Cuando me dijo que su Rose era diferente en todos los aspectos algo dentro de mí se quebró. La prefería a ella. Sin dudas. El momento que compartimos solo fue especial para mí. No sé si será orgullo, celos o simple rabia pero yo no me iba a arrodillar de amor en frente del Sr. Edward Cullen. Primero… tenía que hacerlo él

*Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la Historia a Adna Montiel.

La esposa (+18)

Capitulo XII: ¿Y ahora?

-¿Qué haces tú aquí?- preguntó una voz cercana. Deslicé mi mirada por toda la habitación hasta que vi a Victoria acostada en mi antigua cama. Se apoyaba en un codo y su cabeza descansaba en la palma de su mano. –que ironía, todas piensan que ya no vives aquí-

-¿como?- inquirí

-Como oyes. Todas piensan que ya no vives aquí-

-¿Piensan? Ósea, ¿tu no?- pregunté sorprendida

-No. Al gran Sr. Cullen se le nota en los ojos lo que siente por ti. No te dejaría ir así tan fácil. Y menos si de verdad pagó la cantidad que por ahí dicen-

-¿Cuál es la cantidad? ¿Quién lo dice?-

-Eso pregúntaselo a él. No creo que te niegue algo-

-Estas mal de la cabeza- dije sin darle importancia, cerré la cortina y me encaminé a salir de ahí. Se vino tras de mi

-solo digo la verdad. Ese hombre te ama- en ese momento recordé cuando él me lo dijo. Esa lágrima que derramó dolió en lo profundo de mi corazón. Estoy segura que me dolió más a mí que a él.

-¿Qué te hace pensar eso?- pregunté tangente y con voz fría. Ella bajó la mirada y respondió con toda sinceridad

-porque fue conmigo con quien tuvo sexo mientras pensaba en ti. Fue a mí a quien le dijo tu nombre mientras era mi cuerpo el que estaba entre sus brazos. Fue a mí a quien después de saciarse me pidió disculpa por haberme utilizado y por andar pensando siempre en "SU BELLA"- dijo mi nombre sarcásticamente mientras que con sus dedos hacía unas comillas imaginarias en el aire. –no sabes como se siente eso. No sabes lo que es saciar el deseo de un hombre que no te desea a ti, que desea a otra. Y peor aun, que esa otra no te llegue ni por los talones. Cuídate Bella, cuídate mucho y cuida lo que él siente por ti. Porque te juro que en la mínima oportunidad que tenga dañaré absolutamente TODO. Y te dejaré arrastrándote por el piso. Yo saldré de aquí y buscaré al Sr. Cullen y cuando lo encuentre será el último día de felicidad que tengas. No lo olvides-

-Vuelvo y te repito: Estas mal de a cabeza. Y créeme que no se de que hablas.- le dije tratando de ocultar todo el miedo que sentí en ese momento. Sentí pena por ella y miedo por mí.

Solo quería que apareciera Edward y me llevara con él. ¿Dónde podría estar? En ese momento recordé sus últimas palabras: ¿sabes? Yo creo que estoy haciendo mal en dormir aquí. ME VOY A MI HABITACION. La gran pregunta del año. ¿Dónde quedaba su habitación? Recordé el día que me llevó desde el despacho y salí casi volando para allá.

¿Será posible que en verdad haga todo lo que me dice? Si es así entonces ¿Dónde estarían Rosalie e Iris si Emmett ya no estaba por estos lados? Abrí la puerta del despachó entré y al cerrarla le coloqué el seguro. Me llegué hasta el escritorio y toqué el mismo objeto que él había tocado aquel día y el pasadizo me dio acceso.

Ahí estaba él. Acostado boca abajo. Con los brazos totalmente estirados a cada lado. Miraba hacia el lado opuesto de donde yo me encontraba. Solo esperaba que no se molestara. Dirigí la mirada a toda la habitación, tal vez esperaba a alguien. Entré al baño para cerciorarme de que estábamos completamente solos y así era. De pronto sentí miedo. El se fue molesto, tal vez se decepcionara de mí. Me sentía nada. Había reprobado la prueba. Había defraudado la primera oportunidad para mejorar. Después dudé de él. Cambié su ánimo y lo más importante: dañé lo que él siente por mí. Herí sus sentimientos. Por cobardía no me subí a la cama, pero de aquí no me iba hasta que hablara con él. Las cosas no podían quedarse así. Me acosté en un hermoso sofá que estaba frente a la cama, coloqué un cojín en mi cabeza y desde ahí velé su sueño. Él sin dudas era perfecto. Todo lo que una mujer podría desear. Me imaginé como sería el Sr. Cullen en una relación fuera de este mundo. Lejos de este país y en ese momento muchas dudas se plantaron en mi cabeza. Si el señor Cullen viajaba, tenía mucho dinero y hacía negocios lejos de aquí en los cuales duraba meses ¿Por qué tenía esta vida? ¿Sería escondida? ¿Acaso estaba casado legalmente en otro país? O ¿Por qué no tiene una novia normal? Una a la que saque a pasear, que compartan juntos, que cenen juntos, que se quede en su casa, vean películas. Así como los protagonistas de las novelas que veía con mamá. Sería mucho mas fácil todo, en un mundo así. ¿No?

Observando su hermosura y su escultural cuerpo me quedé dormida. Esa noche volví a tener un sueño pasado. No recordaba cuando. Pero estaba segura de que ya lo había soñado.

