Quiero darle las gracias a Duende 91 por su review y a mi nuevo follower Adri13Valdez.
Este capitulo es un poco misterioso con la aparición de un nuevo personaje, si, otro, ya se que tengo ya muchos.
El próximo capitulo lo subiré la semana del 22 por dos razones:
1- El episodio siguiente es el de LA PROFECÍA y me gustaría subirlo pronto.
2- El 21 es cuando va a venir a mi casa mi amiga inglesa Georgia, que viene por un intercambio que hice en marzo con mi colegio, me fui a su casa en Birmingham, ahora le toca venir a ella. Se quedará una semana y para festejarlo he pensado subir el capitulo grandioso, no es tan grandioso pero se hace lo que se puede.
Bueno espero que os guste el capitulo.
4
Todos sus crímenes
Por si no había suficientes problemas, Sophy había reconocido a John y ella nunca se relacionaba con mundanos y eso significaba que Santiago y Carolina mentían, aunque él no era cazador de sombras.
El hermano silencioso que vino a inspeccionar a Sophy sentenció que había adoptado un estado de coma de la impresión que le dio ver a John y que no despertaría hasta días mas adelante. Juliett estaba muy angustiada porque su mejor amiga de la infancia que tuvo en Idris, estaba en coma y todo por culpa de ese maldito mundano. El seguía diciendo que no conocía a Sophy de nada, pero todas las pruebas apuntaban a que si.
Los Cathungry estaban siendo interrogados en esos momentos por la Espada Mortal y por fin se sabría la verdad. La primera en ser interrogada fue Melinda, quién solo objetó que no sabía nada. Luego le tocó el turno a Santiago, el padre, quien solo dijo que John era mundano, pero que era impresionante su destreza. La madre sufrió mucho por la espada mortal y casi se desmayó pero solo dijo que los libros lo sabían, pero como eso no tenía ni pies ni cabeza, no le prestaron atención.
Si ellos no sabían que era, mas confusos estaba el Cónclave que pensaba que ellos lo sabían todo sobre John. Ahora mismo, él estaba en la enfermería descansando un poco con los ojos abiertos. Estaba observando las paredes de la enfermería que estaban llenas de posters con diferentes tipos de remedios medicinales y de runas curativas.
- ¿Descansando mientras puede que una segunda persona muera por tu culpa? – preguntó Dylan.
- Solo se desmayó y no es por mi culpa. Ni siquiera la conozco – se defendió John.
- Pero ella a ti si – dijo Dylan.
- ¿Por qué hay una habitación llena de juguetes y con una cuna? – preguntó John.
- Era la habitación de mi hermana Jessica – dijo Dylan apenado.
- Pero ¿Qué le pasó? – preguntó John.
- Me voy que he quedado con Daren – dijo cambiando de tema.
- Espera, ¿de quién hablaba con Juliett? – preguntó John.
Madelane caminaba por las calles de la ciudad admirando los diferentes tipos de edificios que veía a su paso, estaba muy nerviosa porque después de dos meses iba a ver a su madre. No sabía como reaccionar cuando ella la llamara, podía decirle Nathalie o madre, pero no le diría mamá ya que la dejaría como una niña pequeña. Ella la había citado para que hablaran de un tema urgente, en Giorgio's y ella tenía muchas ganas de verla. No se imaginaba lo que iba a descubrir ese día gracias a su madre. Al llegar ahí pudo distinguir fácilmente a su madre, que aunque ahora llevaba el pelo mas rizado y la piel más blanca era inconfundible para ella.
- A estas alturas, ya pensaba que no ibas a venir. Siéntate, hija – dijo Nathalie.
Madelane se sentó en frente de su madre y pidió un café para ella.
- He oído que ahora eres la jefa del clan de vampiros de Chicago. Enhorabuena – dijo Madelane para empezar la conversación.
- No fue para tanto, sabes que siempre se me dio bien negociar – dijo Nathalie quitándole importancia.
Madelane sabía de sobra que su madre podía ser muy persuasiva cuando le convenía pero si seguían hablando del tema se desviarían de lo que su madre quería decirle.
