Capítulo Dos:

Anti… ¿Comercialismo?

Después del almuerzo, Sakura fue a los sanitarios junto a Tomoyo y Meiling. Sus manos habían quedado pegajosas con el postre de chocolate que su padre había hecho especialmente para ella. Mientras se lavaba se preguntó si acaso aún era una niña de primaria, como para ensuciarse así.

Como el lugar no era exactamente el más higiénico y agradable del mundo, Meiling las esperó afuera cerca de la puerta. Ir a baños públicos no era lo suyo. Y Sakura se dijo a sí misma, que tampoco era lo de ella. Se secó las manos mientras Tomoyo retocaba su brillo de labios frente al espejo.

-¿Tú por aquí, Meiling?- Escuchó una profunda y agradable voz del otro lado de la puerta de entrada y sin saber por qué, quiso seguir escuchando- ¿A qué se debe el milagro?

-Muy gracioso- Sonrió ante el sarcasmo- Estoy esperando a mis amigas, ni por que me paguen uso este baño.

-Digno de un Li… Más de alguien tan delicada como tú- Pudo imaginarse la mirada que le tiene que haber mandado su amiga al desconocido- Escucha, a la salida tendrás que esperarme.

-¿Por qué?- Se quejó. ¿Esperarla? Meiling no salía con nadie ¿o sí?

-Olvidé mis llaves.

-Oh, don perfecto al fin cometió un error, eh.

-Sólo olvidé las llaves, no me compares con tu torpeza aún.

No sabía quién era, pero definitivamente se estaba ganando un golpe de Meilling en cualquier momento. ¿Tenía que preocuparse? Y ese tono altivo, solo lo empeoraba.

-Sólo cállate. Tienes suerte de que hoy no tenga el club de porristas, sino tú tendrías que esperarme dos horas a mi.

-Ya, ya, perro salvaje.

Cuando oyó el grito de frustración, supo que su amiga había intentado golpearlo, y él la había esquivado. Meiling no solo era porrista, desde niña había entrenado por alguna razón que desconocía, artes marciales.

Entonces decidió que era momento de salir, pero cuando lo hizo solo estaba la chica parada a unos metros, con el ceño fruncido y refunfuñando palabras que no alcanzaba a distinguir, pero sabía que no era nada bonito.

-¿Meilling?- La llamó nerviosa. Cuando la miró, su mirada se suavizó.

-¿Volvemos al salón? El receso terminará en…-Ambas se giraron a Tomoyo que salió del baño diciendo aquello, y justo en ese momento, el timbre sonó. La amatista sonrió- Ahora.

Al llegar al salón de clases, nuevamente una situación extraña llamó la atención de todos. Ichiro, el chico revoltoso de la clase por no decir irresponsable y payaso, ya estaba sentado en su lugar y escribía fervientemente algo en una hoja sobre su mesa. No levantó la vista ni cuando la siguiente profesora entró, o cuando esa clase terminó y entró el profesor de física.

Para todos era extraño la gran concentración que el chico parecía tener, e incluso los profesores parecían preocupados de que no hubiese interrumpido la clase en ningún momento. El chico sentado a su lado, Ren Himaura, había golpeado su brazo, le había llamado por su nombre e incluso había tocado su frente para verificar que no tuviese fiebre, pero Ichiro solo lo apartaba lentamente sin dejar de mirar la hoja ¿En qué tanto pensaba?

Ren se giró hacia el resto de la clase, cuando el profesor no miraba, y se encogió de hombros dando a entender que ni él lo entendía. Y si Ren no lo entendía, que era su mejor amigo, nadie iba a poder hacerlo.

Sakura y Tomoyo intercambiaron una mirada. La castaña se sorprendió al ver a la otra tan divertida, y como respuesta la amatista le indicó con la mirada que observara a Meiling, un asiento delante de ella.

Lo hizo, pero siguió sin entender. Lo único que estaba haciendo su amiga, era morder frenéticamente la punta del lápiz y mirar hacia el frente. Tomoyo solo rodó los ojos.

La clase siguió tan lenta como siempre. Física le recordaba demasiado a matemática así que no podía pretender que le fuese muy bien en esa materia. Apenas la aprobaba por un pelo, y en el fondo sabía que era por que el profesor Terada le tenía cariño, ya que la había tenido en primaria varios años siendo una tierna e inocente niña. Al menos eso era lo que ella creía.

Recién cuando el último timbre del día sonó, cayó en la cuenta de que sobre la ciudad había una espesa nube gris que amenazaba con dejar caer su carga de agua. El profesor guardó con prisa sus cosas y les sonrió.

-Nos vemos la siguiente clase, y vayan con cuidado a casa- Después de eso salió del salón.

Todos se permitieron estirarse perezosamente, guardar sus cosas con tranquilidad mientras hablaban trivialidades antes de despedirse, y también varios se quejaron del clima que hacía afuera. Los primeros estaban listos para marcharse, cuando el ruido que hizo la puerta del salón al cerrarse abruptamente llamó la atención de todos. Afuera una fina capa de lluvia comenzó a caer.

-¿Ichiro?- Preguntó Ren, ante la extraña mirada que el chico les daba. Parecía… eufórico.

-Tenemos que hablar.

Tomoyo se acercó a Sakura, y varios hicieron lo mismo; se acercaron a la persona más cercana que tenían en el salón.

Ya que la enorme sonrisa que mostró Ichiro, asustó a más de uno.

oOo

-¿Shaoran?- El aludido se giró hacia la voz que lo llamó y levantó una mano floja para saludarlo.

-¿Por qué sigues aquí?

-¿Ya terminó el club de básquet?- Preguntó sin responder.

-Se suspendieron las actividades por la lluvia, parece que hay filtraciones en el gimnasio…- Se encogió de hombros- ¿No vas a casa?

-Aún no…-Shaoran miró hacia afuera.

-¿No tienes paraguas?

-Tengo uno en el casillero, pero tengo que esperar…

-Ah, cierto, lo de tus llaves- El chico le sonrió con burla y pasó por su lado- Hoy me toca preparar la cena, así que aprovecharé el tiempo extra- Se giró hacia él y bostezó- Nos vemos mañana.

-Eriol…-Le llamó antes de que se marchara- No olvides mi dinero mañana

El aludido se detuvo en su lugar y sus hombros cayeron desganados. Miró a su amigo con reproche, pero manteniendo la dignidad. Una apuesta, era una apuesta.

-No lo olvidaré- Le susurró con molestia. Entonces Shaoran sonrió.

-Ve con cuidado- Y volvió a sonreír. Pero Eriol sabía que esas sonrisas eran falsas. Con amigos así, ¿cómo aún seguía vivo?

Una vez que se quedó solo, el castaño observó su celular. Hacía veinte minutos que las clases habían terminado, y debía ser el único bobo aún parado en la puerta del colegio. ¿Por qué Meiling tardaba tanto? ¡Era desesperante!

-¿Dónde estás, perro salvaje?- Susurró con molestia.

OOo

-¿Una qué?

-Una fiesta.

Todos guardaron silencio. Estaban sentados la mayoría sobre las mesas, otros pocos en las sillas, e Ichiro frente a todos ellos. Ya se habían relajado, el temor de que el chico sacara un arma y matara a alguien había desaparecido hacía un rato.

-¿Una fiesta, qué?

Repitió la misma persona; Ruby Takanashi, la delegada de la clase, una chica pelirroja de cabello largo y porte algo amenazador ante los revoltosos.

-Una fiesta anti San Valentín ¿qué parte no entiendes?- Ichiro rodó los ojos.

-Todo- Dijo Meiling esta vez, y ambos se fulminaron con la mirada.

-A ver si entendí…- Habló el sub delegado de la clase- Quieres hacer una fiesta, el día anterior al baile de San Valentín, en contra de San Valentín ¿no? Y quieres que nosotros la organicemos, con todo lo que eso implica…

Ichiro asintió sonriente.

Pasaron solo tres segundos, para que la mayoría se diese vuelta y comenzara a amagar para irse.

-¡Esperen chicos, por favor!- Ante sus ruegos, optaron por quedarse unos minutos más.

-¿Realmente eso querías decirnos?- Preguntó Meiling y él asintió.

-No se hagan ahora todos los que no quieren tener una fiesta- Fulminó a la mitad del salón; la mitad que andaba de fiesta todos los fines de semana si era posible- ¡Es una buena idea! Detendremos ese abuso de consumo de cosas cursis, como las que usarán en el baile ¡Hay que luchar contra el comercialismo que nos imponen!- Todos lo miraron como si estuviese alucinando o algo por el estilo. Se calmó y suspiró- Solo será una fiesta simple y casual, nada de trajes ni vestidos y mucho menos de la penosa tarea de encontrar pareja…

-¡Ese es tu problema!- Acusó otra de sus compañeras- No encuentras pareja para el baile y no quieres que nadie vaya ¿no?

Ante los reclamos que comenzaron, Ichiro rodó los ojos.

-¿Todavía no invitas a Meiling?- Se diferenció que dijo una voz femenina entre el bullicio de las demás.

-¡¿Por qué tendría que invitarla/invitarme?!- Dijeron los dos al unísono pero con un leve, levísimo sonrojo en sus mejillas.

Sea quien sea la que haya preguntado eso, no se atrevió a seguir respondiendo. Conocía el valor de su vida, era alguien prudente.

-Vamos chicos…-Intentó el chico una vez que se tranquilizó- Es una buena idea para hacer algo juntos por una vez, todos. ¿Y qué mejor que una fiesta? Además ¿realmente tienen ganas de festejar San Valentín? Si parece que en las últimas vacaciones todos se quedaron sin pareja…

Un aura deprimente y pesada cubrió a todo el salón. Sakura incluida. Las palabras de Ichiro eran verdaderas. Nadie, pero absolutamente nadie de ellos estaba en ese momento de novio o con alguien en la mira. Un fracaso total amorosamente. Allí fue cuando todos empezaron a sopesar la idea que Ichiro planteaba. Una no tan mala idea…

-Pero…-Se animó a hablar Karin, una chica tímida y bajita. Así que hasta a ella había convencido, pensó Sakura- ¿Dónde la haremos?

Era cierto, si iban a hacerla debían empezar a definir ese tipo de cosas importantes.

-¿Vamos a hacerla?- Preguntó Ichiro emocionado.

-Sólo…- Habló Ruby- Si vemos que no es tan complicado. Los exámenes no están muy lejos y no podemos pasar todo el día pendientes de una fiesta.

Todos asintieron. Además iba a ser una tranquila y casual fiesta… ¿no?

-¿Alguien ofrece su casa?

Cómo si hubiese arrojado algún repelente para insectos, todos desviaron la vista haciéndose los desentendidos con esa pregunta.

-¡Oigan! ¿Nadie?

Las miradas poco a poco fueron desviándose hasta un chico en especial; Yayoi Furikawa, un chico tembloroso y asustadizo. Por lo que sabían, él tenía una enorme casa cerca del parque pingüino, y les vendría genial.

-¡Lo siento!- Se apresuró a negar; él sabía cómo terminaban esas fiestas- Pero no van a dejarme y mis padres no son de los que salen de casa muy seguido…

Mentira, sus padres vivían viajando, pero sus compañeros no tenían forma de saberlo. Todos suspiraron. Debían pensar en otra cosa entonces.

Otra opción factible era Tomoyo, pero ninguno se animó a decirlo. La última vez que fueron a su casa, estaba repleta de guardaespaldas que parecía que iban a sacarles los ojos al mínimo indicio de bullicio. No pasarían por eso de nuevo.

-Sin lugar, no hay fiesta….-Susurró Ren encogiéndose de hombros.

Tal vez no era buena idea.

-¡Yo tengo un lugar perfecto!

Todos se sobresaltaron ante la voz poco familiar que salió luego de que la puerta corrediza se abrió con la misma fuerza con que fue cerrada. Una chica, o mujer…, nadie sabía exactamente su edad, se apoyó en la puerta y los vio con la misma sonrisa que Ichiro había mostrado minutos atrás.

-¿Profesora Akizuki?- Preguntó Ruby sin creérselo. Ella le sonrió.

-Si prometen invitarme, yo les ofrezco mi casa- Lo dijo tan radiante y campante, que todos se quedaron sin habla.

Una practicante de profesora, ¿invitada a la fiesta?

Desde que Nakuru Akizuki llegó a su salón de la forma más llamativa y patosa posible, supieron que ella era especial. Una profesora especial.

Y otra cosa ¿los había estado espiando todo ese rato?