Hola de nuevo, aquí estoy con la inglesa como os conté y quiero dar las gracias a todos los que me leen, y me gustaría que criticarais sin miedo mi historia, yo a veces cuando me gusta una historia realmente la critico constructivamente con todo el amor del mundo, así que no os corteis.

Bueno, LA PROFECÍA POR FIN!

Yo estoy nerviosa porque no se si os gustara esta profecía es un poco extraña, y ojo, eso es solo una parte, la otra esta en un libro del Instituto de Nueva York y había otra en el Instituto antiguo de Chicago pero se quemó en el incendio, el libro que aparece en el cap era del Instituto de los Angeles.

Bueno pues, pasar y leer mi profecía.


5

La profecía

John estaba sentado en el sofá de la pequeña biblioteca, como le había dicho que hiciera Irina, intentando despejar la mente de las emociones vividas esos últimos días, pero por una razón que desconocía era incapaz de hacerlo. Le habían dicho que le echara una ojeadas al "Códice de los cazadores de sombras" pero se sentía sumamente cansado, ya que la noche anterior no es que hubiera dormido mucho. Cerró los ojos para descansar un poco si es que lo conseguía, pero un susurro lo sobresaltó y abrió los ojos rápidamente para descubrir que no había nadie en la habitación aparte de él.

- Hijo de los ángeles, acércate – dijo una voz suave que John no sabía de donde procedía.

Volvió a cerrar los ojos pensando que había sido una alucinación producida por el cansancio que se apoderaba de él lentamente pero el susurro volvió a escucharse y John pudo comprobar que venía de la solitaria estantería del fondo.

John embargado por una curiosidad indescriptible se acercó a la pequeña estantería por si volvía a escuchar ese susurro extraño que lo llamaba pero no escuchó otra cosa que el viento de la noche que acariciaba el cristal de la ventana. Miró de nuevo a la penosa estantería y no notó nada raro en ella solo que un libro relucía de la estantería con un brillo mágico. Se acercó a él para alcanzarlo pero lo único que sintió fue una leve vibración que lo hizo estremecerse hasta los huesos por un instante, pero como llevado por un impulso, acercó la mano más al libro con la intención de cogerlo y se llevó una sorpresa cuando el libro le habló.

- Eres el elegido y en tus manos está el destino del mundo – dijo la misma voz que la que había oído antes.

- No soy ningún elegido ni si quiera soy cazador de sombras – dijo con tono no muy alegre.

El libro soltó una carcajada y John no tuvo tiempo para replicar porque en ese momento el libro se abrió de par en par, dejando escapar una luz cegadora que dejo a John inconsciente unos segundos en el suelo, pero enseguida se levantó para descubrir que el libro flotaba en el aire y que estaba brillando aún más de lo que lo hacía hace unos segundos.

De repente otra ráfaga de luz salió delo libro y John cerró sus ojos un par de segundos mas para protegerlos de la luz cegadora y cuando los volvió a abrir ya no se encontraba en la biblioteca del Instituto si no que estaba en un lugar desconocido para él en la que solo distinguía un gran lago a lo lejos.

A lo lejos veía un pájaro justo encima de ese enorme lago y John sin saber porque se acercó más a él hasta descubrir que lo que se alzaba delante de él no era un pájaro sino un hombre alado vestido de blanco. Era un ángel.

-Saludos mundano, es hora de que conozcas porque estas aquí y que afrontes tu destino – dijo el ángel muy serio, al ver la cara de John el ángel continuó – Eres el elegido de la profecía y ahora te enseñaré la profecía.

- No sé de que me estas hablando – dijo John confundido y a la vez aturdido.

- Silencio mundano y escucha – dijo el ángel severamente.

"Según la profecía al principio de los tiempos - cuando Raziel creó a los cazadores de sombras mezclando su sangre con la de los humanos para que combatieran contra los demonios - los cazadores de sombras eran corruptos y utilizaban a los subterráneos como esclavos. Raziel sabía que todos eran igual de insignificantes comparados con los ángeles así que les mandó una maldición a los nefilim que decía así...