- ¿Para que me has llamado, mamá? – preguntó y al descubrir lo que había dicho se maldijo.
- Ha llegado a mis oídos que Aaron ha vuelto. Aléjate de él – le ordenó Nathalie a su hija.
- Solo es un cazador de sombras loco – dijo Madelane.
- Es más que eso, no debería contártelo pero como eres cabezota, lo haré – tosió para aclarase la garganta y prosiguió – él contrato a ese hombre lobo para que matara a tu padre, contrató al brujo que mató a los padres adoptivos de Juliett y con ayuda de un amigo suyo cazador y del brujo quemó el Instituto de Chicago, con Jessica dentro.
Madelane se había quedado sin habla, ese hombre además de mandar matar a su padre, había matado a su prima Jessica quemándola viva. Ese hombre no tenía corazón.
Llevaba un tiempo queriendo vengarse del hombre que mató a su padre y ahora que sabía que también mató a Jessica y a los padres adoptivos de Juliett, quería con todas sus fuerzas vengarse, pero antes de decir le nada a su madre, notó un golpe en la cabeza antes de sumirse en un profundo sueño.
El conclave se había vuelto a reunir después de interrogar a los Cathungry, porque aunque no habían conseguido información valiosa, se tenía algo claro.
Aaron había vuelto por algo relacionado a John y como todo lo que Aaron quería destruir era valioso, decidieron entrenarle para que se defendiera en los posibles ataques contra demonios. Les daba la impresión de que se acercaba otra guerra, solo que esta iba a ser la definitiva y si la perdían el mal reinaría para siempre.
- Debería entrenarlo Adam – sugirió uno.
- Estoy muy ocupado con unos asuntos de Idris y me tendré que volver a marchar. Catherine tiene que dirigir el Instituto, así que he pensado en ti – dijo mirando a Daren.
- ¿Porque yo? Que lo haga alguien con más experiencia – replicó Daren.
- La decisión ya esta tomada pero te pueden ayudar Juliett y Dylan. Así pasareis el rato, ya que estáis castigados – objetó Adam.
Dylan no podía creer lo curioso que a veces era John, en eso se parecía a Juliett que nada más venir de Idris, preguntaba a todo el mundo sobre la historia del incendio.
- Hablaban de Frederick, el hermano de Juliett – contestó Dylan.
- Pero, ¿porque no está aquí? – preguntó John curioso.
- Porque desapareció y todos lo dan por muerto. Sophy era su parabatai – respondió Dylan – y no preguntes más.
John no sabía que hacer y decidió ir a buscar a Carolina, su madre adoptiva. Dylan se quedó en la enfermería un rato más, para dejar que sus pensamientos se aclararan en su mente. Pensaba que ese mundano le traería muchos problemas al Instituto.
Si no fuera porque se encaminaba hacia la salida, Daren no se hubiera chocado con su hermano y no se habría percatado de su presencia.
- Hermano tenemos un nuevo trabajo, el de niñera – dijo alegremente.
- ¡Estarás de broma! – dijo Dylan fingiendo estar molesto – yo a ese mundano no pienso cambiarle el pañal.
- Lo digo en serio, tenemos que entrenarlo y vigilarlo. Son ordenes de padre y ya sabes como se puso con el accidente del vampiro – argumentó.
- Eso fue culpa tuya. Además, no estará para vigilar – dijo sonriendo.
John intentaba apresurar el paso para llegar cuanto antes a encontrarse con Carolina, pero era un poco complicado ya que estaba en la otra punta de la ciudad. Mientras caminaba pensaba en lo que quería decirle Carolina, que no le dijo porque fueron interrumpidos. Seguramente tendría que ver con el tema de que él había luchado contra demonios. Llegó a la casa después de caminar durante veinte minutos y tocó a la puerta.
- Hola hijo, pasa – dijo Carolina.
Se acomodaron en los sillones del comedor y Carolina le ofreció un té a John, quién aceptó encantado.
- Te he llamado para que retomemos la charla de ayer – dijo después de unos minutos en silencio.
