He tardado un poquito en subir porque he estado muy ocupada por el colegio y leyendo el quinto libro de cazadores de sombras y solo hay una palabra para definirlo, impactante. Pero no voy a comentar, porque se que hay gente que me lee que no ha leído el libro.
Gracias a mis queridisimas Marice Nieve y Duende 91 por sus reviews, me han animado muchísimo.
Para demostar mi felicidad a ellas por escribirme un review, les he mandado un pequeñito adelanto. Si alguien quiere un adelanto puede dejar un review y le enviaré un mensaje privado y si no tiene cuenta poner un review con su correo electrónico. Espero que os guste este capítulo.
3
Una muerte sin asesino
Juliett se acababa de despertar de su profundo sueño y lo primero que sintió fue un fuerte dolor de cabeza que le recordó lo pasado la noche anteriores aquel callejón de los barrios mas ricos de Chicago. Como no podía dormir intentó reflexionar sobre lo pasado la noche anterior y aunque no ves nada cuando te paralizan lo escuchas todo perfectamente así que le dio vueltas a lo que le dijo Dylan a Melinda sobre que John había aniquilado a los demonios rauch del callejón. Sin poder evitarlo le llegaron a la cabeza unas imágenes que ella había tratado de olvidar durante años pero no podía evitar pensar en ese día de invierno en su casa a las afueras de Alicante.
"Era un día como otro cualquiera en Idris, ella tenía once años y estaba jugando con su mejor amiga en la pequeña salita de estar, que estaba decorada con motivos estampados por todos lados, nada comparado con su diminuta habitación que estaba desordenada y era bastante cutre. Su hermano solo era un año mayor que ella pero se notaba que tenía una mente un tanto atolondrada, porque en momentos difíciles empezaba a cantar para que no se le notara que estaba nervioso.
"Ya empezaba a oscurecer y ya no se distinguía mucha gente por la plaza principal ni por las demás calles ya que la clave estaba reunida en el salón de los acuerdos con motivos secretos que no le habían contado por ser demasiado pequeña y eso la fastidiaba por que los cazadores de sombras solo podían ser tomados en serio al cumplir los dieciocho y aún así no se les trata del todo como adultos aunque pueden ir a las reuniones"
"Poco después, su amiga se marchó a su casa y Juliett se puso a jugar con su hermano a adivinar a que película se refería con gestos de mímica y pareció que el tiempo pasaba muy despacio, pero se le quitó esa idea cuando llamaron al timbre, pensando que eran sus padres que volvían de la reunión abrió la puerta y la cara le palideció al instante al ver que eran dos cazadores de sombras y un brujo muy conocido en Idris por su uso de la magia negra. Cerró la puerta rápidamente para intentar que no pasaran pero el hombre puso el pie en la puerta y la abrió con una fuerza descomunal, chocó contra la cabeza de Juliett y la hizo desmayarse"
Y eso era todo lo que recordaba porque cuando volvió a abrir los ojos ya estaba en el Consejo y allí es donde Catherine se ofreció a acogerla en Chicago. Le dijeron que no habían encontrado a su hermano y que sus padres habían muerto por alguna artimaña de ese brujo o eso era lo que había creído, hasta que descubrió que no eran sus verdaderos padres, que su madre se apellidaba Highwater y había desaparecido. Nadie sabía quién era su padre pero lo daban por muerto. Lo peor era que el hermano de su verdadera madre era uno de los cazadores de sombras que vio esa noche en Idris.
No podía dejar de pensar en que no habían podido asistir a la corte Seelie y no podría saber nunca el paradero de sus padres porque la reina daba muy pocas veces invitaciones a la corte y si la plantaban no volvía a invitar a los que habían intentado reírse de ella.
A John le daba un poco de corte encontrase frente a tantos cazadores de sombras, sin nadie conocido en la sala excepto Daren, quien al tener dieciocho años podía participar en las reuniones del Cónclave y tampoco es que lo conociera mucho. No es que prestara mucha atención a cual era el tema de su diputa pero entendió perfectamente que esperarían la llegada de sus padres adoptivos de Nueva York donde habían viajado para visitar a sus amigos los Lightwood.