"Para castigar a los insolentes nefilims, cuando el mal vuelva a resurgir de las entrañas del infierno, un cazador de sombras que acabe de obtener un parabatai, será transformado en mundano y no recordará nada de su vida como nefim. Pero si acepta su destino y se alía con los subterráneos, será honrado con los poderes del mismísimo ángel. Pero no será tan fácil vencer al mal ya que lo único capaz de destruirlo es usando el arma - que el arcángel Raziel usó para desafiar al Infierno - que se encuentra escondida en algún lugar del mundo donde solo el elegido pueda encontrarlo.

El gran cuchillo serafín con el nombre del gran arcángel Raziel, que destruirá al mayor de los demonios y sellará para siempre las puertas del Infierno. El cuarto instrumento mortal"

- ¿Eso es todo? – dijo John muy serio.

El ángel siguió hablando como si no hubiera escuchado la pregunta que John le había hecho y continuó hablando con voz de advertencia.

"Pero cuidado humano porque el mal, intentará destruirte para que no se cumpla la gran profecía. Se encuentra en una persona de la que nunca te lo imaginarías y en la que confías plenamente. Cuidado de esas personas que dices conocer porque esconden secretos oscuros, cuida tus compañías porque podrían costarte la vida"

John quería decirle algo al ángel pero en ese momento otro destello recorrió el lugar y volvió a la biblioteca. Ahora recordaba todo, quién era y porque no recordaba nada antes. Se percató de que esta vez no estaba solo, esta vez había alguien en la sala. Su hermana.

John no sabía que hacía su hermana allí pero por su expresión parecía que lo había escuchado todo, pero si no estaban en la biblioteca si no en Idris, ¿como los había escuchado? Ella lo miraba con cara extraña y John no sabía que decir.

- Debí de imaginarme que eras Frederick, soñaba contigo y Sophie te reconoció – dijo Juliett – nunca me imaginé que estuvieras vivo pero siempre supe que serías alguien grande en la vida y eres el elegido de la profecía que muy pocos saben.

- Todo esto es demasiado raro para mí, yo el elegido, venga ya – dijo y Juliett se rio ante ese comentario.

- Desde que éramos pequeños me hacías reír con nada, ¿Cómo es posible? – Al ver que no contestaba siguió – No vamos a decirle nada a nadie sobre nosotros hasta que todos estén un poco mas animados, aunque lo de que te encontrado los animará.

¿Qué nos animará? – preguntó Dylan al entrar.


Aaron iba de un lado al otro de la sala mientras Elor tomaba un café.

- Espero que John aún no haya descubierto nada – dijo preocupado – es demasiado pronto para que sepa la verdad.

- De eso se encargará nuestra espía – dijo Elor con una sonrisa maligna.

- Tienes razón, John confía en ella – dijo Aaron - ella hará el trabajo sucio.

Se quedaron en silencio porque no sabían que más decir y escucharon gritos que provenían de la habitación sellada.

Se escucharon otra vez los malditos gritos de Madelane, Elor se desesperó y echó la puerta abajo.

- ¡Para de una vez! ¡Eres insoportable! – gritó Elor todo lo fuerte que pudo – si no fuera porque Aaron te necesita, te mataría ahora mismo y sin reparos.

Madelane se quedó callada por la impresión de ver a ese enorme y terrorífico brujo delante de ella.

No sabía que decir y no parecía importarle a Elor porque se volvió y volvió a cerrar la puerta sin decir ni una palabra más.

- Controla esos humos – dijo divertido – que me incendias la casa.

- Que más da, no es tu casa – dijo Elor aún cabreado.

- Pero es la de tu hijita y no quiero que cuando vuelva se la encuentre destrozada – dijo Aaron.

- Lo que tú digas, por cierto, ¿cuándo va a volver? – preguntó intrigado.

- Cuando termine lo que tiene que hacer. Cuando vuelva ya habrá terminado todo – dijo contento.

Melinda estaba muy enfadada con John, se había escapado del Instituto y cuando volvió disimulaba como si nada hubiera pasado. Melinda estaba a una gota de explotar con la conducta de su hermano y no soportaba que su hermano le mintiera.

- ¿Podré salir mañana? Hoy no he salido en todo el día – pidió John a Catherine. Melinda se puso roja de rabia y explotó pero antes de decir nada, Juliett habló bueno gritó.

- Frederick John Highwater – dijo Juliett – no mientas, te has escapado.

- ¿Qué has dicho? – dijo Catherine extrañada.

- ¿Acabas de llamar a John Frederick Highwater? ¿Ese no es tu apellido?– preguntó Daren.

- Nuestro apellido, lo siento Juliett pero tienen que saberlo – ella asintió – soy su hermano.

Esa noticia les cayó como una jarra de agua helada a los presentes, estaban todos en una especie de shock y nadie quería hablar.

- ¿Desde que piso te caíste y te golpeaste la cabeza? Por el grado de locura adivino que desde un quinto pero tendrías que estar muerto, todo sería mas facil en ese caso – dijo Dylan.

- La verdad que fue desde un sexto – dijo John sarcásticamente.

- Dylan, John y Juliett tienen razón, él es Frederick su hermano – dijo Catherine.

- ¿Desde cuando lo sabes? – preguntó Daren.

- Yo lo sé desde que llegó, Juliett y John me imagino que desde que descubriste lo de la profecía – dijo Catherine.

John se quedó pasmado, no solo sabía lo de que eran hermanos, si no que también sabía lo de la profecía. Su consciencia pensó directamente en Melinda, aún no había dicho nada al respecto y parecía que aún no había salido del shock.

- ¿Melinda? – ella seguía sin responder y todo era por su culpa, tenía que haberlo dicho con más tacto pero ese no era su fuerte, en absoluto. Esta situación se estaba volviendo incómoda y no sabía que más decirle - ¿Melinda? ¡Di algo!

- Lo siento, me he bloqueado – se disculpó Melinda – Es que es muy fuerte, pero me encanta, Juliett es una de mis mejores amigas y es genial que por fin haya encontrado a su hermano. Y ¿que es eso de la profecía?

- Es una historia larga así que acomodaros – advirtió John.

Le llevó veinte minutos explicar todo lo que había ocurrido, desde que se encontró con el primer demonio hasta lo que pasó en la biblioteca y como le había vuelto la memoria. Todos estuvieron callados durante el relato y no interrumpieron en ningún momento.

- Claro y yo soy Dios – dijo sarcásticamente.

- Tómatelo en serio, no miente – dijo Catherine muy segura.

Se callaron porque escucharon el timbre de la puerta y Daren desapareció por el pasillo rápidamente. Después de unos minutos, Daren entró por la puerta.

- No había nadie pero estaba esta nota – dijo enseñándola a los presentes.

"Si queréis salvar a Madelane yo os puedo ayudar.

Quedamos esta noche en Giorgio's, Irina"

- No se si podemos confiar en ella – objetó Daren.

- Yo la conozco – dijo John y como todos le miraban explicó – ella fue quien me asesoró cuando tuve aquellos extraños sueños y fue quien me pidió que fuera a la biblioteca, donde descubrí lo de la profecía.


Ya eran más de las cinco de la tarde y parecía que ese día nunca se iba a acabar, la oficina de policía relucía más brillante que nunca y Santiago tocó la puerta.

- ¿En que puedo ayudarle, cazador de sombras? – preguntó remarcando las palabras "cazadores de sombras" con desprecio.

- Tengo una reunión con William Highwater – dijo Santiago firme.

El hombre entró de nuevo en la oficina y al rato salió por ella William Highwater. Era muy alto, más de metro noventa y tenía un cuerpo musculoso, el pelo oscuro y los ojos azules.

- Hola Santi, cuanto tiempo sin verte – dijo alegremente y lo abrazó.

- Hola Willy, no te veía desde que te uniste a Aaron – dijo el también alegremente.

- Pero aún así siempre fui tu mejor amigo – dijo feliz – y lo de Aaron fue un error, me embaucó.

- Ya esta olvidado, necesitamos tu ayuda – dijo cambiando de tema.

- Lo que quieras amigo mío – dijo Willy.

- Aaron ha secuestrado a la hija de Nathalie… – dijo directamente.