"Aquellos pocos días que había compartido con mis padres, estando los dos juntos. Cada mañana en mis cumpleaños. Mamá me levantaba con una torta. Soñé con todas las veces que papá salió por la puerta y con la última vez que no regresó. Soñé la última mirada de mi madre antes de que nos separaran. Recordé mi shampoo favorito. El chocolate caliente mientras llovía, las miradas de las niñas en la escuela. Un helado, un regaño, una caricia de amor, un beso de buenas noches, otro de buen día, una cama grande para mi sola, ropa de mi color favorito. Edward Cullen. Edward Cullen metido en todas las cosas agradables que tuve en mi infancia. Edward Cullen formando parte de mi vida, mi verdadera vida. Soñé con todas esas cosas que jamás tendrían vida. Soñé con él, siendo YO su verdadera esposa"

Mientras soñaba con él un extraño calor me invadió. Calor de amor. Calor de compañía. De repente me desperté y estaba en la cama. La luz ya entraba por la hermosa cortina que adornaba la ventana. Era de día. Sentía que no había descansado. No quería ver clases. No quería ver a ese profesor. Con pesar volví a costarme. El Sr. Cullen ya no estaba en la cama, me levanté y fui al baño pero tampoco estaba. Me encontraba sola de nuevo. Me senté el en sofá, subí las piernas y tapé mi cara con los brazos. En ese momento tocaron la puerta. No sabía si abrir. Se supone que yo no debería estar aquí. Volvieron a insistir. Al rato habló Renata del otro lado

-Srta. Isabella le traje el desayuno- fui y le abrí. Acomodó las cosas y me miró de una manera que no supe interpretar.

-¿pasa algo Renata?- le pregunté mientras metía un pedazo de fresa en mi boca

-Voy a buscar su ropa para que se bañe y se aliste señorita- dijo y se retiró. Me extrañó que no me dijera SEÑORA. Ahorita tenía que alistarme y volver a ver al tipo ese. Comí casi a prisa, cuando iba terminando entró Renata.

-Aquí está su ropa, la espero- recogió las cosas y se fue. Me duché sin ganas. No había logrado cumplir mi objetivo. Tenía ganas de hablar con Edward y me quedé dormida. Tenía que encontrarlo antes de que el profesor viniera. Salí del baño y me vestí. Por un momento no caí en la cuenta, tenía la mente en otra cosa y me sentí muy cómoda, tal vez fue esa comodidad la que me hizo regresar a la realidad. Estaba vestida con un jeans y un ligero suéter azul. Al pie de la cama me esperaba un hermoso par de zapato deportivo. En la cama descansaban las medias. ¿Qué se supone que era todo esto? Aquí hacía demasiado calor, ¿Cómo iba a vestirme así?

-póngaselos- me dijo Renata –Saldremos y habrá frío-

-¿A dónde iremos?-

-ya verá- me los coloqué, me miré en el espejo y me amarré una cola alta.

-¿Renata?-

-Dígame Srta.-

-El sr. Cullen ¿Dónde está?- pregunté con cautela

-salió temprano a arreglar un asunto pendiente. ¿Ya está lista?-

-si, vamos- le dije con una sonrisa. Salimos y nos esperaba la limosina de siempre. Me senté cerca de una ventana para ver el paisaje. Renata también entró y sen sentó cerca de la puerta. No me había fijado en su ropa. Ella también vestía de manera cómoda. No su uniforme de siempre. Me extrañó pero no pregunté al respecto. El camino era largo, nos alejamos del centro de la ciudad, no se veía población alguna. La miré y ella solo leía un libro. Tranquila y relajada.

-Renata, tengo sed-

-oh claro- se acercó a un cajón y lo abrió

-¿Qué deseas?-

-lo que sea está bien- me dio un jugo de pera. Lo agarré y lo tomé pero no me quitó la sed. Así que fui y me acerqué de nuevo. Agarré un agua mineral. Estaba muy fría así que la dejé por la mitad y tomé un jugo de durazno. Lo sentí demasiado espeso. Lo tapé y lo volví a colocar ahí, para cuando estuviéramos de regreso. Agarré una coca cola y me la tomé tranquila. ¡Pero todavía no llegábamos! Empecé a tocar todos los botones que encontré hasta que se abrió una puertita y me mostró diferentes aperitivos. Comí dos sándwich y varias galletas. Volví a la pequeña nevera y saqué una 7up. La tomé. Fui y saqué un helado luego. Volví a donde estaban los aperitivos y comí un ponquecito de chocolate. Me tomé un cóctel de frutas.

-Bella- me llamó Renata, volteé a mirarla –cálmate. Deja los nervios-

-¿parezco nerviosa?-

-lo estas- aseguró -¿Qué pasa?-

-es que quiero hablar con Edward y no he podido. Tengo un mal presentimiento- ella volteó a la ventana –¿tu sabes algo verdad?-

-llegamos- dijo como si le hubiera preguntado absolutamente nada. Cuando volteé me percaté de todo y quedé en estado de show. ESTABAMOS EN UN AEROPUERTO.

-¿puedes explicarme que está pasando Renata?-

-no puedo. Hasta que esté en el avión-

-¿perdón?-

-ya me escuchaste- dijo y empezó a sacar las maletas junto con el chofer

-¿Qué significa esto?- me pregunté a mí misma como si fuera a obtener una respuesta

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Chan Chan! ¿Q les pareció? Vaya, ahora como qe se apacigua un poco el hecho de qe Edward se haya acostado con Victoria, lo hizo pensando en Bells (: aunque ¿Porqué la envió lejos? Es una confusión no?

Gracias por sus Reviews y Gracias también a los Favorites y los Alerth

Besitos chicas y dejen Reviews (: