familia – dijo recordando las palabras de la invitación.
A Juliett se le iluminó la cara, no sabía nada de sus padres ni de su hermano solo se acordaba que sus padres la abandonaron cuando solo era un bebe y su hermano había desaparecido tras el ataque.
Pero, ¿por que? Tenía que averiguar más sobre su familia como si estaban vivos o habían muerto. Tenía que ir o si no nunca se perdonaría no haber intentado saber lo que les pasó a sus padres.
- Vale, iré – dijo decidida.
Madelane estaba sentada en el sofá del salón mirando al techo reflexionando sobre lo ocurrido cuando una imagen se le vino a la cabeza, la cara de aquel mundano cuando miraba a aquel demonio como si lo odiara desde que nacía, era la mirada que ponía un nefilim al encontrarse con un demonio.
Pero eso era imposible por que el olía a mundano por todas partes o ¿no? Tenía que volver a verlo para aclarar las dudas pero no sabía nada sobre él ¿como lo encontraría?
Se acordó de una cosa que había visto en aquel callejón l noche que lo conoció y salió por la puerta sonriendo en dirección a la salida.
John empezó a plantearse que su familia adoptiva le estuviera ocultando secretos que según Melinda no tenía porque saber y eso le hizo sentirse furioso consigo mismo.
Por eso en la comida no miró a ninguno de sus familiares con miedo a que le regañaran por querer ir a ese sitio tan desconocido para él. Se miró la muñeca esperando ver en su reloj que eran poco mas de las tres cuando para su sorpresa eran ya cuatro y media. No era imposible ya que en el reloj del salón hace solo unos minutos cuando había pasado para coger un vaso de agua eran las tres pero se acababa de acordar de que al reloj del salón se le habían gastado las pilas.
Se apresuró a vestirse ya que tenía que llevar a su hermana al ensayo de su grupo de teatro que se realizaba en un club llamado "Stars of the future (estrellas del futuro) ".
No la dejaban ir sola por que estaba en la otra punta de la ciudad y en el coche de John llegarían rápidamente.
Llegó a la cocina donde pretendía hacerse unas tostadas y salir pitando al club ya que el ensayo era a las once.
La cocina era muy grande y estaba llena de armarios con diferentes tipos de comida, un frigorífico doble, un montón de electrodomésticos y una gran mesa donde solía comer al mediodía.
Metió en el tostador unas tostadas y se apresuró a buscar a su hermana para que se preparara porque en breve partirían hacia el club.
Recorrió todo el pasillo hasta llegar a su habitación y toco antes de entrar en su inmensa habitación.
Melinda jugueteaba con un objeto brillante y refinado que escondió al ver a John delante de él. Al ver que Melinda se enfadaba fue John quien habló para aclararlo todo.
- He llamado pero no contestabas – dijo John intentando excusarse
- No pasa nada – dijo Melinda mientras John señalaba el reloj nervioso – Ya estoy preparada.
Melinda se metió el misterioso objeto en el bolsillo de sus vaqueros y se fueron los dos por el pasillo camino a la puerta de salida.
John arrancó el coche y Melinda se subió en el con mucha agilidad que John le había atribuido a sus clases de los viernes en un lugar donde a John tampoco dejaban ir.
En ese momento se acordó de las tostadas que había dejado en la tostadora y se maldijo porque no era la primera vez que lo hacía y su madre ya le había avisado que fuera menos descuidado.
Estaban conduciendo por las calles de Chicago muy despacio ya que había una cola monumental de coches. Llevaban más de diez minutos en esa cola y si no salían pronto no llegarían a tiempo al ensayo aunque no es que importara mucho. John vio el principio de la cola a no más de dos coches por delante de él y supo que en no más de diez minutos estarían allí.
Cuando llegaron al aparcamiento del club de teatro eran ya las once pasadas y Melinda salió escopetada hacia el interior como una bala.
John siempre se quedaba en el coche escuchando música hasta que volviera su hermana de ensayar pero esta vez no fue así. Alguien le golpeó la ventanilla del conductor nerviosamente y John se preparó para ver a su hermana diciendo que no había ensayo como había pasado varias veces pero no era ella
Era esa chica esta vez vestida con ropas normales.
En ese momento apareció Daren en la habitación alegre por una cosa que Juliett y Dylan no eran capaces de saber a simple vista.
Parecía estar alegre en el sentido de divertido pero no era seguro ya que Daren era una caja de sorpresas y misterios.
Se acercó a Juliett y le dijo algo en el oído que la hizo partirse de risa hasta el punto de caerse e la cama.
- ¿Que es tan gracioso? – dijo Dylan confundido.
- ¡Que Madelane tiene novio! – dijo Daren riéndose.
Eso si era gracioso porque Madelane siempre había dicho que tendría novio cuando Dylan dejara de ser arrogante así que no se podía evitar reírse.
- ¿Estas seguro? - dijo Dylan – mira que si te has vuelto a equivocar. Acuérdate del vampiro que creías que salía con mamá.
- Ella me dijo que iba a visitar a un chico muy especial – dijo Daren muy seguro- Le he puesto un localizador en el pelo así que podremos saber quien es si la seguimos ahora mismo.
- Que malvado por tu parte, Daren. Me gusta – dijo Dylan.
- ¿Que haces tu aquí? – dijo John enfadado.
- Creía que querrías verme – dijo Madelane.
- ¿Para que voy a querer verte yo? – dijo John confuso.
- No se ¿porque ayer te atacó un demonio? – dijo Madelane.
- No me atacó, yo me acerqué a él – dijo firmemente.
A Madelane se le quedó la cara blanca, como podía un mundano acercarse a un demonio sin temblar y mucho menos luchar contra él como lo había hecho él. La verdad era que ese mundano escondía algo y ella tenía que averiguarlo sea como sea aunque se pasara el día preguntándole.
- ¿Te acercaste a él? Eres idiota lo sabes verdad – dijo Madelane.
- Si lo sé me lo dicen muy a menudo – dijo calmado - ¿Como me has encontrado?
- Se te cayó este folleto del pantalón – dijo enseñándoselo.
"Clases de interpretación en el club de teatro - Stars of the future - domingos de cinco a seis y media"
John se quedó pensativo mientras invitaba a Madelane a subir al coche para que estuviera más cómoda para su interrogatorio.
Había pasado ya media hora y en una hora saldría su hermana y tenía que irse antes de que ella llegara para que no descubriese lo de la noche anterior porque lo tomaría por loco a él y a la chica misteriosa.
Apareció una figura en frente del coche que John llegó a conocer era Melinda con la boca abierta. Seguramente habría sido un ensayo corto, previo a la función que era el próximo sábado y ella abría venido corriendo pero no se percato de ella hasta que estaba frente a ella.
- ¿Que haces aquí Melinda? – dijo Madelane sorprendida.
¿Que? Esa chica conocía a su hermana y lo más intrigante su hermana también la conocía a ella, por la cara que puso al fijarse en ella como si también se sorprendiera de verla allí. Pero, ¿de que conocía su hermana a esa chica tan rara?
- ¿Os conocéis? – dijo sorprendido.
- Hermano te presento a Madelane mi amiga y Madelane te presento a John mi hermano adoptivo – dijo Melinda sonriendo.
Madelane se quedó sorprendida por saber que su amiga tenía un hermano mundano y encima tenía que ser el tonto que va hacia los demonios.
- Nunca me dijiste que tuvieras un hermano mundano – dijo Madelane.
- Pero si tiene tres años más por lo menos – preguntó John.
- Eso no significa que no pueda tener amigas mayores que yo – dijo Melinda con algunos aires de grandeza impregnados en su dulce y sonora voz.
John tenía que reconocer que aunque solo tuviera trece años, aparte de aparentar su edad por su elevada estatura se comportaba como cualquier chica de su edad, teniendo en cuenta que solo conocía a Ayleen ya que no era muy popular en clase y pasaba de ir detrás de las pijas de la clase como hacían sus compañeros.
- Pero, ¿de que sois tan amigas? Si vas del Instituto a casa y de casa a tus entrenamientos, así que no se donde os habéis hecho amigas – preguntó John algo intrigado por la posibilidad de que su hermana conociera a esa chica misteriosa, que se hacía llamar Madelane.
- Será mejor que lo llevemos al Instituto – dijo Madelane como si no hubiera dicho nada.
- ¿Por qué? No sabe nada – dijo Melinda.
- Veo que no se lo has contado – dijo Madelane mirando a John.
Daren, Dylan y Juliett acababan de salir del Instituto para encontrar a Madelane y al chico misterioso que tanto había intrigado a Madelane ayer por la noche.
Iban caminando por las calles de la ciudad, cuando un ruido les llamó la atención, un ruido que venía del aparato raro que Daren había dicho que era un localizador.
Era el ruido que avisaba que Madelane estaba muy cerca, pero no conseguían verla por que la calle estaba llena de gente como era a esas horas del mediodía.
Hasta que vieron a una chica con una melena castaña un poco más baja que ellos con una sonrisa resplandeciente, era Madelane no cabía duda y al lado reconocieron a Melinda que parecía mucho mayor de lo que era. Se apresuraron en ir hacia ellos y Daren escondió el localizador para que no averiguara que la había seguido, ya que le quitaría su puesto de primo bueno.
- Hola Madelane. Hola Melinda – dijo Juliett contenta.
Dylan parecía ser el único que había captado la presencia de John y lo miraba detenidamente de pies a cabeza como si estuviera examinándolo.
- ¿Que hace ese mundano aquí? – dijo Dylan con tono arrogante mas que enfadado.
Madelane y Melinda se rieron durante un tiempo sin decir nada y Dylan no conseguía averiguar que había dicho para que se rieran de aquella manera, aunque Juliett y Daren tampoco parecían saberlo.
- Os presento al hermano adoptivo de Melinda, John – dijo Madelane contenta.
Ayleen estaba sentada en la silla que estaba colocada en uno de los extremos de la terraza y contemplaba el bello y misterioso paisaje que se veía desde allí. Desde allí podía divisar el lago Michigan lleno de gente bañándose y los grandes jardines de los alrededores, que lo cubrían todo de un verde precioso.
Pensaba en lo feliz que se le veía a la gente sin tantas preocupaciones por las vacaciones y sin pensar en los verdaderos problemas de la vida, como el que tenía ahora mismo. Oyó ruidos de pasos detrás de ella así que se giró hacia atrás instintivamente, para descubrir que era su padre el que se encontraba allí.
Tenía la ropa hecha jirones y el cuerpo hecho polvo pero parecía que ni él se había dado cuenta y le sonreía con la risa que tanto le gustaba a Ayleen. Se había puesto pálida al verlo así porque estaba preocupada por si había ocurrido algo importante, pero no le dio muchas vueltas porque su padre sabía defenderse bien y no parecía muy herido.
- ¿Qué te ha pasado? – dijo Ayleen intentando ocultar su preocupación no con demasiado éxito.
- Nada ha habido problemas en el trabajo pero ya esta todo solucionado – dijo el padre de Ayleen quitándole importancia al asunto.
Su padre se marchó directo a su despacho donde pasaba horas y no dejaba que nadie le molestara ni que entrara sin permiso. Ayleen sabía que su padre le ocultaba algo, pero no se molestó en preguntarle porque sabía que su padre le mentiría sobre aquel asunto como si no quedara mas remedio en hacerlo.
Sabía por experiencia propia que si quería descubrir algo acerca de su padre debía espiarle cuando iba a su supuesto trabajo porque no ganaría nada preguntándole directamente.
- ¿No me digas que tienes un hermano y no me lo habías contado? – preguntó Juliett algo enfadada.
- No es que seáis intimas – dijo Daren un poco divertido – pero a mi si que me lo deberías haber contado – dijo Daren con tono de reproche.
- Vamos a terminar con nuestra reunión del club de los pijamas y nos vas a contar porque tienes un hermano mundano – dijo como si se lo estuviera ordenando.
- Tú no eres quien para dar órdenes a Melinda eres solo un crío maleducado, arrogante y sin corazón – dijo intentando ofender a Dylan, pero ella sabía que eso no funcionaría, así que lo dijo movida por la satisfacción de hacerle llorar más que por el odio.
Para su sorpresa y la de todos, esas palabras le hicieron tanto daño que no pudo reprimir las ganas locas de llorar que tenía pero como aún le quedaba algo de orgullo desapareció para llorar lejos de ellos. Madelane sabía que se había pasado con él, cuando él había sido muy amable con ella por la mañana pero no fue a disculparse, porque lo que Dylan necesitaba de verdad era que tomara de su propia medicina.
Estaban todos callados sin mirarse entre ellos y Juliett se levantó para ir tras Dylan e ir a consolarlo lo que les pareció a todos una sorpresa porque Juliett y él siempre estaban peleándose. Lo último que hizo antes de perderse por un callejón fue lanzar una mirada de reproche a Madelane, quien pareció algo sorprendida pero no hizo ningún comentario al respecto.
Avanzó por un callejón solo iluminado por una farola de la esquina que lo dejaba casi todo sumido en una oscuridad, con un suave olor a pescado podrido que salía de un contenedor cercano. Solo distinguía una pequeña sombra entre las cajas de cervezas vacías, que habrían dejado los jóvenes de un botellón en las afueras de la ciudad los días anteriores. Juliett se fue acercando a donde le pareció haber visto a Dylan e iba con tanta rapidez que un gato se asustó al verla de repente, pero para su sorpresa no hizo ningún signo de advertir su presencia hasta que la tuvo justo en frente de él.
- Juliett, no me molestes – dijo Dylan con un tono apagada en su voz.
- No te lo tomes así, Madelane no hablaba en serio – dijo mientras miraba su hermoso cabello rubio y al ver que él también la miraba apartó la mirada rápidamente.
- No lloro por eso, lloro porque lo que me ha dicho Madelane es lo que me decía Jessica antes de que muriera. Ademas, si que hablaba en serio porque tiene razón, soy un insensible – dijo suspirando fuertemente mientras una suave brisa le acariciaba la nuca y le hacía estremecerse.
- No pienses más en tu hermana porque así solo te harás mas daño. Madelane no lo decía en serio, si ayer me aseguró que no eras ningún insensible – dijo riéndose – solo lo ha dicho para hacerte rabiar, porque la pones nerviosa aunque lo haces con todo el mundo.
- ¿De verdad? No me esperaba esto de Madelane. Creo que me odia – esta vez lo dijo con una sonrisa en la cara que daba a entender que se encontraba mucho mejor, porque no solía bromear cuando estaba así, aunque solo era la segunda vez que ella lo veía así ya que ella lo conoció cuando tenía 12 años.
Juliett hecho una carcajada para romper el silencio que se había embargado del oscuro y sucio callejón y Dylan se fijó en que acababa de anochecer. La cara de Juliett se había quedado de piedra y le siguió la mirada hacia donde miraba.
- ¡Mierda! – exclamó Dylan
¿Quien se anima a dejar un review? Son gratis y sin reproches, por favor.
(Cara triste) Que no os de vergüenza.