- …y necesitáis mi ayuda, contad conmigo – dijo rápidamente interrumpiéndolo.

- Gracias amigo, ya nos veremos – dijo despidiéndose.

- No me des las gracias, te debía una y eres mi amigo – dijo Willy contento mientras lo volvía a abrazar – adiós Santi hasta la próxima y cuídate mucho.

Santiago ya estaba a medio camino del Instituto para informar que había conseguido la ayuda de William Highwater, la ex mano derecha de Aaron. Notaba que alguien le observaba pero cuando miraba hacia atrás no encontraba a nadie que se fijara en él. La sensación no se alejaba de él, pero no veía a nadie, ¿se estaría volviendo loco?

Tenía un plan, ir hasta un lugar apartado sin gente y descubrir al espía. Ya había llegado, estaba frente a el antiguo Instituto ahora quemado.

- Sal de donde estés – ordenó Santiago.

- Ya veo que tus años no te han quitado propiedades – dijo una voz desde las sombras.

- Déjate de rollos, Aaron – se quejó Santiago - y dime que quieres.

- Solo quería que fuera más divertido – sonrió Aaron – quiero que le des un mensaje a John.


Y a era casi de noche y John había decidido ir a visitar a Sophie, ya que recordaba todo quería hablar con su parabatai, si despertaba. Le estaba observando desde una silla y observándola muy atentamente.

- ¿Frederick? Yo… - dijo Sophie en un susurro.

- Ssss. No debes hablar aún. Llámame Rick o John, no me gusta mi primer nombre – dijo John.

- Ya estoy mejor Rick – dijo ella sentándose en la cama – estoy tan feliz porque estas vivo.

- Lo sé, pero ahora mismo

- Eso es porque ya no soy cazador de sombras – al ver la cara de Sophie continuó – es una larga historia.

Sophie se volvió a quedar dormida y John le dio un beso en la frente para despedirse. Cruzó la puerta y se encaminó por el pasillo hacia la biblioteca donde otra vez estaba todo el mundo excepto Santiago, que aún no había vuelto de su misión. Estaban todos preparándose para salir al encuentro de Irina, bueno no todos, solo Carolina, John, Juliett y Daren. Eso no pareció gustarle a Melinda y a Daren pero entendieron que no podían ir todos.

Ya estaban caminando por la ciudad rápidamente para llegar cuanto antes a Giorgio's. Cuando estuvieron allí se adentraron y tomaron las escaleras para subir a la terraza.

Vieron a una mujer sentada en una mesa y John se acercó a ella y a saludo cortésmente.

- Un gusto volver a verla, Irina – dijo John

- El gusto es mio, ¿hiciste lo que te pedí? – preguntó Irina.

- Claro, gracias. Te presento a mi hermana Juliett, a su amigo imbécil Dylan y a mi madre adoptiva Carolina – dijo señalando a cada uno.

- Oh si, se quienes sois, Julietta Marie Highwater, Dylan Daroway y mi gran amiga Carolina Rose Cathungry – dijo sonriente.

- Cuanto tiempo sin verte – dijo Carolina a modo de saludo.

- Bueno, sentaos – dijo Irina alegremente – os puedo ayudar pero necesito que confiéis en mi.

- Claro – dijo Juliett alegre - Lo que sea por Madelane.

- Yo os puedo ayudar a entrar en donde la tienen secuestrada, mientras que yo los distraigo – dijo Irina.

- Y ¿como lo conseguirás? – preguntó Dylan – que yo sepa eres solo una cazadora de sombras corriente.

- No te lo puede decir, es su secreto- dijo John mirándolo con burla – solo me lo ha querido decir a mí

- ¿Y porque a mi no? Si soy adorable – dijo Dylan haciendo un puchero.

- No hace falta que des explicaciones – dijo Carolina mirando a Irina.

- Si, deben saber que soy… - empezó Irina.

- La esposa de Aaron – terminó John.


¿Como os habeis quedado?

Este ha sido uno de los capitulos que mas me ha costado y el que mas ha sido el 7 que es el próximo, es una bomba de relojería que estallará.

Subiré en dos semanas o tres, segun el número de reviews que dejeis así que ya sabeis,

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