- A sí, lo de que soy especial – dijo sin darle importancia.
- Eres más que especial, eres… - no era capaz de terminar la frase.
Las palabras se le atragantaban en la garganta y no era capaz de continuar la frase.
- ¿Qué soy? – preguntó John.
- No importa – mintió Carolina, estaba convencida de que si desvelaba la verdad, moriría como el hermano Enoch.
- ¿Seguro? Pues me voy a los entrenamientos – dijo despidiéndose.
Ya en el Instituto, John se dirigió a la sala de entrenamiento para terminar cuanto antes con el entrenamiento. No quería entretenerse demasiado con las prácticas, así que decidió hacerlo lo mejor posible.
- Mundano apresúrate – ordenó Dylan – hoy veremos tu nivel de lucha, para darte las clases acorde a tu nivel.
John se posicionó en la colchoneta en frente de Dylan y se puso en guardia.
10 minutos después…
Dylan acababa de salir de la sala de entrenamientos y se veía muy preocupado. Se dirigía a la biblioteca, bueno a la "micro biblioteca".
En ella se encontraba todo el mundo, incluyendo el holograma de Nathalie, que parecía triste. Nada más llegar todas las miradas se fijaron en él, pero al ver quién era volvieron al holograma.
- Hijo, han secuestrado a Madelane - dijo Catherine de repente.
- ¿Cómo? Estaba contigo – dijo señalando al holograma.
- Tú lo has dicho, estaba. Me golpearon, cuando desperté ya no estaba y había una nota que decía que la recuperaríamos a cambio de él – dijo señalando a John.
- Pero no lo vamos a hacer, como acordamos vamos a proteger a John, porque es muy importante – más de lo que pensáis, pensó Catherine.
- Bueno como sea, yo me voy a casa de Ayleen – dijo John.
- ¿Pero que dices? Tú te quedas – ordenó Catherine – porque yo mando aquí.
- Yo no soy un estúpido cazador de sombras, no tengo porque obedecerte – gritó John.
- ¡Como te atreves a hablarme así! – dijo Catherine gritando.
- ¡Te hablo como quiero! – gritó aún mas alto John.
- ¡Parar de pelear! ¡Te vas a quedar y punto! – gritó Melinda.
Todos se quedaron mirando a Melinda un rato, sin saber que decir, hasta que John habló aún sorprendido por la actitud de su hermana.
- Vale Melinda – dijo John – pero solo porque me lo pides tú.
John adoraba a Melinda y lo que ella le pedía, o mejor dicho lo que ella le ordenaba, él lo cumplía, o casi siempre.
Todo estaba oscuro, no sabía donde se hallaba.
Sentía un fuerte dolor en la cabeza y estaba acostaba en la cama como si solo estuviera enferma. Se dispuso a abrir la puerta de la habitación y saltó alarmada. Estaba electrificada.
Un repentino miedo le entro por el cuerpo y empezó a gritar pidiendo ayuda. No hubo respuesta.
Volvió a gritar y tampoco hubo respuesta. Tiró la lámpara de la mesilla de noche al suelo y volvió a gritar.
Esta vez si que hubo respuesta,
Apareció por debajo de la puerta un papel que decía:
"Querida niña impertinente,
Igual que mande matar a tu padre puedo mandarte matar. Tu vida no es importante para nadie, pero si para mi, por eso no te mataré por ahora. No te he secuestrado para lo que tus amigos y familia piensan, ya tengo otros aliados que me ayudaran a conseguir a John. Te he secuestrado por tus extrañas habilidades, tú y Juliett sois las únicas en el mundo con ese don. A Juliett no va a hacer falta secuestrarla porque cuando llegue el momento, vendrá a mí.
Por último, he de decirte que si te comportas como una histérica, no saldrás de ahí nunca, por el contario si no intentas escaparte ni romper nada, te dejaremos comer y no sufrirás.
Atentamente, tú querido Aaron.
Pd: Dale recuerdos a tu padre"
Madelane gritó de frustración y rompió la carta en añicos.