No paraban de hablar sobre él, murmurando sobre lo que creía que había pasado con él y las teorías eran diversas como que los Cathungry lo habían secuestrado y lo había obligado a dejar embarazada a su hija Melinda, que John los obligaba a trabajar para él o mataba a Melinda, que los Cathungry eran siervos de Aaron y él era otra de sus creaciones horripilantes. No esperaba que lo hartaran a preguntas pero tampoco esperaba que lo ignorasen y no le dirigieran la palabra desde que llegó al Instituto, donde solo lo había tratado bien su hermana Melinda y Daren que siempre era amables con todos.
- John, no te preocupes tus padres no son culpables de nada, así que no les pasara nada – dijo Daren a sus espaldas.
Habían comenzado a cesar los murmullos de los cazadores de sombras de la sala y ahora se apreciaba un silencio absoluto que parecía incluso molesto.
- Me encantan los dulces silencios en los que nadie sabe que decir. Son tan tiernos – dijo John sarcástico.
Como todas las miradas se habían centrado en él, se calló y disimuló como pudo su metedura de pata para que no se le tomara en cuenta cuando fuese juzgado. Solo tuvieron que esperar diez minutos hasta que sus padres aparecieron en la sala pero él estaba equivocado porque no iban a juzgar a él si no que iban a juzgar a sus padres.
- Carolina y Santiago se os acusa de mantener en secreto a un posible cazador de sombras – empezó a decir Catherine.
- Catherine, ¿de que hablas? John no es un cazador de sombras – dijo Santiago con tono divertido - pero no negaré que tiene habilidades especiales y fue por eso por lo que lo adoptamos hace ocho años cuando él solo tenía nueve años, en un Orfanato mundano no en Idris.
- Eso lo dirá el hermano Enoch, que esta de camino desde la ciudad silenciosa y si descubrimos que mentís seréis duramente castigados – sentenció Adam.
Ayleen llevaba una hora sentada en el sofá de la pequeña biblioteca del Instituto esperando a que John saliera de esa reunión con los miembros del Cónclave ya empezaba a notar que sus parpados se iban cerrando poco a poco ya que no había podido dormir la noche anterior pensando detenidamente en lo que iba a decirle después de su llegad al Instituto.
En ese momento estaba cerrando los parpados ya cansada de esperar a John y fue entonces cuando oyó un murmullo que le hizo abrir sus pequeños ojos naranjas para encontrar a John sonriéndola con aspecto divertido.
- ¿Para eso me has llamado? ¿Para que te vea dormir? – dijo John con tono despreocupado.
- Solo estaba esperándote y como tardabas mucho me he dormido. Te he estado mintiendo no soy del todo humana – dijo Ayleen sin rodeos.
Espero ver en John cara de repulsión hacia ella o de estupefacción pero el seguía mirándola como si nada de eso fuera extraño para él y eso la dejo un tanto inquietada por sus pensamientos.
- ¿Me vas a decir que eres una cazadora de sombras como mi hermana? – dijo John intentando leer sus pensamientos.
- No exactamente – dijo Ayleen con una risita – En realidad los cazadores de sombras me llamaban la gran bruja de Londres antes de que me mudara a Chicago a mi casa particular ya que la casa donde duermo no es de mi padre. Debería de dejar de llamarlo padre ya que no lo es, mi verdadero padre es… Bueno no importa como seguía me mudé a esta casa que tuve que reformar ya que no la utilizaba desde finales del siglo diecinueve.
- Para. No puedo procesar tanta información seguida. Primero mi familia es cazadora de sombras y creen que yo soy uno porque he matado a un simple demonio y ahora tú eres bruja y tu padre no es tu padre. Me va a explotar la cabeza – dijo John.
- Pues espera a que conozcas al hermano Enoch y la cabeza si te explotará pero no grites cuando lo haga por que resulta molesto – dijo Dylan desde la puerta – por cierto ya está aquí.
Dylan guió a John a través de los pasillos del Instituto para conducirlo a la sala de armas donde le esperaban el hermano Enoch y Adam quien por ahora le caía simpático a su rara manera.
Para ser una iglesia era bastante grande por dentro y John se lo atribuyó a la magia, que acababa a descubrir que existía gracias a su amiga "la bruja" del país de Gominola, porque por mucho que eso explicara muchas cosas seguía sin creerse nada de lo que le habían dicho.
Explicaba porque Ayleen nunca se refería a Elor como su padre y porque tenía tanto dinero ya que según le había contado su hermana, los brujos cobraban sus servicios sin hacer demasiadas excepciones. Cuando John vio por primera vez la sala de entrenamiento le pareció una sala un tanto peculiar comparada con las habitaciones sencillas, la biblioteca y la cocina que eran los únicos sitios que él conocía por ahora.
Las paredes estaban pintadas de un color intermedio entre el verde y el azul y las paredes tenían enormes vitrinas donde se exhibían armas de todo tipo, muy extrañas para él ya que no las había visto enseguida y aunque no sabía mucho de armas intuía que esas armas no eran normales. También había unas cuantas colchonetas en un lado y unas cosas que John no sabría describir como normales y en el centro de la habitación se encontraba Adam vestido con unos vaqueros y una camiseta negra y un hombre encapuchado aparentemente normal.
El hombre encapuchado se quito la capucha y John solo exclamó un grito de sorpresa porque ese hombre tenía una cara terrorífica que daba ganas de gritar. "¿Estas listo, mundano?" – dijo el hombre en su mente.
John se quedó en silencio porque creía que eran imaginaciones suyas pero cuando volvió a escuchar la voz en su mente si que reaccionó.
- ¡Que no hables con la mente! Me da dolor de cabeza – dijo John.
- Un poco de respeto al hermano Enoch, John – dijo Adam.
"Me trae sin cuidado, empezaré estés listo o no" – dijo el hermano. Al principio John creía que todo aquello había sido solo una simple broma pero su teoría se esfumo cuando empezaron a darle pinchazos en el cerebro pero no gritó ni hizo ningún movimiento de que le haya dolido aquello pero luego notó como si le estuvieran abriendo la cabeza y le estuvieran sacando todos sus recuerdos de golpe dejándolo completamente vacío y angustiado y en esta ocasión de su boca salió un pequeño jadeo y apretó los puños de las manos para aguantar mejor el dolor.
Cayó al suelo porque notó que las piernas le empezaban a fallar y una profunda oscuridad le embargó todo el cuerpo que le dejó una sensación de paz total, como si su cuerpo hubiera esperado eso desde toda su existencia.
Si él hubiera sabido que esa sensación no era otra que la de estar por fin en su hogar después de muchos años, habría recordado todo al instante pero solo pensaba que lo habían llevado a un lugar de inexplicable belleza. Para su sorpresa al abrir los ojos se encontró con la cara horrenda de el hermano Enoch mirándole con una intriga que el no podía expresar con su cara.
"Eres un humano corriente, pero en tu mente albergas este recuerdo que tu mismo desconoces y eso solo significa que…" Nunca llegó a terminar la frase porque en ese mismo momento el hermano Enoch escupió sangre por la boca y cayó al suelo abatido dejado a su alrededor una gran mancha roja.
John abrió los ojos y su mirada se encontró con la cara de angustia de Adam, había vuelto y eso significaba que el hermano Enoch también lo había hecho, pero solo había regresado su cuerpo manchado de sangre porque su alma no volvería jamás. John se sintió raro cuando se levantó a duras penas porque sus piernas aún no podían sostenerle muy bien y al llevarse la mano al brazo descubrió que lo tenía muy hinchado por algo inexplicable. Lo siguiente que pasó fue muy rápido y confuso, Catherine entrando en la habitación y gritando como una posesa, Ayleen entrando corriendo para intentar salvar a Enoch y Dylan sosteniéndolo cuando las piernas le fallaron.
Daren no sabía muy bien lo que había pasado ese día y por eso le sorprendió que hubiera dos reuniones el mismo día y con el mismo tema en común y como Daren no había tenido tiempo para preguntar a John porque lo llevaban a la enfermería con el brazo sangrando.