John era muy listo, y por eso se escapó con facilidad del Instituto, a pesar de que le había dicho a Melinda que se quedaría.
Tenía que escapar de ese mundo de locos y el único sitio que le quedaba era la casa de Ayleen, aunque ahora sabía que ella también pertenecía a ese mundo. Por suerte su casa solo estaba a unas manzanas del Instituto, podría volver rápido antes de que se dieran cuenta de su ausencia.
Estaba ya en la puerta de su casa, cuando alguien le susurro desde un arbusto de al lado.
- Psss – susurró – soy yo, Ayleen.
- ¿Qué haces ahí? – preguntó John.
- Ven conmigo al parque de al lado y te lo explico todo – dijo Ayleen.
Se fueron al parque y se sentaron en un banco vacío.
- ¿Que hacías ahí? – preguntó.
- Estaba espiando – dijo Ayleen tranquilamente.
- Pero si es tu casa – dijo John riendo.
- Si, pero Elor ha secuestrado a Madelane y la tienen dentro de la casa – dijo sin dejar de mirar a la casa desde lejos.
- ¿Y porque no se lo has dicho a Catherine? – preguntó extrañado – es su sobrina.
- Se lo he dicho pero aún no ha decidido que hacer – dijo malhumorada.
- Bueno pero tu podrías hacer algo, brujita – dijo burlándose de ella.
- Muy gracioso, nefilim – dijo Ayleen.
- No soy nefilim – dijo John – soy un simple humano.
- Lo que sea. Te estas entrenando como uno de ellos – dijo riéndose – por cierto, ¿como ha ido?
- Muy mal – mintió John – en un escala del uno al diez ¿qué nivel tienen tus poderes mágicos?
- Yo diría que ocho, pero si le preguntas a alguien te dirá otro número – dijo Ayleen.
- Mientes. Demuéstramelo – pidió John.
Ayleen bostezó y alzó las manos, chispas violetas salían de sus manos y luego volvieron a ser normales.
- No ha pasado nada – se quejó John.
- Ja, ja, ja – se rio Ayleen – mira bien.
John se dio la vuelta y descubrió que se encontraba como en frente de un espejo, había un clon de si mismo sentado en otro banco.
- Guau, ¿que hace? – preguntó John impresionado.
- Habla, se mueve. Puede pasar por un humano – dijo Ayleen - Ahora desaparece – ordenó Ayleen.
El clon desapareció del parque y Ayleen se volvió a sentar en el banco.
- Bueno te creo, pero es hora de que me vaya al hogar de los lunáticos que matan demonios – dijo John.
- Hay que decir que tu hermana es una de ellos – dijo Ayleen mientras él se alejaba.
John estaba ya a una sola manzana del Instituto cuando alguien lo llamó. Llevaba la misma ropa que el día anterior y no se le veía la cara por la escasa luz, pero John sabía quién era. La había estado esperando mucho tiempo.
La siguió hasta la segunda planta del restaurante Giorgio's donde había una terraza con mesas de dos y se sentaron en una mesa. Ella se quitó la capucha y dejó su cara al descubierto. Tenía el pelo rubio y largo como Juliett, los labios muy carnosos y los ojos verdes como John. Además tenía la misma figura que Juliett y que Madelane.
- Hola, soy Irina – dijo muy seria – y necesito hablar contigo.
- Ya se quién eres, cuando te vi por primera vez me parecías familiar, y lo supe cuando soñé contigo y con un hombre llamado William.
- ¿Hace cuanto que tienes los sueños? – preguntó Irina.
- Desde que fui al Instituto – dijo recordándolo.
- ¿Carolina no te lo ha dicho? Los sueños se deben a que te has acercado a la verdad, busca en la biblioteca por favor – pidió Irina alejándose.
- ¿Puedo saber su apellido? – preguntó John.
- Sabes quién es mi marido – dijo Irina y desapareció.
Puede que a partir de ahora los capítulos sean más cortos.
Aviso: En la carta puede que Aaron haya mentido en algo, o puede que no.
¿Queréis saber quién es la mujer misteriosa? Si sois listos lo descubriréis en el próximo.
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