Parece que la gente estuviera esperando la llegada de alguien porque solo conversaron sobre el calor que hacía fuera aunque no era comparable con el Ecuador. Daren miró a su padre que tenía por costumbre morderse las uñas cuando temía algo y en ese momento se temió lo peor y si no fuera porque la espera había finalizado se habría acercado a su padre para preguntarle por lo ocurrido. Nada mas entrar en la sala el hermano silencioso todas las miradas se dirigieron a él que parecí traer malas noticias.
"La autopsia del hermano Enoch indica que tuvo una hemorragia cerebral pero el causante sigue desconocido para nosotros así que no podemos echarle las culpas al mundano porque carecemos de pruebas"
- Pero si se metió en su mente y se murió. Ese mundano nos oculta algo – dijo una voz desde un extremo de la sala.
- Pero ¿de que se le acusa? – preguntó Daren.
- De asesinar al hermano Enoch – dijo Adam – y si conseguimos las pruebas necesarias será sentenciado a muerte. Lo siento, pero es la ley y como no esta colaborando no puedo hacer nada.
Resultaba muy duro estar escuchando como lo juzgaban sin poder hacer nada ya que si abría la puerta e interrumpía sería juzgado, además por espiarlos. No sabía que hacer con respecto a sus acusaciones y las de sus padres.
No podía creer que lo acusaran de matar a ese hombre con pinta de monstruo que aún le daba mucho miedo, porque su cara cuando le salió sangre por la boca que llevaba cosida, no la olvidaría jamás y estaría en sus peores pesadillas. Y tampoco podía creer que después de todo lo que le habían hecho pasar, Adam dijera que no estaba colaborando en absoluto con la investigación
- Si supieras lo que te conviene, no espiarías – dijo Madelane a su espalda.
John se sobresaltó tanto que casi le da un ataque al corazón porque como muy bien decía su padre esos juegos eran peligrosos, sobre todo si acabas de descubrir que existen los hombres lobo, los vampiros y los demonios.
- ¡Me has asustado! Y además, ¿de que mas me pueden acusar? Ya piensan que he asesinado al hermano Zachariah – dijo John.
- ¿Que? ¿Y como creen esas lumbreras que lo has hecho? – preguntó Madelane.
- Creen que soy otra creación de un tal Aaron – dijo John quitándole importancia a sus palabras.
-Ya sabía yo que no eras trigo limpio, y pensar que te cogí cuando te caíste – dijo Dylan desde una esquina.
- Te he dicho mil vez que no me espíes, sicópata – dijo Madelane subiendo un poco la voz.
- Que no te espíe, que no te siga, que no te insulte. Pides demasiado – dijo Dylan – solo pasaba por aquí de camino a la habitación de Juliett, no eres tan importante para mí para que te vigile también de día. Mis turnos son por la mañana jodo a Juliett, por la tarde a Daren y por la noche a ti.
Dylan se alejó por el pasillo del Instituto a paso rápido y sin mirar en absoluto atrás y unos segundos después desapareció por él sin dejar pista de donde había ido, aunque él había dicho que iba a la habitación de Juliett, pero no le creyeron ya que estos se llevaban como el perro y el gato.
Si hubieran sabido que era verdad y se hubieran fijado en la carta que Dylan sostenía en la mano nunca lo habrían dejado marcharse.
John sin pensárselo dos veces se encaminó por los pasillos en la dirección contraria que había tomado Dylan, para llegar a la cocina donde iba a prepararse algo para picar ya que todo eso de la muerte de Enoch le había dado hambre.
Si no fuera porque no conocía el Instituto diría que no se dirigía hacia la cocina si no que iba derecho a la biblioteca movido por su fuego interior y eso le preocupaba. En un abrir y cerrar de ojos se encontraba frente a la pequeña biblioteca con solo una estantería con unos pocos libros.
Si no fuera porque parecía imposible, diría que los libros le estaban llamando, pero eso era algo que se escapaba de las leyes de la lógica, aunque todo ese mundo que acababa de descubrir tampoco tenía lógica alguna.
Volvió a la realidad cuando una mano le sacudió el hombro incansablemente y le habló con dulces palabras en el oido.
- Tengo que contarte algo – dijo Carolina.
Había sido toda una suerte que la reina de la corte Seelie les hubiera enviado otra invitación, ya que esta vez no abría ningún inconveniente en ir, pero que la reina ofreciera una invitación dos veces a la misma persona solo podía ser malo y por eso Juliett se negó al principio. Si no fuera porque Dylan estuvo un buen rato convenciendo a Juliett no se habrían presentado a la reina de la corte Seelie nunca. Era una reina un poco extraña, porque nunca dejaba a ningún cazador de sombras entrar en su corte y por eso se estaban reuniendo con ella en el único restaurante para subterráneos y cazadores de sombras que había en Chicago. El restaurante Giorgio's era el típico restaurante italiano pasado de moda donde la gente iba a menudo, solo que este tenía un jardín en la parte trasera para que se coma con más elegancia por las noches. La reina estaba sentada en una de las mesas del jardín y parecía que se alegró al verlos porque hasta los saludó.
- Saludos cazadores de sombras. Gracias por venir – dijo la reina que parecía extrañamente cortés.
- Gracias a usted por volver a permitirnos el lujo de hablar con usted, hermosa reina – respondió Dylan.
- Ahórrate los cumplidos conmigo, porque no te servirán de nada. Se porque habéis venido y todo tiene un precio – dijo la reina sin rodeos.
- Vuestra fama de manipuladora era cierta – dijo Juliett - ¿que queréis a cambio?
- Quiero que traigáis a ese mundano que habéis hospedado en vuestro Instituto – dijo la reina con una sonrisa en la cara.
- Está bien. Pero, ¿para que lo quieres? – preguntó Juliett.
- Eso no es de vuestra incumbencia, y ahora, fuera – ordenó la reina.
Los chicos se marcharon con viento fresco, sin despedirse de la reina por su grosera aptitud y pasaron todo el camino de vuelta sin dirigirse ni una palabra. Lo primero que tenían que hacer era encontrar a John y obligarle a acompañarles a ir a ver a la reina, pero eso iba a ser muy complicado.
Carolina estaba pensando en como iba a decírselo a su hijo pero no terminaban de slirle las palabras e intentó decirlo de otra manera.
- ¿Te acuerdas de lo que dijo tu padre de que eres especial? Pues el en realidad no sabe nada, pero yo si.
- ¿A donde quieres llegar? – preguntó intrigado.
En la sala apareció Catherine, que les avisó de que iba a llegar un nuevo cazador de sombras al Instituto y les ordenó que salieran a recibirlo.
John salió de la biblioteca, se dirigió directamente a la puerta del ascensor para recibir a la invitada como es debido, y los demás aparecieron al cabo de unos minutos.
Las puertas se abrieron y de ellas salió una chica con el pelo castaño, largo, con unos cuantos bucles y de una estatura media.
- ¡Juliett! ¡Cuanto tiempo sin verte! – exclamó la muchacha.
- ¡Sophy! Desde lo de mi hermano, ¿cómo lo llevas? – preguntó Juliett.
- Lo mas extraño es que no siento absolutamente nada, como si nunca hubiese existido. ¡Es imposible! – dijo Sophy.
- Te presento a mis amigos los Daroway, a mi amiga Melinda y a su hermano adoptado John – dijo señalando a cada uno.
A John empezó a hinchársele el brazo poco a poco, como si se hubiera golpeado, pero nadie se dio cuenta y el no lo comentó.
- Encantado de conoceros – miro a John y dijo - ¿Tu?
En ese momento Sophie se desmayó y la oportunidad de saber quién era John se esfumó.
Aclaraciones:
1- La muerte sin asesino del título significa que el hermano Enoch no ha muerto por veneno, ni por enfermedades, ni por causas naturales.
En otras palabras no ha habido asesino, ni una persona ni la naturaleza.
2- La reina de la corte Seliee oculta algo, por eso no se ha reunido con ellos en la corte.
3- ¿De que conoce Sophie a John? Se desmaya de la impresión de volverlo a ver. ¿Porqué?
Chan, chan, channnn.
Como pone arriba, si quereis un adelanto poner reviews.
Porfaaaaa.
